Reseña del libro 1914, de la paz a la guerra, de Margaret MacMillan

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Durante una larga vida, que se acompasa más al tañido de una lira que al pulsar de una guitarra, he disfrutado del inefable placer de la lectura. Soy, en suma, un adicto verdaderamente fiel de la Galaxia Gutenberg. Recuerdo con viva emoción la voracidad con que leí La guerra del fin del mundo, el rico fresco epocal de Mario Vargas Llosa; la maravillosa aventura cósmica de Gran sertón: Veredas de Joao Guimarães Rosa; la inigualable evocación del mundo habsburgués en La marcha de Radetzky de Joseph Roth o el aliento trágico de Louis Ferdinand Cèline en su Viaje al fin de la noche.
Ahora mismo acabo de concluir la lectura de un libro que me ha colmado de gozo y al que estimo como una manera de escribir sobre el pasado con un rigor y una gracia incomparables.
Se trata de 1914 (De la paz a la guerra) de la historiadora inglesa Margaret MacMillan, editado por Turner, Madrid, 2013. La obra de la rectora del St. Antony Collage de Oxford, ha sido diseñada con una sobria elegancia que honra a la más exigente razón historiográfica.
La autora ha reconstruido el pasado de comienzos del siglo XX, operando sagaces retropredicciones con una combinación alquímica entre la sólida presencia de las estructuras, la sutil interpretación del mundo finisecular y la conducta de los actores.
El libro rebosa de anécdotas luminosas que ahorran páginas enteras de fatigosas explicaciones, como la del futurista Giacomo Balla quien llamó a sus hijas Luce, Elettricità y Elica (Hélice), en homenaje a las intuiciones que despertó su visita a la exposición universal de Paris en 1900.
No puede sino recomendarse vivamente esta obra ejemplar, que fuera precedida por París 1919, el gran fresco de Versalles.
Pero ahora se cierne la hora de los fantasmas, ya que la historia tiene también los suyos. Pienso en los repliegues de aquel tango iniciático de Eduardo Arolas, El Marne, y recibo en la memoria la sombría premonición de Tucídires: “Vendrá una guerra dórica y con ella la muerte”. Nail Ferguson ha estimado en cerca de ciento noventa las víctimas de la violencia organizada en el seno de la especie humana. Es hora de dormir, ya que el sueño de la razón engendra monstruos, decía Goya.

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