Los monstruos no existen, dice Tom. Y se lo dice a Sarah, la niña rubia, su hija, quien acaba de despertarse de una pesadilla. Pocos segundos atrás Sarah gritaba entre las sombras, pero ahora Tom ha llegado. Pronto se encenderá la luz    –temida por los monstruos, como todos bien sabemos– y Sarah habrá de tranquilizarse con esa misma idea: los monstruos no existen.

 

Por un momento la sombra de Tom deja a Sarah en una oscuridad aún mas profunda, pero ya no, ahora no hay nada que nos distraiga de Sarah, de su mirada inocente, su camisón blanco y su osito de peluche. Es curioso que las niñas con ositos de peluche le teman a la oscuridad y los monstruos le teman a la luz, pero así es como empieza esta película. Y no es nada arbitrario.

 

Tom es dueño de una cafetería, en uno de esos pequeños pueblos de los Estados Unidos donde todo el mundo se conoce. Sarah es también hija de Edie, abogada que ronda los 40 años.

 

El asalto al negocio de Tom es obra del primer monstruo, elegante y hasta gentil cuando se presenta acompañado por su cómplice, frío y calculador, sumamente violento si las circunstancias lo aconsejan. Pero cuando la furia se desata, Tom se revela llamativamente hábil, logra matar a los asaltantes (en legítima defensa, como todo héroe haría) y restablece la paz por el módico precio de una visita al hospital.

 

Poco tiempo pasa antes de que aparezca el nuevo monstruo, y esta vez se trata de uno hecho y derecho, con cicatrices, armas y tipos malos que lo siguen a donde vaya. Fogarty, se llama, y está convencido de que Tom no es Tom, sino un tal Joey Cusack, que le ha quedado debiendo un par de facturas. Su ojo derecho, sin ir más lejos.

 

Acabo de describir tres escenas centrales de la primera parte de la película. Centrales y secundarias al mismo tiempo –y es éste un solo ejemplo de una película ambigua por naturaleza–, ya que son las escenas accesorias, anteriores y posteriores a aquellos hechos, las que le darán a History of Violence una marca particular.

 

Dicha marca consiste en la estructura especular del film. Hay una secuencia de hechos que, en la primera parte, lleva al espectador hasta un punto a partir del cual una secuencia análoga pero inversa lo reconduce al principio. Donde esto se vuelve más claro es en las escenas de sexo. Aparentemente, la primera parte es menos violenta que la segunda, pero en realidad todo depende de a qué le llamemos violencia, y es ésta la idea con la que Cronenberg ha trabajado admirablemente.

 

Porque todos estamos de acuerdo en que matar a alguien con un tiro en la cabeza es un hecho violento, pero Cronenberg está allí para decirnos que la actitud (monstruosa) de una vendedora de zapatos que se desentiende de la desesperación de una madre constituye una forma más solapada pero también atroz de violencia. ¿O acaso no pueden ser también violentos una mirada o un simple tono de voz? Y todo esto nos conducirá al mensaje (o duda) definitivo:

 

¿Qué es exactamente la violencia? ¿Qué es exactamente lo que abarca y puede ser, como la sangre, lavada con agua?

 

Después de todo, gangsters no hay tantos, pero monstruos hay por todos lados.

No hay comentarios.

¿ QUIERE DEJAR UN COMENTARIO ?