Umberto Eco. Homenaje y decepción

Pape Satàn aleppe

En noviembre de 2015 Umberto Eco señala el fin de su relación con la editorial Bompiani, de la que fue codirector de 1959 a 1975 y donde había publicado casi toda su obra, y crea el sello “La nave di Teseo” junto a Elisabetta Sgarbi (hasta ese momento directora editorial de la misma casa) y un importante grupo de escritores y editores, en manifiesta oposición a la mega fusión de Mondadori y Rizzoli, a la que Eco denominaba con sarcasmo “Mondazzoli”. Es también él quien da el nombre al nuevo proyecto editorial, que remite a Plutarco (Vidas paralelas – Teseo y Rómulo) y a los mitos fundacionales de nuestra civilización.
Eco eligió como título de su último libro, póstumo por sólo siete días (se publicó el 26 de febrero de 2016), un verso intraducible de la Divina Comedia, Pape Satàn aleppe, y como subtítulo, Cronache di una società liquida. Título y bajada que no fueron mantenidos por el “Mondazzoli” local (Penguin-Random House-Mondadori) ya que, probablemente en la creencia que los hispano parlantes no tenemos condiciones para entender las referencias a Dante o a Zygmunt Bauman, lo retitularon De la estupidez a la locura – Crónicas para el futuro que nos espera. Cambios de presentación que no concuerdan con el contenido del libro, cuyas crónicas no se refieren al futuro, más bien están ancladas en un análisis del presente y algún rescate del pasado y sólo en el último capítulo, donde se despliega a fondo el humor de Eco en artículos que van desde la recopilación de desopilantes dichos de Bush (por ejemplo, entre otras perlas: “El problema de los franceses es que no tienen la palabra entrepreneur”) a paradojas y oxímoros cotidianos, hablan del pasaje de la estupidez a la locura.
Es posible que Eco, por su edad y por la enfermedad que sufría, presintiese su fin cercano y que por esta misma causa quisiera que sus últimos gestos fueran un homenaje hacia quienes él siempre mantuvo una deuda de gratitud: Dante, en principio, no sólo fundamental para la literatura universal, sino también el fundamental impulsor del toscano como la lengua que unificaría a toda la península; doble reconocimiento, de literato y de lingüista. “Pape Satàn, pape Satàn aleppe!” es la invectiva que Plutón lanza a Dante y Virgilio cuando pretenden entrar al IV círculo del Infierno, el de los avaros y los pródigos (¿quizá una resonancia del globalizado mundo neoliberal?), en el intento de detenerlos. Si bien Eco ratifica lo críptico de del verso, éste no debe leerse sin referirlo al subtítulo original. Unidos los avaros y los pródigos con la sociedad líquida y el Infierno no quedan dudas sobre el sentido asignado.
Son varios los homenajes que Eco enlazó en sus últimos meses. Por una parte, en el nombre de la nueva editorial, aparecen Plutarco, Teseo, Rómulo y una nave que ¿permanece la misma a pesar de que a lo largo de su trayecto sustituyen todo su maderamen original? Por otra parte, está el homenaje a Dante, pero no en soledad, porque de su mano viene Virgilio, quien a su vez remite a Homero y al ciclo troyano. El medievalista trae a sus personajes centrales y nos recuerda que sin ellos seríamos otros. Finalmente Bauman, en un homenaje a la crítica social y política, a la lucidez, el filósofo intenta no rendirse.
Pape Satàn Aleppe es también el libro de las profecías cumplidas, de los análisis que en el tiempo se mostraron acertados y, simultáneamente, un manifiesto (cínico, erudito, irónico) de lectura ineludible que transmite la amargura y la decepción del autor ante un ámbito que no es más el propio. Estas crónicas, publicadas semanalmente en L’Espresso, abarcan del 2000 al 2015, quince años donde el mundo no ha hecho más que adentrarse sin interrupción en una realidad cada vez más desconcertante y de futuro incierto. Descontrol de la información (posverdad incluida), de guerras civiles, de desequilibrios alarmantes, de crisis de la democracia y de las instituciones. De este caos, y más, hablan sus crónicas.
En las décadas del ’60 al ’90 Eco escribió diversos ensayos relacionados con los mass media, las manifestaciones culturales y los elementos de cambio que ya aparecían entonces y que luego se profundizarían; son los años de Mac Luhan, Barthes, Foucault, Guy Debord y tantos otros autores que comienzan a alertar que el espectáculo y los medios han devenido modeladores omnipresentes de la realidad, genuinos estructuradores de poder. Sobre estos temas Eco escribiría libros esenciales para entender el nuevo contexto y prever algún futuro posible, como Apocalípticos e integrados o La estrategia de la ilusión. Vale la pena recuperar algunas citas representativas de aquella época, que no sólo no han perdido vigencia sino que a la luz de Internet y las redes sociales han tomado nueva relevancia:
“Lo que cuenta es el bombardeo gradual y uniforme de la información, en la que los diversos contenidos se nivelan y pierden sus diferencias.” “El universo de la comunicación tecnológica sería entonces atravesado por grupos guerrilleros de la comunicación…” Para una guerrilla semiológica (1967).
“…no se ha dicho todavía si las cosas marchan mejor o peor: simplemente han cambiado, y también los juicios de valor deberán atenerse a parámetros diferentes… El hecho es que tales cosas las saben mejor los niños que cualquier catedrático setentón”. “Todos los catedráticos de teoría de la comunicación, formados con textos de hace veinte años (entre los que me incluyo), deberían jubilarse”. “Bien, todo ha terminado. Hay que volver a preguntarse qué es lo que sucede desde el principio”. La multiplicación de los media (1983)
“… en los que se mezclan de modo indisoluble información y ficción y donde no importa que el público pueda distinguir entre noticias ‘verdaderas’ e invenciones ficticias”. “Toda una estrategia de ficciones se pone al servicio de un efecto de verdad”. “Ahora la irrealidad está al alcance de todos”. La transparencia pérdida (1983)
“He aquí que en plena era de la información electrónica se abre camino la consigna para una forma de guerrilla no violenta (o, por lo menos, no sangrienta): la guerrilla de la falsificación”. La falsificación y el consenso (1978)
“…lentos deslizamientos periféricos, en un universo sin centro, donde todo es periferia y donde no existe ya el ‘corazón’ de nada”. La lengua, el poder, la fuerza (1979)
“…la suma de estos mensajes mínimos que acompañan nuestra vida cotidiana constituye el fenómeno cultural más notable de la civilización en la que hemos sido llamados a operar”. Apocalípticos e integrados (1964)
Cada una de estas citas, que no son más que la punta del iceberg, goza de una vitalidad que asombra. La mirada del intelectual lúcido se mantiene en el tiempo, sus frases de hace 40, 50 años describen con precisión el espacio comunicacional en expansión continua en el que hoy nos hallamos; el universo de Twitter, de las redes sociales y de la posverdad creada ex profeso en la búsqueda de “impacto”. Más allá de sus acertadas críticas se percibía en sus ensayos la esperanza de una revolución en los modos de comunicación, la guerrilla semiológica, la guerrilla cultural. En la pluralidad del poder –los micropoderes de Foucault– montada sobre una comunicación sin centro, veía un futuro de democratización del manejo de la información y los medios. Esa profecía se probó certera. La vulgarización indiscriminada en la producción de información es vertiginosa y sus mutaciones ininterrumpidas la hacen incontrolable. Pero el cambio, como casi siempre sucede con los nuevos paradigmas, tuvo consecuencias que el mass-mediólogo no previó. Y la decepción ante este efecto inesperado es lo que transmite en las bustine de su último libro.
El cumplimiento de sus análisis del siglo XX lo conducen al desencanto de lo que él ve, en el XXI, como un individualismo desenfrenado, un subjetivismo que conmueve las bases de la modernidad dejándola endeble, donde todo se disuelve en una suerte de licuefacción, un consumismo que define como bulimia sin objeto. Crisis de las ideologías. Precarización del Estado. Degradación de la democracia. Sólo Bauman parece permanecer en solitario como una vox clamanti in deserto.
Ante la desmesura y el desorden de comentarios e información en que nos encontramos sumergidos, su única opción racional era convertirse en un (neo) “apocalíptico”, casi un milenarista. El libro se lee con gran placer, los artículos son breves, concisos, de a lo sumo dos o tres páginas, con un tema concreto de la política, la comunicación o la vida cotidiana; y en todos ellos aparecen el humor filoso, la mirada profunda, la crítica exacta, la observación del detalle sintomático, la expresión sublime de uno de los últimos pensadores de una generación de intelectuales provocadores y brillantes. El patetismo de su desencanto queda expresado en uno de los últimos artículos donde, en la búsqueda de alguna “verificabilidad” de la información que circula por las redes, sugiere que sean los diarios, la prensa escrita, quienes encarnen la función de contralor.
El profesor vanguardista de los años ’70, que veía con simpatía la democratización y descentralización de la información, que él llamó la “guerrilla cultural”, finalizó sosteniendo la necesidad de un censor. Eco reencarna el rol dantesco de Plutón y nos advierte, ya entrados en el Infierno Global, “Pape Satàn, pape Satàn Aleppe!”.

Comments

comments

1 Readers Commented

Join discussion
  1. luciano tanto on 21 abril, 2018

    pape satan, aleppe, explicado por un poeta judío – immanuello romano – amigo de dante… una de esas personalidades de la cultura que por “deicida” fue perseguido por la obtusa iglesia centrada en el vaticano, y significa “detente, este es el reino de satán…”, etc.

¿ QUIERE DEJAR UN COMENTARIO ?