{"id":10524,"date":"2015-04-24T14:42:19","date_gmt":"2015-04-24T17:42:19","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=10524"},"modified":"2015-04-24T14:42:19","modified_gmt":"2015-04-24T17:42:19","slug":"de-paseo-con-rilke","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=10524","title":{"rendered":"De paseo con Rilke"},"content":{"rendered":"<p><em><strong>Es el poeta de lengua alemana m\u00e1s importante de la primera mitad del siglo XX. Una recorrida libre y fascinante por su vida y por la obra. Sus consejos m\u00e1s famosos para los que quieren empezar a escribir. La lente de un te\u00f3logo se pregunta por la verdad y presenta el ascenso del canto.<\/strong><\/em><br \/>\n<em> \u201cEntrega siempre tu belleza<\/em><br \/>\n<em> sin echar cuentas, sin hablar.<\/em><br \/>\n<em> Callas. Ella dice por ti: Existo.<\/em><br \/>\n<em> Y en mil formas distintas llega,<\/em><br \/>\n<em> llega al final a todo el mundo\u201d.<\/em><br \/>\nPoeta errante durante toda su vida y, al final de la Gran Guerra, sin patria. \u00bfPraga, Austria, Alemania? Una mezcla de sangre o identidades. Naci\u00f3 en Praga el 4 de diciembre de 1875 y fue bautizado como Ren\u00e9 Karl Wilhelm Johann Josef Maria. Creci\u00f3 en el seno de una familia burguesa pobre cuando gobernaba el anciano emperador Francisco Jos\u00e9. La ciudad, aristocr\u00e1tica capital de provincia: con sus palacios barrocos que a\u00fan recordaban a su madrina la emperatriz Mar\u00eda Teresa; el r\u00edo Mondava, se\u00f1orial y testigo; el puente San Carlos, con sus nobles de piedra que so\u00f1aron Bohemia desde la Edad Media.<\/p>\n<p>No es Kafka, no es jud\u00edo. Cat\u00f3lico renunciante de la minor\u00eda germana dominante en el Imperio Austro H\u00fangaro. Los muchachos checos se burlaban de su trajecito de escolar alem\u00e1n. Alguna vez necesit\u00f3 su pasaporte, aunque nunca se sinti\u00f3 checo. Praga es una m\u00e1s las primeras encrucijadas de su vida. Iluminaba su rostro cuando, saliendo o escapando de la escuela de comercio, se descubr\u00eda en sus caf\u00e9s, entre el humo, la risa de las damas y las nuevas ideas que estallaban libres y patriotas. Am\u00f3 su ciudad, pero entonces, \u00bfpor qu\u00e9 este sentirse extra\u00f1o en su propia tierra? Como si fuera apenas un hombre peregrino y sin arraigo.<\/p>\n<p>Su padre era un empleado de ferrocarril que decepcion\u00f3 a su esposa Phia. Ella, nacida en una familia algo m\u00e1s acomodada, suspir\u00f3 siempre poder rozarse con la nobleza. As\u00ed Ren\u00e9 sufri\u00f3 el matrimonio desavenido de sus padres. Phia, mezcla de deseos y desencuentros con la vida, no supo ocuparse de su hijo, lo quiso en la distancia. Ren\u00e9 le cont\u00f3 a su amiga Lou Andreas Salom\u00e9: \u201cEsperaba en el miedo, a lo oscuro, el beso de su madre y cuando \u00e9ste llegaba ven\u00eda ausente, dejando a su paso desapego y apuro. El encaje que roza con prisa, la capa de noche desplomada a un costado, un perfume de azahares inundando la habitaci\u00f3n que mucho tiempo despu\u00e9s sigui\u00f3 gozando\u201d. \u00b4Espera no te vayas\u00b4, le hubiera dicho deseando que aquel abrazo no pasara, el beso sab\u00eda eterno, la fiebre le abr\u00eda o cerraba los ojos. De nuevo el encaje se deslizaba, rozando todo m\u00e1s que nunca. Josef, su padre, en la habitaci\u00f3n contigua le reprochaba haber abandonado el baile en casa de su t\u00edo. La discusi\u00f3n se alejaba, pero la soledad de las palabras airadas rebotaba en las paredes del cuarto, se qued\u00f3 en su interior para no irse. Al principio \u00e9l mismo sent\u00eda la culpa. La habitaci\u00f3n volvi\u00f3 a su oscuridad. El silencio trajo el miedo.<\/p>\n<p>Josef so\u00f1\u00f3 un futuro para su hijo: Saint-P\u00f6lten, la Escuela Militar para oficiales austr\u00edacos parec\u00eda lo m\u00e1s adecuado. Pero all\u00ed Ren\u00e9 choc\u00f3 con la vida. Ciertamente, aquel lugar no era para \u00e9l. Ni\u00f1o o adolescente retra\u00eddo, sin tener malas notas pen\u00f3 lo indecible. A\u00f1os m\u00e1s tarde llegar\u00e1 a comparar su paso de cadete con la Casa de los Muertos, espantosa c\u00e1rcel que pintara Dostoievski. A confesi\u00f3n de parte relevo de pruebas: \u00e9l mismo cont\u00f3 que no hubiera podido escribir los Cuadernos de Malte o las poes\u00edas m\u00e1s oscuras si no hubiera atravesado la fragua del sufrimiento, el momento cuando una herida se ve transformada para siempre. Como joven aspirante a poeta, desde la soledad se hizo camino abrazando y partiendo siempre, dibujando poes\u00edas de amor y desencuentro, como un \u00e1ngel que esboza confiado su cifra distante.<\/p>\n<p>As\u00ed sonde\u00f3 la vida y sobre todo lo bello. Dejaba que el mundo sintiera en \u00e9l mientras honraba una palabra desnudando lo impensable. Como si en su b\u00fasqueda, tan personal y peregrina, cargara el mensaje del siglo XX que amanec\u00eda, desde las promesas y hacia el terror. Con esfuerzo y labrada arquitectura cumpli\u00f3 el sue\u00f1o de su madre, quien como Madame Bovary so\u00f1aba ser aceptada en los palacios y sus fiestas. Con sensibilidad extrema y palabra filosa logr\u00f3 comprender el coraz\u00f3n de la mujer o el sinsabor de quien cree que ama: su esposa Clara, su hija Ruth, Lou Andreas Salom\u00e9 y tantos nombres como su \u00faltima compa\u00f1era Merlin o Baladine Klossowska. Quiso mucho y luego llega el desprendimiento, como si el amor fuera un destino de dos que se unen y no alcanzan a tocar su soledad. Mimado y sostenido por princesas y marquesas que conservaban su brillo antes de que la Belle \u00e9poque estallara en pedazos.<\/p>\n<p>En pos de la poes\u00eda, los amores pronto terminaban. En el mejor de los casos, las mujeres fueron amigas duraderas y acompa\u00f1aron su destino solitario como la princesa Mar\u00eda de Tour y Taxis, que en Duino, hoy Trieste, le dio cobijo a su inspiraci\u00f3n desandada. Lou Andreas Salom\u00e9 lo llevar\u00e1 dos veces a Rusia. En aquellos viajes inici\u00e1ticos y rom\u00e1nticos, idealizaron el suelo ruso, conocieron al conde Tolstoi y al pintor Leonid Pasternak. All\u00ed Lou le regal\u00f3 un nombre m\u00e1s alem\u00e1n, Rainer. \u00c9l la am\u00f3 apasionadamente durante tres a\u00f1os. Ella, quince a\u00f1os mayor, supo conocerlo como nadie; hasta el final de sus d\u00edas fue la amiga entra\u00f1able, consejera y acaso madre. Lou lo ayuda a permanecer, como la estepa que templa y da profundidad a los rusos.<\/p>\n<p>Par\u00eds supo formarlo al tiempo que desnudaba su tristeza en Los Cuadernos de Malte. En esta ciudad se hizo vulnerable y duro, fr\u00e1gil y determinado. Tambi\u00e9n le regal\u00f3 a Rodin y el gesto para escribir: \u201cTrabajar con paciencia, buscar su propio medio de expresi\u00f3n, consagrarle vida y esfuerzos. El amor no puede competir con el arte, a uno de ellos debe darse todo. Ser feliz por el duro ascenso hacia una belleza que busca ser rescatada\u201d. Junto al mayor escultor de su \u00e9poca, totalmente volcado al servicio de su obra, Rainer opt\u00f3 por el arte. So\u00f1\u00f3 una gran obra a pesar de la oscuridad. A cada paso tuvo que alumbrar la falta de inspiraci\u00f3n. Como poeta sin casa, deambular\u00e1 las ciudades presentando su palabra, en las maletas trajinaba el desvelo de culminar su obra.<\/p>\n<p>Si Rodin le ense\u00f1\u00f3 la dedicaci\u00f3n al trabajo art\u00edstico, C\u00e9zanne le mostrar\u00e1 como persistir hasta el final. El pintor no miraba la cercan\u00eda de la locura o la cr\u00edtica de los otros. Con poca vista, agotado, morir\u00e1 trabajando, como si no hubiera otra cosa que chercher la beaut\u00e9. Pleno de contemplaciones buscar\u00e1 descubrir la monta\u00f1a, desnudar el centro y dejar que un diamante geom\u00e9trico llene de luz, despliegue su fuerza m\u00e1s all\u00e1 de la mirada. En 1910, agotado en Par\u00eds, Rilke publica Los Cuadernos de Malte Laurids Brigge, tr\u00e1nsito y exorcismo de las oscuridades en el camino. Di\u00e1logo con las posibilidades de vivir, dir\u00eda Andr\u00e9 Gide.<\/p>\n<p>Con la vida y la muerte de la mano llegar\u00e1 al final de su camino, hasta el peque\u00f1o castillo de Muzot, Suiza, donde encontrar\u00e1 refugio. Luego de diez a\u00f1os de duro ascenso, Rainer logr\u00f3 el cometido de su vida: completar Las Eleg\u00edas de Duino que comenzara en 1912, desde el hermoso castillo en Trieste. A comienzos de 1922, en aquella torre solitaria, Rilke reconocer\u00e1 con gozo que su obra hab\u00eda culminado. No par\u00f3, enseguida regal\u00f3, como quien encuentra su transparencia, una alegr\u00eda ligera y afiebrada: los 42 Sonetos a Orfeo en s\u00f3lo veinte d\u00edas. Cinco a\u00f1os despu\u00e9s, el 29 de diciembre de 1926, la leucemia dijo basta a su vida peregrina y le permiti\u00f3 descansar.<\/p>\n<p><strong> Consejos para el que empieza<\/strong><br \/>\nCartas a un joven poeta, publicado despu\u00e9s de su muerte, re\u00fane diez cartas a su amigo Kappus, artista incipiente. Hoy podr\u00edamos decir que este joven represent\u00f3 al universo de escritores nuevos que anhelan aprender, narrar y permanecer. Un tesoro para los que escuchan su vida y est\u00e1n dispuestos a recibir consejos: \u201cAmigo Franz no tenga miedo a su soledad ni a la tristeza que la acompa\u00f1a; cu\u00eddela con honor y d\u00e9jese habitar, ella crecer\u00e1 en usted pues es no es m\u00e1s que el futuro que se le ha metido adentro\u201d.<\/p>\n<p>Como quiz\u00e1s el lector quede varado, sin reacci\u00f3n, el poeta sigue con una imagen casi cibern\u00e9tica: \u201cImagine se\u00f1or que usted est\u00e1 en su despacho, sentado ante la mesa, entre sus libros, la pluma, las hojas, de pronto, como un sue\u00f1o pero real es transportado a la cima de una monta\u00f1a muy alta, all\u00ed es dejado con descuido en medio de la brisa, sin tientos ni amarras. \u00bfCu\u00e1l puede ser su reacci\u00f3n? Pi\u00e9nselo usted\u2026 un terror inimaginable\u2026 as\u00ed es la tristeza que llega y nosotros queriendo huir\u201d.<\/p>\n<p>Cualquiera que est\u00e9 en disposici\u00f3n de aprender podr\u00e1 adivinar por d\u00f3nde se cuela la luz en la nueva situaci\u00f3n y confiar en el don que brota fr\u00e1gil y decidido. Por eso la realidad del deseo no s\u00f3lo necesita trabajo y paciencia sino una fortaleza de confianza que cuide y defienda la soledad de un aire impropio o malsano. De a poco asomar\u00e1 el canto pulido entre la belleza, la emoci\u00f3n y el sufrimiento. Cientos de escritores han sentido el abismo de este apotegma que Rilke suelta a su amigo: \u201cNo vaya preguntando por ah\u00ed si es un buen escritor, busque m\u00e1s bien dentro de s\u00ed mismo y preg\u00fantese si le es imperioso escribir como algo impostergable que devora sus horas, si llega a las ra\u00edces de su coraz\u00f3n, en la respetable noche escuche la pregunta desnuda: \u00bfDebo escribir? Y si siente un grito sordo o un fuerte y sencillo: debo, construya entonces su destino pues cada h\u00e1lito de su vida deber\u00e1 responder a este impulso. Si otra fuera la respuesta, no intente m\u00e1s, ded\u00edquese a otra cosa que hay mucho por hacer, encontrar\u00e1 caminos propios, amplios y tambi\u00e9n ricos. Una obra de arte es buena si ha sido creada necesariamente\u201d.<\/p>\n<p><strong> Una mirada teol\u00f3gica<\/strong><br \/>\nEl te\u00f3logo cat\u00f3lico alem\u00e1n Romano Guardini confes\u00f3 haber admirado la poes\u00eda de Rilke durante 50 a\u00f1os y escribi\u00f3 un libro comentando Las Eleg\u00edas de Duino. Solicitado por Max Scheler, Guardini hace un an\u00e1lisis literario e interpreta la verdad de su poes\u00eda con una perspectiva cristiana. Destaca en su interpretaci\u00f3n tres aspectos: el fracaso del amor humano, la p\u00e9rdida de la fe y la ausencia y vac\u00edo de Dios.<\/p>\n<p>Con la imagen del dios de la primavera en la primera Eleg\u00eda describe Rilke la imposibilidad del amor: Lino abatido por la tristeza pierde toda esperanza para m\u00e1s tarde encontrar su consuelo en la m\u00fasica. Como anota Guardini, para Rilke no existe el amor que capacite a un ser humano para encontrar un hogar espiritual en otro, como tampoco puede uno establecer su hogar en un pa\u00eds cualquiera. El te\u00f3logo critica la visi\u00f3n del poeta porque amar significa amar a alguien. Y una vida sin una relaci\u00f3n de yo-t\u00fa no es verdadera consigo misma, cae en un vac\u00edo interior que la afecta en su relaci\u00f3n con todo. As\u00ed vuelve a la primera Eleg\u00eda que describe nuestro desamparo, como cuando un \u00e1rbol solo en el paisaje, fiel como una rutina amada, nos conmueve y descubre la soledad que nos habita: \u201cO la noche que tanto teme el solitario, \u00bfacaso es m\u00e1s leve para los amantes que intentan poseerse y no hacen m\u00e1s que esconderse el uno al otro?\u201d (Eleg\u00eda 1,V20).<\/p>\n<p>Al amor que no llega sucede la p\u00e9rdida de la fe en Dios. Para el poeta, \u201cDios\u201d es una fuerza que se encuentra dentro del cosmos. Rilke habla del \u00e1ngel pero no como un ser divino o trascendente sino en cuanto un l\u00edmite superior de la experiencia del hombre, un dibujo cifrado de nuestra esencia en el cielo que nos hace saber lo que no somos. No podemos recibir consuelo de arriba y por eso nos sentimos todav\u00eda m\u00e1s solitarios. Seg\u00fan Guardini, nuestra conciencia de la ausencia de Dios significa que la soledad se ha hecho a\u00fan m\u00e1s profunda.<\/p>\n<p>Si Dios no existe, entonces estamos solos. \u00bfC\u00f3mo hemos de vivir? Contin\u00faa el Rilke que avizor\u00f3 Guardini: aceptar la no definici\u00f3n, permanecer en el espacio abierto, que los brazos queden solos, extendidos hacia adelante. Si admitimos nuestra soledad y la aceptamos, podr\u00edamos, de manera parad\u00f3jica, dar un sentido a nuestras vidas y al mundo. Dejando que el coraz\u00f3n acepte el vac\u00edo podr\u00e1 dotar al espacio exterior de fervor y hondura espiritual. A medida que renunciamos a nuestro deseo de intimidad, podemos alcanzar una profundidad que le da sentido tanto a nuestra vida como al mundo.<\/p>\n<p>Concluye Guardini apreciando la belleza de los versos y valorando los diez poemas como una expresi\u00f3n fiel del dilema del hombre en el siglo XX. Su poes\u00eda desnuda una enorme necesidad de creer en Dios, y a la vez una incapacidad para hacerlo. El poeta percibi\u00f3 con toda raz\u00f3n que la vida humana est\u00e1 destinada a la comuni\u00f3n con una realidad trascendente.<\/p>\n<p>Desde una \u00f3ptica contrapuesta, el fil\u00f3sofo de la hermen\u00e9utica Hans Georg Gadamer critica los estudios literarios de Guardini porque, a su juicio, violan el principio hermen\u00e9utico seg\u00fan el cual uno debe interpretar el texto apoyado en los criterios de las mismas Eleg\u00edas, no seg\u00fan a sus propias convicciones religiosas y filos\u00f3ficas. Gadamer agradeci\u00f3 a Guardini haber suscitado la cuesti\u00f3n de la verdad en la literatura. Ante la cr\u00edtica por lo abusivo de este intento, Guardini se defiende diciendo que si Rilke, poeta, se presenta como profeta con un mensaje sobre el mundo, el hombre y Dios bien puede resistir tambi\u00e9n una mirada teol\u00f3gica.<br \/>\nPor qu\u00e9 asomarse a la poes\u00eda y su camino de ascenso<\/p>\n<p>Apasiona en Rilke la belleza de sus versos, la autenticidad de su camino y la aventura \u00e9pica que puede reunir en el canto po\u00e9tico a la muerte con la vida. Siempre cuesta el tema de la muerte y quiz\u00e1s por eso mismo encuentro genial la imagen que transmite el poeta: algo que sentimos todo el tiempo y llevamos como la otra cara de la luna.<br \/>\nHe aqu\u00ed el desaf\u00edo al que nos lanza el poeta: atravesar desde el comienzo la vida entera. En el Libro de las Horas es el monje, peregrino y pintor, quien se desprende y guarda todo en su interior; en las Eleg\u00edas de Duino ser\u00e1 el distante \u00e1ngel, bello y terrible, quien guiar\u00e1 al poeta hasta las soledades m\u00e1s altas para devolverlo a la tierra en paz. Llega entonces el turno de Orfeo, m\u00fasico y poeta, quien por Los Sonetos se pasear\u00e1 a su aire, despertando la belleza que conmueve y admira.<\/p>\n<p>Su exigencia por alcanzar la belleza en las Eleg\u00edas se enrola en la mejor tradici\u00f3n simbolista del poeta que nunca renunci\u00f3 al ideal, basta recordar a Rimbaud, \u201cm\u00edstico salvaje\u201d dijera Claudel, quien al descubrir la imposible belleza que anhelaba, qued\u00f3 voluntariamente mudo. As\u00ed tambi\u00e9n Rilke en su fr\u00e1gil ascenso, toma sobre s\u00ed al hombre, al desamparo de su tiempo, donde no hay Dios ni religi\u00f3n que lo contenga, atraviesa la angustia de no tener ya horizonte, encuentra a un Dios m\u00e1s cerca, mendigo y vacilante, pidiendo reposo en lo abierto, ama lo ef\u00edmero y atraviesa la sombras. Luego, como quien vuelve otro de la guerra, tan fr\u00e1gil, llega sin embargo, m\u00e1s sanado. Como los profetas, Oseas, Am\u00f3s o Jerem\u00edas, cuyas vidas fueron signo, advertencia y cobijo para su pueblo, la obra de Rilke posee una dimensi\u00f3n prof\u00e9tica en su grito bello y desgarrador.<\/p>\n<p>A un maestro de la poes\u00eda universal se le rinde honores; por eso bien vale esta extra\u00f1a luminosidad. Ella, por hebras, desnuda el tiempo, como lo hiciera su conciudadano Kafka o el mismo Heidegger. Rilke lo hizo por la palabra po\u00e9tica y su confianza en ser poeta y nada m\u00e1s.<\/p>\n<p><strong>Libro 2, soneto XXIX<\/strong><\/p>\n<p><em>Siente, callado amigo de tantas lejan\u00edas,<\/em><br \/>\n<em> como el espacio a\u00fan aumenta con tu aliento.<\/em><br \/>\n<em> Dentro del armaz\u00f3n de oscuros campanarios<\/em><br \/>\n<em> deja o\u00edr tu sonido. Lo que de ti se nutre.<\/em><br \/>\n<em> Se fortalecer\u00e1 con este alimento.<\/em><br \/>\n<em> Entra y sal en la transformaci\u00f3n.<\/em><br \/>\n<em> \u00bfQu\u00e9 es tu experiencia m\u00e1s doliente?<\/em><br \/>\n<em> Si el beber te es amargo, hazte vino.<\/em><br \/>\n<em> S\u00e9 en esta noche de exceso<\/em><br \/>\n<em> fuerza m\u00e1gica en el cruce de tus sentidos<\/em><br \/>\n<em> y s\u00e9 sentido de su extra\u00f1o encuentro.<\/em><br \/>\n<em> Y si lo terrestre te ha olvidado,<\/em><br \/>\n<em> dile a la tierra callada: me deslizo.<\/em><br \/>\n<em> Dile al agua veloz: soy.<\/em><\/p>\n<p><strong>Algunas Obras de Rilke para leer<\/strong><br \/>\nCartas a un Joven Poeta<br \/>\nLos Sonetos de Orfeo<br \/>\nLas Eleg\u00edas de Duino<br \/>\nLos Cuadernos de Malte Laurids Brigge<br \/>\nEl libro de las Horas<br \/>\nEl libro de las Im\u00e1genes<br \/>\nNuevos Poemas- I y II-<\/p>\n<p><em>El autor es Sacerdote de la di\u00f3cesis de San Isidro y poeta.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es el poeta de lengua alemana m\u00e1s importante de la primera mitad del siglo XX. 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