{"id":10493,"date":"2015-03-03T13:20:18","date_gmt":"2015-03-03T16:20:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=10493"},"modified":"2015-03-03T13:20:18","modified_gmt":"2015-03-03T16:20:18","slug":"el-festival-de-cine-de-berlin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=10493","title":{"rendered":"El festival de cine de Berl\u00edn"},"content":{"rendered":"<p><em><strong>Todos los a\u00f1os en febrero esta cronista tiene una cita obligada con el festival internacional de cine de Berl\u00edn, oportunidad \u00fanica para observar lo que ocurre en la cinematograf\u00eda mundial. La Berlinale permite aquilatar tendencias est\u00e9ticas, tem\u00e1ticas y econ\u00f3micas del cine, y la aparici\u00f3n de nuevos realizadores y pel\u00edculas notables. Como bien dec\u00eda Andr\u00e9 Malraux, ministro de cultura de Charles de Gaulle en los a\u00f1os cincuenta, \u2018el cine es una industria que a veces se disfraza de arte\u2019.<\/strong><\/em><\/p>\n<p>La Berlinale, cuya primera edici\u00f3n tuvo lugar en 1950 en el Berl\u00edn de la ocupaci\u00f3n aliada, apenas creada la Rep\u00fablica Federal Alemana, muy pronto consolid\u00f3 su reputaci\u00f3n de festival donde lo pol\u00edtico ten\u00eda primac\u00eda. Mientras que Cannes y Venecia navegaban, y lo hacen todav\u00eda, aguas est\u00e9ticas y experimentales, Berl\u00edn atesor\u00f3 una identidad marcada por lo social. Primero fue en el contexto de la Guerra Fr\u00eda, una etapa hist\u00f3rica perimida (qui\u00e9n lo hubiera pronosticado cuando esta cronista empez\u00f3 a viajar a Alemania en 1985). Desde el 2001, el marco lo provee el nuevo orden mundial, complicado e incierto, el de la globalizaci\u00f3n, la revoluci\u00f3n digital, el relativismo moral, la gente maltratada, el peso de la historia, el islamismo desaforado, y el etc\u00e9tera que se me queda en el tintero.<\/p>\n<p>Result\u00f3 interesante ver c\u00f3mo los 19 filmes seleccionados para la competencia oficial de este a\u00f1o reflejaron diversos aspectos de estas cuestiones. Por de pronto fue un festival sin aristas pol\u00e9micas, donde los osos de oro y plata premiaron por un lado valores necesarios para una convivencia humana, a nivel personal y nacional: la iran\u00ed Taxi, la rumana Aferim!, la guatemalteca Ixcanul y la brit\u00e1nica 45 a\u00f1os. Por otro destacaron la exploraci\u00f3n del lenguaje cinematogr\u00e1fico al servicio de narrativas enraizadas en tem\u00e1ticas nacionales o de g\u00e9nero: la rusa Bajo nubes el\u00e9ctricas, la polaca Cuerpo y la alemana Victoria. La chilena El Club, premio especial del jurado, sobre un grupo de sacerdotes, malas ovejas suspendidas de su ministerio y acorraladas por el gran inquisidor que los investiga, es dolorosa de ver para un cat\u00f3lico, y mezquina en su concepci\u00f3n.<\/p>\n<p>El oso de oro al mejor filme para Taxi, de Jafar Panahi, a quien los cl\u00e9rigos de Ir\u00e1n tienen prohibido hacer cine, fue c\u00e1lidamente recibido por la prensa y el p\u00fablico. Y c\u00f3mo no iba a serlo una pel\u00edcula cuya forma y fondo son un comentario sobre el arte y la pr\u00e1ctica del cine en un contexto de censura art\u00edstica y pol\u00edtica: el taxi manejado por el propio director, con la c\u00e1mara montada sobre un eje que pivota dentro del auto, lleva durante una hora y media (duraci\u00f3n de la pel\u00edcula y del recorrido del auto por las calles de Teher\u00e1n) pasajeros que simbolizan la sociedad iran\u00ed. Armada con planos secuencias, alternando modos narrativos y contando con claridad la mini historia de cada personaje, Taxi es un ejemplo feliz de metacine. Como otras pel\u00edculas recientes del director \u2013This Is Not a\u00a0Film, Closed Curtain, rodadas en Ir\u00e1n pero prohibida su circulaci\u00f3n all\u00ed, y presentadas en festivales extranjeros en ausencia del cineasta\u2013 Taxi obliga a preguntar qu\u00e9 ocurre en la trastienda. La l\u00edmpida escena final \u2013dos desconocidos f\u00edsicamente arrancan la c\u00e1mara del taxi y la pantalla se funde a negro\u2013 muestra a un nivel la censura gubernamental en acci\u00f3n, y a otro, el \u2018permiso\u2019 de rodar la pel\u00edcula y sacarla al exterior. Lo que no se sabe por ahora qu\u00e9 precio paga el director por realizar esta pel\u00edcula corajuda.<\/p>\n<p>El cine chileno tuvo actuaci\u00f3n destacada este a\u00f1o. Adem\u00e1s de la ya mencionada El club, de Pablo Larra\u00edn, que completa con ella un cuadro sobre el Chile de Pinochet (Tony Manero, Post-mortem y No) desde un \u00e1ngulo cr\u00edtico mordaz y l\u00fagubre, el jurado otorg\u00f3 el oso de plata al mejor gui\u00f3n al documental de Patricio Guzm\u00e1n El bot\u00f3n de n\u00e1car. Vuelve a consagrar la obra de un director firmemente plantado en el campo allendista, que sigue esgrimiendo la bandera que levant\u00f3 en el hoy cl\u00e1sico documental La batalla de Chile y sus sucesores, La memoria obstinada, El caso Pinochet y Salvador Allende. Como Nostalgia de la luz, presentada en Cannes en el 2010, El bot\u00f3n de n\u00e1car es un ensayo sobre la historia, la pol\u00edtica y la geograf\u00eda de Chile, conectando en este caso el mar con la destrucci\u00f3n de las culturas ind\u00edgenas y el gobierno de Pinochet. La voz en off del director enhebra materiales dispares \u2013inquietantes fotos de archivo, pel\u00edculas geogr\u00e1ficas espectaculares y entrevistas a sobrevivientes y testigos de los a\u00f1os setenta\u2013 concedi\u00e9ndoles una gran unidad narrativa. La pel\u00edcula interesa, en gran parte, como un ejercicio de nostalgia personal, propuesto como receptor de toda la memoria hist\u00f3rica. Cabe preguntarse si as\u00ed culmina el arte comprometido con la izquierda, que caracteriz\u00f3 el cine pol\u00edtico latinoamericano de los a\u00f1os setenta.<\/p>\n<p>Esta doble visi\u00f3n chilena \u2013nost\u00e1lgica por un lado, y negra con toques de Bu\u00f1uel por otro\u2013 sobre realidades latinoamericanas contrasta notablemente con Ixcanul, el debut del guatemalteco Jayro Bustamante, formado cinematogr\u00e1ficamente en Europa, y que observa en Ixcanul el mundo rural maya que lo rode\u00f3 en su infancia. Rodada con actores no profesionales en la alta monta\u00f1a de su pa\u00eds, la historia describe el conflicto de una muchacha ind\u00edgena que aspira, sin poder verbalizarlo, a una vida moderna, m\u00e1s all\u00e1 del volc\u00e1n Ixcanul, s\u00edmbolo de su mundo m\u00e1gico, m\u00edtico, pre-hisp\u00e1nico. Es un drama que soslaya, por un lado, el pintoresquismo de quien ve el conflicto desde afuera, y por otro, el activismo indigenista de denuncia. Ixcanul enlaza \u2013aunque su joven director quiz\u00e1 no la conozca\u2013 con la obra de nuestro Jorge Prelor\u00e1n, para quien documentar la realidad de una cultura en las m\u00e1rgenes era compenetrarse con ella, respetando su dignidad. Viendo al realizador acercarse a la Berlinale con las actrices, unas mayas diminutas, vestidas a la usanza tradicional y de trato c\u00e1lido, fue comprender el cari\u00f1o y respeto con que el director abord\u00f3 su trabajo. El premio Alfred Bauer para este filme por abrir nuevas perspectivas fue recibido con mucho gusto por el p\u00fablico y la prensa.<\/p>\n<p>Finalmente, me gustar\u00eda destacar el thriller pol\u00edtico 13 minutos, del alem\u00e1n Oliver Hirschbiegel, el director de Der Untergang (La ca\u00edda, 2004) sobre los doce d\u00edas finales de Hitler y la plana mayor nazi en su bunker de Berl\u00edn. Presentada fuera de concurso, 13 minutos es la biograf\u00eda de Georg Elser, el carpintero que hizo detonar una bomba en una cervecer\u00eda de Munich en noviembre de 1938, trece minutos despu\u00e9s de que los jerarcas se hubieran ido de un acto p\u00fablico. La base del gui\u00f3n es el expediente de la polic\u00eda secreta que consign\u00f3 minuciosamente el interrogatorio, donde se ve la resistencia f\u00edsica y claridad moral con que Elser se expresa. El prol\u00edfico abogado y escritor Fred Breinersdorfer, productor y guionista esta \u2018biopic\u2019, explora la pregunta que sigue fascinando a quienes conocen el episodio: \u00bfc\u00f3mo reconciliar el nazismo y su ideolog\u00eda con la conciencia? Es la misma pregunta que vertebra Sophie Scholl (2005), tambi\u00e9n escrita por Breinersdorfer, y que el historiador Joachim Fest explora en Not I: Memoirs of a German Childhood, al evocar a su padre, cat\u00f3lico y disidente del nazismo.<\/p>\n<p>Creo que hay un segundo impulso detr\u00e1s de 13 minutos y Sophie Scholl, incluso tambi\u00e9n en La ca\u00edda, basada en la obra de Joachim Fest, y es la reconstrucci\u00f3n de la mentalidad, o m\u00e1s bien mentalidades, de la \u00e9poca. Adem\u00e1s de recrear la biograf\u00eda del carpintero Elser, y sobre la base de una investigaci\u00f3n hist\u00f3rica minuciosa, seg\u00fan la describieron el director y guionista en la conferencia de prensa, la pel\u00edcula muestra c\u00f3mo se produce el avance y triunfo de la ideolog\u00eda nacional socialista en el pueblo natal de Elser, en la frontera con Suiza. Como en el cine s\u00f3lo hay tiempo presente, el espectador va viendo el desembarco del nazismo en oleadas sucesivas hasta su colapso en 1945. Tal cual corresponde a una obra de ficci\u00f3n, los factores que llevan a la aceptaci\u00f3n forzada, complaciente u oportunista del nazismo, o a su rechazo visceral en el caso de Elser y su familia, quedan planteados seg\u00fan los principios del drama, no los m\u00e9todos de la historia. Pero el impacto educativo de esta historia no es desde\u00f1able, porque al finalizar la pel\u00edcula el espectador \u2018comprende\u2019 la \u00e9poca de manera m\u00e1s profunda. En el caso de 13 minutos se puede \u2018escribir\u2019 la historia con may\u00fascula utilizando historias en min\u00fascula. El protagonista y su contexto iluminan temas importantes de la \u00e9poca, como por ejemplo el choque entre la fe y el sustrato anti-cristiano del nazismo: las hondas ra\u00edces religiosas del protagonista se manifiestan en el rezo del Padre Nuestro en momentos de tortura y angustia moral, y el impacto que esta claridad de fe y prop\u00f3sito moral desencadena en uno de sus torturadores.<\/p>\n<p>La Berlinale mostr\u00f3 m\u00e1s de cuatrocientas pel\u00edculas en diez d\u00edas apretados. Un porcentaje no muy grande obtendr\u00e1 alguna forma distribuci\u00f3n comercial, benefici\u00e1ndose con las nuevas plataformas de exhibici\u00f3n. El consuelo es que el cine realmente bueno termina, tarde o temprano, encontrando su p\u00fablico. Como una vez le o\u00ed decir a Woody Allen, \u201cno hay genios desconocidos caminando por la calle\u2026\u201d.<\/p>\n<p><em> La autora es docente universitaria y cr\u00edtica cinematogr\u00e1fica<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Todos los a\u00f1os en febrero esta cronista tiene una cita obligada con el festival internacional de cine de Berl\u00edn, oportunidad \u00fanica para observar lo que&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[32],"class_list":["post-10493","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","tag-cine"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-2Jf","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10493","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=10493"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10493\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=10493"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=10493"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=10493"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}