Shimon Peres, artífice de la convivencia

El pueblo judío tuvo en el siglo pasado una pléyade de líderes que transformaron su historia. Herzl, Ajad Ha´am, Kook, Weizmann son algunos ejemplos de entre los muchos que se erigieron para liderar un capítulo histórico que supo de la destrucción de gran parte de la judería europea y del renacimiento del pueblo y de su cultura en el Estado de Israel.
La transformación del hebreo en lengua viva de la entonces provincia del Imperio otomano, luego de la Primera Guerra Mundial; y el mandato británico sobre Palestina en un moderno y democrático Estado, marcaron la milenaria historia hebrea por siempre. Un nuevo capítulo comenzó a escribirse, habiendo estado el pueblo al borde de su aniquilación total.
Entre todos aquellos que dirigieron esta dura y dramática gesta sobresale la figura de David Ben Gurión. Fue el que proclamó el nuevo Estado en 1948 y echó los cimientos. No siendo un judío observante, su ética y su moral se hallaban profundamente enraizadas en la Biblia y en la literatura rabínica. Peres fue uno de sus alumnos dilectos.
En la edición del Jerusalem Post del 1° de diciembre de 2015, Peres escribió un artículo acerca de su maestro, en ocasión del 42° aniversario de su muerte. Lo tituló “Mi líder: David Ben Gurión”. Comenzó definiéndolo como “un líder y un mentor, mi faro y brújula. Fue mi gran privilegio el conocerlo y trabajar con él por más de 20 años”. El ideario del alumno coincidía con el del maestro. Veían en el Estado de Israel el desafío de una nación que sabe ser democrática y judía, y que logra construir una realidad de paz con sus vecinos.
Al igual que Ben Gurión, Peres nació en Polonia, en Wiszniewo (hoy Bielorrusia), 93 años atrás. La terrible ola antisemita que azotó Polonia en aquellos tiempos llevó a su padre a emigrar al entonces mandato británico en Palestina, entendiendo que la solución a aquello que a la sazón se denominaba el “problema judío” sólo se resolvería mediante el retorno del pueblo al único lugar sobre la faz de la tierra con el cual se identifica por razones sentimentales, históricas, religiosas.
La parte de la familia que quedó en Polonia fue atrozmente masacrada por los nazis.
Su compromiso para con la construcción de una sociedad judía pujante y creativa en la tierra ancestral ya había tenido expresiones durante su adolescencia. A los 17 años se hallaba en el grupo fundacional del Kibutz Alumot.
Por su capacidad intelectual superlativa, fue elegido a principios de 1947 por Ben Gurión para servir como uno de sus asistentes. Desde entonces la vida del uno se concatenó a la del otro.
Ben Gurión fue un soñador y un visionario, avizoró el dramático final que se avecinaba sobre la judería europea. Tuvo que enfrentar y liderar la guerra de la independencia de Israel y contó con Peres para la formación del arsenal del joven Estado. Pero la gran pasión de Ben Gurión era la paz. Cabe hallar en cada uno de sus actos, su brazo de paz extendido hacia los vecinos beligerantes que no aceptaban la presencia de un Estado judío. Tanto en la declaración de la independencia, así como en cada uno de sus discursos, se hallaba presente el desafío del logro de una paz sincera, aquella que conlleva a una realidad de confraternidad. En su alocución a la comunidad judía en la Argentina, en ocasión de su visita, después de reseñar la historia y el ideario sionista, terminó diciendo: “El Señor ya ha dado coraje a su pueblo, el Señor bendecirá a su pueblo con la paz”. El entonces anciano líder había deformado el versículo 29:11 del libro de los Salmos, para enfatizar la materia pendiente del derrotero histórico del sionismo: alcanzar la paz.
Ben Gurión murió sin ver concretado su sueño; su alumno bregó con todas sus fuerzas por materializarlo. Los acuerdos de Oslo, de los que Peres fue uno de sus arquitectos, testimonian denodados esfuerzos por forjar una realidad de entendimiento entre Israel y todos sus vecinos. Peres representaba los valores de los pioneros que cimentaron las bases sobre las que se construyó el Estado. Hasta su último suspiró siguió siendo el portavoz de aquellos líderes idealistas, soñadores, que insuflaron la fuerza necesaria a los jóvenes que desecaron los pantanos, erigieron kibutzim e hicieron florecer el desierto, mediante una sociedad fundada en la justicia y en los valores que dignifican la condición humana. Era la conciencia viviente que albergaba los ideales de los grandes líderes del pasado e interpelaba constantemente a la sociedad israelí y, finalmente a todos los seres sensibles dispuestos a escuchar.
Comencé a tener contacto directo con Peres después de que visitara al entonces recién electo papa Francisco. El uno reconoció en el otro inmediatamente un socio sincero en el esfuerzo por acercar la paz, no sólo para el Medio Oriente sino a nivel global. Peres quería recibir, mientras ejercía la presidencia del Estado, a aquél en quien había puesto su confianza para servir juntos por la causa de la paz. Fui el transmisor de sus ansias al Santo Padre. La peregrinación de Francisco a Tierra Santa pudo realizarse a tiempo como para que Peres, en su calidad de Presidente, pudiera recibirlo en Israel. Una peregrinación que marcó historia y dejó un indeleble mensaje que dará seguramente sus frutos en el futuro.
Siguió en diálogo con Francisco después de su fraternal encuentro en Israel. Trabajaba elaborando proyectos educativos para enseñar la paz a nivel global, mediante el Centro Peres por la Paz, y quería tener como socio en el proyecto al Vaticano, pues le daba una importancia mayúscula al diálogo judeo-cristiano que sabe proyectarse en acciones comprometidas para la construcción de un mundo mejor.
El 3 de diciembre de 2015 lo visité junto a mi esposa en su departamento en Tel Aviv. Me comentó acerca de su visión del mundo. Su rostro daba testimonio de su avanzada edad y en algunos pasajes de su charla, que se expandió por más de una hora, también percibí cierta debilidad en su voz. Pero su mente se mantenía incólume, brillante. Hablaba en función del futuro que se debe alcanzar, del rol que debe tener la ciencia y la tecnología en el cambio de las condiciones de vida de la humanidad, en el nuevo mundo por construir. Me confió las preguntas que le había formulado a Obama y a Putin, que más que a cuestiones coyunturales apuntaban a la esencia de su accionar como líderes mundiales con proyección al futuro. Su hebreo era excelso y su discurso evocaba al de los profetas bíblicos.
Seguimos en contacto personal. Me mandó un artículo acerca de la vigencia del pensamiento de Maimónides en nuestro tiempo, requiriendo mi opinión. Su intelecto y pasión se mantuvieron activos hasta el final. Su memoria nos iluminará por siempre, pues ésa es la bendición que le cabe al justo, a aquel que bregó por la justicia y la paz, al decir del texto de los Proverbios (10:7): “El recuerdo del justo será para bendición”.

El autor es Rector del Seminario Rabínico Latinoamericano M. T. Meyer y rabino de la Comunidad Benei Tikva

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