{"id":10292,"date":"2015-01-01T17:52:55","date_gmt":"2015-01-01T20:52:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=10292"},"modified":"2015-01-01T17:52:55","modified_gmt":"2015-01-01T20:52:55","slug":"10292","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=10292","title":{"rendered":"Jesuitas disfrazados"},"content":{"rendered":"<p><em>Algunos se disfrazan para escapar de sus perseguidores pero pocas veces una entidad, como la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas, ha sido acusada por presidentes norteamericanos de que sus miembros se disfracen para influir en la sociedad.<\/em><\/p>\n<p>En 1814 P\u00edo VII restableci\u00f3 la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas, suprimida por un papa anterior. No todos se alegraron con esa medida. De hecho, los jesuitas fueron m\u00e1s perseguidos despu\u00e9s de 1814 que antes. Los que vinieron a la Argentina en 1836, en la \u00e9poca de Rosas, hu\u00edan de otra persecuci\u00f3n en Espa\u00f1a. Muchos desconfiaban de los jesuitas como de sujetos peligrosos, entre ellos dos ex presidentes norteamericanos, el 2\u00ba y el 3\u00ba despu\u00e9s de Washington: John Adams (1796-1800) y Thomas Jefferson (1801-1809), considerados Padres de la Patria.<\/p>\n<p><strong>Rey de los gitanos<\/strong><br \/>\nAdams le escribe a Jefferson, en 1816, dos a\u00f1os despu\u00e9s de la medida de P\u00edo VII: \u201cNo me agrada la resurrecci\u00f3n de los jesuitas. Tienen un general, ahora en Rusia, que mantiene correspondencia con los jesuitas de los Estados Unidos quienes son m\u00e1s numerosos que ning\u00fan otro cuerpo conocido. \u00bfNo tendremos aqu\u00ed un enjambre? Toman tantas formas y disfraces como jam\u00e1s lo hizo el Rey de los gitanos [\u2026]. Se presentan como pintores, editores, escritores, maestros de escuela, etc.\u201d (Bangert: Historia de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas, Sal Terrae, Santander, 1981, p.578).<\/p>\n<p>Lo de un superior general en Rusia era correcto. Cuando Clemente XIV suprimi\u00f3 la Compa\u00f1\u00eda, en 1773, la Zarina no permiti\u00f3 que se promulgara el documento pontificio. El papa P\u00edo VI, consultado, se mostr\u00f3 de acuerdo con que continuaran como jesuitas, pero en forma silenciosa, temiendo la ira de los reyes borb\u00f3nicos. Era una forma de estar \u201cdisfrazados\u201d, siendo verdaderos jesuitas, pero con disimulo.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de esas cr\u00edticas, inspiradas en la filosof\u00eda de la Ilustraci\u00f3n, a\u00f1ade Adams: \u201cSin embargo, nuestro sistema de libertad religiosa debe proporcionarles asilo. Si no ponen a severa prueba la puridad de nuestras elecciones, ser\u00e1 una maravilla\u201d. En esa \u00e9poca, los Estados Unidos estaba de nuevo en guerra con los ingleses, que atacaron e incendiaron la residencia del 4\u00ba presidente, James Madison. En esas circunstancias, se comprende cierta desconfianza ante posibles esp\u00edas o saboteadores. Pero la ra\u00edz de la desconfianza era m\u00e1s profunda.<\/p>\n<p>Jefferson, en respuesta, le confes\u00f3 a Adams que \u00e9l no se sent\u00eda feliz por la restauraci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda \u201cporque ello marca un paso atr\u00e1s desde la luz hacia la oscuridad. Nosotros tendremos nuestros desatinos, sin duda. Algunos de ellos siempre estar\u00e1n a flote. Pero los nuestros ser\u00e1n desatinos de entusiasmo, no de fanatismo, no de jesuitismo\u201d. Sorprende la acusaci\u00f3n de fanatismo, cuando los jesuitas hab\u00edan sido acusados por los rigoristas de ser \u201cmanga ancha\u201d en cuestiones de moral y de ser excesivamente tolerantes con las tradiciones religiosas de la India y de China.<\/p>\n<p>Unos meses m\u00e1s tarde, Adams volvi\u00f3 al ataque ante su amigo Jefferson: \u201cEsta Compa\u00f1\u00eda ha sido una calamidad mayor para la Humanidad que la Revoluci\u00f3n Francesa o el despotismo e ideolog\u00eda napole\u00f3nicos. Ella ha obstruido durante mucho m\u00e1s tiempo y de un modo m\u00e1s fatal, el progreso de reforma y el avance de la mente humana en la sociedad\u201d. Sin embargo, basta recordar el libro de Guillermo Furlong, Los jesuitas y la cultura rioplatense, con las interminables listas de jesuitas astr\u00f3nomos, m\u00e9dicos, arquitectos, pintores, m\u00fasicos, etc., de la \u00e9poca colonial, para comprender el aporte de la Compa\u00f1\u00eda al progreso de las ciencias y las artes.<\/p>\n<p><strong>Jesuitas escondidos<\/strong><br \/>\nLos jesuitas en los Estados Unidos eran muy pocos, al comienzo, no \u201cun enjambre\u201d como tem\u00eda Adams. M\u00e1s que disfrazarse buscaron adaptarse a la mentalidad del nuevo pa\u00eds, sin repetir el modelo europeo. En la costa Este sus colegios y universidades conservaron un estilo m\u00e1s acad\u00e9mico y tradicional, mientras que en el Centro y Oeste ofrecieron carreras m\u00e1s pr\u00e1cticas, para fomentar el desarrollo. Reci\u00e9n en el siglo XX llegar\u00e1n a ser un \u201cenjambre\u201d con m\u00e1s de 8.000 jesuitas, pero muy apreciados en el mundo de la cultura.<\/p>\n<p>En otros pa\u00edses s\u00ed tuvieron que disfrazarse para atender a los cat\u00f3licos perseguidos. En 1580 dos jesuitas partieron de Roma a Inglaterra. Los esp\u00edas de la Reina Isabel I hab\u00edan pasado el dato y los estaban esperando en Denver, cuando desembarcaran. Pero Roberto Persons, superior de la nueva misi\u00f3n inglesa, era un genio. Viaj\u00f3 como un oficial que volv\u00eda de los Pa\u00edses Bajos, con todos los atav\u00edos de su rango. Incluso alquil\u00f3 el caballo de uno de los oficiales que lo buscaban y pidi\u00f3 que ayudaran a un amigo suyo, mercader de diamantes, que llegar\u00eda poco despu\u00e9s. Era el otro jesuita, san Edmundo Campion.<\/p>\n<p>Este santo canonizado, Campion, escribi\u00f3: \u201cYo llevo un vestido que me parece totalmente rid\u00edculo; lo cambio frecuentemente as\u00ed como mi nombre. A veces leo cartas que dicen que Campion [\u00e9l mismo] ha sido detenido; la noticia se difunde a dondequiera que voy\u2026\u201d (I. Ech\u00e1niz: Pasi\u00f3n y Gloria, Tomo I, Ed. Mensajero, Bilbao, 2000, p.336). Pero finalmente fue delatado. Hab\u00eda trabajado trece meses \u201cdisfrazado\u201d, antes de terminar como m\u00e1rtir, en la Torre de Londres.<\/p>\n<p>Un sujeto muy original fue san Nicol\u00e1s Oswen, hermano jesuita, \u201cel constructor de escondites\u201d. No hac\u00eda dos iguales, porque los buscar\u00edan en otra casa en el mismo lugar, por ejemplo debajo de una escalera. Los constru\u00eda sin ayuda de nadie y generalmente de noche, porque hab\u00eda esp\u00edas entre los criados. No deb\u00edan sonar a hueco. Algunos estaban dentro de otro escondite, de modo que si descubr\u00edan el primero, no sospecharan del segundo. Hoy no los conocemos a todos. En 1870 fue descubierto uno y en 1927 otro, tres siglos despu\u00e9s. Se los ense\u00f1a a los visitantes. Oswen fue apresado dos veces, pero se las ingeni\u00f3 para escapar. Se entreg\u00f3 haci\u00e9ndose pasar por otro jesuita buscado, pero ese truco no vali\u00f3. Muri\u00f3 torturado en la Torre de Londres, en 1606 (Ech\u00e1niz, p.352).<br \/>\nOtro caso interesante es el de Etiop\u00eda, protegida por monta\u00f1as, que hab\u00eda conservado su antigua fe cristiana, en medio del islamismo. All\u00ed intentaron llegar los jesuitas, ya en vida de Ignacio de Loyola. Pero deb\u00edan atravesar la \u201cmuralla\u201d musulmana del Mar Rojo. Dos jesuitas audaces, disfrazados de comerciantes armenios, fueron descubiertos y encerrados en dura prisi\u00f3n. Otro, disfrazado de rico mercader, preguntado si era cristiano, respondi\u00f3 que s\u00ed y fue decapitado. M\u00e1s efectivo que el disfraz fue el apoyo de Portugal. Un comandante turco, para poder comerciar con los portugueses, dejaba pasar a jesuitas disfrazados. Pero si el viento desviaba el barco a otro puerto, estaban perdidos (Plattner, Jesuitas en el mar, Ed. Poblet, BsAs., 1952, p.88-101). A\u00f1os despu\u00e9s, otro jesuita, h\u00e1bil cirujano, logr\u00f3 ingresar, aunque algunos sospecharon que ser\u00eda un sacerdote cat\u00f3lico porque no estaba casado.<\/p>\n<p><strong>La ruta hacia China<\/strong><br \/>\nEn el siglo XVI, los viajes a China por mar pod\u00edan durar m\u00e1s de tres a\u00f1os y terminar en tragedia. Muchos mor\u00edan en el viaje. \u00bfNo habr\u00eda un camino m\u00e1s corto y seguro por tierra? San Francisco Javier le escribi\u00f3 a Ignacio de Loyola que desde China se podr\u00eda llegar a Jerusal\u00e9n por tierra (?). El continente asi\u00e1tico era un misterio. Las caravanas tra\u00edan la seda de China y llevaban otros productos, pero nadie conoc\u00eda el camino. Al comenzar el siglo XVII le encomendaron al hermano Bento, en Roma, la tarea de encontrarlo.<br \/>\nCon otro nombre y otra ropa, con dinero y mercader\u00edas, el jesuita Bento se uni\u00f3 a una caravana, en 1602. No ocult\u00f3 su fe, pero la presentaba con habilidad. Preguntado por unos musulmanes en qu\u00e9 direcci\u00f3n rezaba, respondi\u00f3 \u201cEn cualquiera, pues Dios est\u00e1 en todas partes\u201d. Adem\u00e1s hizo favores a sus acompa\u00f1antes, que lo protegieron en momentos dif\u00edciles. Desde la India, por Cachemira, soportando desiertos, tormentas y bandidos, lleg\u00f3 a la frontera de China cinco a\u00f1os despu\u00e9s. All\u00ed lo encontr\u00f3 moribundo, quiz\u00e1s envenenado, un emisario enviado por el jesuita Ricci, desde Pek\u00edn.<br \/>\nPero no bastaba ir desde la India. Hab\u00eda que evitar la navegaci\u00f3n por el Sur de \u00c1frica, a veces tocando Brasil. En 1680 se inform\u00f3 que de 600 jesuitas enviados a China, s\u00f3lo unos cien hab\u00edan llegado. Los dem\u00e1s hab\u00edan naufragado, hab\u00edan muerto por enfermedad o estaban encarcelados, si no hab\u00edan sido ejecutados (Plattner, p.211). Dos jesuitas franceses, disfrazados de georgianos, buscaron una ruta a China m\u00e1s al norte, por Rusia y Siberia, regi\u00f3n muy inh\u00f3spita. En pleno invierno, naufragaron en el Volga y continuaron en trineos. En Mosc\u00fa no recibieron autorizaci\u00f3n para continuar, porque Rusia quer\u00eda guardar el secreto de su comercio con China. Gastaron cinco a\u00f1os en ese intento.<br \/>\nSe continu\u00f3 buscando entonces una ruta m\u00e1s al sur, desde Persia. Otros dos jesuitas franceses, disfrazados, fueron atrapados por los \u00e1rabes y confesaron que eran cristianos. Pero como entre ellos hablaban siempre turco y le\u00edan libros en \u00e1rabe, sus captores no descubrieron que eran europeos cat\u00f3licos, y los dejaron en libertad. Uno de ellos se encontr\u00f3 con un jesuita flamenco, tambi\u00e9n disfrazado, que ven\u00eda de Mosc\u00fa, donde hab\u00eda intentando en vano emprender ese viaje, y ahora procuraba unirse a alguna caravana; al no lograrlo, regres\u00f3 a su patria, despu\u00e9s de siete a\u00f1os de intentos. Finalmente el camino por tierra a China fue abandonado en el siglo XVIII, porque los buques franceses e ingleses ofrec\u00edan seguridad contra naufragios y piratas, as\u00ed como mayor higiene.<br \/>\nEl papa Francisco es un jesuita. Para sus enemigos, ser\u00eda un jesuita disfrazado de papa, que maniobra con astucia e indiferencia ante las adversidades. Ahora bien, los gitanos no se disfrazan, como opinaron algunos presidentes norteamericanos. Se visten as\u00ed. Jorge Mario Bergoglio tambi\u00e9n se viste as\u00ed. Tal vez no encuentre su camino a China, como no lo encontraron los antiguos jesuitas. Pero ha movilizado a la Iglesia en una b\u00fasqueda de religiosidad y de humanismo, como el padre Ricci en China, puente cultural entre dos mundos.<\/p>\n<p><em>El autor es profesor en la Facultad de Teolog\u00eda de San Miguel<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Algunos se disfrazan para escapar de sus perseguidores pero pocas veces una entidad, como la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas, ha sido acusada por presidentes norteamericanos de&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[945,8],"tags":[218],"class_list":["post-10292","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-fe-2","category-iglesia","tag-historia"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/s6FC4i-10292","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10292","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=10292"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10292\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=10292"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=10292"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=10292"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}