{"id":10318,"date":"2014-12-12T13:37:05","date_gmt":"2014-12-12T16:37:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=10318"},"modified":"2014-12-12T13:37:05","modified_gmt":"2014-12-12T16:37:05","slug":"el-prestigio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=10318","title":{"rendered":"El prestigio"},"content":{"rendered":"<p><strong>Para el autor, el prestigio o la buena reputaci\u00f3n de un pa\u00eds es el resultado de \u201cuna conducta internacional coherente con valores y sostenida en el tiempo, que procura consensuar antes que imponer en forma unilateral\u201d.<\/strong><em><\/p>\n<p>En las relaciones humanas, el prestigio es un componente habitual entre los criterios empleados para elegir a las personas a quienes se les desea confiar distintas responsabilidades de relieve. Quienquiera que deba actuar ante los tribunales, por ejemplo, procura contratar los servicios de estudios jur\u00eddicos prestigiosos. Del mismo modo se act\u00faa a la hora de buscar un cirujano a quien confiar una operaci\u00f3n delicada, o un deportista para integrar el mejor equipo. Otro tanto ocurre con las marcas comerciales, cuyos propietarios se esfuerzan, por medio de campa\u00f1as publicitarias, de poner en evidencia el prestigio de sus productos y servicios.<br \/>\nEs claro entonces que la noci\u00f3n de prestigio ha adquirido en el lenguaje corriente una connotaci\u00f3n positiva, que denota la autoridad o el ascendiente de quien posee aquella virtud.<br \/>\nSin embargo, no ser\u00eda acertado identificar sin m\u00e1s la noci\u00f3n de prestigio con la de la virtud moral. Tambi\u00e9n entre los delincuentes existe una escala de prestigio. Nadie podr\u00eda dudar del prestigio del que, entre sus seguidores, gozaban Hitler o Stalin.<br \/>\nDe hecho, en el uso m\u00e1s remoto del vocablo, de origen latino, la noci\u00f3n de prestigio estuvo en los comienzos asociada a lo artificial, al ardid. Se trataba de lo propio de los prestidigitadores que creaban una ilusi\u00f3n mediante la distracci\u00f3n de la atenci\u00f3n del observador.<br \/>\nTal vez este origen remoto est\u00e9 en la ra\u00edz del pertinaz prejuicio que asocia la imagen de la diplomacia al enga\u00f1o, el doble discurso y las medias verdades, o, en el mejor de los casos, a la pura formalidad despojada de contenido.<br \/>\nComo suele ocurrir con los prejuicios, si se identificara a la diplomacia con la impostura, tambi\u00e9n en este caso se estar\u00eda lejos de la verdad. Al fin y al cabo, la mejor diplomacia no puede ir mucho m\u00e1s all\u00e1 de lo que el pa\u00eds al que sirve ofrece en la realidad.Sobre todo hoy en d\u00eda, cuando el acceso a la informaci\u00f3n es tan generalizado, las patas de una mentira son cada vez m\u00e1s cortas.<br \/>\nSea buena, regular o mala, toda diplomacia sabe que el poder efectivo y el prestigio, o poder simb\u00f3lico, son las dos grandes variables que definen la posici\u00f3n y la actuaci\u00f3n de las naciones en el ordenamiento internacional. En definitiva, la fuente principal del prestigio es la coherencia de la propia conducta, pero sin el reconocimiento de los dem\u00e1s, el prestigio no existir\u00eda.<br \/>\nIgual que la variable del poder, adquirir, conservar y acrecentar el prestigio cuesta esfuerzo y perseverancia. Y lo contrario tambi\u00e9n es cierto: perder el prestigio es relativamente f\u00e1cil.<br \/>\nA diferencia del poder, que se puede medir cuantitativamente si se trata de poder econ\u00f3mico o militar, el prestigio tiene una naturaleza distinta: la misma naturaleza que la confianza o la predictibilidad. En este caso, m\u00e1s que cuantitativa, la medici\u00f3n del prestigio es cualitativa. Hay gobernantes, gobiernos y pa\u00edses que gozan de m\u00e1s prestigio que otros. Es posible trazar, a grandes rasgos, escalas de status o standing en materia de prestigio internacional.<br \/>\nUna conducta internacional coherente con valores y sostenida en el tiempo, que procura consensuar antes que imponer en forma unilateral, genera confianza y de ella deriva el prestigio. Dice el especialista en econom\u00eda pol\u00edtica internacional Robert Gilpin: \u201cEl prestigio internacional es el equivalente funcional de la autoridad en la pol\u00edtica dom\u00e9stica\u201d.<br \/>\nOpuesto es el caso de una conducta err\u00e1tica, contradictoria o desapegada de las pautas institucionales reconocidas, o confrontativa sin necesidad por parte de quien detenta el poder.<br \/>\nNuestros historiadores pueden encontrar periodos y momentos en los que el prestigio de la Argentina fue indiscutido. Baste recordar los a\u00f1os inmediatamente sucesivos a la recuperaci\u00f3n de la democracia.<br \/>\nEl prestigio no forma parte de los c\u00e1lculos por los que se mide el Producto Interno Bruto de un pa\u00eds, pero sin duda forma parte del patrimonio que debe preservarse y acrecentarse. En la coyuntura actual, nuestros pol\u00edticos y los ciudadanos podemos reflexionar a prop\u00f3sito de las pol\u00edticas orientadas a promover los intereses argentinos y la manera de llevarlas a cabo, a fin de que contribuyan a incrementar el buen nombre de la Argentina entre las naciones del mundo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para el autor, el prestigio o la buena reputaci\u00f3n de un pa\u00eds es el resultado de \u201cuna conducta internacional coherente con valores y sostenida en&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[758],"class_list":["post-10318","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-politica-economia","tag-sociedad"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-2Gq","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10318","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=10318"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10318\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=10318"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=10318"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=10318"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}