teatro-2de Xavier Albertí.

VII Festival Internacional de Buenos Aires

Dentro del marco de la última edición del Festival Internacional de Buenos Aires, que este año no incluyó nombres de gran repercusión mediática, una de las figuras que se destacó con sus propuestas fue la del músico, actor y director catalán Xavier Albertí. Partiendo de la premisa de que las canciones no mienten, el espectáculo aborda la intrahistoria de España, desde la década del cuarenta hasta la actualidad, utilizando canciones y coplas populares como mojones del recorrido. Para ello, recurre como material de base, a la obra de Manuel Vázquez Montalbán: concretamente a una serie de artículos periodísticos, publicados a fines de 1969 con el epígrafe de Crónica sentimental de España, y a otros títulos ficcionales y ensayísticos de etapas posteriores.

Al igual que lo hiciera Carmen Martín Gaite con los usos amorosos de la posguerra española, el escritor catalán indagó en forma sostenida la vinculación entre la música popular y el imaginario colectivo forjado por los órganos del poder, desde las normas morales y consignas partidarias del régimen franquista, pasando por la transición democrática y culminando con el período de Aznar. A partir de estos textos, en los que el dramaturgo descubrió una singular “musculatura dramática”, se gestó este cabaret-literario.

Seis versátiles actores –incluido Albertí al piano–, ponen el cuerpo y la voz a algunas de las canciones más representativas de esa España mítica “que nunca muere”, al tiempo que las desmenuzan mediante sus reflexiones, por momentos en forma demasiado vertiginosa, para un público no familiarizado con muchos de los guiños y referencias que se hacen.

El resultado de esta teatralización musical es, según lo expresa acertadamente el programa de mano, una mezcla simbiótica entre teatro y música capaz de distanciar críticamente al espectador, más allá de las resonancias emotivas que genere. Algunas interpretaciones descollantes, como el No tiene importancia de Raphael o Mi jaca de Perelló, se inscriben netamente en lo paródico mientras que otras, como Rascayú o las célebres Tengo una vaca lechera y el ¡Viva España! de Manolo Escobarésta última irónicamente cantada en una traducción al árabe–, buscan desacomodar al público sacudiéndole el polvo a un repertorio que encierra un posible camino de acceso al conocimiento de la identidad española y de comprensión de las complejas relaciones entre el poder y la cultura.

                                  

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