{"id":10475,"date":"2015-03-03T12:50:12","date_gmt":"2015-03-03T15:50:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=10475"},"modified":"2015-03-03T12:50:12","modified_gmt":"2015-03-03T15:50:12","slug":"teresa-la-enamorada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=10475","title":{"rendered":"Teresa, la enamorada"},"content":{"rendered":"<p><em><strong>La Iglesia cat\u00f3lica celebra el 500 aniversario del nacimiento de una de sus grandes m\u00edsticas, Teresa de Cepeda y Ahumada, m\u00e1s conocida como Teresa de Jes\u00fas. Nacida en 1515 en \u00c1vila, muri\u00f3 en 1582 y es considerada una de las figuras religiosas m\u00e1s importantes de la contrareforma.<\/strong><\/em><\/p>\n<p>Canonizada por Gregorio XV (1622), fue la primera mujer que recibi\u00f3 el t\u00edtulo de doctor de la Iglesia (Pablo VI , 1970). Esta carmelita, junto a san Juan de la Cruz, reform\u00f3 su Orden. Esta iniciativa le gener\u00f3, en su tiempo, muchos enemigos. Por sugerencia de confesores y amigos sacerdotes escribi\u00f3 su autobiograf\u00eda. La escritura, sin embargo, no s\u00f3lo fue una afici\u00f3n de Teresa -figura del Siglo de Oro espa\u00f1ol- sino una forma de evangelizar que a\u00fan hoy nutre la vida espiritual de muchas personas, laicas o religiosas, a trav\u00e9s de sus p\u00e1ginas.<\/p>\n<p>Hay en ella una conciencia profunda de que el cuerpo no s\u00f3lo es esencial para la experiencia m\u00edstica, sino para toda la espiritualidad cristiana. Ella aboga por el desarrollo del cuerpo contra ciertas teor\u00edas platonizantes que predicaban una espiritualidad \u201cet\u00e9rea\u201d. Nos dice la santa que los seres humanos no somos \u00e1ngeles, sino por el contrario que tenemos cuerpo. Querer ser \u00e1ngeles sobre la tierra es un desatino. Por el contrario, hay que contar con el apoyo y el pensamiento de una vida normal. Esta toma de conciencia del cuerpo como lugar donde se origina la experiencia m\u00edstica aparece tanto en su prosa como en su l\u00edrica, que se destaca por el pathos que la atraviesa. Sus versos impresionan por el erotismo m\u00edstico, ya que son, como la misma Teresa confiesa en uno de sus poemas, \u201cnacidos del fuego del amor de Dios que en s\u00ed ten\u00eda\u201d.<br \/>\nJulia Kristeva, psicoanalista y cr\u00edtica literaria contempor\u00e1nea, se\u00f1al\u00f3: \u201cEn su viaje al otro, Teresa indica un punto importante para la cultura europea. Para que exista el yo, el cogito de Descartes no alcanza. Necesita del otro con el cual establecer un v\u00ednculo indispensable. El yo y el otro se identifican y confunden entre s\u00ed. Teresa crea este v\u00ednculo con la divinidad. Para ella, la trascendencia se convierte en inmanencia. Por lo tanto, se encuentra en el camino del humanismo cristiano que conducir\u00e1 al humanismo moderno. Precisamente porque Dios y el infinito est\u00e1n en ella, Teresa se convierte en una persona y en un lenguaje infinitos\u201d.<br \/>\nSin embargo, la caracter\u00edstica mayor y m\u00e1s evidente de la vida de Teresa de \u00c1vila es sin duda su condici\u00f3n de perpetua enamorada de Dios. Al relatar sus experiencias m\u00edsticas, en ning\u00fan momento censura la dimensi\u00f3n er\u00f3tica de la experiencia de Dios, a quien llama Amado y a quien dedica poemas que dan cuenta de una llama que la devora de amor y pasi\u00f3n. Esto le concede veracidad a su condici\u00f3n de m\u00edstica, reconocida por la Iglesia y por cuantos se ponen en contacto con su experiencia espiritual y su espl\u00e9ndida relaci\u00f3n con Dios.<br \/>\nLa experiencia m\u00edstica es la experiencia del Otro absoluto que se da de manera participativa y gozosa. Tanto es as\u00ed que la teolog\u00eda cl\u00e1sica la define como cognitio Dei experimentalis (conocimiento de Dios por la experiencia); y fil\u00f3sofos tomistas como Jacques Maritain hablan de una \u201cexperiencia gozosa de lo absoluto\u201d. Por lo tanto se trata de una experiencia no puramente racional o intelectual. Sino de la experiencia relacional donde el goce est\u00e1 presente, donde se crece no por el conocimiento sino por la experiencia de ese disfrute, donde se dan cita el acuerdo y la sinton\u00eda con el \u201cconocer\u201d b\u00edblico, inseparable del amor.<br \/>\nSi volvemos los ojos a los relatos b\u00edblicos, percibiremos que el conocimiento pasa por los sentidos y por la corporalidad. As\u00ed es como Isaac \u201cconoce\u201d a su esposa Rebeca en el silencio y en la intimidad de la tienda donde ambos conciben a sus hijos. De igual manera, la descendencia de las parejas que pueblan la Escritura proporciona la matriz anal\u00f3gica que en el lenguaje espiritual hablar\u00e1 de la experiencia de Dios que \u201cconoce\u201d a su criatura en la intimidad del coraz\u00f3n, despertando los sentidos al mismo tiempo que le revela los secretos m\u00e1s profundos y su voluntad transformadora de la historia.<br \/>\nEn el evento m\u00edstico, que tiene lugar entre los seres humanos y la divinidad, est\u00e1n involucrados no s\u00f3lo el sujeto que conoce, es decir, el yo, sino tambi\u00e9n el otro como un t\u00fa. Por lo tanto, \u00e9l o ella, dadas la alteridad y las diferencias, transitan un camino de conocimiento previamente trazado y sin otra seguridad que la de la aventura de un descubrimiento progresivo. Se trata de algo sobre lo que no tengo poder: aparece \u201cotro sujeto\u201d, cuya diferencia se me impone como una epifan\u00eda, como una revelaci\u00f3n. En el caso de la m\u00edstica, esta relaci\u00f3n cobra dimensiones diferentes en la medida en que coloca el proceso y la relaci\u00f3n de pareja en dimensiones absolutas, con la que el ser humano no puede siquiera mantener simetr\u00edas o relacionarse en t\u00e9rminos de necesidad, sino s\u00f3lo por el deseo. Es un Otro cuyo misterioso y fascinante perfil se muestra sobre todo en las situaciones l\u00edmite de la existencia y transforma radicalmente la vida de la persona que se encuentra implicada en esa experiencia.<br \/>\nAs\u00ed aconteci\u00f3 con Teresa de Cepeda y Ahumada, mujer profundamente femenina, que incluy\u00f3 la Belleza infinita, el Bien supremo y la gloria infinita de la divinidad herida para siempre por el encanto de ese Otro que la seduce y fascina. Ella transcurrir\u00e1 su vida en busca de un nuevo sentido, de la visi\u00f3n que un d\u00eda la deslumbr\u00f3 al punto de preferir morir antes que perder la presencia amada. Por ello esos versos tan radicales que escribe Teresa: \u201cMuero porque no muero\u201d. El deseo de morir es porque en la muerte espera encontrar al Amado sin el velo de la carne que impide un encuentro total y pleno.<br \/>\nEn la m\u00edstica cristiana, la relaci\u00f3n amorosa tiene un componente antropol\u00f3gico en el centro de su identidad, ya que el Dios experimentado y amado se hace carne y muestra un rostro humano. Por ello los m\u00edsticos cristianos de todas las \u00e9pocas encuentran palabras de la sexualidad y del amor humano para describir su estado de \u00e1nimo y narrar sus experiencias. El goce y el dolor tangible y emocional son los canales -aunque p\u00e1lidos e insuficientes- por los que tratar\u00e1n de comunicar la experiencia inefable de la que son protagonistas por la gracia y no por su propio esfuerzo. Teresa no es diferente. Y as\u00ed al narrar su experiencia del \u00e9xtasis no tiene reparo en escribir:<em> \u201cVe\u00eda un \u00e1ngel cabe m\u00ed hacia el lado izquierdo, en forma corporal, lo que no suelo ver sino por maravilla\u2026 no era grande, sino peque\u00f1o, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parec\u00eda de los \u00e1ngeles muy subidos que parecen todos se abrasan\u2026 Ve\u00edale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parec\u00eda tener un poco de fuego. Este me parec\u00eda meter por el coraz\u00f3n algunas veces y que me llegaba a las entra\u00f1as. Al sacarle, me parec\u00eda las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor, que me hac\u00eda dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me pone este grand\u00edsimo dolor, que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios. No es dolor corporal sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aun harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo d\u00e9 a gustar a quien pensare que miento. Los d\u00edas que duraba esto andaba como embobada. No quisiera ver ni hablar, sino abrazarme con mi pena, que para m\u00ed era mayor gloria que cuantas hay en todo lo criado. Esto ten\u00eda algunas veces, cuando quiso el Se\u00f1or me viniesen estos arrobamientos tan grandes, que aun estando entre gentes no los pod\u00eda resistir, sino que con harta pena m\u00eda se comenzaron a publicar. Despu\u00e9s que los tengo, no siento esta pena tanto, sino la que dije en otra parte antes -no me acuerdo en qu\u00e9 cap\u00edtulo-, que es muy diferente en hartas cosas y de mayor precio; antes en comenzando esta pena de que ahora hablo, parece arrebata el Se\u00f1or el alma y la pone en \u00e9xtasis, y as\u00ed no hay lugar de tener pena ni de padecer, porque viene luego el gozar\u201d.<\/em><\/p>\n<p>Todo lo que revela la experiencia m\u00edstica no puede desviar o incluso traicionar lo que constituye la humanidad del hombre. Es, parad\u00f3jicamente, en la m\u00e1s profunda similitud con el ser humano donde el Dios de la revelaci\u00f3n cristiana mostrar\u00e1 su diferencia y su alteridad absolutamente trascendente. Y as\u00ed sucede con Teresa: siente a Jes\u00fas en su corporeidad femenina como fuego y fuerza de amor doloroso y gozoso.<\/p>\n<p>Contemplar la experiencia de Teresa depara un dato antropol\u00f3gico original, ya que una experiencia como la suya inaugura un proceso de conocimiento amoroso en relaci\u00f3n con el Dios trascendente de la nueva creaci\u00f3n. La experiencia se lleva a cabo en la estructura antropol\u00f3gica donde tiene lugar el pasaje del ser de uno al otro, que es la verdad del ser. Teresa vive, por lo tanto, constitutiva e inseparablemente una experiencia de amor que conlleva el proceso de una nueva creaci\u00f3n, en toda su dimensi\u00f3n parad\u00f3jica de parto y de salir a la luz, de dolor y alegr\u00eda, de belleza y sufrimiento, de ocultamiento y revelaci\u00f3n. A quien experimenta es el Creador de todas las cosas, que revela los misterios m\u00e1s \u00edntimos de su vida y de su ser. Es por ello que este proceso m\u00edstico es inseparable y parad\u00f3jicamente alegre y doloroso.<\/p>\n<p>El amoroso disfrute experimentado tiene lugar traspasando la carne en su vulnerabilidad y finitud. La experiencia de un amor m\u00e1s grande que todo lo que existe seduce y fascina, y provoca al mismo tiempo dolor por la ausencia y lo incompleto.<\/p>\n<p>La sensaci\u00f3n de no poder consumar la uni\u00f3n y sentir constantemente la pobreza de los l\u00edmites y la oscuridad puede dejar al alma sola y entregada a la aridez y desolaci\u00f3n deshabitadas.<\/p>\n<p>Al igual que en Jesucristo, la nueva creaci\u00f3n se realiza a trav\u00e9s del tr\u00e1nsito pascual, a trav\u00e9s del sufrimiento y el dolor. En cada experiencia de los grandes m\u00edsticos cristianos occidentales estar\u00e1 presente la marca del parad\u00f3jico gozo de Belleza, marcada por la falta y ausencia, por el amor m\u00e1s fuerte que la muerte, \u00faltima revelaci\u00f3n del Verbo Encarnado. La experiencia de la contemplaci\u00f3n y el disfrute de esta belleza ser\u00e1 una mezcla de alegr\u00eda y dolor, inseparable de la alegr\u00eda y el dolor de amar en plenitud el dolor m\u00e1s agudo. En estos misterios, Teresa de Jes\u00fas es maestra y doctora. Y no es de extra\u00f1ar que su persona, perpetuamente enamorada, siga fascinando hoy como ayer a los hombres y las mujeres sedientos de un amor que de sentido a sus vidas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Iglesia cat\u00f3lica celebra el 500 aniversario del nacimiento de una de sus grandes m\u00edsticas, Teresa de Cepeda y Ahumada, m\u00e1s conocida como Teresa de&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[945],"tags":[14],"class_list":["post-10475","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-fe-2","tag-iglesia"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-2IX","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10475","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=10475"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10475\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=10475"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=10475"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=10475"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}