{"id":10481,"date":"2015-03-03T13:00:55","date_gmt":"2015-03-03T16:00:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=10481"},"modified":"2015-03-03T13:00:55","modified_gmt":"2015-03-03T16:00:55","slug":"dios-en-la-palabra-de-borges","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=10481","title":{"rendered":"Dios en la palabra de Borges"},"content":{"rendered":"<p><strong><em>Durante la realizaci\u00f3n del \u201cAtrio de los gentiles\u201d, en noviembre del a\u00f1o pasado, entre otros especialistas en el tema Borges y la trascendencia, expuso el fil\u00f3sofo Santiago Kovadloff. Aqu\u00ed una s\u00edntesis preparada por \u00e9l mismo.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Borges cultiv\u00f3 el agnosticismo en todo lo que no fuera la exaltaci\u00f3n de la belleza. A\u00fan a \u00e9sta prefiri\u00f3 verla mucho m\u00e1s como algo inminente que como una revelaci\u00f3n segura. Descrey\u00f3 de la pol\u00edtica tanto como del saber, y de las religiones por las que manifest\u00f3 siempre una viva curiosidad antes que una \u00edntima necesidad.[1]<br \/>\nEl hombre y sus desvelos fueron la materia prima de sus ficciones, as\u00ed como la \u00edntima incertidumbre a prop\u00f3sito de la propia identidad y la perplejidad ante el hecho de vivir, la harina con la que amas\u00f3 el pan de su poes\u00eda.<br \/>\nDios le interes\u00f3 a Borges mucho m\u00e1s como problema que como soluci\u00f3n. Mucho m\u00e1s como dilema intelectual que como objeto de invocaci\u00f3n o de fe espont\u00e1nea.<br \/>\nDesestim\u00f3 particularmente al catolicismo y el juda\u00edsmo constituy\u00f3 para \u00e9l, sobre todo, una propuesta metaf\u00edsica y ling\u00fc\u00edstica cuya complejidad lo hechizaba. Escribe el padre Osvaldo Pou, jesuita cordob\u00e9s: \u201cBorges, que ha salvado a la literatura (juntos a los grandes, muy pocos, de todos los tiempos) de la mediocridad, no se salvar\u00e1 de ella ni por el ejercicio de su brillante inteligencia, ni por su incalculable cultura, ni por su impulso creador, ni por una fe que su Obra no muestra\u201d.[2] Y a\u00f1ade que \u201cLa fe de su madre, la de sus amigos cat\u00f3licos (Dante, Chesterton, Bloy, quiz\u00e1s Francisco Luis Bern\u00e1rdez), que no dejaba de sorprenderlo, no ha contado con fuerza suficiente para contrarrestar la imagen de \u2018lo cat\u00f3lico\u2019 que le inocularon el calvinismo de su abuela inglesa, el original influjo de la personalidad de su padre, la Enciclopedia Brit\u00e1nica o el catolicismo argentino que Borges percib\u00eda tan ligado a lo hisp\u00e1nico, lo italiano, la incultura y lo popular, contradictorios de su natural liberalismo\u201d[3].<br \/>\nAcaso el padre Pou se enga\u00f1a al presumir que Borges aspir\u00f3 a \u201csalvarse\u201d de la literatura. El mismo admitir\u00e1 que nada le cuesta reconocer que ha escrito algunas p\u00e1ginas perdurables. De lo que s\u00ed creo que aspir\u00f3 a salvarse siempre fue de lo inequ\u00edvoco y del apego a la certeza. Se cuenta que, cuando en cierta ocasi\u00f3n alguien se le present\u00f3 dici\u00e9ndole, seg\u00fan la f\u00f3rmula cl\u00e1sica, \u201cEncantado de conocerlo\u201d, Borges le respondi\u00f3, con su proverbial e inesperada iron\u00eda: \u201cNo sabe c\u00f3mo lo envidio\u201d. En otra oportunidad afirm\u00f3: \u201cLos cat\u00f3licos creen en un mundo ultraterreno, pero no se interesan por \u00e9l. Conmigo ocurre lo contrario: me intereso y no creo\u201d.<br \/>\nLa idea de la eternidad le inspir\u00f3 uno de sus mejores cuentos, \u201cEl inmortal\u201d. En \u00e9l desarrolla una hip\u00f3tesis ir\u00f3nica y tr\u00e1gica a la vez: en la eternidad no puede subsistir el deseo; todo emprendimiento est\u00e1 all\u00ed destinado a quedar inconcluso pues nada justifica su realizaci\u00f3n; la subjetividad, en consecuencia, se vac\u00eda de significado, la memoria se extingue y la existencia se convierte en mera duraci\u00f3n.<br \/>\nBorges se inclina, siguiendo a Spinoza, por una visi\u00f3n pante\u00edsta de Dios. Ella es, para el poeta, la m\u00e1s fruct\u00edfera ya que lo provee de incontables im\u00e1genes. Y aun cuando ninguna pueda dar cuenta de lo que esencialmente connota la palabra Dios, son todas ellas las que mejor sugieren esa misma imponderabilidad irreductible. La met\u00e1fora lo es todo para Borges.<br \/>\nEsta disonancia medular entre la palabra y lo que ella designa est\u00e1 centralmente presente en la obra de Borges. Acaso solo la m\u00fasica logra escapar a ella, pues como bien insin\u00faa en el poema que dedica a su muy admirado Brahms, la m\u00fasica colma nuestra vida de sentido aunque no tenga ning\u00fan significado.<br \/>\nA la filosof\u00eda, Borges la caracteriza como un subg\u00e9nero de la literatura fant\u00e1stica y a la teolog\u00eda como un arduo laberinto en el que Dios extrav\u00eda a los hombres que aspiran a disolver su enigma o a transparentar su significaci\u00f3n. En el poema \u201cEl Golem\u201d retrata la tragedia del rabino que crey\u00f3 contar con las palabras y el saber que le permitir\u00edan crear, como lo hizo Dios, un hombre. Su invenci\u00f3n, precaria, absurda, delata el incumplimiento de ese af\u00e1n o, quiz\u00e1 m\u00e1s profundamente, el extrav\u00edo de aquel que habiendo sido creado por Dios, no encuentra la forma de reconciliarse con la armon\u00eda a trav\u00e9s de ninguno de sus emprendimientos.<br \/>\nEn suma: Borges no accede al enigma de Dios desde la fe religiosa sino desde la imaginaci\u00f3n po\u00e9tica. Al sostener la irreductible disonancia entre la palabra que designa y la cosa designada se hace, no obstante, eco de la convicci\u00f3n, ya presente en la Tor\u00e1, de que el nombre de Dios no est\u00e1 al alcance del hombre. Los acontecimientos considerados sagrados por la tradici\u00f3n religiosa le importan como argumentos literarios antes que religiosos (el tema de Judas, por ejemplo). Le interesan en todo caso los hombres de fe (Bloy, Pascal, Chesterton) m\u00e1s que la fe de los hombres. No es indiferente a la b\u00fasqueda de Dios, siempre y cuando \u00e9sta no abandone el plano intelectual. Sus t\u00e9rminos dilectos para referirse a Dios son \u201cel indescifrable\u201d y la palabra \u201csombra\u201d. Y, finalmente y como recuerda el citado Osvaldo Pou, \u201cpara Borges es m\u00e1s po\u00e9tica la duda que la afirmaci\u00f3n de la fe\u201d. Pero por supuesto, no ignora la necesidad que el hombre tiene de encontrar amparo en alguna forma de certeza que lo libere, aunque solo fuera moment\u00e1neamente, de la intemperie que le impone la imponderabilidad de lo real.<br \/>\nEn cierta ocasi\u00f3n, se le pregunt\u00f3 a Borges c\u00f3mo caracterizar\u00eda la cortes\u00eda. El escritor respondi\u00f3: \u201cCuando intercambio ideas con alguien, siempre trato de que tenga raz\u00f3n\u201d.<br \/>\n<em>[1] Incluso la esperanza, en el orden c\u00edvico, fue para \u00e9l antes un deber que un sentimiento espont\u00e1neo. Recuerdo el encuentro que el Presidente Alfons\u00edn propici\u00f3 con un grupo de artistas y escritores, del que yo form\u00e9 parte, apenas ganadas por \u00e9l las elecciones de 1983. Esa tarde Borges tom\u00f3 la palabra, en nombre de todos los que all\u00ed est\u00e1bamos, y le dijo: \u201cSe\u00f1or Presidente, usted nos ha devuelto el deber de la esperanza\u201d.<\/em><br \/>\n<em> [2] Osvaldo Pou, El tema de Dios en la poes\u00eda de Borges, Instituto Cultural Argentino-Israeli, C\u00f3rdoba, 1993, p. 56.<\/em><br \/>\n<em> [3] Idem, p. 57.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Durante la realizaci\u00f3n del \u201cAtrio de los gentiles\u201d, en noviembre del a\u00f1o pasado, entre otros especialistas en el tema Borges y la trascendencia, expuso el&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[960],"class_list":["post-10481","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","tag-letras"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-2J3","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10481","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=10481"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10481\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=10481"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=10481"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=10481"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}