Considerada una de las figuras políticas más populares en Brasil, desde los años ’80 comenzó a hacerse conocida por su compromiso con los recursos naturales, lo cual la llevó a ser primero diputada, senadora y luego Ministra de Medio Ambiente durante el gobierno de Lula da Silva.

Tiempo después renunció al cargo y pasó a la oposición. En 2010 sorprendió al obtener 19% de los votos en las elecciones presidenciales.En octubre de este año acompañará la fórmula que encabeza Eduardo Campos por el Partido Socialista. Nació en 1958 en una plantación de caucho en Acre, al sur del estado de Amazonas. Trabajó desde muy chica con sus hermanos en la selva y recién a los 16 años aprendió a leer y escribir. Se graduó como licenciada en Historia y se convirtió en líder ambientalista y política. Su figura frágil y sufrida parece más propia de un referente moral que un perfil político tradicional.

Marina Silva recientemente estuvo en Chile, Uruguay, Bolivia, Ecuador y Colombia en el marco de una gira latinoamericana, y a su paso por Buenos Aires conversó con Criterio.

¿Qué problemáticas de Brasil se replican en los países que está visitando?

Percibí muchos desafíos similares en materia económica, en el campo social y en el ambiental, aunque en proporciones muy diferentes según los países. En la Argentina me reuní con la Comisión de Medio Ambiente del Senado. Estuve también en Rosario, Santa Fe, conocí a referentes de ONGs y a ministros de Energía, un tema grave para nuestros países.

Durante su gestión como Ministra de Medio Ambiente en Brasil pudo implementar cambios importantes, por ejemplo, frenar la deforestación del Amazonas.  ¿Advierte un cambio de mentalidad de los brasileños con respecto al tema medioambiental?

Creo que se dieron cambios importantes en los últimos 25 años, pero obviamente una cosa es la sensibilidad frente a estos temas y otra diferente es que se apliquen medidas. En 2012 el Congreso tenía que votar el nuevo Código Forestal que flexibilizaba la ley y se realizó una encuesta que reflejó que cerca del 85% de los entrevistados estaba en contra de permitir más avances en la selva. Inclusive casi el 90% de los encuestados estaba dispuesto a pagar un poco más caros los alimentos para defender el ambiente natural, su biodiversidad y los recursos hídricos. Fue un muy buen indicador porque permite pensar en la factibilidad de los cambios. Sin embargo, últimamente hemos tenido retrocesos políticos muy grandes en el gobierno al respecto. Por ejemplo, un decreto de la Presidente de la República, Dilma Rousseff, que refleja una decisión discrecional de actuar sobre los intereses de las poblaciones indígenas. Además de que el Congreso de Brasil, que cuenta con más de 500 miembros, no tiene entre ellos ni un solo indígena. La ausencia de distribución de tierras para esas poblaciones constituye un tema muy preocupante.

¿Qué otros temas forman parte de su agenda de campaña electoral? ¿Cuáles son los pilares de su propuesta en este año político tan complejo en Brasil?

En primer lugar quiero aclarar que esta vez no soy candidata a presidente sino a vice en la fórmula con Eduardo Campos, del Partido Socialista Brasileño, por una razón política muy específica: hubo una intención por parte del Gobierno de impedir la creación de un partido político que me propusiera como candidata. Tuvimos que hacer una alianza en tres puntos estratégicos: profundizar la democracia, mantener y aumentar las conquistas a favor de la población (una estabilidad económica con inclusión social) y una clara decisión para dirigir las inversiones a favor de un cambio de dirección del crecimiento. Me refiero al eje de la sustentabilidad: la dimensión económica, social, ambiental, cultural y política.

¿Qué cree usted que pasará en los próximos comicios?

Creo que Lula da Silva es una suerte de última bala de plata del Partido de los Trabajadores. Él se encuentra en una situación muy difícil porque para usar la bala de plata contra sus adversarios necesitará emplearla primero contra Dilma, excluyéndola de su condición de candidata a la reelección. Pero eso sería reconocer que ella equivocó sus decisiones y no se entendería por qué Lula la propuso en su momento como “su” candidata a sucederlo.

¿Está pensando en los casos de corrupción?

Sí, pero no sólo en eso; también está el tema de muchos servicios que han colapsado y de una inflación que crece. En 2015 el nuevo gobierno deberá enfrentar varias dificultades. El riesgo es perder popularidad y poder.

La impresión que se tiene en América latina en general es que Brasil avanza bien y está mucho mejor a lo largo de los años, gracias a los últimos tres presidentes. ¿Cómo se percibe esto en su país?

Se lograron progresos muy importantes: reconquistamos nuestra democracia, conseguimos estabilizar nuestra moneda y nuestra economía, tuvimos adelantos sociales significativos. Pero todo esto no es el fruto de un gobierno sino de la lucha de todo un pueblo. Y se implementó según los momentos a través de diferentes partidos y gobiernos. Fernando Henrique Cardozo logró la estabilidad económica, Lula mejoró la distribución de las ganancias, pero a partir de su segundo gobierno comenzamos a tener serios problemas. Las dificultades políticas y la flexibilización de los instrumentos macroeconómicos, combinado con una microeconomía más atenta a las demandas que a una estrategia general orientada a la defensa del ambiente y a promover inversiones, nos llevó a estar nuevamente frente al riesgo de inflación con bajo crecimiento.

¿Qué sectores sociales se identifican mayormente con su partido o con su figura?

Yo creo que las personas buscan una política no de discursos sino de prácticas reales, no tanto pensando en las estructuras sino en las posturas. Desde 2010 una parte significativa de la sociedad brasileña resolvió asumir un protagonismo político muy relevante. Y hay una diferencia entre optar y elegir: la “opción” es inclinarse por la alternativa que se presenta más favorable, pero en la historia uno puede “elegir” lo que todavía no existe, y luego acreditar que es posible creándolo. Los brasileños están cansados de ser espectadores de la política y cuando se les dice que tienen que optar entre Dilma o Serra, se sienten impotentes. Mi idea y la de muchos es provocar una segunda vuelta.

¿Cómo es la relación de un líder ecologista como usted con el mundo empresarial?

En Brasil tenemos un movimiento de responsabilidad socio-ambiental político y empresarial muy importante, integrado por diversas instituciones y varias organizaciones de empresas importantes que han tomado muy en serio la responsabilidad social y ambiental. En 2010, cuando fui candidata a presidente, el candidato a vice era un empresario muy conocido que encara de manera muy seria los temas de responsabilidad ambiental. Hay un sector  empresarial que busca un compromiso mayor y que traduce esta exigencia en las prioridades de las políticas públicas. Creo que hay una buena base en el sector empresarial brasileño con una visión muy próxima a las ideas que defendemos. Los problemas sociales y ambientales no pueden ser tratados de manera separada de la economía y la política, deben estar integrados en todos los proyectos, incluso cuando se piensa en una central hidroeléctrica, por ejemplo.

¿Cómo ve a Brasil en el Mercosur y en las otras asociaciones de América latina?

Son iniciativas políticas muy importantes que deben darnos motivos de integración frente a los desafíos que se nos plantean. América latina y el Caribe componen una región muy rica, con una población de 580 millones de habitantes y grandes recursos de agua potable, minerales, tierra fértil, cosas que todo el mundo ambiciona. Necesitamos encontrar mecanismos que permitan el desarrollo de manera más equilibrada. Es evidente que habrá muchas dificultades, por eso necesitamos una evaluación honesta de los problemas que se afrontan, buscando salidas realistas. En el caso del Mercosur hoy todavía no somos ni una unidad aduanera con la eficiencia que deberíamos ni una zona de libre comercio. Por lo tanto debemos hacer una evaluación sincera, honesta y realista para encontrar salidas concretas. Ser parte del Mercosur no puede significar la imposibilidad de firmar acuerdos bilaterales. Además tenemos otro desafío importantísimo: los Estados Unidos y la Unión Europea están discutiendo un acuerdo de libre comercio; y nuestros países necesitan encontrar cómo resolver esta cuestión, porque si buscamos ventajas para nuestro continente tenemos que actuar ya, antes de esos acuerdos. De lo contrario, habrá enormes dificultades en el futuro.

3 Readers Commented

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  1. lucas varela on 7 septiembre, 2014

    Estimados amigos,
    Ahora, siendo candidata presidencial, estos comentarios no tienen ninguna relevancia.
    Siendo una seria alternativa para un ballotage, llegan nuevas informaciones que sugieren una apropiación de la candidata por parte de los “vividores políticos” que se sirven de las “ideas” para medrar.
    Marina Silva, es una mujer humilde que en su juventud se enamoró de ideas románticas que iban en contra de la corriente general. Con ellas salió adelante junto a Lula, y logró autoridad y prestigio.
    Después de varios años de desengaños y madurez, parece que está convencida de la vacuidad de sus primeras doctrinas. Los “vividores políticos” de siempre parece que la están convenciendo de otras doctrinas que en el pasado abomino. La pregunta es ¿Va a declararlo? ¿Va a mostrar su cambio íntimo? IMPOSIBLE!! Porque aparecería como una de tantos que otrora fustigó.
    La Marina Silva, primitiva y radical, vivirá presa de la Marina Silva que los demás se formarán de ella. Es inevitable que antes de decir o hacer algo Marina Silva, reflexionará si es lo que de ella esperaban los demás, y se traicionará a sí misma. Será insincera.

  2. lucas varela on 8 septiembre, 2014

    Estimados amigos,
    Es necesario hacer una observación a la redacción de éste artículo. Por haber perdido relevancia, no deja de ser un escrito que muestra la tendencia y la intención (ya conocida) del Sr. José María Poirier de hacer campaña que no quiero denominar «sucia», pero no se me ocurre otro adjetivo por el momento.
    Observen Uds. que el Sr. Poirier dice: «hubo una intención por parte del Gobierno de impedir la creación de un partido político que me propusiera como candidata», lo cual es una mentira. En Brazil, igual que en Argentina, existe un Tribunal Superior Electoral (TSE) que rechazó el registro del partido político fundado por María Silva por no cumplir con la ley. La ley dice que es necesario tener un número mínimo de firmas de apoyo.
    Observen Uds. que este pequeño detalle define claramente las intenciones y el bajo nivel de la campaña iniciada por nuestro amigo Poirier.
    Uno se pregunta ¿que intereses motivan a nuestro amigo Poirier a actuar de esta manera?.
    Vale recordar que la Revista Criterio tiene como marca distintiva un crismón y un pez, que quieren significar la presencia de Cristo y un compromiso de comunicar con actitud cristiana.

  3. Juan Carlos Lafosse on 13 septiembre, 2014

    Hay artículos en Criterio que denotan una capacidad prospectiva inusual: publican una entrevista a Marina Silva, una política brasilera de segunda línea, que menos de un mes después se transforma en candidata presidencial con alguna chance de ganar.

    Es evangelista – notemos que el evangelismo es una fuerza política en Brasil – y como dato de color vemos que Clarín unos pocos días antes que Criterio publicó un artículo en su versión portuguesa donde la compara con … nuestra inefable diputada apocalíptica. Claro que ahora le auguran el triunfo sobre Dilma Roussef.

    Por la debilidad provocada por la falta de un partido propio y las complicadas internas de su armado actual – de todo Brasil en realidad – su llegada a la presidencia sería un “bocatto di Cardinale” para el poder económico. Algo así ocurriría en Argentina con su “análoga” y tantos otros personajes puramente mediáticos.

    Quienes hablan de institucionalidad deberían mirar de cerca las complejas exigencias de la gobernabilidad en el mundo real.

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