Resolver, la palabra clave

Pobreza, exclusión, ricos, explotación, supervivencia: el autor propone repensar estos y otros conceptos con el objetivo de entender a quienes están “fuera del sistema” para poder ayudarlos.

Nada es sólo lo que parece, en especial, cuando lo que surge es fruto de nuestra percepción entrenada y condicionada por los propios parámetros y paradigmas culturales.
Los que estamos integrados al sistema, consideramos y repetimos hasta el cansancio que o se está dentro del sistema o se sale de él. De aquí que los que están fuera son los marginados, marginales, informales o cómo mejor queramos llamarlos.
Decimos entonces que hay algunos adentro y otros afuera, sin darnos cuenta de que en el supuesto “afuera” también hay un sistema del que se puede estar incluido o excluido. Justamente, los que están afuera de este otro sistema, son los que pueden considerarse totalmente excluidos.
Este “otro” sistema, aparentemente no sistémico, que por una cuestión práctica llamaré X, es aquel que nosotros vemos y reconocemos sólo por alguna de sus expresiones más llamativas, como la informalidad, la explotación, la ilegalidad, la violencia, y demás características que siempre confirman que se trata de actividades y modos de vida, en el mejor de los casos, muy próximos a los límites de la ley; y en el peor, al margen de ella.
Sin embargo, es posible pensarlo y analizarlo no ya como aquello que está fuera sino como aquello que sucede dentro de un mundo que es visto desde otra perspectiva. Entender que todo lo que sucede allí conforma el sistema X y que entonces, como sistema, tiene otra entidad, puede ayudar a aproximarnos a un modelo del cual hay muchísimo que reprochar pero quizás –y pienso aquí con osadía– aprender.
A donde no llega “nuestro” sistema (en adelante N), llega el X. Donde N no tiene respuesta, X propone. Cuando N está todavía intentando, X hace años que opera. A los que N deja afuera, X los incluye. Los que N no contrata, X los explota, y cuando N tritura, X recoge. ¿Qué intento expresar? Que por lo menos dos sistemas conviven ignorándose al mismo tiempo que se alimentan, vampirizan, justifican y combaten continuamente.
X se hace fuerte y presente frente a la ausencia de N, y cuando digo ausencia, no hablo sólo de las oportunidades, sino peor, de las necesidades básicas que N no provee. Parafraseando a Raúl Alfonsín, donde no se “come, educa o cura”, allí X es la salida para sobrevivir.
En X no sólo hay pobres. Hay pobres que se hacen ricos con los pobres y ricos que, tapándose la nariz, entran a hurtadillas a la zona X para también enriquecerse con los pobres. Los pobres siempre están tironeados, pero dentro de esa niebla sobreviven con trabajos informales, explotados o no, en “negro” siempre, sin derechos, sin sindicatos… pero con trabajo. Mal pago, mal visto, insalubre, inestable, pero trabajo al fin.
Así, manteros, talleres, comercios, reducidores, pequeñas industrias y demás actividades comerciales nacen en X. Y también de las “buenas” actividades van a reclutar “mano de obra” de esa que cuesta un 40% menos y que, además, molesta poco. Muchos en la Argentina tendrían que hacerle un monumento de latón a los países hermanos latinoamericanos y a los gobernantes de turno, ya que gracias a ellos, la necesidad de la gente y la escasez de políticas verdaderamente integradoras, X tiene cada vez menos gente que confirme que realmente se trata de un sistema.
Una afirmación también irreverente: los pobres no pueden salir de la pobreza trabajando, y trabajando no se puede salir de la pobreza. En este punto es donde X y N parecerían tocarse como buenos opuestos complementarios que son.
¿Por qué comento todo esto? Porque muchas veces intentamos –siempre por el mismo camino– hallar soluciones a problemas que en el mejor de los casos apenas conocemos, ignorando que otros, por otras sendas, alcanzaron lugares a donde queremos llegar.
¿Es posible emplear a un transexual que pasó varios años en la cárcel? ¿Hay lugar en el mercado laboral para una jubilada que cuida a sus ocho nietos todos los días? ¿De qué puede trabajar un hombre en situación de calle, un joven intentando salir de las drogas (o no pudiendo), un indocumentado senegalés, una prostituta, un “villero”, un portador de HIV, un “pibe chorro”, un “quemado”, un alcohólico? ¿Y alguien que no puede ni quiere perder su asignación universal por hijo o su subsidio por discapacidad?
Aunque proclamemos que sí hay lugar para ellos, la respuesta es negativa. No en nuestro N, pero sí, y enfáticamente sí, en X.
Habría que darse un paseo por X. Ver cómo se organiza, cómo sobrevive y permite sobrevivir. Entiéndase que no hablo de replicarlo, fomentarlo o promoverlo, sino de mirar cómo se resuelve lo que nosotros no podemos, y resolverlo del modo en que se debería. La redundancia es intencional porque “resolver” tendría que ser la palabra clave para todas aquellas situaciones que a nuestros hermanos les hace cada vez más compleja la vida.
Hay un aprendizaje posible y pendiente en el sistema X. Éste llega a las consecuencias de nuestras causas y aporta soluciones a problemas que para nosotros son terminales.
¿Queda claro que no digo que X sea bueno? ¿Queda claro también que N no alcanza?
El día que pensemos que ya no tenemos nada que aprender será el día que tengamos que volver a aprenderlo todo.

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1 Readers Commented

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  1. LUCAS VARELA on 19 junio, 2016

    No, no, no, señor Muttini.
    No queda claro nada de lo que Usted dice. Y además, es absurda y discriminatoria su pretensión de diferenciar a los miembros de nuestra sociedad en X´s y N´s. Mas aún, usted demuestra un simplismo casi infantil; con el debido respeto.
    La base común a todos los miembros de nuestra sociedad es la “humanidad”. Por favor, trate de atesorar ésta palabra, y hacer consciencia cotidiana de ella. Es la única manera de salir de su mundo absurdo y egoísta. La dignidad humana debe ser idea y sentimiento determinante de todos los actos de un cristiano.
    Humanidad es ser sincero con uno mismo. Es reconocer en uno (N´s quizás) las debilidades humanas del prójimo (X´s quizás). Es hacer nuestras (N´s quizás) las desgracias de nuestros hermanos (X¨s quizás). Es el motivo y el fin de nuestras acciones.
    Su artículo me produce una profunda tristeza.

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