La cuestión de fondo

La sentencia en el crimen de Fernando Báez no servirá para evitar otros asesinatos similares si no se toma conciencia de que se trata de una “tragedia” social.

Casi sin lugar a dudas, la noticia del verano pasado fue la tremenda muerte de Fernando Báez Sosa en la ciudad balnearia de Villa Gesell a manos de un grupo de jóvenes de su misma edad.
Pero trascendiendo su situación judicial y los alcances sociales que este hecho ha significado en nuestra vida cotidiana, la realidad de fondo, que es la diversión de los jóvenes, no ha sido replanteada de manera profunda. Para aquellos que estamos permanentemente en contacto con ellos, en mi caso como madre y como docente –y que tratamos de comprender cuál es el sentido de la violencia en esta diversión, casi siempre nocturna o en la madrugada–, nos remite a los adultos. ¿Por qué? Porque la manera en que nuestra sociedad ha construido el “entretenimiento”, el enjoyment, ha sido esta vida nocturna de alcohol y sustancias energizantes (en el mejor de los casos) para mantenerse despiertos y “pasados de rosca” conforme a lo que las circunstancias lo demandan… Así pueden continuar hasta altas horas en condiciones físicas y psíquicas dudosamente óptimas. Pero ¿esto es lo que ellos llaman “divertirse” o “pasarla bien” cuando no saben en qué puede terminar la aventura nocturna?
¿Quién organiza esta forma de diversión? ¿Quiénes los inducen y permiten que funcione de este modo? ¿Ellos mismos? La ley considera actualmente “mayor” a un joven de 18 años. ¿Pero es realmente un adulto? ¿Está en condiciones de hacerse cargo de su propia vida a esta edad? A poco que miremos a la realidad nos damos cuenta de que la gran mayoría todavía no tiene la madurez suficiente para enfrentar y resolver solo las situaciones más triviales.

Un verdadero drama social
Más allá de un asesinato, lo sucedido es también una verdadera tragedia para la sociedad: demuestra hasta dónde puede llegar la diversión de nuestros jóvenes de todas las clases sociales y de todos los niveles de educación. Y aunque condenen a los victimarios, el problema de fondo continúa. No se trata sólo de un castigo; lo que hay detrás es un gravísimo problema social: la manera en que nuestros jóvenes conciben la diversión y el entretenimiento. Y eso es responsabilidad de los adultos en cuanto ponemos las condiciones para que eso se lleve a cabo.
Si no tomamos conciencia de esta “tragedia” social no servirá la sentencia de la justicia, será sólo un “ojo por ojo y diente por diente” que. La venganza no es la verdadera justicia. Deben cambiar definitivamente muchas cosas. Los boliches, el alcohol, las drogas, la violencia, los horarios nocturnos y los descontroles son armas letales en manos de jóvenes que han crecido en una sociedad que les muestra que esa es la manera de pasarlo bien.
Difícilmente los padres, en soledad, puedan ocuparse de esta transformación. Es necesario que las autoridades tomen medidas para acompañar este cambio radical que puede mejorar sustancialmente la lucha contra la violencia. No nos limitemos a juzgar y acusar, pidamos y comprometámonos en una verdadera transformación social para que este asesinato no se repita.
Parece que el municipio de Villa Gesell ha tomado conciencia de esta situación, como otros lo han hecho. Sigamos en esa dirección.

Dulce María Santiago es Doctora en Filosofía y profesora en la UCA

2 Readers Commented

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  1. Alfredo Barcia on 25 julio, 2020

    Un comentario tan livianito que casi eresulta superfluo en el sentido que no agrega nada a lo dicho en las miles de horas que se le dedicaron en radios, canales y diarios. No entiendo su publicación.

  2. Fernando Miguel Yunes on 27 julio, 2020

    Afirmar que la sentencia de la justicia es un acto de venganza, de un simple «ojo por ojo y diente por diente», es superficial, más, también, peligroso, porque descalifica la institución judicial en una época de anomia y regresión a formas primitivas de hacer justicia por las propias manos y los linchamientos colectivos, precisamente lo que el avance civilizatorio procura superar con el establecimiento del Estado de Derecho. Es cierto que no es suficiente y que la cuestión debe ser planteada sistémicamente, asumiendo los adultos, en sus diversos roles, las responsabilidades que le competen, más no por ello se debe poner en duda la existencia de una estructura que imparta justicia conforme a las leyes, en todo caso, hay que procurar su mejoramiento para que aporte más eficazmente a la solución integral de la problemática considerada.

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