{"id":10532,"date":"2015-04-24T14:49:57","date_gmt":"2015-04-24T17:49:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=10532"},"modified":"2015-04-24T14:49:57","modified_gmt":"2015-04-24T17:49:57","slug":"borges-y-la-trascendencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=10532","title":{"rendered":"Borges y la Trascendencia"},"content":{"rendered":"<p><em><strong>Ponencia en el marco del foro organizado por el Atrio de los gentiles, en la Facultad de Derecho de la UBA, en noviembre del a\u00f1o pasado.<\/strong><\/em><br \/>\nLibre de la met\u00e1fora y del mito, Dios puede llegar a ser Uno en el todo de la naturaleza, y a su vez disperso, lo que implica ser s\u00f3lo contradictorio en la mediocridad de los que exigen coherencia. \u201cUno\u201d y \u201cdisperso\u201d aparentemente son incompatibles. Tan incompatibles como la coherencia; que resulta ser el reflejo superficial de la existencia. Por eso, \u201cunidad\u201d y \u201cdispersi\u00f3n\u201d son dos de las tantas imaginaciones que registra Jorge Luis Borges. La primera en \u201cSpinoza\u201d y la segunda en \u201cParadiso 31- 108\u201d. \u201cUno\u201d por un lado, \u201cdisperso\u201d por el otro. \u201cImagen\u201d por un lado, \u201cimaginaci\u00f3n\u201d por el otro.<\/p>\n<p>Hay una diferencia sutilmente abismal entre \u201cimagen\u201d e \u201cimaginaci\u00f3n\u201d, pero ello ser\u00eda motivo de otra mesa en otro Atrio de gentiles. Imagen e imaginaci\u00f3n, especialmente en el caso de un hombre al que org\u00e1nicamente le costaba ver pero no mirar. Y es m\u00e1s: pretender ver una imagen de lo divino resulta un inalcanzable reflejo de espejos, recurrente met\u00e1fora del maestro, y desaf\u00edo conceptual que deber\u00eda ejercitar el ser humano, creado a la imagen y semejanza de un Dios invisible, tal como indica el G\u00e9nesis, y alude el profeta Miqueas, parafraseando a Borges, en un docto lugar de su volumen.<\/p>\n<p>Y volviendo a la mediocridad: s\u00f3lo en lo mediocre puede pretenderse que la imagen divina trascienda, queriendo intimidar y sofocar a una Deidad a trav\u00e9s de definiciones.<br \/>\nLa teolog\u00eda, la rama m\u00e1s excelsa de la ciencia ficci\u00f3n, procede a que ni im\u00e1genes ni nombres puedan contener lo no nombrable, lo no visible, lo no palpable. Por eso \u201ces\u201d en lo espinoso y en lo encantadoramente disperso que se nos convoca a una mesa cuyo t\u00edtulo, sin ambages, refleja ambig\u00fcedades: \u201cBorges\u201d y la \u201ctrascendencia\u201d.<br \/>\n\u201cBorges\u201d y la \u201ctrascendencia\u201d est\u00e1n compuestos por un nombre y un vocablo indefinibles, lo cual nos interpela desde la m\u00e1s noble imprecisi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u201cNavegar es preciso, vivir es impreciso\u201d, si es que me permite Santiago Kovadloff esta humilde digresi\u00f3n en la traducci\u00f3n de Fernando Pessoa.<\/p>\n<p>Ahora, por suerte, (si la suerte existe, y no el destino), s\u00f3lo hay un l\u00edmite que pone todo en el lugar de un principio y que restringe el infinito de la convocatoria: porque \u201cirrespetuoso\u201d e \u201cinsultante\u201d ser\u00eda titular a esta mesa \u201cBorges y la intrascendencia\u201d, como s\u00edmbolos de insignificancia y trivialidad.<\/p>\n<p>Sin duda alguna, podr\u00e1 utilizarse este t\u00edtulo para otros escritores. Es decir, para aquellos que pretenden ser eternamente coherentes. Entonces, vale la pena empezar a restringir sin definir, si es que la vanidad y la nostalgia nos permiten, decir qu\u00e9 queremos decir cuando decimos: Borges, por un lado, trascendencia, por otro, y el sentido que adquiere cuando juntamos ambos t\u00e9rminos. Y ah\u00ed el t\u00edtulo me permite pensar tantas variables. Se me ocurre: por un lado c\u00f3mo es que Borges trascendi\u00f3, y por otro c\u00f3mo Borges pens\u00f3 la trascendencia. Otras dos paradojas, que no son lo mismo pero son iguales en el \u201cJard\u00edn de los Senderos que se bifurcan\u201d, y que en alg\u00fan lado vuelven a entramarse.<\/p>\n<p>Siendo breve, entonces: en cuanto a lo primero, Borges trascendi\u00f3 en m\u00ed. Porque es de saber que \u201cno s\u00f3lo Borges tiene un Borges y yo\u201d, sino tambi\u00e9n hay un \u201cBorges y yo\u201d en todos aquellos en el que Borges nos atraves\u00f3. Y no lo digo desde una expresi\u00f3n po\u00e9tica, ya que no soy poeta. Lo afirmo en un sentido existencial, en esa densidad de lo que Martin Buber define como el termino relacional yo-tu.<\/p>\n<p>Descubr\u00ed a Borges a los 8 a\u00f1os. El azar hizo que mi madre gane lo que hoy se llama un vinilo en una kermesse de la Asociaci\u00f3n Femenina Sionista del barrio de Flores (y uso \u201cun vinilo\u201d para no confundir con el cuento \u201cel disco\u201d). Miren qu\u00e9 dif\u00edcil es utilizar alguna palabra sin que Borges no lo haya titulado como cuento. Volviendo al vinilo, se llama: Jorge Luis Borges por \u00e9l mismo: sus poemas y su voz. Lo conservo como uno de los mayores trofeos de mi infancia.<\/p>\n<p>Mi madre no podr\u00eda haber ganado otro premio en una asociaci\u00f3n femenina sionista. Para las se\u00f1oras jud\u00edas los poemas sobre Israel, el Golem y Spinoza lo transformaban a Borges en un hebreo honorario; casi como Jud\u00e1 Le\u00f3n, el rabino de Praga. Y fue el vinilo de Borges lo que intim\u00f3 a que mis padres compren un Wincofon, que colocamos en el centro de la mesa del comedor. La magia de la p\u00faa permut\u00f3 el surco en voz, y la voz en una expansi\u00f3n del eco en nuestro hogar, casa de inmigrantes, que aprend\u00edan el castellano a trav\u00e9s de Borges. Ni m\u00e1s ni menos.<\/p>\n<p>Y Fue as\u00ed que el \u201cPoema Conjetural\u201d, \u201cEl general Quiroga va en coche al moire\u201d, y \u201cFundaci\u00f3n m\u00edtica de Boinos Aires\u201d, como dec\u00eda mi padre, se transformaron en la melod\u00eda de las tardes. No se preocupen: despu\u00e9s compraron otros discos, pero este fue el primero.<\/p>\n<p>Durante mi tr\u00e1nsito por la escuela secundaria, en el principio de los 70, las famosas rateadas ten\u00edan que revestirse de alguna causa ideol\u00f3gica. Deb\u00edamos de justificar la habilidad de nuestra ausencia escolar, no como dispersi\u00f3n sino como rebeli\u00f3n contra el sistema. Y crey\u00e9ndonos herederos del mayo franc\u00e9s fue que con un sentido insurrecto y con una caradurez que imprime la adolescencia, nos dijimos con mi revolucionario colega que deb\u00edamos ir a visitarlo a Borges.<\/p>\n<p>Tocamos el timbre en la ma\u00f1ana de un martes, el d\u00eda m\u00e1s dif\u00edcil de la semana escolar, en su departamento de la calle Maip\u00fa al 900. Para nuestra sorpresa, Borges nos recibi\u00f3. Tengo que confesar que despu\u00e9s del primer grado, esta fue la mayor vivencia de mi vida escolar.<\/p>\n<p>Con el tiempo aprend\u00ed a imitar su voz, a leerlo en las clases de la universidad, a citarlo en mis sermones y en los casamientos: \u201cla amistad no necesita frecuencia, el amor s\u00ed\u201d, y as\u00ed transformarlo en una de mis referencias.<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de \u00e9l le\u00ed a Berkeley, a Hume, a Gustav Meirink, a Schopenhauer, y a Guershom Sholem, s\u00f3lo por citar a algunos.<\/p>\n<p>Tengo en mi estudio, frente a la pared donde escribo, su foto con Beppo, el gato, y otra de Borges con mi maestro, Marshall Meyer.<\/p>\n<p>Segundo: adentr\u00e9monos en la trascendencia.<\/p>\n<p>La primera conversaci\u00f3n que tuve con el cardenal Bergoglio gir\u00f3 alrededor de \u201cEverness\u201d, el poema. A trav\u00e9s de un com\u00fan amigo y que no es un amigo com\u00fan, sab\u00edamos ambos de nuestra pasi\u00f3n por Borges, y de la tensi\u00f3n que genera la naturaleza metaf\u00edsica reflejada en t\u00e9rminos aparentemente contradictorios.<br \/>\nEverness. El hondo sentido del siempre. O por ah\u00ed, la libre traducci\u00f3n del \u201cnunca\u201d\u0338 \u201csiempre\u201d; como que la categor\u00eda del tiempo, que s\u00f3lo existe para la comprensi\u00f3n humana, se expresa en la Trascendencia con may\u00fascula, es decir lo divino -en t\u00e9rminos religiosos- \u00fanicamente como el Siempre.<\/p>\n<p>Hay algo que me parece acu\u00f1\u00f3 Santiago Kovadloff, que a m\u00ed me gusta usarlo, y que est\u00e1 asociado al \u201cEverness\u201d: la idea del \u201cpresente perpetuo\u201d. El presente perpetuo es pariente cercano del \u201csiempre\u201d. Cuando Borges refiere que el rabi Leib de Praga crea al engendro llamado Golem, dice que el Golem gradualmente se vio (como nosotros, los hombres) aprisionado en esta red sonora de antes, despu\u00e9s, ayer, mientras, ahora\u2026Es decir, las escalas de pasado, presente y futuro son categor\u00edas humanas impuestas de alg\u00fan modo por el mito filos\u00f3fico kantiano. Y que en cambio no hay noci\u00f3n de tiempo en la sabidur\u00eda divina.<\/p>\n<p>En la naturaleza de Dios hay un Everness: un tiempo, por decirlo de alguna manera, imposible de ser capturado por el hombre. Porque en definitiva el tiempo como tal es s\u00f3lo una categor\u00eda humana. Dicho de un modo m\u00e1s extremo, para Dios no existe el tiempo, y para los hombres es una ilusi\u00f3n.<br \/>\nNo tan distinto lo dice Iosef Leib Bloch, antes de la sho\u00e1, director de la escuela rab\u00ednica de Telz, Lituania, uno de los grandes maestros jud\u00edos del siglo pasado, cuando interpretando un texto maimonideano sostiene:<\/p>\n<p><em> \u201cSabemos que toda la idea del tiempo tiene existencia de acuerdo con nuestra percepci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>Pero desde el punto de vista de la realidad superior no hay un tiempo en el sentido del pasado, presente y futuro pues todo est\u00e1 en el eterno \u02b9presente\u02b9\u201d.<\/em><\/p>\n<p>Y de los muchos cuentos de Borges: en \u201cEl milagro secreto\u201d, nos relata la historia del escritor Jaromir Hlad\u00edk, quien, acusado por los nazis a causa de su linaje jud\u00edo y sus obras judaizantes y condenado a muerte, le pide a Dios un a\u00f1o para terminar un drama en verso titulado \u201cLos enemigos. A punto de ser fusilado, el tiempo se para y Hlad\u00edk ve cumplido su deseo. Es decir en un sue\u00f1o, o en un milagro, como cada uno quiera entenderlo, Dios se comunica con Hlad\u00edk y el \u201cmilagro\u201d sucede. Interpreto que el tema fundamental de este texto es, el tiempo, y que Borges posiblemente lo incluya aqu\u00ed en distintas formas:<\/p>\n<p>a) el tiempo sucesivo del mundo f\u00edsico, el del hombre, y b) el tiempo ps\u00edquico, el del sue\u00f1o, el del inconsciente, el que le permite que todo futuro y todo pasado se traslade a un presente en donde todo ocurre en un mismo plano, en una misma dimensi\u00f3n, en una misma categor\u00eda. Y es m\u00e1s: en alg\u00fan lugar le\u00ed esto: \u201cEl tiempo no existe por fuera de cada instante presente, pero como el presente no es divisible ya que tampoco es indivisible, entonces ni el pasado ni el futuro existen. Y como el presente queda condenado a lo eterno, ni siquiera nos queda su presencia, es decir que el tiempo termina siendo el simulacro de una realidad objetiva. Un Everness\u201d. Desde ah\u00ed, una posibilidad. Una posibilidad de las muchas y que los muchos Borges nos regalan: La Trascendencia es una categor\u00eda que supera al tiempo. Se \u201ctrasciende\u201d el tiempo.<\/p>\n<p>Y \u00faltimo. No puedo irme de esta mesa sin citar a \u201cFunes el memorioso\u201d: para los que no lo leyeron, el cuento narra el encuentro de un estudiante porte\u00f1o con Ireneo Funes, un joven de Fray Bentos, Uruguay, con rarezas como la de no darse con nadie y la de saber siempre la hora, como un reloj. Postrado como consecuencia de un accidente que tuvo a los 19 a\u00f1os, primero perdi\u00f3 el conocimiento, y luego, al recobrarlo, comenz\u00f3 a ser capaz de recordar todo objeto y todo fen\u00f3meno con una memoria prodigiosa y detallada, cualquiera que fuese su antig\u00fcedad. Lo recuerda todo, y cada percepci\u00f3n que tiene es, para \u00e9l, una caracter\u00edstica \u00fanica e inolvidable. Dice Borges: \u201cHab\u00eda aprendido sin esfuerzo el ingl\u00e9s, el franc\u00e9s, el portugu\u00e9s, el lat\u00edn. Sospecho, sin embargo, que no era muy capaz de pensar\u201d.<\/p>\n<p>La otra arista de la trascendencia est\u00e1 dada en la acci\u00f3n de pensar: Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer.<\/p>\n<p>Perm\u00edtanme sostener la idea de que la abstracci\u00f3n es la acci\u00f3n que nos hace olvidar la categor\u00eda de tiempo. Por lo tanto permite trascender.<\/p>\n<p>En una \u00e9poca en donde las neurociencias nos invaden con el metamensaje de hacernos creer que nos ense\u00f1an a pensar, leer a Borges es descubrir el sentido de pluralidad en uno de los mayores escritores de nuestro tiempo, que a su vez libera de met\u00e1foras y mitos, y que manifiesta de manera profunda que Dios no \u201ces\u201d sino que puede \u201cllegar a ser\u201d en un everness, en un siempre. \u201cUno\u201d en el todo de la naturaleza y a su vez \u201cdisperso\u201d, lo que implica ser s\u00f3lo contradictorio, en la mediocridad de los que exigen coherencia.<\/p>\n<p><em> El autor es Rabino de la Comunidad Bet-El y uno de los creadores del Instituto del Di\u00e1logo Interreligioso.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ponencia en el marco del foro organizado por el Atrio de los gentiles, en la Facultad de Derecho de la UBA, en noviembre del a\u00f1o&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[960],"class_list":["post-10532","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","tag-letras"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-2JS","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10532","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=10532"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10532\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=10532"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=10532"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=10532"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}