salvaLa recepción teológica del Concilio Vaticano II
de Jorge A. Scampini y Carlos Schickendantz
Buenos Aires, 2015, Sociedad Argentina de Teología-Ágape Libros-Editorial Guadalupe

“Todo es gracia”, anotó Bernanós en la línea final de su Diario de un cura rural. Todo es don, concluye el protagonista, que es lo mismo que decir que todo es recibido. Visto así, el concepto de recepción describe una forma de entender la existencia, un modo de ubicarse en el mundo. Algo de esto puede percibirse en la obra que nos ocupa.
Ante la “selva oscura” formada por la cantidad de publicaciones relacionadas con el Concilio Vaticano II, que intentan explicar y desmenuzar sus enseñanzas –muchas veces con visiones contrapuestas–, un recién llegado podría preguntarse: pero ¿cuántos Concilios hubo? Y estaría tentado a pensar que no importa tanto el hecho como lo que de él recordamos.
Por eso la invitación de este libro no es sólo a hacer memoria de aquel evento fundamental. Recordar es interpretar, seleccionar lo importante. Es decir, una operación que corre el riesgo de desvirtuar o cambiar lo recordado. Aquí los autores se proponen dos cosas: explorar la noción de recepción para luego aplicarla a la relación entre la Iglesia y el Concilio; y presentar un panorama actualizado de los estudios históricos realizados sobre él.
En la primera parte, Jorge Scampini divide su reflexión en tres momentos: primero, presenta el origen y significado del concepto de recepción. Para ello, y de un modo muy original, se apoya en su uso tanto en las ciencias jurídicas como en la crítica literaria. En segundo lugar, en el tramo más prolongado de su exposición, hace foco en la visión teológico-eclesial de la recepción, tomando nota de su riqueza y complejidad. Allí se afirma, por ejemplo, que “la recepción es constitutiva y fundamental en la vida de la Iglesia, porque ella misma se arraiga en algo ‘entregado’ y ‘recibido’: la revelación y auto-comunicación de Dios en Jesucristo” (p. 26-27). “Al Evangelio, recibido una vez para siempre, debe conformarse el Evangelio vivido aquí y ahora por la comunión de la Iglesia universal, realizada en y desde cada una de las iglesias locales. Por tan¬to, esa recepción implica la apropiación y la asimilación de lo recibido en comunidades concretas y con gestos concretos. (…) Por eso la recepción no se reduce a un acto, por importante que sean algunos de ellos; tampoco se agota en una decisión formal o en una determinada interpretación de la teología académica. La recepción es gradual, atravesando todas las dimensiones de la Iglesia: el testimonio, el culto y el servicio” (p. 28-29). El tercer momento no es teórico, sino que lo dedica a ejemplificar un proceso de recepción, siguiendo el hilo de la siguiente afirmación conciliar: “La Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia católica”.
La segunda parte, a cargo de Carlos Schickendantz, busca ofrecer un singular servicio: discernir lo valioso en medio de la abundancia de las publicaciones científicas acerca del Concilio. Presenta los textos y autores a su juicio más relevantes, como así también las líneas de trabajo y argumentos principales que ocupan hoy a la comunidad teológica internacional. Consciente de la cantidad de mate¬rial a relevar, tanto de orden hermenéutico como de orden histórico, el autor tomó la decisión metodológica de analizar, en este trabajo, solamente estos últimos.
La obra forma parte de la colección “Teología desde el fin del mundo”, proyectada por la Sociedad Argentina de Teología como una contribución de la reflexión teológica a temas cuya actualidad toca en forma directa a la vida eclesial. Si bien el rigor académico de este trabajo está a la altura de las trayectorias de sus autores, de ninguna manera su contenido resulta críptico; al contrario, puede ser leído con gusto e interés por cualquier lector formado.
Para terminar, una brevísima glosa histórica: en 2012, Jorge Bergoglio prologó una edición argentina de los documentos completos del Concilio Vaticano II. Como si hubiera leído el libro que hemos reseñado, comenzó sus líneas con la siguiente afirmación: “Ser fiel no es hacer siempre lo mismo, sino mantener vivo lo esencial”.

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