Ennio Morricone (1928-2020). Legado musical y genio del cine

A comienzos de julio se conocía el deceso del gran compositor italiano Ennio Morricone (1928-2020), quizás uno de los últimos representantes de una fina tradición orquestal vinculada con el cine que, específicamente en Italia, tuvo en Nino Rota y su unión artística con Federico Fellini la máxima expresión. Empero, el nutrido y a la vez olvidado mundo de los compositores para el cine italiano también observa a Armando Trovaioli (Arroz amargo, Matrimonio a la italiana, Perfume de mujer); Renzo Rossellini (Roma ciudad abierta, Alemania año cero, Paisá); Piero Piccioni (El bello Antonio, Salvatore Giuliano, Mimi Metalúrgico); Giorgio Gaslini (La noche, Anónimo veneciano, Rojo profundo), las decenas de spaghetti westerns de Gianni Ferrio (casado con la actriz argentina Alba Arnova) y, por si fuera poco, se añade a la escena el compositor argentino Luis Bacalov (El evangelio según San Mateo, La muerte de un presidente, El cartero), todos de notable talento. En ese contexto comenzó Ennio Morricone a dar sus pasos cuando en 1962 anotaría con El federal, protagonizada por Ugo Tognazzi, su primera partitura orquestal para el cine. Le seguirán otras quinientas, con cinco nominaciones al Oscar, un Oscar Honorario, otro ganado en nominación, tres Globos de Oro, seis BAFTA, dos Grammys y cerca de 70 premios más. El último había sido anunciado el 5 de junio de manera compartida junto al eminente John Williams. Pero –se sabe– un mes después la Fundación Princesa de Asturias emitía un comunicado que rezaba: “Hoy es un día para pensar en la genialidad de Morricone”. El legendario compositor acababa de morir en Roma a los 91 años por complicaciones luego de una caída.
¿En qué radicaba su proverbial talento? Morricone consiguió algo que hasta entonces era impensado para el cine: la traslación al universo sonoro de la lógica de la acción, pero brindándole autonomía interpretativa con la gran pantalla. Similar camino había experimentado Nino Rota, pero en Morricone se traducía, además, de la mano del leitmotiv tan característico de los compositores del cine desde los años ’60 –al igual que con John Williams, permite recordar muchas de sus obras– pero que en su caso culminaban en una tensión armónica a la que añadía efectivas combinaciones corales. En efecto, Morricone dominó como pocos todos los atributos de la música compuesta para cine tanto en su función estructural como en el plano narrativo y en su importancia emotiva, haciendo subyacer en cada película diferentes características de acuerdo al momento elegido: la armónica que sostiene el personaje de Charles Bronson, llamado Armónica, en Érase una vez en el Oeste (1968), o el fraile tocando el oboe al llegar al poblado guaraní en La Misión (1986), eminentes ejemplos de música diegética (que se encuentra en la escena y da curso a la acción), o partituras que son pura emoción en Erase una vez en América (1985), Cinema paradiso (1989) y Malena (2001). Todo esto sin descuidar su función estructural, como en las partituras para Sacco y Vanzetti (1972), Los intocables (1988) o La leyenda del pianista en el Océano (aquí conocida como La leyenda del 1900, 1998). Ninguno de estos atributos pueden considerarse estancos de cada composición sino como la suma de elementos formales, donde se combinan con maestría todos los que brinda la teoría compositiva y orquestal. Resumir su carrera y trascendencia en pocas líneas es una tarea imposible sin caer en los lugares comunes de los obituarios y las efemérides. Por un puñado de dólares (1964), La batalla de Argelia (1966), El bueno, el malo y el feo (1966). El clan siciliano (1969), La clase obrera va al paraíso (1971), Novecento (1976), Días del cielo (1978), El profesional (1981), ¡Atame! (1989), Bugsy (1991), Sostiene Pereira (1995) y Los 8 más odiados (2015) también son de visión imprescindible para dimensionar la naturaleza de su genio.
Con la Argentina su relación no fue tan feliz; fue el compositor del tema del Mundial de Fútbol desarrollado con oprobio en nuestro país en 1978. El tema instrumental (no la canción de los “25 millones de argentinos” de Martin Darré, mucho más conocida), quedó opacado por ese pegadizo hit y el resultado tampoco pareciera haber convencido al célebre compositor. El vínculo se revalidaría casi una década más tarde cuando Roland Joffé –oportunamente entrevistado por esta revista– lo convocara para la banda sonora de La Misión, rodada en la Argentina, sobre el enclave jesuita que debe abandonar su obra evangelizadora por el Tratado de Madrid (1750). Fue uno de sus mejores trabajos. Pero en ningún caso el compositor visitó el país.
Sí, en cambio, visitó a un argentino en 2015, para quien estaba dedicada una composición. El papa Francisco recibió en el Vaticano a un emocionado Morricone junto a su esposa María. Le dedicó su “Missa Papæ Francisci. Anno Ducentesimo A Societate Restituta” con motivo del bicentenario de la restauración de la Compañía de Jesús. El último movimiento de la obra proviene precisamente de la banda sonora de La Misión para unir su espíritu a ella conceptual y musicalmente.
Ennio Morricone brilló para las nuevas generaciones como un astro del rock, tradujo estructuras sinfónicas de notable rigor intelectual para deleite del consumo popular y, repetidamente, se ha dicho que invento la “música para ver”. En cualquier caso fue uno de los más prolíficos y grandes compositores de la música para cine de todos los tiempos. Próxima a editarse su autobiografía en español se acrecentará su legado, desconocido en buena parte desde el plano privado debido a su proverbial timidez, pero reconocible en el simple hecho de ser el hombre que silbaba las melodías con las que construyó la épica de la gran pantalla.

TESTIMONIOS

“Desde que tengo uso de razón, la banda sonora y la música de películas fueron siempre de Ennio Morricone. Se escuchaban también mucho las bandas sonoras de Fellini y del spaghetti western, pero un poco por él me dedique a esta profesión. Fue una música muy original y muy difícil de imitar, y si tratabas de emularlo, caías en esa trampa. Lo grande de Morricone es su originalidad y su osadía para orquestar e instrumentar y para generar paisajes sonoros que muchas veces, a priori, no van con la música, pero luego la imagen se plasma dentro de la música, como pasa con las películas de Sergio Leone”.
Nicolas Sorín. Compositor, ganador del premio Clarín y Cóndor por Historias Mínimas y El gato desaparece

“Debemos estar muy agradecidos a Ennio Morricone por la belleza musical que acompañó a tantas películas. Es uno de los integrantes de esa legión de grandes compositores, que sigue enriqueciéndose con nuevos nombres, capaces de componer, dirigir sus obras y producir sus propias bandas de sonido con un sólido respaldo en su formación, entrenamiento y cultural musical. Su vida nos demuestra la futilidad de ciertos premios. Hay que recordar que luego de tantas películas y tantas músicas gloriosas recién recibió un Oscar honorífico en 2006, como pasó con Chaplin, que recibió el mismo premio después de todo lo que había hecho. Sigue vivo en su música, en nuestros oídos y en cada emoción que vuelve a despertarnos”.
Gabriel Senanes. Compositor, ex director general y artístico del Teatro Colón. Conduce el programa El camarín de las musas en Radio Nacional Clásica

“Ennio Morricone nos ha dejado y el mundo se ha conmocionado al conocerse su fallecimiento. Gran director de orquesta y música para cine, Morricone ha escrito páginas inolvidables de temas musicales que caracterizan las películas con un rol protagónico. No se pueden evocar todas las colaboraciones con decenas de directores de cine italianos, europeos, norteamericanos; él puso a disposición su talento, dejando una huella en la historia musical cinematográfica. Para Italia y para el mundo es una gran pérdida pero sabemos que su música permanece y seguirá acompañándonos para emocionarnos y hacernos soñar”.
Donatella Cannova. Directora general y artística del Instituto Italiano de Cultura de Buenos Aires

“Muerto el hombre, nace el mito, nace la leyenda. Pero Ennio Morricone ya era leyenda estando vivo porque es uno de los compositores más brillantes que nos ha dado el cine. Las bandas sonoras de Morricone son las bandas sonoras de nuestra vida. El último recuerdo que tengo del maestro fue verlo en Madrid, en su último concierto en gira por sus 90 años. Fue una noche memorable y uno de los últimos grandes conciertos que pudo hacer Madrid antes de la pandemia. Lo saludé en su camerino y fue algo para no olvidar. Ha sido una pena porque tenía que recoger en mi tierra el premio Princesa de Asturias y no podrá ser. Ahora lo imagino poniéndole banda de sonido al cielo”.

Nacho Carballo. Ex director del Festival de Cine de Gijón y actual director del Festival de Cine de Santander.

No hay comentarios.

¿ QUIERE DEJAR UN COMENTARIO ?