¿Qué recursos institucionales, jurídicos y asistenciales debe instrumentar el estado para cumplir su deber de tutela incluso en las situaciones no alcanzadas por sanciones penales?aborto-tapa-11Parece inminente el inicio de un nuevo y encarnizado debate público, ante el cual las discusiones recientes sobre el matrimonio “igualitario” podrían pasar por una simple rencilla doméstica. Nos referimos a la cuestión del aborto1. ¿Estamos todavía a tiempo de evitar el espectáculo de una confrontación estéril marcada por las acusaciones recíprocas, la repetición monótona de argumentos intransigentes desde una y otra parte, para que después de un esfuerzo agotador todo termine dirimiéndose por un simple recuento de votos decididos de antemano?

La respuesta es que sí: es posible, en la medida que no nos obnubile la ansiedad por “ganar”, y dediquemos nuestros mejores esfuerzos a procurar, en primer lugar, un planteo adecuado del problema que sirva de marco para un auténtico diálogo. En este sentido, lo primero que debemos comprender es que con la palabra “aborto” nos estamos refiriendo no a una sola cuestión sino a un conjunto de cuestiones, que ciertamente están vinculadas pero no se identifican entre sí.

En primer lugar, debemos preguntarnos: ¿cuál es el estatuto del embrión humano? ¿Es un individuo humano, sustancialmente idéntico al niño que es fruto de la gestación? ¿Se puede afirmar que es ya una persona desde el momento mismo de la concepción? El Magisterio enseña que el dato científico (la existencia en el embrión de un código genético completo) es significativo, pero no resuelve la cuestión planteada, que es de orden filosófico y moral (DAP 13). Tampoco toma posición acerca del momento de la “infusión del alma espiritual”, que según autores antiguos y modernos, podría no acontecer desde el principio del proceso de gestación2. Simplemente afirma que dada la probabilidad de que el embrión sea una persona, debe ser tratado incondicionalmente como tal, siendo por lo tanto ilícito asumir el riesgo de suprimir a una persona destruyendo el embrión (DAP 13; DV I, 1).

Esto lleva a un segundo interrogante, ya en el plano moral; ¿es moralmente lícito abortar? Si las razones expuestas son correctas, se debe concluir que el aborto directo, es decir la acción destinada a quitar la vida a un embrión o feto, es “intrínsecamente ilícito” (EV 62). Sin embargo, teniendo presente la mencionada reserva sobre el momento de la animación, ello no equivale a afirmar que el aborto sea un homicidio en todos los casos3. Tampoco obsta a que puedan darse situaciones extremas en que la calificación moral no es evidente4.

Pero esto no resuelve por sí mismo una tercera cuestión, de naturaleza ético-política: ¿debe el Estado perseguir penalmente el aborto? Tiene el deber de proteger la vida humana desde su concepción hasta su fin natural, pero ello no significa que deba o pueda cumplir dicha función de la misma manera en todos los casos. Existen límites en la tutela que el Estado puede brindar, algunos son de orden fáctico y otros inherentes a la naturaleza de su poder. Al respecto, dice EV 71: “Si la autoridad pública puede, a veces, renunciar a reprimir aquello que provocaría, de estar prohibido, un daño más grave, sin embargo, nunca puede aceptar legitimar, como derecho de los individuos –aunque éstos fueran la mayoría de los miembros de la sociedad–, la ofensa infligida a otras personas mediante la negación de un derecho suyo tan fundamental como el de la vida”.

De acuerdo con este texto, el orden legal no puede considerar nunca el aborto como algo lícito; es decir: no es aceptable hablar de un “derecho al aborto”. Más aún, no habría una tutela eficaz de la vida si el aborto, en principio, no fuera perseguido penalmente5. Pero ello no significa que deba serlo necesariamente en todos los casos. El discernimiento de las situaciones que podrían eventualmente ser consideradas no punibles constituye un ejercicio de prudencia jurídica6. Hay supuestos en los que la ley parece no tener ninguna posibilidad de eficacia: el embarazo en los primeros días de la gestación puede ser interrumpido por la ingestión de anticonceptivos “de emergencia” o prácticas que pueden permanecer en el ámbito estrictamente privado. En otros casos, podría cuestionarse la autoridad del Estado para imponer la continuación del embarazo. En el supuesto de peligro de muerte de la madre, o en el de violación, más allá del juicio que merezca la eventual interrupción del embarazo, ¿puede el Estado forzar a la madre a llevarlo a término?7

Situaciones como esta última plantean un ulterior interrogante: ¿qué recursos institucionales, jurídicos y asistenciales debe instrumentar el Estado para cumplir su deber de tutela incluso en las situaciones no alcanzadas por sanciones penales? La defensa de la vida debe contemplar de modo equilibrado el bien del niño y de la madre. ¿Cómo educar en la responsabilidad sexual y en el respeto de la vida? ¿Cómo alentar a las madres con embarazos no queridos, a veces en condiciones de gran vulnerabilidad, para que voluntariamente continúen con ellos? ¿Cómo hacer más ágil y accesible el procedimiento de adopción, dando una alternativa a aquellas madres que no puedan o deseen hacerse cargo de su hijo una vez dado a luz?

En relación con los supuestos de no penalización, también habrá que plantearse cuál debe ser el procedimiento más adecuado: cómo acreditar fehacientemente la situación prevista por la ley, qué contenidos deberá tener el consentimiento informado, y cómo garantizar adecuadamente el derecho a la objeción de conciencia de médicos y personal sanitario, así como el derecho de las instituciones (confesionales o no) a no realizar estas prácticas.

Ciertamente, la despenalización de determinados supuestos tendría un inevitable efecto (anti-) pedagógico. Pero esta consecuencia, sin duda negativa, debe ser confrontada con las consecuencias también negativas de la penalización indiferenciada. No se debe olvidar que los supuestos de despenalización del artículo 86 de nuestro Código Penal estuvieron vigentes por décadas de modo

enteramente pacífico, sin ser objeto de cuestionamientos por parte de la Iglesia, precisamente por esta razón.

Además, también una legislación antiabortista de perfil coactivo tiene su efecto antipedagógico, porque sin ayuda y estímulo suficiente para las madres en problemas dificilmente podrá contribuir a un mayor aprecio de la vida. Como sostiene Mary Ann Glendon: “Lo importante es que la totalidad de las regulaciones sobre el aborto –es decir, todas las leyes penales, de salud pública y de asistencia social relativas al aborto– sean proporcionadas a la importancia del valor legal de la vida, y que, en su conjunto, obren en favor de la continuación del embarazo”8.

Por otro lado, no se puede aceptar como consigna el bregar por una ley sólo sobre la base de principios, ignorando el grado de consenso que puede ganar entre los ciudadanos que deberán someterse a ella. Existen, pues, apreciaciones de prudencia legislativa que no pueden resolverse de antemano. Una ley más amplia de lo que se considera justo aunque posible de implementar, en principio parece preferible a una ley más estricta pero que tendría vigencia sólo teórica. Esta opción no sería necesariamente un acto de resignación pasiva sino de asunción realista del contexto cultural donde tales leyes deben aplicarse9.

Y esto nos lleva a una última apreciación: el aborto es un problema que sólo encontrará soluciones de fondo en el nivel de la cultura, proponiendo los valores y las virtudes que permitan a las personas percibir en toda su profundidad la santidad de la vida humana, incluyendo la vida por nacer. En su gran mayoría, nuestra ciudadanía considera el aborto como un mal y una tragedia. Crear una cultura favorable a la vida es una responsabilidad de todos, y un deber irrenunciable del Estado. De ahí que el diálogo sobre el aborto no se agote en el tema legal, sino que debe extenderse a los aspectos educativos y culturales directa e indirectamente implicados.

La fidelidad a la doctrina católica no nos exime de plantearnos numerosos interrogantes, que no tienen respuestas evidentes, que en muchos casos responden a consideraciones de prudencia jurídica y que, por lo tanto, pueden y deben ser objeto de un diálogo público plural y respetuoso. El mejor servicio que podemos prestar a la defensa de la vida en este momento, es afrontar el trabajo sereno y paciente de diferenciar niveles y aspectos de este problema, no apostando a la rigidez sino a la sensatez y a la transparencia argumentativa, y preparar así el terreno para una conversación ordenada e inteligente, que pueda conducir efectivamente a mejorar nuestra respuesta ante este grave flagelo social.

 

1.Siglas: DAP: Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración De aborto procurato (1974); DV: id. Instrucción Donum vitae (1986); EV: Evangelium vitae.

 

Agradezco las sugerencias del Dr. Juan G. Navarro Floria y las amistosas críticas del Dr. Norberto Padilla. 

 

 2. Cf. DAP, nota 19. De hecho, hasta que no se traspone el umbral en que pueden generarse del mismo pre-embrión gemelos monocigóticos, no se puede decir que aquel sea idéntico al ser humano que existirá en el futuro, cf. el debate de M. Johnson y J. Porter en id. “Quaestio Disputata: delayed hominization, reflections on some recent Catholic claims for delayed hominization”, Theological Studies 56 (1995) 743-763. La teoría de la animación retardada fue la prevaleciente en la Edad Media tanto en la teología (Pedro Lombardo, San Alberto Magno, Santo Tomás) como en el Derecho (Decreto de Graciano), y se mantuvo en la teología post-tridentina hasta el s. XIX, cf. M. Vidal, Moral de Actitudes, T. II-1º, PS, Madrid, 370. Esta doctrina se funda en consideraciones filosóficas y no depende necesariamente de la biología aristotélica, cf. J. Porter, “Is the Embryo a Person? Arguing with the Catholic traditions”, Commonweal, Febrero 8, 2002.

3. Es la única conclusión posible a partir de la negativa a dirimir el debate sobre el momento de la animación. DAP 13 habla por ello de “riesgo de homicidio”, y la nota 19, sobre “el riesgo de matar a un hombre”.

4. Un ejemplo de ello es el caso, raro aunque posible, en el que la única alternativa a la interrupción del embarazo es la muerte de madre e hijo, cf. M. Rhonheimer, La perspectiva de la moral, RIALP, Madrid 2000, 394-398.

5. Ello constituye, en primer lugar, una protección para la misma mujer, a la cual, en el caso frecuente de estar expuesta a presiones, le sería casi imposible sustraerse a una intervención legal. Esta solución no implica, en modo automático, que la sanción deba recaer sobre la mujer, y no, en primer lugar, sobre los médicos abortistas y los que lucran con estas prácticas, cf. M. Rhonheimer, Ética de la procreación, RIALP, Madrid 2004, 245.

6. Cf. M. Rhonheimer, o.c., 246.

 7. Para una toma de posición por la negativa: M. C. Kaveny, “Toward a Thomistic Perspective on Abortion and Tue Law in Contemporary America”, Thomist (Julio 1991) 55(3), 343-396.

8. M. A. Glendon, Abortion and Divorce in Western Law, Cambridge, Harvard University Press, 1987, 39.

9. Cf. M. C. Kaveny, a.c., 392. La autora propone partir de un piso de “consenso moral estable” y buscar expandirlo, en lugar de tratar de aprovecharse de oportunidades políticas efímeras.

 

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  1. Clara I. Gorostiaga on 6 noviembre, 2010

    Es insoslayable el discernimiento teórico en vísperas del debate sobre el aborto. Pero para que este discernimiento sea efectivo se debe tener en cuenta la situación concreta de la Argentina de hoy:
    . el aborto es una práctica habitual en el país en todas las clases sociales.
    . la penalización, comienzo estratégico del debate, en la práctica sólo alcanza a las mujeres que no tienen medios o un entorno que impidan dicha pena.
    . gran parte, si no la mayoría, de las mujeres y los hombres, tienen relaciones sexuales fuera del matrimonio.
    . los embarazos no queridos generalmente son enfrentados por la mujer sola y es ella la que suele tomar la decisión de abortar o no.
    Si bien estas situaciones se han dado en otros momentos, creo que hoy son una realidad habitual en la sociedad argentina. Sólo es una opinión: quizá antes de largarse al debate habría que estudiar detalladamente estos temas para no correr el peligro de terminar dando palos de ciego.

  2. Eduardo Isidro Sánchez on 8 noviembre, 2010

    EL ABORTO ES EL ASESINATO DEL MAS DESPROTEGIDO DE LOS ORGANISMOS VIVIENTES:
    EL NIÑO POR NACER !!!
    ABSOLUTAMENTE INOCENTE DE SU ORIGEN !!
    LA UNICA RAZON POR LA CUAL SE PUEDE INTERRUMPIR UN EMBARAZO ES POR RIESGO DE VIDA DE LA MADRE!! (Y SOLO SI ELLA QUIERE).

    ADEMAS, EN LA PRÁCTICA.
    ¿CUANTOS ABORTOS PUEDE REALIZARSE UNA MUJER? ¿UNO CADA AÑO? ¿UNO CADA MES?
    ¿COMO VA A QUEDAR SU SALUD? ¿VA A PODER TENER HIJOS ALGUN DÍA?
    ¿VA A TENER USO EXCLUSIVO DE QUIRÓFANOS Y MEDICOS ANESTESISTAS ?
    EL DERECHO DE UNA MUJER A NO TENER HIJOS NO DESEADOS, POR LA RAZON QUE SEA, ¿NO VA A VIOLAR EL DERECHO A LA SALUD PUBLICA QUE NECESITA ENFERMERAS, QUIROFANOS, GINECOLOGOS Y ANESTESISTAS?
    ¿DONDE QUEDA LA SALUD DE MILES DE PERSONAS QUE NECESITAN EL HOSPITAL PUBLICO?

  3. Julián Sanz Pascual on 8 noviembre, 2010

    El que una mujer se plantee abortar como salida a una situación de embarazo, es algo que a todos nos debe preocupar. Lo natural es que un embarazo acabe en un buen parto. ¿Qué hacer con la mujer que decide lo contrario? ¿Meterla en la cárcel? ¿Condenarla a obrar en la clandestinidad con los riesgos que esto comporta? ¿Condenarla a irse a otro país a hacerlo, que es lo que ha ocurrido en el pasado? La ley que permite el aborto con determinados límites no legitima el aborto, simplemente no lo considera ilegal, y no lo persigue. En el tema del aborto, no sólo hay que pensar en el feto, sino también en la madre, que va a ser la pimera víctima de una mala decisión. Esto psicológicamente está comprobado. Hay que aconsejarla, ayudarla, pero es necesario aceptar que ella diga la última palabra, lo contrario sería poco moralizante. Centrar el dabate en si el feto es o no un ser humano, me parece poco viable, pues potencialmente lo es desde el momento de la fecundación, pero ¿cuando lo es en acto? Esto puede depender de la sensibilidad de las personas, pero no hay una respuesta objetiva en que desaparezcan todas las dudas. Me preocupa el aborto, pero también la instrumentalización de que está siendo objeto.

  4. Graciela Moranchel on 9 noviembre, 2010

    No es posible reflexionar ni dialogar sobre la moralidad del aborto si partimos de la base, a mi juicio errónea, de pretender dirimir cuestiones que tienen que ver más con posiciones filosóficas, antropológicas o teológicas que con razonamientos “objetivos”, en cuanto a describir qué estatus tiene el embrión humano.
    Preguntas como las que se plantea el autor de la nota, como ser si el embrión es un individuo “idéntico” al niño fruto de la gestación; o si un sujeto es “persona” desde su concepción; o cuál es el momento preciso de la infusión del alma espiritual o de la animación, no deberían plantearse en un intento de aclarar un tema tan complejo y con múltiples aristas a tener en cuenta.
    Creo que nadie duda ya que desde el momento de la concepción, el embrión es un “ser humano”. En él late “vida humana”, indiscutiblemente. La ciencia se ha expedido en ese sentido en reiteradas ocasiones. A partir de este presupuesto, esa vida humana debe cuidarse contra toda agresión externa y permitir que se desarrolle de manera óptima. Esa es la situación “ideal”. El que respeta los derechos humanos, también debe respetar esta vida en desarrollo.
    Por supuesto que el embrión no es idéntico al niño fruto de la gestación, como tampoco lo es el anciano con respecto al joven de 20 años que alguna vez fue. El ser humano se va desarrollando y va cambiando durante toda su vida, y en todas las etapas debe cuidársele.
    Desde ya que el “ser persona” implica factores como la interrelación humana y la puesta en práctica de la libertad individual en todos los órdenes que el embrión no puede asumir. Por lo cual, no puede identificarse a un embrión con una “persona”, como habitualmente plantean algunos. La persona se va “contruyendo” a lo largo de su historia con la influencia de su bagaje biopsicológico y de su ambiente socio-cultural. Nadie nace siendo “persona”. La persona “se va haciendo” con el tiempo. El creer que se nace “persona” responde a concepciones antropológicas esencialistas que dejan de lado aspectos fundamentales, como esta influencia de la interrelación y la influencia cultural que serán determinantes.
    Por otro lado, el tema del “momento de la animación o de la infusión del alma en el cuerpo”, es una cuestión teológica totalmente extemporánea. La teología actual no se expresa en esos términos cuando tiene que hablar del ser humano, porque esa concepción parte de ideas platónicas que no tienen que ver con la concepción del hombre y la mujer en la Biblia. Deben dejarse de lado de una vez por todas, para asumir que tenemos “vida humana” ya desde el inicio de la concepción, pero que se va desarrollando en diferentes formas y variada complejidad.
    Finalmente, el autor pregunta cómo educar en la responsabilidad sexual y en el respeto a la vida. Es fundamental la educación sexual en la familia y “en la escuela”, tema lamentablemente tan cuestionado por ciertos integrantes de la jerarquía eclesiástica. Educar para el amor y el respeto de nuestros semejantes. Y concientizar sobre el “deber” que todos tenemos de “cuidar” nuestro cuerpo y también el de nuestros semejantes, entre los cuales está el embrión que lleva la madre en su seno, el cual de ningún modo puede considerarse “parte” del cuerpo de la misma, sino un ser humano autónomo que depende de ella para desarrollarse, pero que no le pertenece como si fuera un objeto.
    Sólo desde estos sencillos presupuestos podrá iniciarse el diálogo sobre el aborto, dejando de lado cuestiones teológicas medievales que sólo obstaculizarían el buen entendimiento con quienes piensan diferente, y no ayudarían en nada a elevar el nivel de la reflexión de un tema tan difícil de tratar desde todas sus aristas.
    Saludos cordiales,
    Graciela Moranchel
    Profesora y Licenciada en Teología Dogmática

  5. Agrelot on 9 noviembre, 2010

    El amigo Julián Sanz Pascual dice “… no hay una respuesta objetiva en que desaparezcan todas las dudas.” sobre “cuando” se es un ser humano.
    El debate sería largo, pero me parece que hay argumentos científicos que no podemos minimizar. Como mínimo:
    1) El ADN del niño es DISTINTO al de los padres y ya ahí está TODO lo que necesita para ser alguien único e irrepetible.
    2) Dándole ALIMENTO y AMBIENTE adecuado, se “auto-construye” (NO depende del cuerpo de la madre para desarrollarse).
    Estos son argumentos no religiosos, objetivos y demostrables científicamente que “eso” que está dentro de la madre YA ES UN SER HUMANO, solo que en otro estadío de su existencia, como serán la infancia, la pubertad, la adolescencia, la adultez, la vejez, etc.
    Un saludo.

  6. Clara I. Gorostiaga on 14 noviembre, 2010

    Creo que lo escrito por la Lic. Gabriela Moranchel es muy importante y a tener en cuenta si nuestro objetivo es, ante todo, salvar vidas.

  7. ROS GARESE, Daniel on 23 noviembre, 2010

    La propuesta del autor sobre” (…) que el diálogo sobre el aborto no se agote en el tema legal, sino que debe extenderse a los aspectos educativos y culturales directa e indirectamente implicados (…)” sin ni siquiera mencionar los aspectos morales y religiosos, conduce al relativismo inaceptable. El problema del aborto no puede dejarse al arbitrio de una extensa casuistica, sino que debe resolverse el función de la ley natural, la moral y las enseñanzas religiosas.-
    Lo contrario sería crea una “jurisprudencia” sobre el aborto, que conduciría a un subjetiuvismo inaceptable.-

  8. Julián Sanz Pascual on 24 noviembre, 2010

    Yo me dedico a la filosofía, y gracias a la duda se ha podido progresar. Aristóteles distinguía entre el acto y la potencia. Cuando el óvulo se fecunda, tenemos un hombre en potencia, el problema está en decidir cuando lo es en acto. De todas las maneras, a mí de entrada la que me interesa y me preocupa es la madre, que es a la que veo, la que despierta mi compasión. No quiero caer en algo similar a lo que decía el apóstol San Juan en la primera de sus cartas: “Quien no ama al hermano a quien ve, no es posible que ame a Dios, a quien no ve” (4, 20). Yo a la mujer la veo, al feto no lo veo, y además éste va a depender en su desarrollo del cuerpo de la madre, luego es necesario contar con ella, ayudarla y convencerla para que su volutad sea la de colaborar: esto entiendo que es lo ético. Es apuntar al sentimiento de responsabilidad, que es el verdaderamente moralizante, lo otro, el sentimiento de culpa con castigos legales incluidos, al menos en momentos tan dudosos como las primeras semanas, moraliza muy poco. Además que siempre es posible burlar la ley humana, lo que conduce a la hipocresía, que es la peor de las corrupciones. Más dificil es burlar la ley de la conciencia, que es a la que hay que apelar en cuestiones tan dudosas como ésta.

  9. Rodrigo on 8 mayo, 2011

    ¿Cuándo se puede decir que se deja de ser hombre en potencia y se pasa al acto? ¿cuál es ese momento o ese instante? ¿Es una definición arbitraria de un pensamiento filosófico? ¿”cuando lo es en acto”?
    Como veo que muchos usan la Palabra de Dios como les place y para lo que les place, parafraseando a San Juan y digo “Porque amo a mi hermano en la mujer que veo, me es posible amar al ser humano que vive en su seno y no lo veo”

  10. Juan Carlos Lafosse on 16 mayo, 2011

    Definir que es una “persona” o un “ser humano” o “vida humana” no es trivial, aunque son importantes las implicaciones que tienen las diferencias entre estos conceptos. Pero para simplificar, de aquí en adelante hablaré de “persona”.

    Nosotros tenemos pocas dudas sobre nuestros vecinos: son personas, con quienes nos saludamos, generalmente. Tampoco son más o menos personas, para mi sencillamente son mis vecinos, buenas personas.

    El hijo de mi vecino pesaba 2,3 kg cuando nació y hoy día debe pesar 80 kg. Yo no tengo dudas que es la misma persona. Cuando nació, necesitó que alguien lo ayudara, porque si no, se moría seguro. Necesitó una cuna, una teta, pañales… los tuvo.

    Por qué todo este trabajo, todos estos gastos ¿que obligación tenían sus padres? ¿Acaso tenemos obligaciones, compromisos, con “otros”? A mi me parece evidente que si, la solidaridad y la compasión (no la blanda beneficencia) son algo que nos distingue de perros y gatos.

    Si no tenemos obligaciones con otras personas, podríamos establecer por ley que a un bebe podemos ignorarlo hasta que muera y/o tirarlo a la basura si nos molesta. Los griegos hacían esto, el infanticidio era una práctica común. Total ¿porqué nos tomaríamos el trabajo de cuidarlo? O a mi suegra que está viejita, ¿por qué voy a subir la escalera a llevarle la comida? O ensuciarme la ropa ayudando a un herido en la calle…

    Está probado y nadie discute científicamente que desde la primera célula el desarrollo del hijo de mi vecino fue un continuo, cada día creció a partir del día anterior. No hubo discontinuidades en ninguna etapa, no apareció el cerebro en un instante: creció diferenciando alguna célula, agregando algunas, reemplazando otras y así seguirá hasta la muerte.

    Y desde esa primera célula fue “otro”, no fue parte de la madre. Fue, técnicamente, un parásito que chupó todo lo que necesitó de otra persona: la que lo tenía en su útero.

    Claro que no tuvo propiamente un cerebro “completo” hasta cierto momento, pero lo tiene ahora, me consta. Si creemos que hasta que sea “suficientemente inteligente” solo es un montón de tejidos organizados, nosotros tampoco somos muy “inteligentes” cada noche cuando nos dormimos.

    Puede ser que no sufriera si lo mataban antes de tener ese cerebro, pero lo mismo hubiera pasado si lo mataban cuando lo operaron y estuvo bajo anestesia.
    De modo que podríamos establecer por ley que a un tipo bien anestesiado podemos matarlo antes que se despierte. Total no sufre. O a mi madre, que estuvo en coma 40 días. No importa que un tiempo después (40 días o 9 meses) podamos saludarlos y los veamos seguir creciendo y envejeciendo. Hoy no son conscientes y listo. El delito sería causar sufrimiento, no matar.

    Vamos al ejemplo clásico del violinista excelso, inconsciente y encadenado a una mujer por 9 meses. Está claro que el violinista es “otro”. Ella podría decidir irse aunque el violinista muera, pero ¿qué pasaría si para retirarse, antes debe matar al músico? Literalmente, apuñalarlo y trozarlo. No es tan claro que tenga derecho a hacerlo. Pero, ¿podríamos comprender que lo hiciera en un momento de desesperación?

    Una flor no tiene “intereses” y nunca los va a tener, de modo que puede entenderse que no necesita derechos que los defiendan. Mi vecino antes de nacer o mi madre en coma o el violinista anestesiado tampoco pensaban en nada, mucho menos sabían de sus intereses futuros. ¿Acaso se pierden los derechos junto con la conciencia? ¿El futuro no exige derechos que lo resguarden? ¿Nosotros somos solo presente? ¿O solo consciente?

    Y volvemos a lo central: ¿Tenemos obligaciones hacia otros? ¿Qué otros? ¿Cuál es el límite de nuestro compromiso con el otro? Si las tenemos la cosa se ve desde otro ángulo. Si el otro es una cosa, ¿qué problema hay?

    Son indudablemente trágicas algunas situaciones de angustia, miedo y tantas otras vueltas de la vida que llevan a una mujer a abortar, pero todas las personas con quienes he tocado este tema consideran el aborto como algo malo, terrible y desgraciado. Por eso se habla de despenalización y no de legalización. Yo creo que hay realidades límite que configuran al menos un atenuante, tal como ocurre con otros delitos o el mismo infanticidio.

    Estas situaciones muy a menudo se dan en ambientes de pobreza, donde el embarazo significa seguramente perder un trabajo, quizás la protección del hombre y sin duda una boca más que alimentar. Todos los prejuicios e injusticias del mundo se vuelcan sobre las mujeres en ese momento, son las más desprotegidas y resultan doblemente castigadas por llevar el don de la vida. Por eso necesitan una ayuda muy especial y tienen derecho a ella.

    Por eso, lo que yo no entiendo ni acepto es que quienes se dicen “pro vida” y quienes se definen “pro choice” no actúen mucho más enérgicamente para ayudar eficaz y eficientemente a quienes pasan por esos momentos terribles, que todos reconocen como tales. Los “pro choice” salvarían más madres y les ahorrarían más sufrimientos que reduciendo el problema a una “intervención segura”. Y los “pro vida” podrían lograr aún más promoviendo valores de equidad y justicia en la sociedad que no lleven a la desesperación a mujeres embarazadas, muy especialmente a las más pobres.

    Tampoco entiendo a quién se opone a todo tipo de control de natalidad y a la educación sexual básica en las escuelas. Estos son otros temas que hay que analizar seriamente, aunque este no sea el lugar para esta discusión. Este debate en la Iglesia debe ser necesariamente anterior al de la legislación sobre el aborto.

    Finalmente, no comprendo que haya quienes critican una medida como la Asignación Universal por Hijo y su extensión a las mujeres embarazadas, una medida que protege directamente a los hijos y las madres que más lo necesitan y que sin duda también evita abortos.

    Participar de un debate sobre la legislación en los ámbitos de la sociedad civil requiere tener claras las ideas y aceptar los términos en los cuales se desarrollará la discusión, sin apelar a conceptos teológicos y dogmáticos muchas veces poco comprendidos, cuando no superados. Hay que escuchar y comprender la legítima preocupación de muchos por la vida de las madres más pobres y desprotegidas.

  11. Antonio Ostojic Odak on 18 junio, 2011

    El embrión humano es ser humano, persona humana EN ACTO. El derecho humano de vivir se fundamenta en el hecho de ser humano y, por tanto, sujeto titular de derecho a la vida en todas las etapas de su desarrollo.
    El respeto a la vida humana tiene su fundamento argumentativo en la naturaleza, la biología, la ciencia, el humanismo, el derecho, la filosofía, la teología, todas ellas en coincidencia plena, dando el mismo mensaje desde distintos ángulos: el derecho a la vida es innegociable.”Fides et ratio”, la misma verdad.
    La gestación, desde el cigoto al nacimiento, es convivencia de dos vidas humanas, dignas y respetables por igual, merecedoraqs de respeto, la de la madre y la del hijo.
    Desde la concepción hasta la muerte no hay diferencia alguna de entidad ontológica, y, por tanto, de dignidad.
    A mi entender vale aquí la frase de Jesús, “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y se la has revelado a la gente sencilla” (otras traducciones dicen “a los pequeños”). Sí, un niño puede entender y aceptar esto, y por ahí habrá “eruditos” que no, pero no por ser eruditos, sino porque no nos hacemos sencillos y pequeños.

  12. Thanks for sharing your thoughts on angustiosamente. Regards

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