En marzo pasado falleció Antonio Tabucchi, una de las principales plumas de la literatura europea. El autor de Sostiene Pereira tenía 68 años. Si el escritor Antonio Tabucchi (Pisa, 1943 – Lisboa, 2012) fue el gran traductor de la obra del portugués Fernando Pessoa a la lengua italiana, acaso no haya mejor frase para recordarlo que el título de uno de sus libros, donde vuelve una vez más al misterio de las páginas firmadas por los emblemáticos heterónimos del poeta lusitano: un baúl lleno de gente.

El narrador que nos había sorprendido con Nocturno hindú, nos fue acostumbrando luego a compartir su pasión por Lisboa y la cultura portuguesa. La ciudad recuerda a Pessoa con una estatua en el café A Brasileira, donde a menudo se acompaña la infusión con pequeños pasteles de bacalao, o en el restaurante donde una mesa está siempre preparada esperando el regreso del escritor solitario y melancólico, así como la tradición dice que volverá el joven y legendario rey Sebastiao, que no murió en la batalla con los moros. Lisboa fue también, por adopción, la ciudad de Tabucchi. Allí se estableció y se casó, allí nacieron sus hijos, allí encontró el material de su literatura. Por sus callejuelas empinadas, entre antiguos tranvías, con la luz excesiva de su sol, de su río y de su mar, Tabucchi imaginó sus cuentos y novelas. Repartía el año entre su Toscana natal y su Lisboa amada. Enseñaba literatura italiana en Portugal y portuguesa en Italia.

Fue tal su identificación con Pessoa que el arduo trabajo de traducirlo lo llevó a enfermar, hasta dudar de su identidad, tan complicado con los habitantes de la “confederación de almas” que el portugués llevaba en su interior. A él vuelve una y otra vez, imaginando incluso sus tres últimos días, en Sueños de sueños. O presentándolo de manera fantasmal en Réquiem, que cuando fue comentado en un prestigioso suplemento de cultura en Buenos Aires, el crítico no advirtió que se trataba de todo un homenaje a Fernando Pessoa y su texto fue un verdadero equívoco.

Curiosamente el último libro de Tabucchi, publicado en 2009, lleva por título El tiempo envejece deprisa, donde se pregunta por el misterio del tiempo. Casi una despedida.

El gran público recordará su novela más difundida –y exitosamente llevada al cine e interpretada por MarcelloMastroianni– que pintaba al querible personaje del viejo periodista literario Pereira durante los años de la dictadura de Salazar. Pereira es un católico democrático, ya viudo y sin hijos, que hubiera soñado ser un revolucionario y sostiene (tal como afirma el título de la novela) muchas cosas: reflexiones, relaciones, denuncias, dudas y certezas. Le gusta la limonada y los omelettes a las finas hierbas. Escribe siempre necrológicas de escritores, con preferencia franceses.

“No creo que la vida sea comprensible –señaló Tabucchi– si no es en términos narrativos. La vida es equívoca y subrepticia y nuestra narración, por muy dotada que esté de voluntad de completarla, acabará asumiendo la fisonomía del objeto narrado, se convertirá en equívoca y subrepticia”.

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