{"id":10483,"date":"2015-03-03T13:03:17","date_gmt":"2015-03-03T16:03:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=10483"},"modified":"2015-03-03T13:03:17","modified_gmt":"2015-03-03T16:03:17","slug":"la-biblia-segun-borges","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=10483","title":{"rendered":"La Biblia seg\u00fan Borges"},"content":{"rendered":"<p><em><strong>Texto completo de la exposici\u00f3n del cardenal Gianfranco Ravasi presentada en el \u201cAtrio de los gentiles\u201d en Buenos Aires. <\/strong><\/em><\/p>\n<p>Es por m\u00e9rito de Jorge Luis Borges que conoc\u00ed, antes de visitarla, a Buenos Aires, su ciudad natal, en la que brot\u00f3 su vena po\u00e9tica, cuando en 1923 public\u00f3 Fervor de Buenos Aires. La par\u00e1bola literaria borgeana se elevar\u00e1 despu\u00e9s tambi\u00e9n en el cielo de otras naciones y se apagar\u00e1 en Europa, en Ginebra con la \u00faltima obra Los conjurados, donde en filigrana aparec\u00eda la Confederaci\u00f3n helv\u00e9tica, su \u00faltimo puerto, donde morir\u00e1 en 1986. La Buenos Aires de Borges conserva a\u00fan un car\u00e1cter m\u00e1gico que no es sustituido por la realidad hist\u00f3rica presente. Es lo que expresa la poes\u00eda Las calles que aparece como \u00edncipit de aquella colecci\u00f3n po\u00e9tica:<\/p>\n<p><em> \u201cLas calles de Buenos Aires<\/em><br \/>\n<em> ya son mi entra\u00f1a.<\/em><br \/>\n<em> No las \u00e1vidas calles<\/em><br \/>\n<em> inc\u00f3modas de turba y ajetreo,<\/em><br \/>\n<em> sino las calles desganadas del barrio,<\/em><br \/>\n<em> casi invisibles de habituales<\/em><br \/>\n<em> enternecidas de penumbra y ocaso<\/em><br \/>\n<em> y aquellas m\u00e1s afuera<\/em><br \/>\n<em> ajenas de \u00e1rboles piadosos<\/em><br \/>\n<em> donde austeras casitas apenas se aventuran\u201d.<\/em><br \/>\nLo que quisiera proponer no es una ex\u00e9gesis cr\u00edtica de un autor tan c\u00e9lebre y celebrado como Borges que tiene ya una multitud inmensa de int\u00e9rpretes, listos a ejercitarse ante una producci\u00f3n literaria bastante m\u00f3vil y similar a un arco\u00edris. Es sobre todo el testimonio de un lector apasionado que nunca encontr\u00f3 personalmente al escritor, incluso si en dos ocasiones \u2013 a trav\u00e9s de sus amigos italianos como Domenico Porzio y Franco Maria Ricci \u2013 el contacto fue pr\u00f3ximo. El papa Francisco, en cambio, conoci\u00f3 al escritor y lo tuvo como invitado durante una semana en los a\u00f1os sesenta en el colegio jesuita de Santa Fe, donde \u00e9l ense\u00f1aba: Borges fue invitado por el profesor Bergoglio a dar una serie de lecciones a sus alumnos sobre el arte de escribir y sobre todo de narrar. Mi encuentro est\u00e1, por lo tanto, ligado a sus p\u00e1ginas y al autorretrato que de ellas florece: un perfil fluido e irreprimible en la huella fr\u00eda de las palabras porque \u201cel universo es fluido y cambiante, el lenguaje r\u00edgido\u201d. Una fisonom\u00eda marcada por la movilidad de un eclecticismo-noble, heredero de la curiositas insomne del clasicismo latino.<br \/>\nPor esto nos sentimos capturados y al final aprisionados, como escrib\u00eda Jos\u00e9 Mar\u00eda Poirier, por la \u201ctelara\u00f1a de su suave escepticismo, del farragoso enciclopedismo de su ecumenismo ecl\u00e9ctico\u201d. Inmerso en su mundo, uno se encuentra sacudido entre historia y mito, adem\u00e1s porque para \u00e9l \u201cquiz\u00e1 la historia universal es la historia de unas cuantas met\u00e1foras\u201d, m\u00e1s a\u00fan \u201cla historia universal es la historia de un solo hombre\u201d.<\/p>\n<p>En uno de sus 24 fragmentos en prosa, puestos junto a las 29 poes\u00edas de El hacedor, emblem\u00e1tica es la par\u00e1bola que entrelaza el universo externo y el yo personal:<br \/>\n<em>\u201cUn hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los a\u00f1os<\/em><br \/>\n<em> puebla un espacio con im\u00e1genes de provincias, de reinos, de monta\u00f1as,<\/em><br \/>\n<em> de bah\u00edas, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros,<\/em><br \/>\n<em> de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente<\/em><br \/>\n<em> laberinto de l\u00edneas traza la imagen de su cara\u201d.<\/em><\/p>\n<p>Incluso el tiempo que escurre inexorable, aparentemente externo a nosotros, est\u00e1 en realidad en nosotros, es m\u00e1s, es nuestro yo, como se afirma en Otras inquisiciones:<br \/>\n<em>\u201cEl tiempo es la sustancia de lo que estoy hecho. El tiempo es un r\u00edo que me<\/em><br \/>\n<em> arrebata, pero yo soy el r\u00edo; es un tigre que me destroza, pero yo soy<\/em><br \/>\n<em> el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego\u201d.<\/em><\/p>\n<p>Es por ello, entonces, que \u2013 como se lee en Los Conjurados \u2013 \u201cno hay un instante que no est\u00e9 cargado como un arma\u201d.<br \/>\nPara Borges las fronteras siempre son m\u00f3viles y sutiles: no hay nunca una cortina de hierro entre verdad y ficci\u00f3n, entre vigilia y sue\u00f1o, entre realidad e imaginaci\u00f3n, entre racionalidad y sentimiento, entre esencialidad y ramificaci\u00f3n, entre concreto y abstracto, entre teolog\u00eda y literatura fant\u00e1stica, entre lo ic\u00e1stico anglosaj\u00f3n y el \u00e9nfasis barroco\u2026 En las dos par\u00e1bolas gemelas que cierran el Discurso de la Monta\u00f1a de Jes\u00fas (Mateo 7,24-27) aparecen en la escena los dos constructores antit\u00e9ticos; la roca y la arena quedan as\u00ed subvertidas, mas nunca desmentidas por Borges en su programa existencial y literario global: \u201cNada se edifica sobre la piedra, todo sobre la arena, pero nuestro deber es edificar como si fuera piedra la arena\u201d. Y al final florece la paradoja suprema: \u201cLa vida es demasiado pobre para no ser tambi\u00e9n inmortal\u201d.<\/p>\n<p><strong> El ox\u00edmoron de la fe de Borges<\/strong><br \/>\nDejemos el horizonte tan ilimitado de la Weltanschauung de Borges para apuntar de una manera muy simplificada y casi \u201cimpresionista\u201d a un segmento muy relevante de su biograf\u00eda y de su obra, el tema religioso. Mi personal acercamiento al gran escritor argentino fue ante todo guiado precisamente por esta urgencia que dominaba en muchos de sus escritos y, aunque frecuentemente mi contacto se dio a trav\u00e9s de traducciones, me confortaba la curiosa agudeza que Borges hab\u00eda usado con respecto a la versi\u00f3n de W. Beckford realizada por W.E. Henly: \u201cEl original es infiel a la traducci\u00f3n\u201d (Sobre el \u2018Vathek\u2019 de William Beckford), reconociendo una especie de primado al resultado interpretativo. Despu\u00e9s de todo hab\u00eda sido precisamente \u00e9l quien revolucionara incluso la relaci\u00f3n entre escritura y lectura: \u201cQue otros se jacten de las p\u00e1ginas que han escrito, a m\u00ed me enorgullecen las que he le\u00eddo\u201d.<\/p>\n<p>Y en sus lecturas, un primado indiscutible fue el conferido a la Biblia, como \u00e9l mismo hab\u00eda confesado a Mar\u00eda Esther V\u00e1zquez: \u201cDebo recordar a mi abuela que sab\u00eda de memoria la Biblia, de modo que puedo haber entrado en la literatura por el camino del Esp\u00edritu Santo\u201d. La abuela paterna, Fanny Haslam Arnett, era en efecto inglesa y anglicana observante y hab\u00eda sido ella la que inici\u00f3 al peque\u00f1o Jorge Luis en las Escrituras y en la alta lengua inglesa. En una conferencia realizada en Harvard en 1969, dedicada al Arte de contar historias, Borges exaltando la \u00e9pica como la forma m\u00e1s antigua de la poes\u00eda, conduc\u00eda a un tr\u00edptico las obras capitales para la humanidad: \u201cLa Il\u00edada, La Odisea y un tercer \u2018poema\u2019 que destaca por encima de los otros: los cuatro Evangelios\u2026 Las tres historias \u2013la de Troya, de Ulises y de Jes\u00fas\u2013 han bastado a la humanidad\u2026 Pero, en el caso de los Evangelios, hay una diferencia: creo que la historia de Cristo no puede ser contada mejor\u201d.<\/p>\n<p>Los Evangelios, por tanto, se revelan como una suerte de canon supremo que no es sujeto de otra hermen\u00e9utica si no la de \u201cre-escritura\u201d literal o, al m\u00e1ximo, del recurso a la deriva del ap\u00f3crifo o alteraci\u00f3n a caleidoscopio. En este \u00faltimo sentido es famosa la metamorfosis realizada en la poes\u00eda Cristo en la cruz donde Jes\u00fas deviene el \u201ctercer crucificado\u201d y no es m\u00e1s el central:<br \/>\n<em>\u201cCristo en la cruz. Los pies tocan la tierra.<\/em><br \/>\n<em> Los tres maderos son de igual altura.<\/em><br \/>\n<em> Cristo no est\u00e1 en el medio. Es el tercero\u201d<\/em><\/p>\n<p>Adem\u00e1s, para Borges el lenguaje po\u00e9tico es an\u00e1logo al sacro; es fruto de una \u201cinspiraci\u00f3n\u201d trascendente, un poco como lo hab\u00eda ya intuido la Biblia, que usaba la misma ra\u00edz verbal que define el profeta (nb\u2019) para designar el arte musical de los cantores del templo (1 Cr\u00f3nicas 25,1). Declaraba Borges en su Profesi\u00f3n de fe literaria: \u201cDe mi credo literario puedo aseverar lo que del religioso: es m\u00edo en cuanto creo en \u00e9l, no en cuanto inventado por m\u00ed\u201d. A este punto, antes de ejemplificar su contacto profundo con la Biblia, objeto por dem\u00e1s de una amplia bibliograf\u00eda, es leg\u00edtimo interrogarnos sobre la \u201cfe\u201d de Borges, m\u00e1s all\u00e1 de la consabida etiqueta de \u201cagn\u00f3stico\u201d establecida por la cr\u00edtica. Esta \u00faltima, sin embargo, se encuentra forzada de manera inmediata a una serie de precisiones, porque el eclecticismo, la curiositas, la fluidez ideal del escritor obligan a sus int\u00e9rpretes a continuas enmiendas.<\/p>\n<p>Significativa es la definici\u00f3n que le atribuy\u00f3 un importante escritor af\u00edn como Leonardo Sciascia: \u201cEs el m\u00e1s grande te\u00f3logo de nuestro tiempo: un te\u00f3logo ateo\u201d. Este ox\u00edmoron era desarrollado por otro admirador y colega, John Updike, as\u00ed: \u201cSi el cristianismo no ha muerto en Borges, sin embargo en \u00e9l s\u00ed se ha adormecido y sue\u00f1a caprichosamente. Borges es un precristiano que llena el recuerdo del cristianismo de premoniciones y de horrores\u201d. Cierto es que una preocupaci\u00f3n metaf\u00edsica por lo trascendente corre como un escalofr\u00edo por toda la obra borgeana y es algo m\u00e1s que aquella \u201cconsolaci\u00f3n de la filosof\u00eda\u201d a la Boecio que le atribu\u00eda Luis Harss. En efecto, aqu\u00ed se confirma esa oscilaci\u00f3n entre polos extremos que ya hab\u00edamos subrayado. A diferencia del abb\u00e9 C\u00e9nabre de la novela L\u2019Imposture, del escritor franc\u00e9s Georges Bernanos, que de la ausencia se desplomaba en la nada y en el vac\u00edo de la negaci\u00f3n completamente atea, Borges constantemente oscila entre ausencia y presencia, entre sue\u00f1o y verdad. Escrib\u00eda efectivamente: \u201cEn las grietas est\u00e1 Dios, que acecha\u201d, \u201cmi Dios mi so\u00f1ador, sigue so\u00f1\u00e1ndome\u201d.<\/p>\n<p>En esta luz se explican tantas de sus afirmaciones que interrogan a la religi\u00f3n de diversas maneras, a menudo de modo fulgurante como en la sentencia de El Aleph en que \u201cmorir por una religi\u00f3n es m\u00e1s simple que vivirla con plenitud\u201d. O seg\u00fan su gusto de la retranscripci\u00f3n de los dichos evang\u00e9licos vari\u00e1ndolos, como aquel que se refiere a la caridad, modelado sobre la estela de la frase de Jes\u00fas desconocida por los Evangelios y citada por san Pablo \u201chay m\u00e1s alegr\u00eda en dar que en recibir\u201d (Hechos 20, 35) que es por Borges transformado as\u00ed: \u201cEl que da no se priva de lo que da. Dar y recibir son lo mismo\u201d. O bien se puede aludir a la tensi\u00f3n hacia una epifan\u00eda que sostiene La espera:<br \/>\n<em>\u201cA\u00f1os de soledad le hab\u00edan ense\u00f1ado que los d\u00edas, en la memoria,<\/em><br \/>\n<em> tienden a ser iguales, pero no hay un d\u00eda, ni siquiera en la c\u00e1rcel o<\/em><br \/>\n<em> de hospital, que no traiga sorpresas\u201d.<\/em><\/p>\n<p>Impresionante, en este su itinerario en el horizonte de la religi\u00f3n (no es raro que aparezcan las religiones aun cuando un primado se atribuye al cristianismo), es su retrato del fil\u00f3sofo Baruch Spinoza, captado en el intento de \u201cpensar a Dios\u201d a trav\u00e9s de una concepci\u00f3n de los matices pante\u00edstas, y de hacerlo \u201ccon geometr\u00eda delicada\u201d, en clara alusi\u00f3n a una de sus obras m\u00e1s notables, La Ethica more geom\u00e9trico demonstrata. He aqu\u00ed algunos versos de ese esbozo:<br \/>\n<em>\u201cAlguien construye a Dios en la penumbra.<\/em><br \/>\n<em> Un hombre engendra a Dios. Es un jud\u00edo<\/em><br \/>\n<em> de tristes ojos y de piel cetrina;<\/em><br \/>\n<em> lo lleva el tiempo como lleva el r\u00edo<\/em><br \/>\n<em> una hoja en el agua que declina.<\/em><br \/>\n<em> No importa. El hechicero insiste y labra<\/em><br \/>\n<em> a Dios con geometr\u00eda delicada:<\/em><br \/>\n<em> desde su enfermedad, desde su nada,<\/em><br \/>\n<em> sigue erigiendo a Dios con la palabra\u2026\u201d.<\/em><\/p>\n<p><strong> La anguila de Job<\/strong><br \/>\nDejemos esta regi\u00f3n espec\u00edfica e incluso vasta del panorama literario y existencial de Borges para apuntar a un per\u00edmetro m\u00e1s restringido y particularmente rico de solicitudes, tanto es as\u00ed que aqu\u00ed se ha ejercitado una peque\u00f1a legi\u00f3n de estudiosos. Tratamos de referirnos a la ya mencionada pasi\u00f3n del escritor por la Biblia. En una de las Siete conversaciones con Borges, Fernando Sorrentino citaba esta declaraci\u00f3n del escritor: \u201cDe todos los libros de la Biblia, los que m\u00e1s me han impresionado son el libro de Job, el Eclesiast\u00e9s y, evidentemente, los Evangelios\u201d. Nuestro recorrido ser\u00e1 solamente evocativo procediendo por ejemplificaciones, sobre todo con respecto a los Evangelios que han constituido un referente capital para Borges. Es indiscutible, como quiera que sea, que la Biblia haya ofrecido a Borges una especie de l\u00e9xico tem\u00e1tico, simb\u00f3lico, metaf\u00f3rico, arquet\u00edpico y hasta estil\u00edstico-ret\u00f3rico.<\/p>\n<p>En el Antiguo Testamento la predilecci\u00f3n va dirigida al libro de Job, al cual el autor dedic\u00f3 una conferencia en el \u201cInstituto de Intercambio Cultural Argentino-Israel\u00ed\u201d de Buenos Aires, cuyo texto fue recogido en 1967 en sus Conferencias. Por otra parte, \u00e9l hab\u00eda escrito el prefacio a la Exposici\u00f3n del Libro de Job de Fray Luis de Le\u00f3n, un cl\u00e1sico espa\u00f1ol del \u201csiglo de oro\u201d de particular estima para \u00e9l. Se debe reconocer que Borges toma un n\u00facleo hermen\u00e9utico significativo de esta obra b\u00edblica. Ella es tan multiforme, que se merece aquel juicio agudo de san Jer\u00f3nimo: \u201cInterpretar a Job es como intentar agarrar en las manos una anguila\u2026 cuanto m\u00e1s se aprieta, m\u00e1s velozmente escapa\u201d. Una caracter\u00edstica amada obviamente por un autor tan fugitivo y renuente a cada clasificaci\u00f3n como Borges.<\/p>\n<p>Ahora bien, \u00e9l centraba su an\u00e1lisis en el \u00e1pice del libro b\u00edblico, a saber: en los dos discursos divinos finales (38-39 y 40-41): en ellos Dios muestra a Job a trav\u00e9s de la t\u00e9cnica de la interrogaci\u00f3n y del misterio, la existencia de un orden trascendente que logra crear en unidad la totalidad del ser y del existir mediante una \u2018esah, un \u201cproyecto\u201d. Se trata, pues, no de una irracionalidad absurda y fatal que produce las ant\u00edpodas de la realidad en modo casual, sino, m\u00e1s bien, de una metarracionalidad que es sostenida, por tanto, por una l\u00f3gica trascendente e inescrutable. Por eso Job tiene raz\u00f3n al protestar, pues \u00e9sta desborda la racionalidad humana limitada, mas, contempor\u00e1neamente, se equivoca aplicando e imponiendo su circunscrita capacidad \u201cvisiva\u201d, un poco como sucede a quien \u2013contemplando una obra de arte pict\u00f3rica\u2013 se detiene s\u00f3lo a analizar las pinceladas o los recuadros de color, sin dirigir una mirada panor\u00e1mica a la obra entera.<\/p>\n<p>Ser\u00e1, entonces, solamente por revelaci\u00f3n divina (que es precisamente la mirada de conjunto) que Job podr\u00e1 comprender la colocaci\u00f3n de su dolor en el infinito dise\u00f1o de la \u2018esah divina: \u201cYo te conoc\u00eda s\u00f3lo de o\u00eddas, mas ahora te han visto mis ojos\u201d confesar\u00e1 al final (42,5) el gran sufriente. Los enigmas del cosmos y de la historia se desatan s\u00f3lo en esta perspectiva trascendente, donde precisamente se posiciona tambi\u00e9n el enigma tem\u00e1tico del libro, el del mal y del dolor.<\/p>\n<p><strong> \u00bfAsesino Ca\u00edn o Abel?<\/strong><br \/>\nArriba se dec\u00eda que junto a Job, Borges confesaba amar tambi\u00e9n Cohelet\/Eclesiast\u00e9s. Eso es comprensible, considerado el corte cr\u00edtico de este autor b\u00edblico, convencido de que toda la realidad sea hebel, es decir, vac\u00edo, humo, vanidad (1,1; 12,8), que la historia no sea sino una incesante rueda de eventos reiterados, que \u201cgran sabidur\u00eda es gran tormento porque quien m\u00e1s sabe m\u00e1s sufre\u201d (1,18) y que \u201ctodas las palabras est\u00e1n desgastadas y el hombre no puede usarlas m\u00e1s\u201d (1,8).<\/p>\n<p>Esto nos ayuda a comprender que \u2013incluso en la rareza de las citas expl\u00edcitas (recordemos sobre todo la poes\u00eda Eclesiast\u00e9s I,9 presente en La cifra, que est\u00e1 basado en la c\u00e9lebre m\u00e1xima cohel\u00e9tica \u201cNo hay nada nuevo bajo el sol\u201d, presentado por Borges como \u201cNada hay tan antiguo bajo el sol\u201d)- el Eclesiast\u00e9s pueda haber sido un compa\u00f1ero de viaje en las exploraciones existenciales del escritor, como atestigua la tesis Borges, lector de Qohelet, de Gonzalo Salvador V\u00e9lez (Institut Universitari de Cultura, Barcelona 2004).<\/p>\n<p>El horizonte borgeano veterotestamentario explorado por Edna Aizenberg podr\u00eda ser ilustrado tambi\u00e9n por otra per\u00edcopa b\u00edblica que m\u00e1s reiteradamente estimul\u00f3 al escritor y que por \u00e9l fue afrontada en modo cohel\u00e9tico.<\/p>\n<p>Nos estamos refiriendo al relato de Ca\u00edn y Abel (G\u00e9nesis 4,1-16) que tuvo una evocaci\u00f3n po\u00e9tica en una breve composici\u00f3n en La rosa profunda titulada \u2013como a menudo gusta hacer a Borges recurriendo a las citas b\u00edblicas\u2013 G\u00e9nesis IV,8:<br \/>\n<em>\u201cFue en el primer desierto.<\/em><br \/>\n<em> Dos brazos arrojaron una gran piedra.<\/em><br \/>\n<em> No hubo un grito. Hubo sangre.<\/em><br \/>\n<em> Hubo por vez primera la muerte.<\/em><br \/>\n<em> Ya no recuerdo si fui Abel o Ca\u00edn\u201d.<\/em><\/p>\n<p>Junto a \u00e9sta se debe, en cambio, colocar la relectura m\u00e1s amplia de esta escena b\u00edblica en el Elogio de la sombra donde los dos hermanos se encuentran de nuevo despu\u00e9s de la muerte de Abel en una atm\u00f3sfera de corte escatol\u00f3gico, incluso si la escena es ambientada en el desierto y en los or\u00edgenes del mundo. Se sientan, encienden un fuego, entretanto declina el d\u00eda y las estrellas, a\u00fan sin nombre, se iluminan en el cielo. \u201cA la luz de las llamas Ca\u00edn advirti\u00f3 en la frente de Abel la marca de la piedra y dej\u00f3 caer el pan que estaba por llevarse a la boca y pidi\u00f3 que le fuera perdonado su crimen. Abel contest\u00f3: \u2018\u00bfT\u00fa me has matado o yo te he matado? Ya no recuerdo; aqu\u00ed estamos juntos como antes\u2019. \u2018Ahora s\u00e9 que en verdad me has perdonado \u2013dijo Ca\u00edn\u2013, porque olvidar es perdonar. Yo tratar\u00e9 tambi\u00e9n de olvidar\u2019. Abel dijo despacio: \u2018As\u00ed es. Mientras dura el remordimiento dura la culpa\u2019.\u201d.<\/p>\n<p>Hay quien ha visto en este texto una concepci\u00f3n moral relativista por la que se opera un deslizamiento insensible entre bien y mal, verdadero y falso, virtud y vicio. En realidad aqu\u00ed se asiste m\u00e1s bien a ese proceso de transformaci\u00f3n o alteraci\u00f3n que arriba hab\u00edamos indicado y que Borges conduce para mostrar las infinitas potencialidades de un texto arquet\u00edpico. El mismo texto permite continuas reescrituras y el arribo est\u00e1 en una celebraci\u00f3n paradigm\u00e1tica del perd\u00f3n que desvanece totalmente el delito: a trav\u00e9s del olvido se borra la venganza y, por ende, la culpa del otro resulta disuelta. Queda, ciertamente, siempre en acci\u00f3n la fluidez de la realidad humana hist\u00f3rica y, por tanto, \u00e9tica que en vano \u2013 a los ojos de Borges \u2013 la palabra tambi\u00e9n \u201cinspirada\u201d busca comprimir en certezas definitorias y definitivas.<br \/>\nHasta los \u201c\u00faltimos pasos sobre la tierra\u201d<br \/>\n<em>\u201cLa negra barba pende sobre el pecho.<\/em><br \/>\n<em> El rostro no es el rostro de las l\u00e1minas.<\/em><br \/>\n<em> Es \u00e1spero y jud\u00edo, No lo veo<\/em><br \/>\n<em> y seguir\u00e9 busc\u00e1ndolo hasta el d\u00eda<\/em><br \/>\n<em> \u00faltimo de mis pasos por la tierra\u201d.<\/em><\/p>\n<p>Es ya en el crep\u00fasculo de su existencia cuando Borges escribe estos versos de Cristo en la cruz fech\u00e1ndolos en Kyoto 1984. Son versos de alta tensi\u00f3n espiritual, que todos citan cuando se quiere definir su relaci\u00f3n con Cristo, un encuentro esperado, pero no acaecido en manera plena, habida cuenta de que \u201csu \u00faltimo paso sobre la tierra\u201d nosotros lo desconocemos. Mar\u00eda Lucrecia Romera escribi\u00f3 que \u201cBorges afronta al Cristo tr\u00e1gico de la Cruz\u2026 y no el doctrinario [teol\u00f3gico] de la Resurrecci\u00f3n.. La suya no es la \u00f3ptica de la fe del creyente, sino de la inquietud del poeta agn\u00f3stico\u201d. Sin embargo, se necesita a\u00f1adir de inmediato que a Borges en ciertos versos se adapta la consideraci\u00f3n general que hac\u00eda el escritor franc\u00e9s Pierre Reverdy en su obra En vrac: \u201cHay ateos de una aspereza feroz que se interesan de Dios mucho m\u00e1s que ciertos creyentes fr\u00edvolos y ligeros\u201d. Borges no ten\u00eda absolutamente \u201cla aspereza feroz\u201d del ateo, sino que la suya era una b\u00fasqueda ciertamente m\u00e1s intensa que la de muchos creyentes p\u00e1lidos e incoloros. Su inquietud era profunda, oculta bajo la corteza de un dictado acompasado y surcado de desinter\u00e9s, e incluso de iron\u00eda.<\/p>\n<p>Esta b\u00fasqueda est\u00e1 espl\u00e9ndidamente ilustrada en un famoso texto de El Hacedor titulado con un gui\u00f1o a otro de los grandes amores borgianos, Dante, Para\u00edso, XXXI, 108. En el contexto de ese verso el poeta florentino representaba justamente \u201cla antigua hambre no se sacia\u201d de quien contemplando la imagen de Cristo estampada en el velo de la Ver\u00f3nica custodiado en San Pedro en Roma, se preguntaba: \u201cJesucristo, Dios m\u00edo, Dios verdadero, \u00bfas\u00ed era, pues, tu cara?\u201d (vv. 107-108). Desde esta inspiraci\u00f3n Borges crea su reflexi\u00f3n que procede del hecho de que del rostro de Cristo no tenemos ning\u00fan retrato en los Evangelios, tanto es as\u00ed que en los primeros siglos del cristianismo el arte oscil\u00f3 entre un Jes\u00fas fascinante en la estela simb\u00f3lica del Salmo mesi\u00e1nico 45, \u201cT\u00fa eres el m\u00e1s bello entre los hijos de hombre\u201d (v.3), y un Jes\u00fas repelente sobre la falsilla del Siervo mesi\u00e1nico del Se\u00f1or cantado por Isa\u00edas como figura que \u201cno tiene belleza capaz de atraer nuestras miradas o esplendor que produzca placer\u201d (53,2).<\/p>\n<p>Es esta la intuici\u00f3n de Borges: el rostro de Cristo se debe buscar en los espejos donde se reflejan los rostros humanos. Por otra parte, hab\u00eda sido el mismo Jes\u00fas quien record\u00f3 que todo lo que se hace \u201ca uno de sus hermanos m\u00e1s peque\u00f1os\u201d hambrientos, sedientos, extranjeros, desnudos, enfermos y encarcelados se le hace a \u00e9l (Mateo 25,31-46). Detr\u00e1s de los contornos, a menudo deformes, de los rostros humanos se esconde, por tanto, la imagen de Cristo y, al respecto, el escritor remite a san Pablo para quien \u201cDios es todo en todos\u201d (1 Corintios 15,28). He aqu\u00ed, entonces, la invitaci\u00f3n de Borges a seguirlo en esta b\u00fasqueda humana de Cristo presente en los rostros de los hombres:<br \/>\n<em>\u201cPerdimos esos rasgos, como puede perderse<\/em><br \/>\n<em> un n\u00famero m\u00e1gico, hecho de cifras habituales; como se pierde<\/em><br \/>\n<em> para siempre una imagen en el calidoscopio. Podemos verlos e<\/em><br \/>\n<em> ignorarlos. El perfil de un jud\u00edo en el subterr\u00e1neo<\/em><br \/>\n<em> es tal vez el de Cristo; las manos que nos dan unas<\/em><br \/>\n<em> monedas en una ventanilla tal vez repiten las que unos soldados,<\/em><br \/>\n<em> un d\u00eda, clavaron en la cruz.<\/em><br \/>\n<em> Tal vez un rasgo<\/em><br \/>\n<em> de la cara crucificada acecha en cada espejo; tal vez la cara<\/em><br \/>\n<em> se muri\u00f3, se borr\u00f3, para que Dios sea todos\u201d.<\/em><br \/>\n<em> \u201cFui amado\u2026 y suspendido en una cruz\u201d<\/em><\/p>\n<p>En la misma obra El Hacedor es recreada otra escena ligada a Cristo crucificado que no ocupa en el G\u00f3lgota la posici\u00f3n central, sino la tercera, \u00faltimo entre los hombres infelices. Como siempre, la referencia est\u00e1 en un pasaje evang\u00e9lico, Lucas, XXIII [:] : son los vers\u00edculos 39-43 de ese cap\u00edtulo donde se describe el acto extremo de Jes\u00fas en la cruz \u201cen su tarea \u00faltima de morir crucificado\u201d, es decir, el perd\u00f3n de las culpas al malhechor arrepentido y la promesa de ingreso al para\u00edso. Como comentaba uno de los mayores te\u00f3logos del siglo pasado, Hans Urs von Balthasar \u201ccuando el ladr\u00f3n mira a Cristo traspasado comprende que su culpa es absorbida y expiada en esa herida\u2026 Jes\u00fas muere perdonando. No est\u00e1 m\u00e1s solo. A su llegada al Padre nos estrecha a s\u00ed en su perd\u00f3n\u201d. Presentamos ahora algunos versos de la reescritura borgeana de ese acto extremo de Cristo.<br \/>\n<em>\u201cGentil o hebreo o simplemente un hombre<\/em><br \/>\n<em> cuya cara en el tiempo se ha perdido\u2026<\/em><br \/>\n<em> En su tarea<\/em><br \/>\n<em> \u00faltima de morir crucificado,<\/em><br \/>\n<em> Oy\u00f3, entre los escarnios de la gente,<\/em><br \/>\n<em> que el que estaba muri\u00e9ndose a su lado<\/em><br \/>\n<em> era Dios y le dijo ciegamente:<\/em><br \/>\n<em> Acu\u00e9rdate de m\u00ed cuando vinieres<\/em><br \/>\n<em> a tu reino\u2026, y la voz inconcebible<\/em><br \/>\n<em> que un d\u00eda juzgar\u00e1 a todos los seres<\/em><br \/>\n<em> le prometi\u00f3 desde la Cruz terrible<\/em><br \/>\n<em> el Para\u00edso. Nada m\u00e1s dijeron<\/em><br \/>\n<em> hasta que vino el fin\u2026\u201d.<\/em><\/p>\n<p>Sin embargo, no escapa a Borges que el juicio terminal de una existencia puede tambi\u00e9n abrirse al abismo infernal. Dios, en efecto, respeta la libertad humana que elige conservar de manera ego\u00edsta el talento recibido sin comprometerlo en el bien, en la caridad, en la donaci\u00f3n. Es as\u00ed que el vers\u00edculo conclusivo de Mateo, respecto a la par\u00e1bola de los talentos viene tomado por el escritor como t\u00edtulo de otra de sus poes\u00edas, Mateo XXV,30 recogida en la colecci\u00f3n El otro, el mismo: \u201cA ese siervo in\u00fatil, echadle a las tinieblas; all\u00e1 ser\u00e1 el llanto y el rechinar de dientes\u201d.<\/p>\n<p>Ahora, a la base de la cristolog\u00eda borgiana encontramos indudablemente la humanidad de Jes\u00fas de Nazaret que nace y muere, incluso proclam\u00e1ndose Hijo de Dios y, por tanto, asign\u00e1ndose una cualidad trascendente. El escritor no ignora esta trama entre divino y humano, entre absoluto y contingente, entre eterno y tiempo, entre infinito y l\u00edmite e, incluso atestiguando la vertiente de la humanidad, no vacila en interpretar la conciencia de Cristo en una poes\u00eda de potencia extraordinaria, como lo es la matriz evang\u00e9lica originaria que la genera.<\/p>\n<p>El t\u00edtulo es, ciertamente, una vez m\u00e1s expl\u00edcito: Juan I, 14 (en El elogio de la sombra). El vers\u00edculo es recortado de esa obra maestra literaria y teol\u00f3gica que es el himno-pr\u00f3logo del cuarto Evangelio: \u201cEl L\u00f3gos (Verbo) se hizo sarx (carne) y puso su morada entre nosotros\u201d. Un vers\u00edculo que est\u00e1 en contrapunto con el \u00edncipit solemne del himno: \u201cEn el principio estaba el L\u00f3gos. El L\u00f3gos estaba con Dios. El L\u00f3gos era Dios\u201d (1,1). Pensemos c\u00f3mo el L\u00f3gos jo\u00e1nico habr\u00e1 intrigado a Goethe de modo que en el Faust propondr\u00e1 una gama de significados para expresar la sem\u00e1ntica profunda: el Verbo es, ciertamente, Wort, palabra, pero es tambi\u00e9n Sinn, significado, Kraft, potencia y Tat, acto, en la l\u00ednea del valor del vocablo paralelo hebreo dabar, que significa palabra y acto\/evento. Leamos algunas sentencias de esta sorprendente \u201cautobiograf\u00eda\u201d del Verbo que es eterno (\u201cEs, Fue, Ser\u00e1\u201d), pero es tambi\u00e9n \u201ctiempo sucesivo\u201d.<br \/>\n<em>\u201cYo que soy el Es, el Fue y el Ser\u00e1<\/em><br \/>\n<em> vuelvo a condescender al lenguaje,<\/em><br \/>\n<em> que es tiempo sucesivo y emblema\u2026<\/em><br \/>\n<em> Viv\u00ed hechizado, encarcelado en un cuerpo<\/em><br \/>\n<em> y en la humildad de un alma\u2026<\/em><br \/>\n<em> Conoc\u00ed la vigilia, el sue\u00f1o, los sue\u00f1os,<\/em><br \/>\n<em> la ignorancia, la carne,<\/em><br \/>\n<em> los torpes laberintos de la raz\u00f3n,<\/em><br \/>\n<em> la amistad de los hombres,<\/em><br \/>\n<em> la misteriosa devoci\u00f3n de los perros.<\/em><br \/>\n<em> Fui amado, comprendido, alabado y pend\u00ed de una cruz\u201d.<\/em><\/p>\n<p><strong> El Evangelio seg\u00fan Marcos y Borges<\/strong><br \/>\nComo sello de este itinerario muy simplificado y s\u00f3lo ejemplificado sobre el mundo b\u00edblico de Borges, es sugestivo evocar el d\u00e9cimo y pen\u00faltimo relato de El informe de Brodie publicado de manera aut\u00f3noma en 1971 bajo el t\u00edtulo de El Evangelio seg\u00fan Marcos. A trav\u00e9s de un recorrido parab\u00f3lico parad\u00f3jico el escritor exalta la cualidad fuertemente performativa, casi \u201csacramental\u201d, del texto sagrado. Como ya se dijo, Borges, calcando la tesis de la obra Mimesis de Erich Auerbach, seg\u00fan la cual La Odisea y la Biblia son los arquetipos simb\u00f3licos del Occidente, estaba convencido que \u201clos hombres a lo largo del tiempo, han repetido siempre dos historias: la de un bajel perdido que busca por los mares mediterr\u00e1neos una isla querida, y la de un dios que se hace crucificar sobre el G\u00f3lgota\u201d. Por un lado, domina \u201cla repetici\u00f3n\u201c que no es, sin embargo, mera reiteraci\u00f3n, sino repetici\u00f3n y reactualizaci\u00f3n, a la manera del famoso escrito hom\u00f3nimo del fil\u00f3sofo S\u00f6eren Kierkegaard.<\/p>\n<p>Por otro lado esta reescritura no es ni mec\u00e1nica ni literal, sino que tiene en s\u00ed una energ\u00eda constantemente transformadora tanto de hacer la historia sacra primigenia siempre nueva y eficaz. Estos dos componentes \u2013repetici\u00f3n y performaci\u00f3n\u2013 son estupenda y terriblemente representados en El Evangelio seg\u00fan Marcos de Borges.<br \/>\nComo sabemos, el acontecimiento narrativo es ambientado en un lluvioso marzo de 1928, en la estancia La Colorada en el partido de Jun\u00edn. El estudiante de medicina Baltasar Espinosa llega de vacaciones y se encuentra con algunos paisanos de aire un poco atroz y primitivo: los Gutres, padre, hijo y \u201cuna muchacha de incierta paternidad\u201d. Una inundaci\u00f3n a\u00edsla la hacienda y Baltasar descubre una Biblia en ingl\u00e9s; para pasar el tiempo, comienza a leer cada noche, traduciendo el Evangelio de Marcos a la familia que lo hospeda.<\/p>\n<p>Ellos, en su simplicidad, no s\u00f3lo quedan fascinados, sino adem\u00e1s completamente conquistados y se convencen poco a poco de que aquellos eventos deben reproducirse en su presente. Es entonces cuando los Gutres identifican precisamente en el joven estudiante al Mes\u00edas presentado por Marcos. Y antes de que \u00e9l parta, cuando se retiren las aguas, ellos ya han preparado su G\u00f3lgota.<br \/>\n<em>\u201cHincados en el piso de piedra le pidieron su bendici\u00f3n.<\/em><br \/>\n<em> Despu\u00e9s lo maldijeron, lo escupieron<\/em><br \/>\n<em> y lo empujaron hasta el fondo. La muchacha lloraba.<\/em><br \/>\n<em> Cuando abrieron la puerta, Baltasar vio el firmamento. Un p\u00e1jaro<\/em><br \/>\n<em> grit\u00f3; pens\u00f3: es un jilguero. El galp\u00f3n estaba sin techo;<\/em><br \/>\n<em> hab\u00edan arrancado las vigas para construir la Cruz\u201d.<\/em><\/p>\n<p><em>El autor es cardenal y presidente del Consejo Pontificio para la Cultura<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Texto completo de la exposici\u00f3n del cardenal Gianfranco Ravasi presentada en el \u201cAtrio de los gentiles\u201d en Buenos Aires. 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