Maranghello y una obra definitiva

¿Quiénes eran los alemanes cercanos a Perón? ¿Qué hizo, realmente, Eva Perón el 17 de octubre? ¿Es cierto que una noche bailó un tango con Aramburu, cuando éste era ya un oficial de jerarquía? ¿Fue, como se sospecha en ciertos ámbitos, una madre soltera? ¿Existió la famosa cachetada de Libertad Lamarque? Atento a éstas y otras historias, el doctor César Maranghello, reconocida eminencia entre los investigadores del cine argentino, ha publicado Eva Duarte, más allá de tanta pena (editorial Eudeba), que bien puede definirse como el libro definitivo sobre Eva Duarte, desde su infancia y su trayectoria artística hasta su consagración como Primera Dama. Lo que sigue es parte de una larga charla que tuvimos el gusto de mantener meses atrás.

-Usted ha sido uno de los “únicos privilegiados”, como les decían a los niños en la época peronista. ¿Llegó a conocer personalmente a Eva Perón?
– ¡Sí! Era casi una obsesión conocerla. Tanto que mi padre, socialista “de los de Alfredo Palacios”, se dio por vencido y a mis cinco años me llevó a un acto en Puerto Nuevo, cerca del hidropuerto, donde él trabajaba en Aerolíneas Argentinas. Pocos lo saben pero entonces había hidroaviones. Recuerdo una fragata extranjera de visita y muchos chicos con guardapolvos blancos, pero sobre todo estaba ella, rubia, con sombrero y velo. Sonriente. Inolvidable. Y yo sobre los hombros de mi viejo, para verla mejor. Para los niños que nacimos bajo el peronismo, aunque fuese en hogares opositores, Evita era una presencia constante.

-Luego, su obsesión fue el cine. ¿Desde cuando viene juntando datos sobre el cine argentino en general, y sobre Eva Duarte en particular?
– Sobre cine argentino, desde que me acuerdo. Ya de niño guardaba todo lo que aparecía de producción nacional en Radiolandia, Antena o Radiofilm. También de los diarios El Mundo, Clarín y La Razón. Sobre Evita, inicié la investigación a fondo en 2001 y terminé en 2013. Eso, en los ratos libres que me dejaban la medicina, la docencia, otros libros y el Museo del Cine.

-Su libro detalla meticulosamente la formación, las lecturas y la carrera de Eva Duarte, temporada por temporada, investigando incluso en los temas de sus obras. Y está lleno de novedades. Por ejemplo, nos dice que Eva entró al cine como extra de una película de Libertad Lamarque, lo que resulta una curiosa ironía.
– Ese dato me lo brindó Antonio Ber Ciani, que la hizo entrar en la filmación de Ayúdame a vivir, donde él era ayudante de dirección, y me señaló la escena donde mejor se la distingue. Mucho después él iba a visitarla a la Fundación. Ella lo apreciaba mucho, era muy agradecida con quienes la habían ayudado en los tiempos difíciles.

¿Y esa anécdota de los obreros que la vejaron durante el rodaje de El más infeliz del pueblo, cuando ella era apenas una figura de reparto?
– Ese cruel episodio en los estudios Efa, del que Luis Sandrini la rescató a las trompadas, me lo contaron tres testigos. Sigo el criterio que utilizamos con Andrés Insaurralde para la biografía de Fanny Navarro: para publicar algo se requiere no menos que la coincidencia de tres testigos, en entrevistas individuales y sin conexiones entre sí.

-Se refiere a Fanny Navarro, un melodrama argentino, impresionante biografía de la actriz que terminó mal de la cabeza por el maltrato que sufrió durante la Revolución Libertadora. ¿Cómo lo elaboraron? ¿Pensó en algún momento escribir Eva Duarte también con Insaurralde?
-Con Andrés fuimos alternando, uno escribía un par de años, el otro leía, aportaba datos o correcciones y luego redactábamos la versión final. Sólo escribimos juntos lo relacionado con el Ateneo Cultural Eva Perón. Y sólo así pudimos completar ese trabajo enorme sobre Fanny Navarro y su época. Después él se negó rotundamente a empezar otro esfuerzo semejante, así que debí escribir Eva Duarte yo solo. Pero me ayudó a investigar, me dio sus consejos, y realizó una esmeradísima primera lectura del texto.

-En los agradecimientos del libro figura su suegra. Es raro que alguien agradezca algo a una suegra. ¿Ella integró su cuerpo de asesores?
-¡Ja, no hubo ningún cuerpo de asesores! Mi suegra, una gran modista, se hizo fundamental porque Eva, ya desde muy joven y con sus escasos medios, trataba de imitar a sus dos estrellas preferidas: Norma Shearer y Greer Garson. Luego su vestuario tomó gran preeminencia política. Luciana me ayudó con el nombre de las telas, su calidad, las fantasías o alhajas, etcétera. Fue una asistencia enorme y nunca terminaré de agradecerle su alegría cuando la consultaba. ¡Y eso que no era peronista!

-¿Y esa historia del noviazgo con un político radical, casado? ¿Y lo del tango que ella (ya mujer de Perón) bailó en la Confitería del Molino con el entonces coronel Pedro Eugenio Aramburu, durante una reunión social?
-El noviazgo de juventud con Ernesto Sammartino lo trata el investigador y periodista entrerriano Claudio Cañete en su libro Capítulos perdidos. Los días de Perón y Evita en Paraná. Lo otro está tomado del libro de Abel Posse La pasión según Eva, que es muy atractivo. El dato se lo pasó la actriz Elena Lucena, que murió en octubre del año 2015, a los 101 años de edad.

-Vamos a un tema delicado: el supuesto embarazo con el actor Pedro Quartucci, también casado, cuando ella empezaba a tallar como actriz de teatro y radioteatro pero todavía no tenía mayor peso en el cine.
– Primero aparece un suelto en la revista Sintonía, anunciando que tres estrellitas habían variado su peso, y que, de ellas, Evita “había aumentado doce kilos”. En la convención intrínseca con sus lectoras, ese aumento sólo podría ser resultado de un embarazo. Probablemente el autor haya sido Carmelo Santiago, que ya entonces odiaba a Evita más allá de lo razonable.

-Hasta ahora, la versión de su maternidad sólo fue sostenida por Nilda Quartucci, la hija adoptiva del actor, que nació justo el mismo año, ¿verdad?
-Cuando la señora Quartucci apareció, en algún momento de fines de los ’90, fui consultado por la producción del programa de tevé de Norma Morandini, acerca de la posibilidad de ese embarazo. Entonces la historia parecía poco probable. Pero empecé a investigar y advertí que varios datos la hacen creíble: las fotografías de los ensayos teatrales con evidente sobrepeso, el abandono de la compañía en determinado mes, comentarios dubitativos de artistas de la época, etcétera. De todas formas, no avanzo más de lo que pueda comprobarse.

-Cuando ella ya estaba en el poder, Pedro Quartucci, por razones desconocidas, se ligó una pateadura de “los muchachos” y fue obligado a viajar varios kilómetros para devolver unas cartas, como usted mismo registra. Es un libro muy completo, que además pinta con gran detalle y mucha objetividad la vida argentina de otros tiempos, los gustos del público, los sinsabores de las chicas que soñaban con la calle Corrientes y el nacimiento del peronismo.
– Hay otros libros sobre Evita como actriz. Los que me resultaron más útiles fueron los de Juan José Sebreli, Marysa Navarro y, sobre todo, Otelo Borroni y Roberto Vaca, pleno de datos que me llevaron a otros textos y testimonios, gente a la que entrevisté, con todo lo cual pude hablar también de varias personalidades atractivas poco recordadas, como Anita Jordán, Yola Grete, Rayen Quitral, soprano mapuche; la hija del actor nazi Emil Jannings, que llegó aquí con su marido, un industrial alemán, todavía durante el nazismo; los empresarios Ludwig y Rudi Freude…, todo dentro de la historia de una personalidad fascinante.

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