Se cuenta que un anciano peregrino había alcanzado la cumbre de una elevada montaña de escarpadas laderas, por las que muy pocos se aventuraban.

Un joven, al verlo en la cima, le preguntó:

– Dígame, ¿cómo logró llegar hasta aquí?

Y el anciano le respondió:

– Mi corazón llegó primero, y al resto de mí le fue fácil seguirlo.

Como en el cuento, ser rabina estaba en mi corazón desde el día en que llegué a este mundo, y tal vez antes.

Soy mujer. Soy judía. Soy rabina. ¿Cómo vivir en el siglo XXI esta triple condición sin frustrar ninguna de las tres?

 

  

  

Nuestro tiempo demanda nuevas respuestas para viejas preguntas. Desde el siglo pasado, el judaísmo presenta tres ramas principales: ortodoxa, conservadora y reformista, y cada una de ellas con diferentes matices.

 

Los movimientos conservador y reformista han dado una respuesta que ayuda a que aquellas tres facetas convivan armónicamente.

 

Hasta finales del siglo XIX y comienzos del XX, la mujer estaba exceptuada de la sinagoga y sus rituales. Su lugar era la casa y la educación de sus hijos. No se la contaba para el minyan (grupo de 10 hombres necesario para decir algunas oraciones); no leía del Pentateuco, Tora; no usaba talit (manto ritual), kipa (solideo) ni tefilin (filacterias); no tenía obligación de participar de los servicios religiosos; no recitaba el Kadish de duelo (oración en recuerdo por la muerte de un ser querido: padre/madre, hermano/a, hijo/a, esposo). Mujeres y varones rezaban separados (por lo general ellos lo hacían en planta baja y ellas en un primer piso o separadas por una cortina); en Europa hubo templos que no tenían un lugar de rezo para las mujeres o era muy pequeño.

 

Con el siglo XX llegan los cambios: las relaciones entre hombres y mujeres se modifican; sus roles no permanecen estáticos. Se advierte una nueva realidad: hoy un hombre cambia pañales y la mujer sale a trabajar; o viceversa, sin que ello signifique ser menos hombre o ser menos mujer. Intercambio de roles, situaciones distintas, cambios de enfoques. Las nuevas circunstancias exigen respuestas.

 

Si la mujer puede salir de su casa y trabajar, ¿por qué no puede salir de su casa e insertarse en el mundo de los preceptos, mitzvot, que se cumplen en el templo? ¿Por qué no puede ser rabina, testigo de un casamiento o divorcio, mohelet (persona encargada de circuncidar a los varones judíos a los 8 días del nacimiento), soferet (persona que escribe un Sefer Tora (Pentateuco), mezuzot y tefilin, o hacer un entierro?

 

El judaísmo ortodoxo no ofrece novedades en su respuesta: la mujer sigue sin participar activamente en el ámbito sinagogal.

 

En los movimientos llamados liberales (conservador y reformista) comienzan a producirse cambios que sitúan a la mujer en pie de igualdad con el hombre.

 

Desde sus comienzos el movimiento conservador puso énfasis en el estudio de la historia y la posibilidad de un cambio. Precisamente las palabras “tradición” y “cambio” son parte del lema del movimiento conservador. Cuando el rabino Mordejai Waxman escribió hace aproximadamente 30 años sobre la filosofía del Movimiento Conservador utilizó esas palabras para titular su libro. Explicó así el significado de la expresión: “La reforma apoya el derecho de interpretación pero rechaza la autoridad de la tradición halájica (ley). La ortodoxia apoya el principio de la autoridad pero desde la Emancipación y hasta la actualidad rechaza el derecho de interpretación (salvo modificaciones menores). El enfoque conservador es que ambos, la autoridad de la Halaja y el derecho de interpretación, son necesarios para un judaísmo viviente”.

 

De acuerdo con este punto de vista, el judaísmo conservador se considera obligado por la tradición judía, pero afirma el derecho a que una asamblea rabínica, que funciona como cuerpo colegiado, pueda interpretar y aplicar la Halaja 1.

 

Aun dentro del movimiento conservador –al que pertenezco– no fue fácil para una mujer llegar a ser rabina, ser aceptada en el ámbito sinagogal y todo lo relacionado con él. El cambio, el nuevo punto de vista, fue y es resistido incluso por muchas mujeres.

 

Una serie de acontecimientos fueron necesarios para hacer posible la ordenación de una rabina. Mencionaré algunos:

 

1920: En esta década en algunas sinagogas del movimiento reformista las mujeres comenzaron a dirigir servicios religiosos durante las vacaciones de verano, cuando los rabinos no estaban. Pronto se estableció el Shabat (sábado) anual de la hermandad de mujeres –excepto los meses de verano–, en que quedaba a cargo de ellas la prédica desde el púlpito y/o todo el servicio. En algunas comunidades oficiaban el servicio pero la prédica correspondía al rabino.

 

1922: Se celebró en los Estados Unidos la primera ceremonia de Bat Mitzva (la llegada de la mujer a los 12 años y su obligación de cumplir con los preceptos como adulta).

 

1951: El movimiento reconstruccionista autorizó a la mujer a leer en público la Tora y a formar parte del mynian (10 personas adultas). Las mujeres son, pues, consideradas en un plano de igualdad total con los hombres en su participación en la vida religiosa.

 

1955: La Rabbinical Assembly del movimiento conservador autorizó a la mujer a leer la Tora durante los servicios religiosos.

 

1973: La mujer comenzó a ser contada como parte del minyan.

 

1974: En el movimiento conservador se le permitió a la mujer actuar como jazanit (cantante religiosa).

 

1974: Por estrecha mayoría el Law Committee del conservadorismo decidió autorizar a la mujer para actuar como testigo en un Beit Din (Corte rabínica para asuntos religiosos).

 

1983: Se aprobó en los Estados Unidos la admisión de la mujer en el programa rabínico del movimiento conservador.

 

1994: Se recibió la primera rabina en la Argentina en el Seminario Rabínico Latinoamericano: Margit Baumatz.

 

Hoy, hombres y mujeres reciben la misma educación y a ambos se los estimula a participar en los servicios religiosos. No obstante, la inserción de la mujer en el ámbito sinagogal no fue ni es un camino fácil de recorrer.

 

En mi caso, fui criada en un hogar donde las tradiciones eran importantes (cumplir con el Shabat, el Kashrut, las festividades) y donde hombres y mujeres éramos iguales tanto para el estudio como para la religión. Mis hermanos hicieron el Bar Mitzva y yo no, puesto que no era lo habitual (el movimiento conservador recién comienza en los años sesenta). En las fiestas todos íbamos al templo y participábamos sin distinción de sexo.

 

Sin lugar a dudas, ha habido muchos progresos para la mujer judía que quiere participar de los rituales judaicos en el templo. Pero también persiste cierto resquemor: no todos aceptan que una rabina oficie un casamiento o tenga un púlpito ella sola. En cambio, no ocurre lo mismo en las ceremonias fúnebres; soy llamada y recibida sin reparos para un entierro o un recordatorio.

 

En la actualidad sólo dos comunidades en la Argentina tienen a una mujer al frente de su sinagoga. En los Estados Unidos no es tema de discusión; se trata de algo aceptado.

 

En lo que respecta a la labor rabínica, mi actividad es la misma del rabino hombre.

 

No siento que haya muchos problemas. Puede ser que existan, pero desde que comencé a trabajar he pasado por muchos procesos y cambios, y estos últimos son lentos.

 

En hebreo hay una expresión: “Minhag hamakom”, la costumbre del lugar. Significa que un rabino que toma una comunidad tiene que regirse por lo que allí se hace. Con el tiempo verá qué cambios quiere hacer y cuáles son los posibles. Y es lo que fui haciendo desde que comencé a trabajar en la sinagoga hace 8 años, ir paso a paso, sin destruir lo que existe pero modificando lo que sea necesario.

 

El solo hecho de que una mujer sea elegida rabina de una comunidad es por sí mismo un dato revelador. Denota que la comunidad está buscando cambios o se está preparando para los que vendrán.

 

Por mi experiencia considero importante trabajar de a dos (hombre rabino junto a una mujer rabina), ya que cada uno desde su lugar puede brindar una perspectiva distinta, una respuesta diferente, una contención especial.

 

Todo cambio depende de la sociedad, de sus integrantes. Todavía resta mucho por hacer. Si bien el camino no está aún totalmente abierto, el proceso ya ha comenzado y es imposible desandarlo.

 

Para mí tener esta posibilidad es un milagro. Si no hubiera nacido en un tiempo de apertura, la vida que Dios me ha regalado estaría desperdiciada. Hoy me siento plena como mujer, como esposa, como madre y como rabina. El desafío emprendido es sólo una de las montañas a la que aspira llegar mi corazón.

 

 

 


1
. La Halaja, que es parte de la tradición judía, regula las relaciones entre Dios y el hombre, entre el hombre y su prójimo, entre el hombre y la naturaleza.

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14 Readers Commented

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  1. david de la cruz ramirez on 13 agosto, 2010

    Si Sara llamaba “Señor” a Abraaham, ¿cómo llamaba él a su esposa?

  2. paola on 23 abril, 2011

    cual es la sinagoga argentina que tiene una mujer al frente? me gustaria acercarme desde allí a Dios

  3. Ricky Mayer on 15 junio, 2011

    Deseo contestar a Paola y a Silvia:

    Paola: a Dios te acercas vos desde vos, es decir desde tu interior. No hay intermediarios entre Dios y el ser humano en judaísmo. Pero me parece perfecto que quieras ir a un sinagoga en que haya una Rabina.
    Silvia: en judaísmo, para recordar y homenajear no es condición saber hebrero. Recuerdo y homenaje en judaísmo, sólo necesitan del ser humano que lo quiera hacer. En cuanto a participar de la ceremonia, tampoco hace falta el hebrero, además (y no no estoy contestando más que desde mí), puedo decirte que la Rabina Graciela Sribman de Grynberg, te va a guiar muy bien.

  4. Itzel on 1 julio, 2011

    Es admirable los logros de Rabina, como leó, una mujer en toda la extensión de la palabra. Por supuesto que Dios se manifiesta a través de su vida, y es claro que todos podemos participar en los asuntos de Dios, siendo complementos hombres y mujeres. Que Dios siga bendiciendo se vida.

  5. Maria on 3 abril, 2012

    es verdad que la mujer rabina no puede hacerse fotos en una boda hasta las 9 pm…? puede casarlos a una pareja que el es judio y la novia catolica…?

  6. sandra velasquez on 17 abril, 2014

    me gustaría saber en que leyes de la tora se basaron para que pudiera ser rabina es para hacer un trabajo, Gracias de antemano,

  7. Graciela Moranchel on 25 abril, 2014

    ¡Qué hermosa historia y qué grato que una mujer presida una Comunidad religiosa!
    El proceso que ha tenido que vivir la Rabina Graciela es, creo yo, común al que viven tantas mujeres de diferentes credos en sus comunidades, donde todavía se están planteando qué lugar “van a permitirle ocupar” a las mujeres en las Iglesias. Proceso que incluye resistencias varias, sobre todo de las mismas mujeres, y de varones que no quieren compartir sus potestades de gobierno con el sexo femenino.
    Con respecto a la Iglesia Católica, a la que pertenezco, el proceso es muchísimo más lento y desafortunado. Se habla permanentemente del valor de las mujeres, de nuestro “genio femenino”, pero se nos impide una relación plena con lo sagrado en igualdad de condiciones que a los varones. Los motivos son oscurísimos, dado que no pueden aducirse argumentos escriturísticos a la hora de negarnos la ordenación sacerdotal. Se alude siempre a una tradición que siempre ha negado el sacramento a las mujeres, y a una supuesta “voluntad de Cristo”, incomprobable, para justificar la negativa y el haber “cerrado la puerta” al debate.
    En fin: espero que la Iglesia imite, en estos tiempos, la apertura que han mostrado estos sectores más inclusivos del judaísmo, para bien de todos.Es un ejemplo maravilloso.

    Saludos cordiales,
    Graciela Moranchel

    • Florencia Cordoba on 6 mayo, 2014

      Estimada Graciela , desde que fui alumna tuya y te conocí , siempre leo tus artículos. Éste es particularmente interesante . A tal punto, me seduce la interpretación e investigación del rol de la mujer en la iglesia, que lo elegí como tema para mi tesina en el CAE . Somos mujeres hacedoras y orantes , creo que por eso , no nos conforman ciertas pautas que hoy podrían cambiar y enriquecer muchísimo a la sociedad. Sobre todo que en estos tiempos, en los que, el papa Francisco nos habla tanto de la apertura de nuestra iglesia.
      Muchos cariños
      Florencia

      • Graciela Moranchel on 8 mayo, 2014

        Queridísima Florencia! Pero qué alegría encontrarte por aquí!!!
        Te agradezco el comentario, en estos tiempos de franca “desilusión” eclesial, y te mando un abrazo enorme.
        Graciela

  8. Baruh Hashem: Bendecida Rabina YHWH, lo bendiga ricamente y que muchas mujeres más como Ud, lleguen a servir al Eterno, pues las mujeres son muchas más honestas que los hombres; mi esposa y yo estamos estudiando la “TOTAH”. El año pasado fuimos a Buenos Aires, y compramos “La Torat Emet”.

    Con todo respeto.

    Carlos y Leticia

  9. ENCARNACION JIENEZ ALVAREZ on 10 noviembre, 2016

    NECESITO HABLAR CON UNA RABINA PARA CONTARLE UNA HISTORIA LARGA Y PROFUNDA, MI HISTORIA RELACIONADA CON MI ORIGEN JUDIO Y MI NECESIDAD DE INGRESAR A LA COMUNIDAD. PODRIA SER CON UD?..

  10. ENCARNACION JIENEZ ALVAREZ on 10 noviembre, 2016

    Muy bueno!…

  11. celeste on 15 noviembre, 2017

    Ho vivo en ventimiglia Italia ,cual es El templi mais cerca de Aqui, ho ago frontiera con Francia.

  12. celeste on 15 noviembre, 2017

    Es maravilloso encontrar estorsione ti posso de lettura,Sony facinada es tanto tempo che busco comunicazione con ustedes. Dios vi colme de bendiciones

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