{"id":10451,"date":"2015-01-01T16:54:20","date_gmt":"2015-01-01T19:54:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=10451"},"modified":"2015-01-01T16:54:20","modified_gmt":"2015-01-01T19:54:20","slug":"el-azul-de-las-abejas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=10451","title":{"rendered":"El azul de las abejas"},"content":{"rendered":"<p><strong>Rese\u00f1a de El azul de las abejas, de Laura Alcoba. (Buenos Aires, 2014, Edhasa).<\/strong><\/p>\n<p>Cuando se public\u00f3 La casa de los conejos, obra de Laura Alcoba que precede a la actual, se\u00f1al\u00e1bamos en CRITERIO (octubre 2008) que refiere \u201clos recuerdos de una ni\u00f1a platense, hija de montoneros, que con ojos infantiles trata de comprender las vicisitudes de la vida clandestina de sus padres\u201d. Y nos pregunt\u00e1bamos: \u201c\u00bfC\u00f3mo narrar desde la perspectiva de una chica de siete u ocho a\u00f1os lo que era complejo de entender hasta para un adulto? El m\u00e9rito de la autora, que escribe en franc\u00e9s y luego supervisa las traducciones, es preservar la mirada ingenua y desprovista de intencionalidad ideol\u00f3gica, aunque la prensa francesa supo aprovechar el trasfondo pol\u00edtico para publicitarla.<br \/>\nDos a\u00f1os despu\u00e9s, esa ni\u00f1a se encuentra en Par\u00eds con su madre exiliada y mantiene una larga correspondencia con el padre, detenido en la Argentina. Atr\u00e1s quedan los abuelos, su profesora de franc\u00e9s y las compa\u00f1eras de grado. Llega a una ciudad que no es el Par\u00eds de su fantas\u00eda y de sus lecturas. El departamento que la madre comparte con otra argentina no est\u00e1 cerca de la torre Eiffel, del Sena o de los grandes museos. Se trata de un barrio perif\u00e9rico donde predominan los extranjeros. En efecto, escribe en este reciente libro: \u201cUn d\u00eda, por fin, me reencontr\u00e9 con mam\u00e1 en Francia. S\u00f3lo que no fui a vivir a Par\u00eds, como me hab\u00edan dicho tantas veces, sino cerca\u201d. Y se refugia en la correspondencia con su antigua profesora: \u201cLo bueno de las cartas es que uno puede pintar las cosas como quiere, sin mentir por eso. Elegir entre las cosas que nos rodean, de modo que todo parezca m\u00e1s bello en el papel\u201d.<br \/>\nPoco a poco, como un verdadero desaf\u00edo, va mejorando con esfuerzo el idioma de adopci\u00f3n y se enamora de \u00e9l. Describe a sus nuevos compa\u00f1eros, nacen t\u00edmidas amistades, le preocupa no poder acertar con la foto que espera y relama su padre, descubre su condici\u00f3n de ni\u00f1a refugiada.<br \/>\nLa madre trabaja como asistente social o acompa\u00f1ante terap\u00e9utica de ni\u00f1os con problemas, autistas o con dificultades de conducta. Con cierta c\u00e1ndida emoci\u00f3n la protagonista cuenta que alguna vez fue con su madre como peque\u00f1a asistente: \u201cAquel chico ten\u00eda el pelo muy enrulado y cachetes blancos y rojos, como salido de un libro de cuentos rusos que yo hab\u00eda le\u00eddo una vez; y no dec\u00eda palabra. Cuando llegamos a su casa ya estaba esper\u00e1ndonos quietito, sentado en una silla de la entrada, al pie de un enorme espejo. Ya ten\u00eda puesto un sobretodo, y hasta un gorro y un par de guantes muy gruesos. Tan pronto como nos abrieron la puerta mi madre se disculp\u00f3 ante una se\u00f1ora elegante, lo lamento, madame, he venido con mi hija. Pero ella le dijo que no ten\u00eda importancia. Y en seguida agreg\u00f3 que, al contrario, la novedad parec\u00eda gustarle mucho a Antoine \u2013porque as\u00ed se llamaba aquel chico tan rubio-. Es verdad, dijo mi madre en castellano cuando ya hab\u00edamos salido de nuevo a la placita, parece que a Antoine le encanta que est\u00e9s aqu\u00ed\u201d.<br \/>\nEl t\u00edtulo del libro est\u00e1 tomado de una observaci\u00f3n de la conocida obra La vida de las abejas de Maurice Maeterlinck (1862-1949), escritor belga de lengua francesa, dramaturgo simbolista y premio Nobel. Como una forma de preservar las relaciones, el padre preso y la hija exiliada leen los mismos libros y se los comentan en la correspondencia que intercambian regularmente.<br \/>\n\u00bfC\u00f3mo surgieron estas p\u00e1ginas? Laura Alcoba lo anota en un testimonio final \u201cEste libro naci\u00f3 de ciertos recuerdos persistentes aunque muchas veces confusos; de un pu\u00f1ado de fotograf\u00edas y de una larga correspondencia de la que no subsiste m\u00e1s que una voz: las cartas que mi padre me envi\u00f3 de la Argentina, donde estaba preso hac\u00eda varios a\u00f1os por razones pol\u00edticas. Durante m\u00e1s de treinta a\u00f1os las hab\u00eda conservado conmigo, pero no tuve el coraje ni la fuerza de releerlas. Lo hice durante la primavera francesa del a\u00f1o 2014\u201d.<br \/>\nUna peque\u00f1a obra que se lee de corrido y que deja la sensaci\u00f3n de haber compartido por un momento los descubrimientos y las perplejidades de una ni\u00f1a que se va asomando a la adolescencia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rese\u00f1a de El azul de las abejas, de Laura Alcoba. (Buenos Aires, 2014, Edhasa). 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