Hubo un hombre cuya decisión mayor fue concederle formas a los dioses, y luego concebir una vasta plegaria de colores y de símbolos. Alguien para quien la inmanencia de un orden trascendente fue motivo de constantes interrogantes. Alguien que sí fue feliz, y cuya felicidad produjo el olvido de su condición humana y la mímesis con el infinito. Oscar Alejandro Agustín Schulz Solari, nació el 14 de diciembre de 1887 en la localidad de San Fernando, a orillas de un río incesante. Quizás la omnipresencia del agua haya signado de algún modo la elección del material utilizado en sus pinturas: las acuarelas. Tal vez, y en honor al líquido que posibilitó su primera existencia uterina, el agua haya sido el motor generador de la energía inagotable plasmada en su obra. Una obra caracterizada por el formato pequeño, lo cual le permitió centralizar y puntualizar las cargas energéticas, dinamizando la imagen. El recurso de la síntesis, el cromatismo sutil, las veladuras tenues. Todo confluye en la idea de claridad y transparencia, de una pacífica e intensa espiritualidad, de una consustanciación con lo ultraterreno. La necesidad de nuevas visiones frente al debilitamiento del arte occidental, y el imperativo de una búsqueda religiosa superadora de lo ya conocido, conformaron el camino de este multifacético artista, cuya narración se valió de símbolos polivalentes integrados en un marco de armoniosa conjunción de credos. Letras, palabras, números, emblemas de todas las religiones posibles, notas musicales, banderas, referencias a las culturas indígenas, signos zodiacales, elementos matemáticos. No hubo limitaciones a la hora de componer un idioma abarcativo, universal, comprensible, a la manera de una nueva instancia de la comunicación entre los hombres. La correspondencia entre los distintos órdenes de la realidad, donde el microcosmos revela al macrocosmos, y las diversidad religiosa, son caras de una misma moneda, demuestran su espíritu místico, de un profundo esoterismo.

 

 Alguien capaz de descubrir el secreto nombre de los ángeles, de inventar nuevas deidades en el lapso de una tarde, pudo también constituir su propio nombre subvirtiendo el orden de las letras y los significados: Xul Solar, un ser leve, inasible, para quien todo fue posible.

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