Una de las virtudes más importantes de este libro es que desborda ampliamente el objetivo propuesto. Destinado a los docentes para que cuenten con una rica compilación de nanas y villancicos iberoamericanos, logra que el lector no especializado se conecte con sus emociones más atesoradas con calidez y emotividad inusitadas. Es toda una experiencia abordar sus páginas: las emociones más tiernas, aquellas ligadas a la primerísima infancia, producto de la voz y cuidados maternos, sus arrullos y sus cantos, se apoderaran de la psiquis y el corazón asaltándolos con sedosos y aterciopelados matices. 

 

La vida actual, con todo su atropello e indómita aceleración, ha sepultado la memoria de aquella primera época en que alguien tenía toda la atención y su tiempo puestos en nosotros. No habrá a lo largo de la vida otro afecto comparable, tan luminoso y benefactor como aquel primero de la madre, que nos permitió el pasaje de la oscuridad a la luz a través de infinitas ligazones nutricias, táctiles y sonoras. Por eso mismo, aún el más insensible verá su corazón estrujado ante la lectura de versos como éstos: Duerme, niño pequeño,/ duerme tranquilo en la cuna,/ que a tu cabeza está el sol / y a tus pies está la luna.

 

Sencillez y simplicidad en la búsqueda del contacto con el niño que todos somos, hacen que este libro de Elisa D´Andrea y Elsa Vulovic, docentes ellas mismas, sea indispensable no sólo en el aula como estímulo para la imaginación y la fantasía de los más pequeños, sino en la biblioteca de todos aquellos destinados a ser padres y, por qué no, en la de todos aquellos que somos hijos en busca de aquel recuerdo de un tiempo sin duración, bañado en una sempiterna luz dorada.

 

El libro cuenta con un prólogo donde se nos ilustra sobre lo que Federico García Lorca y Gabriela Mistral, pioneros en la difusión, reflexionaron sobre este género. El gran poeta español consideraba que las nanas constituían los primeros pasos por el mundo de la representación intelectual. A su vez, la poeta chilena identificaba a la canción de cuna con un coloquio diurno y nocturno de la madre con su alma, con su hijo y con la tierra.

 

También tenemos la opinión de numerosas autoridades, entre ellas la médica y poeta uruguaya Sylvia Puente de Oyenard, que afirma que una madre que acuna a su hijo le está proporcionando atención, confianza y estímulos que favorecen el correcto desarrollo de su personalidad.

 

Con un apéndice titulado “Sugerencias”, las autoras apuntan una breve y simple orientación de trabajo para el aula docente, guía que cualquier abuela o madre en su casa puede poner en práctica de tan atinada y sencilla, para estimular la curiosidad y la comprensión y la expresividad de los niños a su cargo. Justamente, las docentes comentan que tales pautas les fueron “sugeridas” por los mismos niños que reaccionaban ante la lectura de las nanas.

 

Pero creemos que no existe mejor recomendación que compartir con el lector de esta reseña algún otro de los numerosos arrullos que pueblan las páginas de este regalo en forma de libro para que la emoción hable en él. Que sea este fragmento de Canciones para mecer, de Eduardo González Lanuza: En un borriquito / se van para Egipto / San José, la Virgen y el Niño./ Tan suave es el trote / que mece al dormido./ ¡No me lo despiertas! / Aunque éste es el mío,/ mira su sonrisa: / sueña con el Nilo / los niños que duermen / son un solo Niño.

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