El Papado según el cine

Más o menos respetuosamente, o no tanto, varias veces el cine ha reproducido la figura papal. Algunas de modo fantasioso, como La papisa Juana, la cinta de espías Muerte en el Vaticano y el gracioso Habemus Papam de Nanni Moretti, donde un Pontífice recién consagrado tiene un ataque de miedo escénico, no sale al balcón y se escapa a la calle, al menos por unos días. En el extremo, con gozoso anarquismo, Luis Buñuel imaginó al Papa convertido en un esqueleto con la tiara puesta en La edad de oro, y fusilado contra un paredón en La Vía Láctea. Más amable, Lelouch lo hace apenas secuestrar por unos pícaros en La aventura es la aventura. Y Renato Pozzetto, cardenal inquisidor en la comedia Mi mujer es una bruja, consigue la “confesión” de una joven prometiéndole que “mañana seré clemente” y luego la manda quemar, aclarando “seré Clemente X, Papa”. De hecho, este prelado, y Alejandro VI, cabeza de los Borgia, figuran en unas cuantas películas italianas de época como capitostes de la perversión bajo el Renacimiento.
Mejor imagen tienen, dentro de todo, Julio II discutiendo con Michelangelo la pintura de la Capilla Sixtina en La agonía y el éxtasis, Inocente III recibiendo al joven Francisco de Asís en Hermano sol, hermana luna y, por supuesto, Juan XXIII, bien conocido como “el Papa bueno”. Él inspiró dos valiosos acercamientos: E venne un uomo, de Ermanno Olmi, y Portrait: a man whose name was John, de Buzz Kulik, centrado en el valor con que, cuando era arzobispo, supo proteger a los perseguidos por el nazismo.
Tras los aires de renovación impulsados justamente por Juan XXIII, Las sandalias del pescador, sobre una novela de Morris West, anticipa en 1968 la llegada de un Papa proveniente de un país comunista, que propone amplias reformas e incluso se anima a dialogar con quienes piensan y creen de un modo distinto al suyo. Apenas diez años más tarde, el anticipo se hace realidad con la llegada del cardenal Karol Wojtyla desde la sometida Polonia. Su vida y su lucha antes de convertirse en Juan Pablo II, y la lucha de Solidaridad contra el régimen comunista, se ven bien representadas en el film de Krzysztof Zanussi De un país lejano. Sobre Juan Pablo II también hay un telefilm italiano, Karol, un uomo diventato Papa, y una miniserie norteamericana. Ésta fue la primera miniserie sobre un Papa. La siguiente sería Chiamatemi Francesco, aquí conocida como Llámame Francisco, de Daniele Luchetti, con libreto del argentino Martín Solinas, sobre la trayectoria de Jorge Bergoglio hasta ser consagrado Papa en abril del 2013.
De Bergoglio también hay un biopic bastante hagiográfico, Francisco. El padre Jorge, firmado por Docampo Feijóo, y varios documentales, incluyendo uno de Wim Wenders. Pero lo más interesante, hasta ahora, es la comedia estrenada el pasado diciembre, Los dos Papas, de Fernando Meirelles. En ella se encuentran a conversar el entonces arzobispo de Buenos Aires y el papa Benedicto XVI, justo cuando cada uno estaba pensando en abandonar su puesto, y no sólo por razones de edad, sino por algo más íntimo: el cansancio de comprobar diariamente que las cosas no son como uno quisiera, y la duda de no saber si se está haciendo realmente lo mejor para la Iglesia, y, más aún, si es el hombre indicado para ello. Detalle singular: al comienzo cada uno sospecha que el otro es todavía menos indicado. Pero en sucesivas charlas ambos van pasando del recelo y el distanciamiento a la comprensión, la mutua simpatía, las confesiones, nimias y graves, el perdón que viene con el trato, y el posterior y amable compañerismo, cuando ambos se encuentran ya en el mismo rango.
Anthony Hopkins encarna al más anciano, el que sabe y escucha, recelando inicialmente del otro, que es vehemente, de gustos populares, menos viejo, papel a cargo de Jonathan Pryce. Sorprende el parecido de los actores con las figuras reales. Fascina su capacidad para expresarse a veces sólo con las miradas. Y divierte, con altura, la forma en que dialogan. Tal vez esos diálogos pudieron ser más profundos, más parejos, y más espirituales. Probablemente no era tan necesario poner el acento en ciertos recuerdos de los años ’70, pero esa es, quizá, la única parte que a muchos interesa, sobre todo a los ajenos al catolicismo. Lo mismo, cuando por plantear el drama de la pederastia quedan de lado otros problemas igualmente importantes de la Iglesia, y de la fe. Pero en el balance la película deja un sabor agradable, agradecido, y algunas buenas lecciones.
El libretista es Anthony McCarten, autor de buenos guiones sobre la vida de Stephen Hawking, Winston Churchill y Freddie Mercury. Director, ya lo dijimos, Fernando Meirelles, el de Ciudad de Dios, El jardinero fiel y, más recientemente, la serie documental brasileña O sentido da vida, que alterna entrevistas a gente de diverso peso público, y jóvenes que siguen adelante aun teniendo una enfermedad incurable. Ojalá también podamos ver esta serie en algún momento.

1 Readers Commented

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  1. marie on 30 enero, 2020

    Creo que tratándose de Dos Personalidades tan Fuertes deberían haber igualado la Historia de Ambos. El Emérito Papa Benedicto XVI ,también vivió una durísima época en la II Guerra Mundial y una Vida Posterior Difícil con su País Dividido, familias destruidas, por la Separación y la Ideología y no se nombra ni muestra nada, una verdadera lástima.. Al Papa Francisco,le dedican mucho a la Década del 70 ,fue larga y muy triste,las familias fueron destrozadas en ambos Lados y nadie sabía quién era uno u otro y el odio y rencor creció , con muchos menos muertos que en la II Guerra, lamentó que consideraran sólo un lado del dolor ,y tuvieron oportunidad de mostrar las Vidas perdidas en manos de ideologías pagadas desde el exterior. Aún hoy se pagan las consecuencias. Para mi es un término Medio y nada MAS

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