Después de los herejes (que están en sepulcros en llamas) y antes de los fraudulentos (hundidos en un pozo), Dante ubica en el infierno de la Divina Comedia a los violentos (homicidas y criminales): se trata del séptimo círculo, que abarca desde el canto decimosegundo hasta el comienzo del decimoséptimo. Por eso, Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares titularon Séptimo Círculo colección de novelas policiales publicadas por EMECÉ a partir de los años cuarenta. Ahora la revista Ñ (Clarín) está reeditando una selección de veinte títulos, que incluyen varias joyas del género. Se venden en los kioscos de diarios todos los sábados. El legendario diseño de tapa ideado por José Bonomi, con un estilo que puede recordar a Petorutti, vuelve también a ser reproducido ahora.
Con amplio predominio de autores ingleses, maestros de la novela policial, la colección se inició (antes y ahora) con un verdadero clásico: La bestia debe morir, de Nicholas Blake, pseudónimo del escritor Cecil Day-Lewis (1904-1972), padre del actor Daniel Day-Lewis. Desde el comienzo el lector cuenta con la declaración explícita del protagonista que confiesa que va a cometer un asesinato y justica las razones. Pero quien lee duda ante tanta sinceridad. Después se suceden varias aventuras y el que se proclamaba asesino antes del crimen ahora se enamora de una mujer y muestra paternales sentimientos para con un chico desdichado, de la edad de su hijo muerto. La traducción es nada menos que de Juan Rodolfo Wilcock.
Otro momento feliz para el lector será toparse (de nuevo o por primera vez) con El señor Digweed y el señor Lumb, de Eden Phillpotts (1862-1960), nacido en India, poeta, dramaturgo, novelista y declarado agnóstico. La traducción al castellano es obra de Leonor de Acevedo, la madre de Borges. Después de haber publicado numerosas obras en su larga vida, Phillpotts comentó: “Según los indiscretos catálogos del Museo Británico, soy autor de ciento cuarenta y nueve libros; estoy arrepentido, resignado y maravillado”. En la obra aquí anotada, dos flemáticos vecinos ingleses, solitarios y sin familia ni amigos, se acompañan con sus hobbies: para uno es la filatelia; para el otro, el jardín. El único nexo externo de esta sobria y amigable relación lo constituye la presencia de un jardinero redimido de sus años de cárcel. Pero, ¿por qué un suicido seguido de una muerte por envenenamiento? ¿Y por qué quien sobrevive cambia de hobby?
Del ruso Anton Chejov (1860-1904), médico y enfermo, dramaturgo y cuentista genial, se volvió a publicar el manuscrito de un juez de instrucción: Extraña confesión. Con traducción y prólogo de Manuel Peyrou. De la norteamericana Vera Caspary (1899-1987), coetánea de Borges, reaparece su famosa novela Laura, más psicológica que policial, que fuera llevada al cine por Otto Preminger (1944). De su autora, se dice que había dirigido revistas policíacas, enseñado a bailar por correspondencia, ejercido el periodismo y vendido cremas faciales.
Está anunciada la reedición de un libro de culto: El caso de las trompetas celestiales, de Michel Burt, misterioso escritor británico del que se afirma que nació con el siglo XX y que sirvió en el ejército en la India colonial. Según Borges y Bioy, se trata de un autor católico y lector de Chesterton. Las tres novelas que le hemos conocido (además de la mencionada, la del jesuita risueño y la de la joven alocada) se presentan como obras de un tal Roger Poynings, hombre que usa barba y está casado con una prima, que es sobrino de un obispo-arzobispo y conocedor de brujas.
Otras firmas famosas están por volver: Patrick Quentin, John Dickson Carr, Hugh Walpole y James Cain…

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