{"id":10283,"date":"2015-01-01T17:39:18","date_gmt":"2015-01-01T20:39:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=10283"},"modified":"2015-01-01T17:39:18","modified_gmt":"2015-01-01T20:39:18","slug":"el-poeta-que-llamaba-de-tu-a-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=10283","title":{"rendered":"El poeta que llamaba de t\u00fa a Dios"},"content":{"rendered":"<p><strong><em>Una pol\u00e9mica reflexi\u00f3n sobre la relaci\u00f3n del Hijo de Dios con los hombres, a partir de una poes\u00eda de Lope de Vega.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Cuando los poetas entonan sus versos a lo Divino, acostumbran a dar el \u201cT\u00fa\u201d a Quien, sin embargo, reconocen como infinitamente superior a ellos (por no hablar de la gente corriente). Y lo hacen, naturalmente, asombr\u00e1ndose de que ellos, siendo cosa tan deleznable (por no hablar, de nuevo, de esa gente, o sea de todos los dem\u00e1s), merezcan tener sin embargo un Amigo tan excelso.<br \/>\nOigamos, sin ir m\u00e1s lejos, al poeta que supo abrir todos los campos de lo humano y lo divino, de lo terreno y hasta de lo vulgar: el \u201cF\u00e9nix de los Ingenios\u201d, sorprendi\u00e9ndose en un famoso soneto de ese amor que ser\u00eda pura Gabe, pura donaci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 tengo yo que mi amistad procuras?<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 inter\u00e9s se te sigue, Jes\u00fas m\u00edo,<br \/>\nque a mi puerta, cubierto de roc\u00edo,<br \/>\npasas las noches del invierno escuras?<\/p>\n<p>\u00a1Oh, cu\u00e1nto fueron mis entra\u00f1as duras,<br \/>\npues no te abr\u00ed! \u00a1Qu\u00e9 extra\u00f1o desvar\u00edo<br \/>\nsi de mi ingratitud el hielo fr\u00edo<br \/>\nsec\u00f3 las llagas de tus plantas puras!<\/p>\n<p>\u00a1Cu\u00e1ntas veces el \u00e1ngel me dec\u00eda:<br \/>\nAlma, as\u00f3mate agora a la ventana,<br \/>\nver\u00e1s con cu\u00e1nto amor llamar porf\u00eda!<\/p>\n<p>\u00a1Y cu\u00e1ntas, hermosura soberana:<br \/>\nMa\u00f1ana le abriremos, respond\u00eda,<br \/>\npara lo mismo responder ma\u00f1ana!<\/p>\n<p>Est\u00e1 claro que se trata de la confesi\u00f3n de un arrepentido, como lo fue el propio Lope, metido a fraile en la vejez, tras m\u00faltiples aventuras amorosas y hasta deshonrosas. El primer cuarteto est\u00e1 escrito en presente durativo. El resto, en pret\u00e9rito indefinido, aunque nosotros ya podemos inferir de tantas admiraciones y lamentos d\u00f3nde se halla ahora el \u201cyo l\u00edrico\u201d, a saber: en los infiernos, despu\u00e9s de que una buena ma\u00f1ana fuera la \u00faltima y ya no cupiera dar m\u00e1s largas a la Voz del Amigo, o sea: al \u00c1ngel de la Guarda, esa \u201cVoz de la conciencia\u201d que habr\u00eda debido acoger en su morada a la Voz del Hijo, el cual a su vez acoge y se somete a la Voz del Padre. Tantas voces, escalonadas, metidas al un\u00edsono en una sola voz amiga a la que \u00e9ste \u201cyo\u201d del com\u00fan, que dir\u00edan Arist\u00f3teles y Heidegger, ha hecho o\u00eddos sordos (\u00dcberh\u00f6ren, en buen tedesco).<br \/>\nPero, \u00bfpor qu\u00e9 se negaba el desdichado poeta a mirar por la ventana? \u00bfPor qu\u00e9 no quer\u00eda o\u00edr la Voz que le hablaba de por dentro y menos quer\u00eda que le hablara del Amante plantado ah\u00ed fuera? Obviamente, porque \u2013pensaba\u2013 se est\u00e1 mejor y m\u00e1s caliente en casa (\u201cande yo caliente \/ y r\u00edase la gente\u201d como dec\u00eda G\u00f3ngora, el poeta \u2013dizque manchado de sangre jud\u00eda\u2013 odiado por Lope, como buen cristiano viejo). Por eso se niega a hablar de veras y por tanto a escuchar de veras, o por decirlo a las claras: por eso se niega a obedecer. Porque, desde el cuerpo, seg\u00fan se lee, parece que todo se ve al rev\u00e9s: la luz del Cielo es noche; la eterna primavera, invierno. Por eso, si este r\u00e9probo hubiera querido escuchar, tendr\u00eda que haber salido a esa \u201cnoche escura\u201d, en verdad m\u00e1s clara que la luz del alborada, de creer a otro y m\u00e1s alto poeta: San Juan de la Cruz. Es m\u00e1s: el calor del \u201cinterior\u201d terrenal es hielo para el \u201cafuera\u201d celestial. As\u00ed que este hombre es en verdad un \u201cingrato\u201d. El Otro no le llama para entrar en su casa, sino para que \u00e9l salga de ella y se le una.<br \/>\nMuy bien, pero \u00bfpor qu\u00e9 se niega el poeta a ser amado, o sea: por qu\u00e9 se niega a salir de sus casillas? La respuesta es f\u00e1cil: \u00e9se que se cree due\u00f1o de su casa es en verdad un atolondrado, porque no piensa en su muerte y en lo que le espera tras ella. Podemos entender eso.<br \/>\nNo comprendemos en cambio, al menos enseguida, por qu\u00e9 Aqu\u00e9l a quien el poeta llama ahora (por cierto, de \u201ct\u00fa\u201d, y con harta familiaridad) \u201cJes\u00fas m\u00edo\u201d (ma \u00e8 tarde!, que dir\u00eda la Traviata) procura o procuraba su amistad. Y sobre todo, \u00bfqu\u00e9 inter\u00e9s se sigue o segu\u00eda para Jes\u00fas de todo ello? \u00bfPor qu\u00e9 el inter\u00e9s en esta oveja, m\u00e1s que descarriada, obtusa, empe\u00f1ada como estaba en no salir de casa? \u00bfC\u00f3mo es que alguien Superior, nada menos que la \u00fanica \u201chermosura soberana\u201d, se empe\u00f1a en pasar las noches, cubierta de roc\u00edo, a la puerta del renegado? San Pablo nos dar\u00e1 la respuesta. Y lo har\u00e1 tambi\u00e9n en forma de un ap\u00f3strofe, de un exhorto en modo imperativo: \u201cllevados de la humildad \u2013dice a los de Filipos\u2013, teneos unos a otros por superiores, no atendiendo cada uno a su propio inter\u00e9s, sino al de los otros\u201d (Filipenses 2, 3-4). Eso de que cada uno se humille y tenga al otro por superior a \u00e9l ya lo sabemos tambi\u00e9n por la filosof\u00eda: es el imperativo categ\u00f3rico kantiano, que manda considerar al otro como fin en s\u00ed mismo. As\u00ed que ya entendemos la paciencia de Cristo a la puerta de Lope: el inter\u00e9s que mov\u00eda al Hijo de Dios constitu\u00eda el verdadero inter\u00e9s del (presunto) Due\u00f1o de Casa. S\u00f3lo que este pecador, identificado aqu\u00ed con el poeta, no lo sab\u00eda, o no lo quer\u00eda saber. Y ahora es tarde. La casa-cuerpo, la casa-carne, est\u00e1 que se cae. Y el poeta, el pecador, con ella. Zu sp\u00e4t kommt die Reue! \u00a1Ya es demasiado tarde para arrepentirse!<br \/>\nSi, por el contrario, hubiera hecho caso a la Voz del \u00c1ngel, habr\u00eda experimentado\u00a0\u2013salvando las distancias\u2013 lo mismo \u2013seg\u00fan el Ap\u00f3stol\u2013 que Cristo, a saber: que, no teniendo Jes\u00fas por \u201ccodiciable tesoro el mantenerse igual a Dios\u201d (del cual, del Padre, era \u00c9l la Voz en este mundo, ahora encomendada como \u201clo mejor de cada casa\u201d al \u00c1ngel amigo), tom\u00f3 la \u201cforma de esclavo\u201d (morph\u00e9 do\u00falou) (\u00bfs\u00f3lo la forma, pues, como si fuera un vestido?) y se hizo as\u00ed semejante a los hombres. Comentemos algo esto: desde luego Lope, nuestro poeta, no est\u00e1 en condiciones de proceder a tal travestimento, a menos que creamos con el Heidegger de los a\u00f1os \u201830 que el Poeta es un semidi\u00f3s. Pero el Poeta s\u00ed que puede humillarse, a su manera (\u00e9l, que es el autor del metarrelato sobre la syng\u00e9neia del Dios y los hombres: todos los grandes poetas repiten el gesto de Sim\u00f3nides, recitado a su vez por Pablo en Hechos de los Ap\u00f3stoles, 17, 29), y exponerse a ser despreciado por los dem\u00e1s hombres. \u00c9stos, por su parte, olvidan en su hybris que todos nosotros somos esclavos de la Carne, y que Dios nuestro Se\u00f1or nos har\u00e1 libres con tal de que nosotros queramos y sepamos escuchar su voz, aunque seamos seres libres (o sea: se\u00f1ores de segunda, por delegaci\u00f3n) respecto a nuestros propios siervos o esclavos (por m\u00e1s que ahora no los llamemos as\u00ed: no ser\u00eda \u201cpol\u00edticamente correcto\u201d). Vaya. Parece que hemos adelantado algo respecto a la filosof\u00eda, empe\u00f1ada en fijar las relaciones de poder. Pues seg\u00fan Her\u00e1clito: \u201cP\u00f3lemos es el Padre y el Soberano de todas las cosas: a unos los hizo dioses, a otros hombres; a unos libres, a otros esclavos\u201d (Fr. 53). El cristianismo, en cambio, promete a los hombres la plena libertad con tal de que renieguen de lo de arriba y de lo de abajo: de los dioses y de la carne-tierra. Con tal de que se sujeten a Jes\u00fas del Gran Poder.<br \/>\nEn fin, no contento con tomar la figura de siervo, el Hijo muri\u00f3 de \u201cmuerte de cruz\u201d. Y bien, \u00bfpara qu\u00e9 se \u201canonad\u00f3\u201d o, como dice el texto griego, se \u201cvaci\u00f3\u201d (ek\u00e9nose)? San Pablo tiene muy claras las razones de todo ello. Cito: \u201cpor lo cual Dios lo exalt\u00f3 y le otorg\u00f3 un nombre sobre todo nombre, para que al nombre de Jes\u00fas doble la rodilla cuanto hay en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Jesucristo es Se\u00f1or para gloria de Dios Padre\u201d (Fil. 2, 9-11). \u00a1As\u00ed que era eso! La muerte era s\u00f3lo un tr\u00e1mite (vergonzoso, eso s\u00ed, para todo un Dios, por muy \u201cvac\u00edo\u201d que se quedara), a fin de que el Resucitado fuera ensalzado y su nombre elevado sobre todo otro ser: para que todo quisque doblase la rodilla ante \u00c9l. Es decir: se debilit\u00f3 voluntariamente para ser luego m\u00e1s fuerte, para ser lo que ya era de siempre, esencialmente: aut\u00e1rquico, autosuficiente, pero ahora a las claras, a la vista de todos. Para ser m\u00e1s fuerte que todo lo existente. Para ser el Se\u00f1or del Ser. Siempre, claro est\u00e1, que obedeciera primeramente a la Ley del Padre. Pues todo eso lo hizo, no para \u00e9l, sino \u201cpara gloria de Dios Padre\u201d. O sea: para manifestarlo, para ser su Portavoz.<br \/>\nPero, \u00bfy si alguien se niega, el muy condenado, a doblar la rodilla? Entonces, peor para \u00e9l. Desde luego. Pero parece que tambi\u00e9n peor para el propio Jes\u00fas, porque entonces su \u201cEmbajada\u201d habr\u00eda sido vana. Por eso procura la amistad de quien se empe\u00f1a en quedarse \u201cencerrado en su casa\u201d. Por eso quiere que salga por la puerta. Si de todas formas ese hombre va a morir, que sea para pasar \u201ca mejor vida\u201d, y no para ingresar en la \u201csegunda muerte\u201d que aterrorizaba a san Agust\u00edn: en la muerte eterna. \u00c9se era el inter\u00e9s de Jes\u00fas. Quer\u00eda salvar al poeta \u2013a pesar de todo, cristiano\u2013 de esa muerte eterna. Y en ello le iba mucho. Pues, si no lo lograra, su misi\u00f3n no se habr\u00eda cumplido. Y es que de cundir el ejemplo (el ejemplo del poeta r\u00e9probo, que se niega a abrir al Amado), el Hijo de Dios se habr\u00eda hecho \u201cesclavo\u201d (que es lo que somos nosotros respecto a Dios, no se olvide) y hecho crucificar para nada y a favor de nadie. Como dec\u00eda Ortega: \u201cYo soy yo y mis circunstancias. Y si no las salvo a ellas, no me salvo yo\u201d. S\u00f3lo que aqu\u00ed \u201cyo\u201d es Cristo, y nosotros sus \u201ccircunstancias\u201d. Dir\u00edamos, con todo respeto: Cristo necesita salvar la cara del Padre porque \u00c9l es literalmente su \u201ccara\u201d, su d\u00f3xa o manifestaci\u00f3n, vuelta hacia nosotros. Y adem\u00e1s, como dice el Ap\u00f3stol de las Gentes, Cristo ha de guardar y nosotros reconocer su \u201cbuen nombre\u201d: su honra de Enviado.<br \/>\n\u00bfUn pensamiento blasfemo, \u00e9ste? Quiz\u00e1 sea s\u00f3lo, humildemente, un pensamiento humano, demasiado humano. Pues entre la \u201ccadena de mando\u201d del Dios y el Cosmos aristot\u00e9lico (y, en general, de la filosof\u00eda toda, salvo Spinoza y alg\u00fan que otro r\u00e9probo) y la loa paulina a la k\u00e9nosis (ese juego terrible de querer ser m\u00e1s d\u00e9bil para poder hacerse valer luego como el m\u00e1s fuerte, gracias a Dios, o sea: para llegar a ser el Se\u00f1or de todo), entre esos dos extremos \u2013digo\u2013,que son comunes en una cosa, a saber: en que lo importante es en definitiva qui\u00e9n manda, quiz\u00e1 sea posible otra actitud, tan d\u00e9bil de fuerzas como firme de car\u00e1cter: la de las mujeres y la de esos varones que son como ellas, volviendo al rev\u00e9s la cr\u00edtica viril de Arist\u00f3teles , es decir: la de quienes se duelen con el que sufre y, en vez, de la synagog\u00e9 y la koinon\u00eda jer\u00e1rquica, establecen aqu\u00ed en la tierra la comunidad de amigos en synalg\u00eda: literalmente, en mutua \u201ccondolencia\u201d, no por compasi\u00f3n. Sin esperar nada, ni recompensa ni castigo. Sin querer ni precisar ser \u201csalvados\u201d, porque su \u00fanica fortaleza es la aceptaci\u00f3n plena de su debilidad. Es la fuerza de quienes hacen de su necesidad virtud y combaten en la medida de sus posibles a toda esa cadena de mando, empe\u00f1ada en restaurar una y otra vez la Voz. La fuerza d\u00e9bil, pero obstinada, de quienes est\u00e1n hartos de la Voz del Padre: His Master&#8217;s Voice, disfrazada de \u201cVoz del Amigo\u201d.<\/p>\n<p><em>1Lope F\u00e9lix de Vega Carpio, Rimas sacras. Soneto 18. Obras selectas. Aguilar. M\u00e9xico 1991; II, 116.<br \/>\n2Arist\u00f3teles, Ethica Nicomachea;1171b33: \u00ablas mujeres y los varones semejantes a ellos se gozan en tener quienes se lamenten con ellos, y los quieren como amigos y part\u00edcipes de su dolor (h\u00f4s ph\u00edlous ka\u00ec synalgo\u00fbntas).\u00bb En efecto, \u00bfc\u00f3mo va a tener el Var\u00f3n, y encima si \u00e9l es el Fil\u00f3sofo, debilidades? Si, en Arist\u00f3teles, la comunidad se basa en la amistad, y \u00e9sta a su vez, en definitiva, en la cadena de mando (de la absoluta indigencia a la absoluta autosuficiencia del the\u00f3s, m\u00e1s all\u00e1 de la p\u00f3lis, de la physis y hasta de ouran\u00f3s), la debilidad es cobard\u00eda, ineptitud y, en definitiva, deserci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>El autor es catedr\u00e1tico de Filosof\u00eda de la Universidad Aut\u00f3noma de Madrid.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una pol\u00e9mica reflexi\u00f3n sobre la relaci\u00f3n del Hijo de Dios con los hombres, a partir de una poes\u00eda de Lope de Vega. Cuando los poetas&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[944],"tags":[355,955],"class_list":["post-10283","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-actualidad-2","tag-filosofia","tag-lope-de-vega"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-2FR","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10283","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=10283"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10283\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=10283"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=10283"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=10283"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}