Reseña: Prohibido morir aquí, de Elizabeth Taylor (Buenos Aires, 2018, La Bestia Equilátera)

Una mujer inglesa, que transitó una vida considerablemente feliz, llega a una edad para la que ya no se estila vivir sola. Elige entonces como nueva residencia el hotel Claremont, uno de los tantos que complementan sus servicios para viajeros con huéspedes permanentes de la tercera edad. Allí tendrá que adaptarse a las rutinas minuciosas, los gestos que acercan y las frases que alejan, los significados ocultos de cada movimiento en la comunidad y las visitas de tal o cual, que determinan la cosecha de cariño que es capaz de reunir en esta etapa de la vida. Pero será un joven aspirante a escritor, sin un peso pero dispuesto a arriesgarse por cumplir su sueño, quien pondrá patas para arriba la gris rutina de la señora Palfrey, y el lector seguirá ávidamente las aventuras en las que estos originales amigos se ven envueltos, casi sin buscarlo.
“Ludo atravesó el salón, se inclinó sobre ella y besó su mejilla suave y arrugada. Hacía tanto tiempo que no lo veía que se sintió desconcertada, casi presa del pánico. Últimamente se había esforzado en olvidarlo, como una adolescente que intenta sacarse de la cabeza a un muchacho inconstante pero amado. Aquella tarde prometía ser excitante y agotadora”, escribe la inglesa Elizabeth Taylor (1912-1975) en esta ágil historia, considerada por The Guardian como una de las mejores novelas de todos los tiempos.

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