Miércoles 14. + Otra vez, ya casi es un vicio, varios periodistas vamos al festival donostiarra acompañando una buena delegación de películas nacionales, todo gracias al INCAA, que nos solventa con natural orgullo. Vamos por Iberia, mal pero acostumbrados. + Grata sorpresa: una de las películas que se proyectan a bordo es Cama adentro, rebautizada Señora Beba para el mercado español. Por auriculares puede oírse también doblada al inglés, pero han puesto una voz demasiado joven para el personaje de Norma Argentina.

 

Jueves 15. + Llegamos de madrugada a Barajas. + Decepción: no hay ninguna familia africana, con sus vestidos de vivos colores, como el año pasado. En cambio, hay varios carteles con fotos de gente buscada por terrorismo. + Dolor: ha muerto Robert Wise, el director de La novicia rebelde, El estigma del arroyo y tantos otros films de todo género (un diario titulaba “el último todoterreno”), a quien el festival le dedica una retrospectiva. + Trasbordo a Hondarribia o Fuenterrabia, según se quiera. De ahí al hotel, urgente (el taxista casi se nos ofende cuando un periodista le pregunta si en Donostia también hay McDonalds), y al Kursaal. Ya empieza el festival. + Película de apertura: Obaba, de Montxo Armendáriz, sobre el libro de Bernardo Atxaga, buena adaptación, cuentos interesantes, lindos paisajes, etc. Agradable, pero de Armendariz, poeta, esperábamos algo más. + Primer deleite: el documental Vinicius, sobre la azarosa, whiskosa y mujeriega vida del delicioso poeta Vinicius de Moraes, en producción de su hija y yerno; y Nueve vidas, de Rodrigo García (el de Con sólo mirarte): nueve retratos de mujeres de creciente intensidad. + Y primer film en competencia: A cock and bull story, sátira inglesa ingeniosa, alargada y, como su título indica, bastante ordinaria.

 

Viernes 16. + Desayuno: mate con jamón crudo, tostadas y aceite de oliva. + Girasol, historia china estilo Hallmark sobre la conflictiva relación de un hijo con su padre a lo largo de 25 años, según el director de La ducha (que era mejor). + Drabet, dramón danés seco, amargo y sobrecargado de un profesor que denuncia a su propia amante y ex alumna por asesinato. + Mejores, el documental Bozes lexanas, memoria de pueblos de Huesca que se fueron perdiendo, y cuyas casas de piedra hoy recuperan las familias de gente joven, película algo emparentada con El cielo gira, ya vista, amada y premiada en el Bafici, y Aguaviva, de la misma directora de El cielo gira. + Retro Wise: Misterio en México y Entre dos juramentos, desde chico que no las veía. + Para destacar: las expresiones de afecto hacia Marilina Ross, homenajeada a 30 años de La Raulito; se proyectó la única copia hallable: un atendible rejunte de copias del distribuidor español de entonces, porque el negativo ya no existe en ninguna parte del planeta. Aun con esta advertencia en la boletería, las salas igual se llenaron, y el público se emocionó como corresponde.

 

Sábado 17. + Primera representante argentina, El aura, de Fabián Bielinsky. Hay varias expresiones laudatorias, desde “siendo argentina, mira, se habla poco”, hasta “ejemplo de maestría narrativa infrecuente”, elogios múltiples para la múltiple habilidad actoral de Ricardo Darín, y hasta elogios al perro, “ese coprotagonista con los ojos como David Bowie”, al que en Buenos Aires se diría con los ojos como Pacho O’Donnell. Hay lleno en todas las funciones, y aplausos firmes, aunque breves. Lógico, no es de las películas que levantan ovaciones. Y, al contrario, también mucha gente se siente decepcionada: El aura no es precisamente “Nueve Reinas, segunda parte”, sino un drama moroso, hasta angustiante, que da poco lugar para la risa. + Para emociones, Habana Blues, de Benito Zambrano, Wallace & Gromit: la maldición de las verduras (exhibida en el enorme Velódromo), y El inmortal, doloroso balance de la guerra civil nicaragüense a través de dos hermanos gemelos que fueron obligados a pelear, cada uno en un bando distinto. “Lo único que hizo la guerra fue destrozar familias y volver a muchos hombres más violentos, alcohólicos, y machistas”, comenta la directora en su presentación. + Wise: Ciudad cautiva. + Jaime Chávarri: Camarón, biografía del famoso cantaor flamenco que al público español le agradó. Para nosotros lo más interesante fue escucharle una rara versión por bulerías de “No quisiera quererte”, la vieja milonga de Horacio Guarany.

 

Domingo 18. + Anchoas con vino navarro, risotto con merlot cosecha 2003. + Siete vírgenes, comedia dramática de un españolito que sale del reformatorio por dos días, encontrándose de nuevo con sus amigotes, con resultados previsibles, y Verano en Berlín, de Andreas Dresen, esa sí, una grata sorpresa, una comedia alemana que sabe pintar soledades e ilusiones de la gente común en forma realista y a la vez afectuosa. Algunos ya candidatean a su protagonista, la rubia Nadja Uhl, para el premio a mejor actriz, como, por ahora, le adjudican el de mejor actor a Ricardo Darín. + Camarón al Velódromo, con recital en vivo de Tomatito en beneficio de los niños del ex Sahara Español. + El balance hasta ahora incluye las andanzas de Abel Ferrara con una Mary (por una actriz que representa a María Magdalena) bastante camandulera, al decir de un calificado miembro de Signis, y Kim Ki-Duk, con El arco, que no llega a ser el poema visual prometido pero puede verse, la pequeña comedia danesa El iceberg (desde que quedó circunstancialmente dentro de la cámara frigorífica, una mujer se fascina con todas las grandes superficies heladas). + Párrafo aparte, muy aparte, hasta lejano, merece Batalla en el cielo, la nueva obra del provocativo artista Carlos Japón Reygadas. En la primera presentación la mitad del público lo aplaudió, y exactamente la otra mitad lo abucheó y hasta lo insultó. Lo singular, es que cuando Reygadas dijo: “Levanten la mano los que no entendieron mi película”, ¡casi toda la sala levantó la mano, incluso aquellos que lo habían aplaudido! Se entiende, está hablada en la jerga del DF, que ni el resto de los mexicanos entiende. + Bertrand Tavernier presenta Holy Baby, drama sobre franceses que van hasta Indochina para adoptar niños camboyanos (escrito por su hija y actual yerno, los mismos que escribieron Todo comienza hoy). “Todos saben que Angelina Jolie adoptó un niño robado. ¿Es legítimo adoptar un chico en esas condiciones, para evitar que tenga un futuro peor (ya que difícilmente los ladrones se lo reintegren a sus legítimos padres), o estamos contribuyendo al tráfico de criaturas? La ONG americana que tramitó el niño para Jolie, ha pagado dos millones y medio de dólares a los ministros camboyanos más corruptos, a cambio de 400 niños sin papeles. Por supuesto, eso es fomentar el robo. Por eso los franceses logramos que ahora las parejas adoptantes tengan, en las embajadas de ciertos países, un consejero especializado que las ayude a no caer en esa trampa”. Lo que no explicó Tavernier, es porqué no han conseguido modificar la ley de adopción en Francia, ya que, como él mismo dijo, esas parejas buscan niños de otros países precisamente porque la adopción legal en Francia puede tardar un promedio de siete años. Una pereza burocrática que (¿inconscientemente?) abre las puertas al negocio del tráfico humano, como si todavía estuviéramos en los tiempos que describió Víctor Hugo en El hombre que ríe. Y ni hablemos de la Argentina. + Frases del día: “Tourist, remember: you are not in Spain or France. You are in the Basque Country. Wellcome” (afiches en el Barrio Viejo de Donostia). “Nos gritaban que marginal era el barrio de al lado, y nos tiraban piedras pa’que nos fuésemos” (el chico Juan José el Bola Ballesta, contando las peripecias de filmar Siete vírgenes en locaciones naturales). “A Oliver Stone hace mucho tiempo que no lo veo, así que tengo buenos recuerdos” (William Dafoe). “A las televisiones les sale más barato incumplir la ley de cuota de pantalla y pagar multas” (Pedro Pérez, presidente de la Federación de Asociaciones de Productores Audiovisuales de España, Fapae, demostrando que no sólo en la Argentina, sino también en España se cuecen habas).

 

Lunes 19. + Empieza la maratón propiamente dicha. Desde aquí, sólo apuntes rápidos. + La cucha del perro amarillo, para niños y grandes con corazón de niños, por Byambasuren Davaa, la misma directora de La historia del camello que llora, en las mismas lomadas de su amada Mongolia, y con los mismos pastores nómades. + Yo no estoy aquí para que me quieran, de Stephane Brisé, con un oficial de justicia seco y tristón que recién al final amaga una sonrisa, cuando se decide a aceptar la amistad, o acaso el amor, de una treintañera sentimentalmente confundida. Ambos se han conocido, esto es muy bueno, en una academia de tango. Lindos lucimientos de Patrick Chesnais y Georges Wilson (como un padre ya viejo que nunca supo expresar su cariño), y el plus de selectas grabaciones del Quinteto Real, incluyendo “El Once”, “El choclo” y “Organito de la tarde”. + Dos infiernos. El de las escenas de combate de la argentina Iluminados por el fuego, muy bien escuchadas y apreciadas por el público. Y el de L’enfer, del bosnio Danis Tanovic: un hombre sale de prisión, sufre el rechazo de su mujer, que hasta le prohíbe ver a sus hijas, y se suicida. Sólo muchos años después, las hijas empezarán a conocer la verdad, terrible y penosa, acerca de su padre. Y cada una reaccionará de distinto modo. Se trata de la segunda parte de la trilogía de Krzysztof Kieslowski Paraíso, Infierno, Purgatorio, que el desaparecido autor había dejado sin filmar. Años atrás Tom Tykwer hizo la primera parte. Ahora, el director de El último día presenta la segunda, con un manejo agobiante de las situaciones. Película movilizadora; estremece y hace crecer en el dolor. + Pasatiempo que daba para más, la hispano marroquí La vida perra de Juanita Narboni, en un Tánger quizás idealizado, donde podían convivir distintas culturas, distintas religiones, y se mezclaban distintas lenguas, sin mayor problema. “Yo era estudiante cuando un día en Madrid el escritor tangerino Ángel Vázquez me regaló su novela. La leía, y me trasladaba al Tánger de mi infancia, con su tradición multicultural, donde veíamos desde Gardel y Cantinflas hasta el cine hindú, y leíamos todo lo que en España ni se podía conseguir. Por entonces, “Volver” y “Caminito” integraban el cancionero infantil, amábamos a Hugo del Carril, y a los galanes del cine egipcio. Nos cultivamos con los refugiados europeos de la Segunda Guerra y con los intelectuales musulmanes. Luego la mayoría de los españoles (muchos refugiados de la Guerra Civil) y franceses se marcharon, pero otros vienen. La ciudad se vacía y se llena nuevamente. Es un mito que sigue atrayendo gente de todo el mundo. Ahí fluyen las culturas. Eso para mí es globalización” (Farida Benlyazid, directora). “Quien primero puso todo en peligro fue el generalísimo Francisco Franco, al querer imponer la religión católica por encima de las otras. Él fue el primer fundamentalista del siglo XX que conocieron los marroquíes. Ahora, como reacción, tienen otros de sentido contrario. Corremos el riesgo de la intolerancia y el empobrecimiento cultural. Pongo un solo ejemplo: durante siglos, el tangerino ha usado muchos idiomas, incluso el jaquetía, es decir el de los judíos marroquíes, algo menos antiguo que el ladino. Ningún idioma se imponía al otro, y todos se enriquecían mutuamente. Era otra época” (Gerardo Bellod, guionista). + Premio Nacional de Cinematografía al ya veterano director Manuel Gutiérrez Aragón (Habla, mudita, La noche más hermosa, etc.). Lo entrega Carmen Calvo, la ministra de Cultura, que se sigue comiendo las eses como siempre: es andaluza. + Anuncio: gordo, pelado y con barba cana en collar, pero grandote, como si el Gnomo Pimentón hubiera tomado la sopa, José Luis Cuerda, el de El bosque animado y Amanece, que no es poco, rodará La educación de las hadas, con Ricardo Darín e Irene Jacob. ¿Pero de dónde salió el plural, si la novela original de Didier van Cauwelaert se llama La educación de un hada? Según parece, el plural viene de una frase que Darín le dice a un niño: “Hadas son todas, las que van por la calle, las que van a la fábrica, las que se quedan en casa. Las únicas que no son hadas, son esas gordas que andan volando con una varita mágica”. Es coproducción hispano-franco-luso-argentina de varios sellos, incluido uno que se llama Finales Felices SA. + Un recuerdo afectuoso para un gran montajista español: “Pablo G. del Amo, un montador de ilusiones”.

 

Martes 20. + Conferencia de prensa de Iluminados por el fuego, muy elogiada por su reclamo antibélico. Hasta los periodistas ingleses aplauden con gusto. Stetsi. Algo así como la felicidad, amarga comedia checa donde a nadie le va bien. Por ejemplo: una chica ansía reunirse con su novio que la espera en Norteamérica, pero se queda cuidando a los hijos de una vecina desequilibrada, que no sabrá ni agradecerle ni dar un paso al costado en bien de los niños. + Bien: la misma productora gallega de Cama adentro y No sos vos, soy yo, anuncia nuevos proyectos de coproducción con la Argentina. + Entrega de un premio de la Spanian Film Commission en el Museo San Telmo, viejo edificio nacido como convento, que luego derivó a depósito de artillería. El salón estaba tan lleno que nunca sabremos quién ganó, ni porqué. Pero aprovechamos para conocer el resto de las salas, donde se lucen un altar de madera policromada del siglo XVII, los restos del monumento funerario a los fundadores del convento y los impresionantes murales de Josep Maria Sert, homenajeando como empresas ciclópeas las labores de navegantes, armadores, ferrones y pescadores del Cantábrico. Grata contemplación sólo fastidiada por los aplausos que vienen del salón, y por los periodistas que vienen huyendo de Tideland.

 

Miércoles 21. + Tideland, la nueva película de Terry Gilliam, ha resultado un precioso divague relativamente emparentado con el lado más incómodo de Alicia en el país de las maravillas y el más confuso de su lejana Time Bandits (Aventureros del tiempo); provocó deserciones masivas no sólo del gran público, sino incluso de muchos críticos que hasta ahora ansiaban verla. En inmediata conferencia de prensa, grandote, de cara colorada y camisa de colores tan vivos que parecía un guacamayo, el hombre se rió abiertamente del hecho. “Deben abordar el film con ojos de niño. Si son unos adultos estúpidos, mejor ni se gasten”, dijo. “Gracias por tratarnos de estúpidos”, protestó un crítico, y varios lo aplaudieron. “No me di cuenta de que la mayoría de los presentes eran estúpidos”, siguió Gilliam muy divertido (como en los westerns, “cuando me diga eso, sonría”). La cuestión es que siguió adelante, y se terminó ganando la sala. “Ustedes se olvidan de cuántas otras películas mías se han ido antes del final, y hoy las recuerdan casi como clásicas. Además hace siete años que no filmo, y entretanto han proliferado las producciones demasiado fáciles, y los sueños poco imaginativos. La mayoría de los sueños actuales proviene de la tele. Soñamos con un auto más bonito, papel higiénico más suave, y mejor comida para el perro. Estamos más ansiosos. Y nos obsesionan las cifras. Cada acontecimiento se define por cifras. Las cifras son interesantes, pero por ahí no va la vida”. Aprovechamos para preguntarle: ¿cómo fue su infancia? “Nací normal. Vivíamos en el campo, cerca del bosque, la ciénaga y el lago. Leía mucho, escuchaba cuentos, oía la radio, es decir, pude ejercitar la imaginación. Recién a los diez años de edad conocí la tele. Tuve lo que entonces era una niñez muy americana. Era muy fácil vivir en el campo. Yo entonces creía que todos vivían así. Después comprendí que éramos los menos. Por eso me gusta fomentar la soledad, que los niños paseen solos por el bosque, en silencio. Hoy están sobreprotegidos. Insisto, dejemos que anden solos, son más fuertes de lo que creemos”. ¿Pero acaso cree que un niño de hoy puede ver Tideland? “Ah, no sé, espero que sí”. + Presentaciones varias. De pronto una joven de acento agallegado me cuenta que es rosarina. Hace cinco años que trabaja en España. Le señalo a otra rosarina en sus mismas condiciones, que está atendiendo un stand vecino. El mundo suele ser pequeño, pero no siempre. t Inauguraciones. Lo mejor, las fotos de rodaje de 8 y medio que sacó Gideon Bachmann, lástima que estén en un gran hípermercado que acaba de abrirse, para alegría del alcalde y fastidio de los pequeños comerciantes y los amantes de las viejas edificaciones. + Día del Cine Vasco. Hasta Spy Kids 3D se vio en el Velódromo doblada a la lengua del lugar (así los niños van tomando el hábito desde temprano). + Defosaenfosa, todo junto, comedia eslovena chiquita, que empieza bien y luego por poco no se entierra sola. + O veneno da madrugada, nuevo acercamiento de Ruy Guerra a la literatura de García Márquez con resultados francamente bochornosos, más cerca del teatro gritado que de La mala hora original. + Oyun, linda comedia turca sobre mujeres que a través del teatro dicen sus cosas. + Jogo subterraneo, buena versión paulista del cuento “Manuscrito encontrado en un bolsillo”, de Julio Cortázar. + De pronto, una delicia: la vieja, ingeniosa, incisiva y deliciosa comedia de Fernando Fernán Gómez Sólo para hombres, con Analía Gadé, sobre textos de Mihura.+ Otra de Wise: Cualquier día en cualquier esquina, con Robert Mitchum y Shirley McLaine jovencita. + Y dos documentales acerca de la Guerra Civil Española a través de los recuerdos agridulces de algunos viejos: La doble vida del faquir y Días azules, esta última sobre dos ancianas que casi 70 años atrás habían prometido a sus padres localizar los huesos de sus hermanitos fusilados, y eso esperan todavía hacer. En España recién en el 2004 empezaron a abrirse las fosas comunes.

 

Jueves 22. + Ayer se anunciaron los premios de Cine en Construcción, destinados a diversas obras presentadas “a medio terminar”, y que probablemente participen el año próximo. Entre las argentinas, Signis premió El borde del tiempo, de Jorge Patrón Rocca, ficcional; Bialet Massé, un siglo después, de Sergio Iglesias, documental; y el corto Veo veo, de Benjamín Avila. + Atención a El telón de azúcar, amarga reflexión de la chileno-cubana Camila Guzmán Urzúa sobre su propia infancia en la isla. + Hoy se anuncia un documental sobre Fernán Gómez, La silla de Fernando. Pero él no vino. Me dicen que está muy mal de salud. Ya pasa los 90 años, y las 200 películas como actor, y varias de ellas también como director. Años atrás San Sebastián le dio el premio a la trayectoria, pero también debería hacerle una retrospectiva. Inolvidable, entre sus últimos trabajos, su protagónico de El abuelo, de José Luis Garci. + Mira para ambos lados, muy lindo debut de la australiana Sarah Watt sobre cómo seguir viviendo pese al lado negativo (enfermedades, accidentes, desazones). + Entre sus manos, floja historia de una francesa que se apiada de un asesino serial de mujeres. + Mejor Malas temporadas de Manuel Martín Cuenca, sobre gente que al final logra atisbar tiempos mejores (un hombre que sale de la cárcel, un adolescente que reclama atención de la madre muy ocupada en atender a los demás), en una línea de realismo social ibérico del que hubo esta semana también otros buenos ejemplos, como Agua con sal (sinsabores de dos mujeres obligadas al pluriempleo) y El taxista ful, sobre el caso real de un cincuentón desocupado que se apoderaba de un auto por algunas horas, lo trabajaba, y luego lo dejaba, junto con el debido porcentaje de las ganancias, al alcance del dueño. + Bang Bang Orangutang, comedia ácida del danés Simon Staho, demasiado estridente, sobre un exitoso empresario que se quiere a sí mismo, hasta que en un segundo pierde a su familia, y entonces aprende a amar, pero ya no tiene a quién amar. “Una película de amor como hubiera querido hacer Liberace, excesiva e insuficiente, con demasiado buen gusto y de un mal gusto desmedido, en ocasiones bella y con frecuencia repulsiva”, dice el director en la promoción. A confesión de partes, relevo de pruebas. + Cena ofrecida por el INCAA en el Tenis Ondarreta, al pie del monte Igeldo y a la orilla de la bahía. La gente está contenta. No sólo las argentinas en competencia oficial, sino también las de secciones paralelas (Como pasan las horas, Monobloc, La demolición, Los suicidas, etc.) están haciendo un buen papel. Y algunas hasta se venden.

 

Viernes 23. + Última en competencia oficial, la española Sud Express, de Velázquez & de la Peña, ambientada en el tren París-Lisboa y filmada en tres países y cinco lenguas, película medio deshilvanada, casi una serie de viñetas, pero con personajes queribles, que se supone dará lugar a varias reflexiones sobre la actual Europa (casualmente, ayer jueves ha sido el Día de Europa, con varias mesas redondas, y un homenaje especial al director francés Claude Miller). + Últimos platos fuertes. Viva Zapatero!, bravo documental sobre los programas satíricos europeos y los cortes a la libertad de expresión en los medios de Berlusconi. Match Point, retorno de Woody Allen a su mejor nivel, y a ciertos temas ya expuestos en Crímenes y pecados sobre comodidad, mezquindad, y conciencia. El lobo, historia real de un servicio infiltrado, cuyo trabajo permitió descabezar buena parte de la ETA). El capítulo prohibido, policial iraní donde un inspector persigue a un asesino de prostitutas al que protege una escuela religiosa. Aupa Etxebeste!, comedia enteramente vasca. Y dos trabajos de escuelas de cine que ya antes de darse cuentan con la simpatía general: El guardavías, totalmente hecho por los chicos de la madrileña Orson The Kid, y Despierta, enteramente hecha por discapacitados, vale decir guión, escenografía, actuación, todo salvo dirección.

 

Sábado 24. + The World’s Fastest Indian, biografía de un mecánico neozelandés, un viejito decidido a probar su moto Indian de 1920 mejorada, pese a la edad, el corazón, y la falta de plata. Grato elogio del empeño, el optimismo, la fraternidad deportiva y la gente sencilla. + Consumatum est. San Sebastián terminó entregando su gran premio, y el de mejor actriz, a la checa Stetsi. Argentina sacó segundo premio, el Especial del Jurado, para Iluminados por el fuego, por unanimidad y con el mayor aplauso de la noche. “Porque transporta con emoción el trágico sinsentido de la guerra y su efecto en la vida cotidiana de la gente”, dijeron, en sus considerandos, Anjélica Huston, Antonio Skármeta, Dean Tavoularis, director de arte de Apocalypse Now, y demás miembros del jurado oficial. Los aplausos fueron incluso mayores que cuando se anunció como mejor actor al español Juan José el Bola Ballesta, por Siete vírgenes, o cuando Aupa Etxebeste!, que además jugaba de local, sacó el Premio Volkswagen de la Juventud. Se sintió memorable rechifla, en cambio, cuando la organización de críticos especializados Fipresci anunció su premio para Tideland, de Terry Gilliam, una de las películas que mayor deserción de las salas ha provocado durante el festival. Pero es su destino en la vida, pobre Fipresci. Argentina logró también la primera mención Horizontes Latinos para Monobloc, de Luis Ortega, “por el valor de su expresividad poética” (la película está dedicada a Leonardo Favio). Y la escuela fundada y dirigida por el argentino Héctor Faver, el Centre d’Estudis Cinematogràfics de Catalunya, sacó por segundo año consecutivo el premio del Encuentro Internacional de Escuelas de Cine, paralelo al Festival. A destacar, también, el anuncio (hecho previamente) de tres proyectos aprobados por el Programa Raíces, con 150.000 euros repartidos entre Cataluña, Galicia, y el INCAA, en beneficio de Hijo de tigre, Pérez, el ratoncito de los dientes, y Abrigate, que ya empiezan a rodarse. Y se agrega otra coproducción, Elsa, de Gonzalo Calzada, que acaba de acordarse en el Mercado de Films. Eso en cuanto a “la parte que nos toca”. Del resto, algo sacaron, entre otros, la comedia alemana Verano en Berlín” (mejor guión), la china Girasol (fotografía y dirección, lo que en ambos casos es demasiado), el drama sobre niños adoptivos Holy Lola (TCM del Público), la serie de viñetas Sud Express y la comedia infantil La cucha del perro amarillo (premios Signis), y la romántica francesa No estoy aquí para que me quieran (Círculo de Escritores Cinematográficos). Por otra romántica, Sa-Kwa, el coreano Kang Yi-Kwan se llevó el Montblanc de Nuevos Guionistas: una hermosa estilográfica serie Greta Garbo de edición limitada, con incrustaciones de nácar y 16 diamantes (pero sin tinta, dicen los envidiosos). + Dato sensible, el habitual premio de la Asociación de Donantes de Sangre de Gipuzkoa, “a la obra que más potencie y destaque los valores humanos que mueven al individuo a la solidaridad, al altruismo”, quedó desierto. Ni el sacrificio de la chica de Stetsi por sus vecinitos les ha parecido suficiente, o quizá se levantaron antes de terminar la proyección, y en ese caso no fueron los únicos. Parte de la delegación argentina queda ahora en San Sebastián, integrando una muestra de cine latinoamericano. El resto viaja a Madrid, donde el jueves comienza una de cine argentino, a exhibirse (dato interesante) con gran despliegue en una sala verdaderamente comercial.

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