En la XV Cumbre Iberoamericana de Salamanca, el Rey de España, los líderes políticos, sociales y empresariales coincidieron en aplaudir la designación de Enrique Iglesias como nuevo secretario general iberoamericano. Lo hicieron con el ánimo de quien deposita en alguien de confianza una gran preocupación: el desarrollo y la democracia en la región.

 

Iglesias, asturiano de nacimiento y ciudadano nacionalizado uruguayo, se graduó en Economía y Administración en la Universidad de la República, de Uruguay en 1953, y cursó estudios superiores de especialización en los Estados Unidos y Francia. Inició su carrera en el sector privado como director de la Unión de Bancos del Uruguay. En el campo académico, fue profesor de Desarrollo Económico y Director del Instituto de Economía de la Universidad de la República del Uruguay. Fue ministro de Relaciones Exteriores de Uruguay (1985-1988); secretario ejecutivo de la CEPAL (1972-1985); secretario general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Fuentes de Energías Nuevas y Renovables (1981) y presidente de la Reunión ministerial que diera inicio a la Ronda Uruguay del Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT) (1986). Fue presidente del Banco Central de Uruguay (1966-1968) y del Banco Interamericano de Desarrollo, BID (1988-2005).

 

Gran conocedor de la situación latinoamericana, se muestra cauteloso a la hora de emprender esta nueva etapa que tiene como objetivo poner en obra las declaraciones de las cumbres de Jefes de Estado. Sin embargo, se muestra convencido de que es posible llevar a la práctica desde la Secretaría General el plan de actividades elaborado.

 

– Pobreza, exclusión, democracias frágiles… ¿Cree que América latina es viable?

– Sí, no solamente lo creo; estoy convencido. Si América latina no fuera viable, ¿qué otra región del mundo podría serlo? Posee una inmensa dotación de recursos naturales y recursos humanos; y en especial una interesante relación entre ambos. Cuenta también con un capital importante en experiencia acumulada: la región ha sido un gran laboratorio de ensayos económicos, políticos y sociales que han forjado un activo. Hoy sabemos mucho más que hace años qué es lo que funciona y qué no. El conjunto de estos recursos me lleva a considerar con optimismo el futuro de la región.

 

– Sin embargo, el 42,9 % de la población de América latina es considerada pobre no indigente y el 18,6 % indigente. ¿Qué hemos hecho mal?

– … O qué es lo que no hemos hecho. Se trata de un déficit inaceptable, porque no se justifica que una región con semejante dotación de recursos sufra situaciones de pobreza e indigencia sumadas a los problemas de desempleo y exclusión. Pero la desigualdad es lo más grave y, en el mediano plazo, uno de los factores más perturbadores del capital social y político.

 

– ¿Cómo jerarquizaría los grandes desafíos de la región?

– El primer desafío importante es crecer más y mejor. Y para que sea posible crecer mejor es preciso incorporar calidad. El crecimiento debe ser inclusivo y permitir mejores respuestas a los problemas sociales.

 

El segundo gran desafío es social. Para resolver los grandes déficits sociales habrá que diseñar primero políticas públicas capaces de vencer las cuestiones más inmediatas y urgentes. Detrás de la desigualdad y la pobreza hay también problemas de tipo estructural que se afrontan fundamentalmente con educación, salud y acceso a los grandes factores de crecimiento como el crédito, la tierra y la tecnología.

 

En tercer lugar se encuentra el desafío institucional. Estamos ante una situación grave porque nos hemos quedado atrasados en las reformas del Estado. Precisamos un Estado mejor: mucho más eficiente, mucho más transparente y responsable ante la sociedad; un Estado acorde a las exigencias del mundo en que vivimos. Un mundo que tiene que apelar al mercado para poder generar capacidad, riqueza e innovación. Precisamos más mercado y mejor Estado.

 

La reforma del Estado es fundamental, la gran tarea pendiente en América Latina. Va mucho más allá de lo tecnocrático, es un tema político. Ahí tenemos que hincar el diente con mucha convicción. Dentro de las reformas institucionales incluiría también la justicia y los gobiernos locales, una gran fuente de crecimiento económico y mejoras sociales.

 

El cuarto desafío son las relaciones económicas internacionales. América latina necesita profundizar la integración económica dentro de sus fronteras y al mismo tiempo abrirse al mundo. No hay crecimiento económico sin apertura al mundo. Precisamos definir cómo nos vamos a insertar en el mundo en todas las direcciones.

Y por último, el quinto desafío es el político. Necesitamos un sistema político que sepa responder a las exigencias de calidad.

 

La democracia en América latina

 

– Según el último Latino Barómetro, sólo el 53% de la población latinoamericana considera que la democracia es la mejor forma de gobierno, un 8% menos que el año anterior. ¿Cómo mejorar la calidad de nuestras democracias?

– Las democracias tienen que legitimarse en la creación de respuestas a las grandes preocupaciones sociales. Un camino es aumentar los escasos dividendos sociales que actualmente ofrecen las economías a esas sociedades. Otro, la participación: la agenda nacional debe contener opciones para que la sociedad participe. Asimismo, los sectores políticos deben generar confianza en la gestión de gobierno: la lucha contra la corrupción, tanto pública como privada, es muy importante para que la gente sienta realmente que puede confiar en sus dirigentes.

 

– ¿Cómo cree que las cumbres podrían contribuir a resolver los problemas reales de los ciudadanos de Iberoamérica?

– Las cumbres significan acuerdos entre jefes de Estado para profundizar la cooperación. Lo importante es que “aterricen” en cosas concretas, que superen los niveles de retórica que generan fatiga e incredulidad. La Cumbre de Salamanca demostró que se pueden proponer cuestiones concretas.

 

– Los procesos de integración en bloques dentro de América latina todavía no han dado los frutos esperados. ¿La región está madura para encarar las iniciativas que propondrá la Secretaría General Iberoamericana?

– Me sorprende la cantidad de acciones que se han venido realizando y más aún el desconocimiento que se tiene de las realizaciones concretas.

Éstas reflejan un acervo muy importante que las trasciende y radica en la cultura, la tradición o los valores. Es el caso de la educación, de la seguridad social, de la juventud y de decenas de mecanismos de cooperación que se conocen muy poco. Pero además en la Cumbre de Salamanca se han planteado asuntos con objetivos concretos como, por ejemplo, hacer frente colectivamente al desafío de la inmigración. O el hecho de promover la apertura de las cumbres al diálogo de los empresarios, la sociedad civil y los parlamentarios. Las cumbres también pueden vigorizar o apoyar el desarrollo de las industrias culturales porque tienen precisamente a la cultura como amalgama.

 

– ¿Por qué aceptó el nombramiento de secretario general iberoamericano?

– Ya había dado muchos años al Banco Interamericano de Desarrollo en una tarea de la que estoy muy satisfecho y agradecido, que me comprometió profundamente con América latina.

 

En segundo lugar, porque la Secretaría General Iberoamericana me permite colaborar con los ideales de la comunidad iberoamericana y me brinda la oportunidad de hacerlo desde una posición donde noto confianza y apoyo potencial, que espero se materialice en los hechos. En lo personal, yo me siento iberoamericano. Soy uruguayo pero nací en España.

 

– A primera vista, los objetivos que se ha propuesto son muy difíciles de alcanzar. ¿Cuenta con los recursos y margen de acción para que la Secretaría sea ejecutiva?

– Si miro los objetivos con respecto a los recursos de que disponemos ahora, le diría que no. Pero espero que en la medida en que vayamos desarrollando proyectos y programas, esos recursos van a ir apareciendo. En general cuando hay un buen proyecto los recursos aparecen; y tengo confianza en que van a aparecer.

 

– Como presidente del BID desarrolló varias acciones vinculadas a la vida cultural de América latina. ¿Tiene pensado nuevas acciones relacionadas con la cultura de Iberoamérica desde la Secretaría General?

– Sí, muchas. Las áreas importantes en las que vamos a trabajar son cuatro: política, económica, social y cultural. En esta última voy a poner un acento especial porque he creído siempre en la cultura. El desarrollo es algo más que bienes materiales o mejoras sociales, también incluye los bienes espirituales. La cultura es una forma de alimentar el espíritu y la calidad de vida de la gente.

 

En ese campo esta Secretaría y la comunidad iberoamericana tienen mucho por hacer y aportar puesto que en materia cultural no somos pobres en América latina, somos muy ricos. Si podemos transformar la cultura en una forma de enriquecimiento espiritual y en dividendos de tipo social, como la creación de empleo u otras actividades que siguen al desarrollo cultural, estaremos caminando en la buena dirección.

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