“Número”, una cruzada intelectual

Número fue una revista literaria y artística, de explícita orientación católica, que se publicó mensualmente –con alguna irregularidad– entre enero de 1930 y diciembre de 1931. Fueron en total veinticuatro números –en algunos casos, dobles–, donde se publicaron notas de crítica literaria, pictórica y arquitectónica; ensayos dedicados a cuestiones culturales, estéticas o teológicas; poemas y algunos relatos. La revista estaba profusa y bellamente ilustrada, tanto por obras originales de artistas jóvenes, vinculados al grupo de redactores, como por reproducciones de ilustraciones o grabados medievales y de artistas europeos contemporáneos –en 1931, por ejemplo, se reproducen pinturas de Georg Roualt, cuando la difusión internacional de este artista recién estaba comenzando–.
La revista había surgido como consecuencia de lo que en algunos medios de la época se denominó el “cisma” de CRITERIO. En efecto, en noviembre de 1929, Atilio Dell’Oro Maini, fundador y primer director de la revista, presentó su renuncia que fue acompañada por la de un buen número de colaboradores de la primera hora (CRITERIO, n° 90, 21-11-1929). Las causas de este “cisma” son complejas y han sido discutidas por la crítica y la historiografía. Pero más allá de las motivaciones vinculadas a perspectivas políticas –en relación con la comprensión del nacionalismo– y eclesiásticas –a propósito de la articulación de la publicación con la Acción Católica–, es indudable que un factor relevante fue de orden estético.
Los años veinte, como se sabe, fueron el momento de eclosión de las vanguardias en Buenos Aires. CRITERIO, que comenzó a publicarse a fines de esa década, aunque en modo alguno puede considerarse una revista vanguardista, no pudo sustraerse al impacto de la llamada “nueva sensibilidad”. Varios de sus colaboradores, sobre todo los más jóvenes, profesaban su propia versión de la estética vanguardista –especialmente, en la vertiente ultraísta-borgeana–. La publicación de poemas y artículos críticos afines a la estética de vanguardia en una revista católica no dejó de suscitar controversias en algunos lectores. Incluso, como recuerda Manuel Gálvez en sus memorias, con el censor eclesiástico de la publicación, que procuraba censurar las composiciones en verso libre o con metáforas extravagantes. Dentro de CRITERIO, entonces, convivían –con ciertas tensiones–, dos estéticas: una afín a la renovación estética vanguardista y una de corte tradicionalista (1). Como consecuencia del “cisma”, el sector vanguardista abandona la publicación y funda una nueva revista: Número.
El primer ejemplar consignaba como director a Julio Fingerit y como secretarios a Tomás de Lara e Ignacio Anzoátegui. Los tres, junto a la mayor parte del nutrido equipo de redactores, habían sido colaboradores de CRITERIO. La revista se presentaba como heredera de una de las tendencias del semanario aunque más decididamente enfocada en lo artístico y literario: una revista católica (“como lo son todos sus redactores”, afirmaba De Lara), abierta tanto al arte medieval como a las experiencias más contemporáneas y renovadoras. En sus páginas –de modo análogo a lo que sucedía en la primera época de CRITERIO– podían tener lugar la poesía folclórica de un Jijena Sánchez, las “jitanjáforas” de Anzoátegui, transcripciones de himnarios medievales o reflexiones sobre Joyce.
El lema de la publicación –que aparecía en la franja debajo del título– era un breve versículo evangélico: “Sí, sí; no, no” (Mateo 5,37). Aunque –coherentemente– no se incluía ninguna explicación, la lectura de la revista –y especialmente de sus editoriales–permite comprender que dicho lema apuntaba a la necesidad de formulaciones sintéticas, claras y precisas: “Todo se puede decir en pocas palabras”. Número buscaba interpelar a lectores capaces de comprender –y participar– de una suerte de cruzada intelectual que irá definiendo con claridad a sus enemigos estéticos y políticos –el liberalismo y la izquierda; sus poéticas afines y sus escritores más representativos–.
No es posible ofrecer en un espacio breve un balance adecuado de Número, pero vale decir que se trata de una publicación casi completamente desconocida, aun por los investigadores, pese a que en sus páginas se publicaron por primera vez obras relevantes para nuestra literatura tales como los ensayos que conforman Vida de muertos de Ignacio Anzoátegui o los relatos de Jacobo Fijman que, póstumamente, integrarían el volumen San Julián el Pobre; además de poemas muy bellos del mismo Fijman; notas de Francisco Luis Bernárdez, Manuel Gálvez, Ernesto Palacio y Alberto Prebisch; y grabados de Norah Borges, Juan Antonio Spotorno, Víctor Delhez y Héctor Basaldúa. Quizás el carácter casi secreto de esta publicación se deba a que la colección completa era prácticamente inaccesible, aun en bibliotecas y archivos especializados. La Academia Argentina de Letras acaba de publicar, en edición digital y de acceso abierto, una edición facsimilar completa, que puede resultar una buena ocasión para descubrir un pequeño fragmento de un momento clave para la historia cultural de nuestro país.

1- Puede verse al respecto la polémica que sostuvieron Tomás de Lara –uno de los responsables de la crítica literaria de CRITERIO, defensor de las vanguardias– y el jesuita José González (“Sobre las nuevas tendencias poéticas”, CRITERIO n° 77 y n° 83, 1929).

El autor es Doctor en Letras y Profesor en la UBA

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