Pareciera inviable en la administración católica el acceso al orden sagrado sacerdotal a la mujer por ser mujer. Pero actualmente se abren novedosas interpretaciones al mismo Mensaje evangélico de Jesús que es la base de la doctrina cristiana. No podemos quedarnos en una definitiva aplicación temporal, al margen del cambio de investigaciones y culturas. Ya el mismo Jesús nos advirtió que su doctrina “es una fuente de agua viva… que fluye para la vida eterna”.

 

Actualmente tenemos que aceptar como verdad de fe dogmática solamente lo que está declarado oficialmente (ex Cathedra) como tal. Al respecto, sobre el sacerdocio femenino no existe tal definición a pesar de que en el mismo Catecismo de la Iglesia Católica se afirme que es doctrina fundada en el evangelio la inhabilidad femenina para el orden sagrado. He aquí el texto: N° 1577: “Sólo el varón bautizado recibe válidamente la sagrada ordenación… El Señor Jesús eligió a hombres (viri) para formar el colegio de los doce apóstoles… y los apóstoles hicieron lo mismo cuando eligieron a sus colaboradores… que les sucederían en su tarea… El colegio de los obispos, con quienes los presbíteros están unidos en el sacerdocio, hace presente y actualiza hasta el retorno de Cristo el colegio de los Doce. La Iglesia se reconoce vinculada por esta decisión del Señor. Esta es la razón por la que las mujeres no reciben la ordenación…”.

 

Si esta es la razón teológica fundante de la inhabilidad de las mujeres por ser mujeres para recibir el orden sagrado, no caben las demás supuestas inhibiciones de orden natural o sobrenatural ante la evidencia de la capacidad femenina para todas las funciones tradicionalmente atribuidas única o principalmente al varón.

 

“Santísima Virgen María sacerdote, ruega por nosotros”. Esta jaculatoria se la atribuye a San Pío X hacia el año 1908. Según un profesor de teología consultado al respecto, el sacerdocio de María se aceptaba pacífica y devotamente durante los siglos XVIII al XX con la constancia de la conocida revista católica española Razón y Fe. Posteriormente se diluyó y negó, no en forma dogmática, tal calificación de dignidad a María Santísima quizás porque permitiría el acceso al sacerdocio a otras mujeres. Pero analicemos imparcialmente este tema de acuerdo a los siguientes argumentos.

 

1. Cuando la Virgen María acepta la misión divina manifestada por el arcángel Gabriel, de ser madre del Mesías prometido a Israel, concibe en su seno al llamado Jesús de Nazaret. Esto es un dogma para los cristianos. Por lo tanto, por primera vez ella, la Virgen, “ofrece al Altísimo realmente, el cuerpo y la sangre de Jesús”, (la esencia de todo sacrificio que el sacerdote renueva en la misa), es decir que ella podría ser considerada como la primera sacerdote de la era cristiana.

 

2. El filósofo y fraile franciscano Duns Scoto, llamado el doctor sutil, hacia el 1300, para probar la doctrina de la Inmaculada Concepción de María, afirmó: potuit, decuit ergo fecit. Es decir: Dios pudo, fue conveniente, por lo tanto lo hizo. Yo me pregunto con Duns Scoto: siendo el sacerdocio una cualidad eminente originada en un don divino para presenciar de modo sobrenatural y real a Jesús en la santa misa, ¿podía Dios darle esta capacidad y dignidad a su Madre, la mujer más excelente y digna de toda la humanidad? Ex potentia Dei absoluta (por el poder absoluto de Dios) ningún teólogo lo negaría; pero la cuestión está en “el poder condicionado de Dios” (ex potentia Dei conditionata) y aquí está la legítima postura afirmativa o negativa. La doctrina común eclesiástica, no de fe, niega la capacidad de recibir el orden sagrado a la mujer por ser mujer. Como una especie de incompatibilidad natural.

 

Agreguemos aquí la opinión de un santo devoto de María, san Bernardo, consejero de pontífices en el siglo XII. Afirma este santo: “de María nunquam satis” (acerca de María nunca se dirá demasiado). Es decir, si el sacerdocio es una cualidad de excelente valor espiritual, también habría que adjudicarlo a María Santísima.

 

Nuestra teología afirma que un obispo puede consagrar válidamente a un laico, aun en contra de las disposiciones canónicas. Pues bien; si se diera el caso de que un obispo, aunque esté declarado hereje, consagrara sacerdote a un laico, que en este caso fuera mujer (la mujer es un laico para la Iglesia), ¿sería válida esa consagración por tratarse de un laico mujer? Los que niegan la capacidad natural de la mujer por ser mujer, afirmarán la invalidez. Yo me inclino a la afirmación de la validez, a pesar de la ilicitud. Y como el bien obtenido sería de un valor excelente teológicamente, se desfiguraría esa ilicitud… Me viene a la memoria el canto gratulante de la Iglesia: oh felix culpa quae meruit habere talem et tantum Redemptorem (oh feliz culpa que mereció tener a tan grande Redentor) ¡Hay culpas que uno debe agradecer! Por la expiación, por la conversión, por la redención. Es decir, que si no hay una evidente incapacidad natural y sobrenatural para que la mujer acceda al sacerdocio, me parece que se estaría ofendiendo a aquella dignísima mujer llamada María, la madre de Dios. Además, se podría analizar el contenido del término “discípulo del Señor” –que comprende a varones y mujeres– cuando dijo Jesús que “quería comer la pascua con sus discípulos”, y en esa pascua judía a la que asistían normalmente las mujeres, instituyó el sacerdocio ordenándoles que “hicieran esto en memoria de mí” 1. Jesús no discriminaba a las mujeres que siempre lo acompañaban, entre ellas María Magdalena “y las otras mujeres”…

 

Sobre la dignidad de la mujer. En la cultura llamada occidental cristiana, ya no se niega la igualdad de derechos de la mujer con respecto al varón.

 

Pero resulta evidente que esta lenta y azarosa conquista se obtuvo al margen y aún en contra de las directivas oficiales de la Santa Sede. Sin embargo, en todas las épocas surgieron excelentes mujeres que influyeron en gran parte las posteriores determinaciones de la Iglesia. No es el caso de señalar datos históricos. Pero sí, algunas rápidas sugerencias.

 

Para las tres religiones monoteístas unificadas en el Libro sagrado, tenemos todo un pequeño tratado sobre el amor en su máxima valoración concreta de dos jóvenes de igual dignidad en la afloración dinámica del mutuo amor. Se llama Cantar de los Cantares. Lamentablemente poco leído y muy poco practicado.

 

En la vida de algunos santos es de destacar el amor humano y divino en la excelente relación por ejemplo entre san Francisco de Asís y santa Clara; san Vicente de Paul y santa Luisa de Marillac; san Juan de la Cruz y santa Teresa de Ávila. Dignos ejemplos que se contraponen a tantos eximios doctores eclesiásticos que han escrito lamentablemente páginas denigrantes de todo lo femenino, que no es el caso de citar.

 

Conclusión. Si consta todavía en nuestra actividad pastoral y administrativa la marginación de la mujer por ser mujer, es tiempo que la Santa Sede reconozca con lealtad y humildad el error humano sin tantas excusas y disculpas. Y una forma de gratísima reparación sería, a mi modo de ver, la admisión de algunas excelentes mujeres al sacerdocio. Fides expellit timorem(la fe expulsa el temor) decía san Pablo. Que las Puertas y Ventanas del Vaticano se abran sin temor a la Verdad y al Amor para que se cumplan los deseos del Concilio Vaticano II como lo añoró el gran pontífice Juan XXIII.

  

  

 


1. En la fórmula actual, basada en los evangelios, constan las palabras de Jesús al instituir la eucaristía que se reproducen en cada misa. Allí Jesús habla a sus “discípulos”, no dice “apóstoles”.

7 Readers Commented

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  1. amparo on 24 septiembre, 2010

    Cuando queremos saber la santidad de alguien esperamos un milagro, ¿por qué no pedimos al Señor que nos haga saber cuál es su decisión si cuando hizo la iglesia las mujeres estaban en sus planes? Yo creo que sí, un apóstol no sólo es un hombre sino un ser humano, algo que las mujeres también somos. Esto no me parece una cuestión de genitales sino de amor y gracia. Aceptamos la traición y la cobardía de los Apóstoles, no fue impedimento para el sacerdocio, sin embargo, una mujer, aun siendo buena, está por debajo de todo eso. ¿No sería mejor juzgar en función de valores morales y no por cuestiones de las que no somos responsables como es el sexo con el que nacemos?

  2. micro on 15 febrero, 2012

    El orden sacerdotal no debe tomarse a la ligera ni por los hombres ni por las mujeres.
    Las mujeres no deberían caer fácilmente en la trampa, de un sacerdocio fácil, tal como lo han hecho los hombres en los últimos años. Si algún dia las mujeres desean ser sacerdotes auténticos del altar de Dios , deben reflexionar seriamente sobre ello y que su ofrecimiento a Dios, sea sincero, es decir siempre en su Presencia, tal como Cristo es sacerdote perpetuo. No nos podemos permitir el lujo de que las mujeres caigan en los mismos errores.

  3. Graciela Moranchel on 19 febrero, 2012

    Ante todo, me pregunto quiénes son los varones, sacerdotes, para «negar la capacidad natural de la mujer» para el sacerdocio. En virtud de qué supuesta «potestad divina» se pueden arrogar tal derecho.
    Por otra parte, en pleno siglo XXI, y reconociendo como derecho universal inalienable de todo ser humano la «igualdad» de dignidad, sin discriminaciones de ninguna clase, tampoco por motivos de «sexo», la Iglesia sigue manteniendo sus «reservas» con respecto a muchas funciones que puede, debe y quiere cumplir la mujer dentro de sus comunidades, incluído el sacerdocio ministerial.
    Es inadmisible que a este respecto se sigan aduciendo razones de una supuesta «voluntad de Cristo» que sería contraria a la ordenación de mujeres. No existen razones teológicas ni bíblicas para ello. De modo que, como dice el autor del artículo, es hora de reconocer, con lealtad y humildad, los errores cometidos durantes siglos. No comparto, sin embargo, la salvedad que pone José Amado Aguirre, en el sentido de que se podrían admitir «algunas excelentes mujeres» al sacerdocio, porque seguiríamos con la elección y la discriminación. En todo caso, también deberían elegirse para el sacerdote «algunos excelentes hombres», lo cual no siempre es posible ni se da en la realidad.
    Como anécdota, hoy estuve viendo un video de la última elección de cardenales por el Papa Benedicto XVI. Me resultó sumamente desagradable contemplar una Iglesia absolutamente «masculina», donde no se veía ¡ni una sola mujer!
    Me pregunto si el Vaticano, de verdad, sinceramente, cree que esta es la voluntad de Dios: una Iglesia donde sólo los varones «mandan», y las mujeres «obedecen». ¿De verdad lo creen así….?
    Saludos cordiales,
    Graciela Moranchel
    Profesora y Licenciada en Teología Dogmática

    • Excelente .

      • NELIDA ROCCA on 16 mayo, 2013

        Excelente nota ! maravillosa !
        que se puede entender por excelentes hombres ? los que vemos o los que idealizamos para seguir nuestra Amada Iglesia.-
        Genia total gracias !

  4. Amparo on 3 mayo, 2014

    Creo que en contra de lo dicho por algunas personas el sacerdocio de las mujeres es posible y necesario, y hay una manera de tenerlo para ello vale con arrodillarse ante un crucifijo y pedirselo al Señor, si uno vuelve la mirada a su alrededor comprendera que no hay nadie alli que pueda impedir que el Señor te conceda lo que le pides, cualquiera puede hacer la prueba.

  5. shenyl on 19 octubre, 2017

    me pueden ayudar con mi tarea de religion les mando la pregunta : quien fundo la orden sacerdotal de las mujeres

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