Reseña: La palabra de Carlos Carella Comp. Perla Maguid (Buenos Aires, 2019, Eudeba)

“Yo no tengo contradicciones. Soy peronista. Los peronistas no tenemos contradicciones, ¡si no nos cuestionamos nada!, no hacemos autocrítica. Los que se cuestionan tienen contradicciones, nosotros no”. Así decía, medio en broma y medio en serio, el actor nacional Carlos Carella en una jugosa charla con Gualberto Ferrari, publicada en la revista Reportaje allá a comienzos de 1984.
La charla completa aparece ahora en este libro, así como otras muy sabrosas con Aníbal Vinelli, Gerardo Fernández y otros buenos periodistas de mejores tiempos, entre las que se destaca una entrevista conjunta de Any Ventura, ese mismo año, a Carlos Gorostiza (radical), Mario Sabato (democristiano), Ariel Ramírez (desarrollista) Osvaldo Pugliese (comunista) y Carella, para el suplemento cultural de Clarín. En este esfuerzo de recopilación y devoción, hecho por su viuda, Perla Maguid, se suman también varias declaraciones, notas sueltas, versos tan sentidos como desprolijos, apuntes de trabajo durante sus gestiones en la Asociación Argentina de Actores, comentarios de estreno, evocaciones de amigos, colegas y comentaristas teatrales (a destacar, la evocación del maestro Rómulo Berruti, precisa y de preciosa pluma), una detallada cronología, y un hermoso discurso, muy “carelliano”, sobre los sinsabores, los deberes y el orgullo de la profesión actoral en estas pampas, discurso pronunciado ante el monumento de José Podestá, uno de los pioneros de nuestra escena.
¿Habrá algún registro en video de ese momento? Alto, con pinta de boxeador, voz nasal y potente, y un origen barrial que lo llevó a trajinar diversos oficios en su juventud –desde obrero hasta presentador de orquestas de tango–, Carlos Carella fue un actor único, y más aún, fue un hombre recto, cordial, agradecido, muy bien dispuesto al diálogo. Tuvimos el gusto de trabajar con él en una especie de multisectorial de gente de cine, llamada Cinecon, a fines de 1989. Directores, productores, exhibidores, técnicos, actores, cada sector reclamaba por sus derechos, a veces en términos tajantes. Representando a los intérpretes estaban él y Duilio Marzio. Y aunque hubieran podido hacerlo, fueron los únicos que nunca tuvieron una palabra de enojo, de discordia ni malhumor. Dos señores.

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