puiggrosTras una larga vida dedicada al bien común, en febrero pasado murió a los 91 años el abogado y ex ministro Oscar Puiggrós, uno de los fundadores del Partido Demócrata Cristiano.Hombre honesto, culto, con sentido de la amistad, valoraba las capacidades intelectuales y la dignidad por encima de las diferencias. Por eso fue un político del diálogo, convocado por distintos gobiernos: secretario de Cultura de la Municipalidad de Buenos Aires durante la Revolución Libertadora, ministro de Trabajo de Arturo Frondizi y de José María Guido, de Bienestar Social de Alejandro Lanusse y embajador en Portugal durante la administración de Raúl Alfonsín.

Su primer paso por la política fue en el Partido Demócrata Cristiano, que ayudó a fundar en los años 50, pero donde militó poco tiempo. Nunca más se afilió a un partido político, quizás porque su visión universal no comprendía ciertas reservas de carácter partidario. Últimamente le preocupaban las divisiones y desinteligencias argentinas, la vocación de poder sin servicio.

Lo señaló en tres recordadas cartas abiertas, la primera al presidente Néstor Kirchner, publicada en La Nación en 2004: “No aliente recuerdos trágicos ni renueve resentimientos ni rencores; todos, por acción u omisión, somos en algo responsables y víctimas. No olvide: supere. Nelson Mandela, después de 20 años pasados en prisión por defender el derecho humano de su piel negra, no tuvo una sola palabra de rencor. Dio un ejemplo de grandeza y sabiduría”.

La segunda carta estuvo dirigida a la oposición (La Nación, en noviembre del mismo año): “La acción política de la oposición es mucho más que una simple lucha por el poder y menos que una rutinaria crítica negativa. Por este camino, entre ‘amigos’ y ‘enemigos’, ‘nosotros’ y ‘ellos’, se cae en el maniqueísmo que en este momento es característica del gobierno y de la oposición. En este clima, ¿cómo es posible un auténtico diálogo? La controversia y la polémica son rutinas que no logramos superar”.

Cuatro años después, Puiggrós confesó que no hubiera querido tener que escribir una tercera carta, esta vez a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner (La Nación, 15 de julio de 2008): “Parece que nada ha cambiado y que las frustaciones que temíamos en 2004 se agravan cada día más. El diálogo fecundo sigue ausente y está reemplazado por reiterados monólogos de tono imprudente y desmedido, inadecuado para la primera magistratura. Nada se ha logrado para la reconciliación de los argentinos. Más bien diría que se ha profundizado la división. Este es el más serio reproche que podemos hacerle al gobierno que usted conduce”.

Sólo un hombre con estas preocupaciones pudo llevar adelante, durante más de 50 años, un encuentro de personas calificadas que se reunían mensualmente para dialogar. Él construía cada reunión, elegía el tema y el expositor, se comunicaba con cada asistente consultándolo sobre las cuestiones a tratar, animaba las coincidencias. “Las comidas de Puiggrós” eran un clásico. Por ellas pasaron políticos, ex presidentes, intelectuales y hombres de la cultura, mujeres relevantes, sacerdotes, periodistas, politólogos, economistas y diplomáticos. Una exigencia era la puntualidad: cada encuentro comenzaba a las 21 y concluía a las 23 en punto.

El último fue en diciembre. Puiggrós sabía que no podría retomarlos por la enfermedad que sufría. Fue conmovedor escucharlo esa noche, cuando pidió que continuáramos. Un grupo de amigos reiniciamos en marzo “las comidas de Puiggrós”, ahora presididas por su retrato. Fue emotivo escuchar los agradecimientos  por haber dedicado tantos años a fomentar la unidad y la paz, y ayudar a pensar y orientar conductas. El sacerdote que lo asistió relató que en sus últimos momentos Puiggrós pedía perdón, y que rezáramos para que no nos gane la violencia. Puiggrós era amigo de Criterio y uno de sus más antiguos suscriptores. Cuando el año pasado abrimos la sección Debates, que me fue confiada junto con Gustavo Irrazábal, para expresar distintas opiniones sobre temas religiosos y morales, sugirió que se llamara Debates para el diálogo, dando cuenta una vez de más su vocación por las coincidencias.

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  1. julio on 10 septiembre, 2018

    Un Fenómeno de persona

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