Reseña de El país de las desmesuras. Raíces del retraso de la Argentina, de Juan J. Llach y Martín Lagos (El Ateneo, Buenos Aires, 2014).

Nadie que haya seguido los estudios de la economía argentina se sorprenderá de que Juan José Llach y Martín Lagos escriban un libro importante, pero sí es una sorpresa la originalidad, la amplitud y las implicancias que tendrá la obra.
En el libro se compara la performance económica de la Argentina con la de Brasil, Chile, Uruguay y Nueva Zelandia y las cuestiones que podrían explicarlas. El estudio abarca un largo periodo (1870-2012) y, para sorpresa de muchos, se eligieron estos países porque comparten “la decadencia relativa de largo plazo, en tanto su PBI por habitante relativo al mundo desarrollado es hoy menor que en el punto de partida en 1870”.
La singularidad del libro tiene que ver con que analiza, como posibles causas del retraso de las economías, no sólo las conocidas cuestiones como la apertura (o cierre) al mercado internacional, la volatilidad del PBI y la aceleración de la inflación, sino también un análisis profundo de temas como la educación primaria y secundaria, la dotación del capital humano, la estructura social, el comportamiento de la sociedad y sus dirigentes, el déficit de gobernabilidad del Estado, la inestabilidad política, las rupturas del orden constitucional, el caudillismo, el populismo, la propensión hegemónica del poder central, el mal funcionamiento del federalismo, el deterioro del gobierno de la ley, el régimen impositivo y la cuestión fiscal. Y, en el caso de la Argentina, el rol del peronismo, los sindicatos y la puja distributiva, la guerrilla y la represión posterior, y la guerra de Malvinas. Casi todos, con la excepción obvia de los temas puramente argentinos, son potenciales causas del atraso de los países estudiados.
La Argentina se caracteriza por “asumir valores extremos o muy altos, no sólo en sí mismos, sino también respecto de los países comparados y también de muchos otros”. Estos son los rasgos apuntados en el párrafo anterior –apuntados en el párrafo anterior– de la Desmesura Argentina. Los autores con razón afirman que el estudio del retraso de la Argentina debe ser es histórico, en tanto que sólo puede explicarse históricamente dado que está condicionado por secuencias previas de factores de tipo estructural, acciones de actores sociales o políticos; de ahí que el enfoque adoptado es de “dependencia de sendero” (path dependance). Según esta hipótesis, “el pasado condiciona mucho al presente y una vez lanzada (como el proteccionismo ensayado en la década del ‘30), sus frutos obligan de alguna manera a continuarla”.
La importancia de la cuestión es clarísima: sólo tomado el periodo que abarca desde la posguerra al 2012, la frecuencia, intensidad y amplitud de las crisis económicas es tal que “en el caso de haber tenido en las recesiones caídas del PBI iguales al promedio de los cuatro países comparados (…) el PBI per cápita de la Argentina sería 27.753 dólares de paridad de poder adquisitivo (PPP en la jerga, que es un indicador que iguala el poder de compra en los distintos países), en vez de 17.554” Esto implicaría un nivel de vida igual al de Israel, y 10% por debajo del de Corea del Sur y Nueva Zelandia.´
Una de la muchas cuestiones que plantea es la incógnita de si no hubo en la Argentina, dada la rápida urbanización, la educación y la inmigración hacia principios del siglo XIX , una “modernización excesiva”, es decir, un desajuste entre las aspiraciones –de ingreso, consumo y movilidad social– de la sociedad y la posibilidad económica de de satisfacerlas. Es un punto extremadamente interesante sobre el que existe discusión en estudios recientes.
Solamente Desmesuras en la economía política y la política –término que con tanta propiedad acuñaron los autores para entender el fenómeno– pueden habernos llevado a estos resultados.
Aún haciendo un uso extenso de la literatura reciente, esta obra deja abiertas muchas líneas de investigación potencial en el terreno de la política fiscal, de la economía institucional, la educación –especialmente la secundaria– y el desarrollo sectorial. Por otro lado, tal vez lo más importante, este libro debería formar parte de la bibliografía en los cursos de grado y de post grado de historia y economía, dada la amplitud de su contribución.
La obra se inscribe en la mejor tradición de los estudios sobre la historia económica argentina y, en palabras de los autores, “no es obra de historiadores sino de científicos sociales comprometidos con el país que se embarcan en este proyecto para ayudar a su mejora a través de la profundización del conocimiento de los factores que nos retrasaron en el pasado”.

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