El riesgo de jugar con las palabras

El sector político en el gobierno ha mostrado históricamente una preocupación especial por el lenguaje, que no sólo se expresa en la promoción de la tendencia al uso inclusivo (como quedó expuesto en el reciente homenaje a las víctimas del COVID-19), sino también en el impulso de acuñar o redefinir términos básicos del discurso político.

En las últimas semanas, le llegó su turno al concepto de libertad. El 13 de junio, en la ciudad de La Plata, acompañada por el gobernador Axel Kicillof, la vicepresidenta de la Nación Cristina Kirchner abordó el tema en el marco de la inauguración de una obra en el Pabellón de Salud Mental del Hospital de Niños Sor María Ludovica. En ese contexto, sostuvo con tono docente que “es hora de que repensemos algunos conceptos”.

Hablando de la pandemia y de las reacciones “irracionales” ante las restricciones, dirigió, en nombre de la libertad, un llamado a los medios de comunicación para que contribuyan a garantizar información veraz y que no se ponga “en duda la palabra de los médicos y de la ciencia”. “Ayudemos –agregó– a la verdadera libertad, que va a ser cuando estemos todos vacunados y podamos hacer lo que queremos”, para lo cual “debería haber un acuerdo tácito de la sociedad para hacerle caso a los médicos”.

Afirmó además: “Libertad para mí y que se joda (sic) el resto no es libertad, que le vayan a contar a otros”. (…) La verdadera libertad es cuando uno sacrifica su propia libertad de estar abocado a una tarea solidaria para que los demás sean libres”. Esto último lo refirió a los jóvenes que participaron en la campaña de vacunación de la provincia de Buenos Aires, que exaltó como “modelo”. “Más de 21 mil personas afectadas, 16 mil son jóvenes, muchísimos ad honorem, que trabajan en los vacunatorios ayudando. Jóvenes por la libertad, pero no por la libertad propia. Por la de los demás, que es la mejor libertad, la libertad de los otros, porque libertad para mí y que se jodan (sic) los demás no es libertad”. Esta última frase la repitió al día siguiente –14 de junio– en un twitt, agregando: “Ayudemos a la verdadera libertad de esta sociedad, que va a ser cuando estemos todos vacunados. Ahí vamos a tener la verdadera libertad de hacer lo que queremos. Con la vacuna vamos a salir. Vamos a vacunar a todos los argentinos y argentinas, y vamos a volver a ser felices”.

No se podría criticar la idea de que la mejor libertad es aquella que se ejercita en la solicitud por los demás. Algo más problemática suena la aclaración de que la libertad “no es la libertad propia”, como si ésta se agotara en los gestos de altruismo sin referencia posible al bien personal. Además, debería someterse a la palabra de “los médicos” y “la ciencia”, en ambos casos aparentemente avalando sin reservas todas las medidas restrictivas adoptadas por el Estado. Una libertad, por consiguiente, bastante parecida a la sumisión incondicional a estas últimas. Un sacrificio de nuestra libertad actual, pero consumado en aras de la “verdadera libertad”, que advendrá cuando el Gobierno cumpla con su promesa de que todos estaremos vacunados y así “volvamos a ser felices”.

El presidente Alberto Fernández probablemente quiso hacerse eco de estas palabras (algo deshilvanadas, por cierto) y llevar la idea subyacente a sus últimas consecuencias, cuando poco después, al encabezar en San Miguel de Tucumán el acto central por la conmemoración del 205° aniversario de la Declaración de la Independencia, sostuvo que los constituyentes “nos enseñaron que la libertad no es un acto individual. Porque la libertad entendida como un derecho individual es un tremendo acto de egoísmo. La libertad es un acto colectivo. Lo que garantiza la libertad es precisamente vivir en una sociedad libre, autónoma, independiente, capaz de construir su propio futuro, de garantizar su propio destino”.

Al parecer, el Presidente considera que la Declaración universal de los derechos humanos (1948) o la Convención americana sobre derechos humanos (1969), que conciben la libertad como un derecho inherente e inalienable que los seres humanos sin distinción traemos al nacer, pretenden resguardar lo que es en realidad “un tremendo acto de egoísmo”, un vicio moral que nada tiene que ver con la naturaleza de la libertad “verdadera” como “acto colectivo” de la sociedad en su conjunto.

El problema no es banal. Confundir libertad (cuyo sujeto son las personas) con autogobierno (cuyo sujeto es la sociedad) conlleva el peligro de justificar la violación de los derechos individuales por parte de una mayoría opresora. Ambos conceptos deben ser debidamente distinguidos ya que, como enseñaba Alberdi, “La libertad de la Patria es la independencia respecto de todo país extranjero. La libertad del hombre es la independencia del individuo respecto del gobierno de su país propio”.

Optando por la dirección opuesta, Fernández señaló que la libertad es predicable a un “nosotros” mencionado en nuestro Preámbulo mediante la fórmula “Nos los representantes del pueblo de la Nación Argentina». Claramente no es ése el sentido del “nosotros” del preámbulo de nuestra Constitución (de inspiración liberal), que se refiere a los representantes de un Pueblo conformado por personas dotadas de derechos y libertades individuales (como surge del mismo texto de la Carta Magna), y no como individuos que heroicamente (¿y libremente?) deben sacrificar siempre el bien personal en aras del bien del conjunto.

La adhesión extendida a este pensamiento supondría una verdadera regresión: una sociedad des-individualizada en la cual los ciudadanos y las asociaciones serían el material del que se vale el Estado para sus propios objetivos. En realidad los ciudadanos somos libres, ante todo, cuando Estado y gobierno no son omnipotentes.

Si bien el Presidente acaso se confundió con sus palabras, dada su alta investidura las expresiones no pueden dejar de suscitar una honda perplejidad. Más aún en el contexto de la multiplicación de las arengas nacionalistas y de las acusaciones de egoísmo dirigidas a todo aquél que no se pliegue dócilmente a los designios del Estado, que de ninguna manera pueden presentarse como incuestionables desde el punto de vista legal, técnico, médico y científico. Las palabras no sólo expresan el pensamiento, también lo crean. Como ilustra la novela 1984 de George Orwell, quien logre ejercitar el control sobre las palabras y su significado tendrá en sus manos una formidable herramienta del poder, sobre los cuerpos, sobre las conciencias, sobre la misma libertad.

3 Readers Commented

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  1. Carlos Talavera on 24 agosto, 2021

    Desde Paraguay sigo con preocupación la deriva autoritaria y excluyente del gobierno argentino, el auge del populismo irresponsable y la negación de las libertades individuales. Veo a un presidente perdido en el escenario, y a una vicepresidenta cuya única obsesión es asegurar su impunidad en las causas judiciales que la atormentan.

  2. fernando yunes on 25 agosto, 2021

    La libertad es un atributo, un derecho y una responsabilidad de cada ser humano como persona y hace a su dignidad inviolable. La idea de transferir o delegar la libertad al Estado o a colectivos sociales es un concepto totalitario que destruye el concepto y valor de la persona como singularidad, convirtiendo a los ciudadanos en objetos sometidos al arbitrio del poder. Pero también hay que recordar que en una sociedad desigual no todos pueden efectivamente y con el mismo grado ejercer su libertad y, por lo tanto, es necesario tener presente que ser persona supone también la dimensión relacional, que implica encuentro y cuidado recíproco entre los miembros de una comunidad. De esto último se desprende que la libertad es una tarea de liberación del egoísmo individualista para abrirse a un compromiso solidario para empoderar a otros de libertad como servicio al bien común. Ser verdaderamente libre es ejercer la libertad personal y construir una sociedad de hombres libres colaborando en la construcción fraterna de la justicia y la paz.

  3. Miguel A J Sarno on 13 septiembre, 2021

    Más allá de razonamientos y teorizaciones ¿Qué significará ser libres en esta Argentina de hoy? Creo que debiera significar poder volver al propio hogar sin que ningún caudillejo nos lo impida, obligándonos a acampar a la vera de una rutas durante largos y extenuantes días, a riesgo incluso de morir en el intento por cruzar a nado un río presa de la desesperación por ver a los nuestros. Debiera significar que no se nos saque a empujones de nuestros hogares por aquellos que nos gobiernan, so pretexto de tener que cumplir un aislamiento obligatorio en sitios organizados más a la manera de campos de prisioneros que de centros de atención y cuidado de la salud. Debiera significar que se nos permita despedir a nuestros familiares moribundos y difuntos con todo el decoro y la dignidad que se merecen como seres humanos. Debiera significar poder tener a disposición -y sin que los poderosos nos birlen el turno- vacunas de todo tipo y procedencia para combatir la enfermedad que amenaza a nuestras vidas, con la eficacia para cumplir este cometido como único criterio de control de calidad. Debiera significar poder vivir en un un país donde quien quiebre la ley, sea un don nadie ó el mismísimo presidente de la república, le corresponda ser juzgado en debido proceso, condenado y efectivamente encarcelado; en resumen como se dice en criollo: que quien las haga (las macanas) las termine pagando. Y que el sistema de contrapesos pensado por los padres de la Patria al proponernos vivir bajo un sistema republicano, representativo y federal, con un esquema tripartito de poderes del estado independientes uno de otros sea una realidad palpable para cada argentino nativo, y para toda persona de buena voluntad decidida a habitar este bendito suelo que reconocemos como nuestra patria Argentina.

    Miguel A. J. Sarno
    DNI 14662872

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