Un libro pequeño y admirable

Reseña de Confabulaciones, de John Berger (Buenos Aires, 2017, Interzona)

“He escrito durante casi ochenta años. Primero fueron cartas, luego poemas y discursos, más adelante escribí cuentos, artículos y libros, ahora escribo notas”, revela el artista plástico y escritor inglés John Berger (1926-2017). En efecto, esta obra –admirablemente editada como si fuera un cuaderno de apuntes– contiene variadas reflexiones, recuerdos, dibujos y fotografías que forman parte de su historia y de su perenne asombro ante la realidad.
Afirma que la tarea del escritor es una actividad vital que lo ayudó personalmente a comprender el mundo y avanzar en la existencia. Y que la escritura “es apenas una parte de algo más profundo y más amplio: nuestra relación con el lenguaje en cuanto tal”. Para Berger la traducción, por ejemplo, “implica estudiar las palabras en una página y luego volcarlas a otro idioma en una nueva página” para recrear el equivalente de la “voz” del texto original. Propone llegar a lo que “subyace debajo de las palabras del texto original antes que hayan sido escritas”; algo que define como “pre-verbal”. La palabra que conocen los poetas dista de la de los predicadores, “a quienes sólo les gusta su propia voz”.
La lengua –afirma Beger– no puede reducirse a diccionarios ni a listados de frases, porque “un idioma hablado es una criatura viviente, con un cuerpo, cuya fisonomía es verbal y cuyas funciones viscerales son lingüísticas. Y el territorio de esta criatura es tanto lo inarticulado como lo articulado”.
En Puerca tierra (primera parte de la trilogía De sus fatigas), al describir la muerte de la vaca que el chico lleva al matadero, observa: “Esto recuerda al último hachazo antes de la caída de un árbol, pues a partir de este momento, la vaca deja de ser un animal y se transforma en carne, al igual que el árbol se transforma en madera”. Por su marcada sensibilidad social y política no falta en este libro un homenaje íntimo a Rosa Luxemburgo (“Sueles aparecer en una página que estoy leyendo y a veces en una que intento escribir; vienes con un movimiento de cabeza, y una sonrisa”), a los polacos de Solidaridad, a los niños bolivianos, a los migrantes en Lampedusa y a los palestinos de Gaza. Al mismo tiempo recuerda a su amigo Sven que, al escuchar a Bach, creía en la Providencia; lo elogia porque considerada “una pérdida de tiempo hablar de sus dificultades”, y fue un hombre que “vivió sin resentimientos”.
Menciona a Picasso, que pintó Mujeres de Argelia para “dejar en claro su apoyo al pueblo argelino en su lucha y en su guerra, que había empezado el año anterior, contra el colonialismo francés”.
Se refiere con emoción a la orfandad de Albert Camus al recordar el libro El primer hombre; al humor perdurable de Chaplin; a la bellísima Anunciación de Antonello da Messina (“Acaba de escuchar el anuncio de que habrá de dar nacimiento al hijo de Dios. Tiene los ojos bien abiertos pero mira hacia dentro”); a la bailaora y coreógrafa flamenca Sara Baras, cuya foto tomada por el español Tato Olivas reproduce, para agregar que “la bailarina y el lirio (dibujado por Berger) son como hermanos gemelos excepto que una es una mujer y el otro una planta”. Su amor por la naturaleza, la ecología y las plantas que cuidaba su mujer estaban presentes en Rondó para Beverly. Las flores fueron lo más recurrente en sus pinturas de los últimos años.
Confabulaciones es un pequeño libro y además un amigable y atractivo objeto, que merece ser leído con entusiasmo, admirar sus ilustraciones y entrar en el universo fraternal y poético de John Berger.

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