{"id":10544,"date":"2015-04-24T14:59:30","date_gmt":"2015-04-24T17:59:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=10544"},"modified":"2015-04-24T14:59:30","modified_gmt":"2015-04-24T17:59:30","slug":"una-iglesia-comunion-a-imagen-de-la-trinidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=10544","title":{"rendered":"Una Iglesia-comuni\u00f3n a imagen de la Trinidad"},"content":{"rendered":"<p><em><strong>M\u00e1s all\u00e1 del impacto medi\u00e1tico de los gestos y palabras del papa Francisco, hay una profundidad teol\u00f3gica y m\u00edstica \u2013fundada en la Trinidad\u2013 que introduce modificaciones hist\u00f3ricas en la vida y en la organizaci\u00f3n de la Iglesia.<\/strong><\/em><\/p>\n<p>Cuando, en su primera aparici\u00f3n p\u00fablica, Francisco hablaba de \u201cla Iglesia de Roma, que preside en la caridad a todas las Iglesias\u201d se diferenciaba de las palabras previas del cardenal Jean-Louis Tauran: \u201cSancta Romana Ecclesia\u201d. Francisco hablaba en \u201cunidad plural\u201d evocando una \u201cIglesia-comuni\u00f3n\u201d a imagen de la Trinidad, que es comuni\u00f3n de Personas divinas.<\/p>\n<p>Y enseguida, antes dar su bendici\u00f3n, Francisco pidi\u00f3 al pueblo que orara a Dios para que lo bendijera y se inclin\u00f3 para recibir esa bendici\u00f3n: de nuevo vemos el modelo de \u201cIglesia comuni\u00f3n\u201d en el cual \u201cpueblo\u201d no se escribe con min\u00fasculas porque es \u201cPueblo de Dios\u201d (Lumen Gentium 9-17) un \u201cPueblo sacerdotal, prof\u00e9tico y real\u201d (Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica 783). Pero la bendici\u00f3n no viene del Pueblo, sino de Dios por la oraci\u00f3n suplicante de su Pueblo. Es una mirada teol\u00f3gica y m\u00edstica.<\/p>\n<p><strong> Unidad en la diversidad<\/strong><br \/>\nLa comuni\u00f3n es unidad en la diversidad; un delicado equilibrio entre dos extremos: la divisi\u00f3n que rompe la unidad y la uniformidad que avasalla la diversidad.<br \/>\nEn la Iglesia cat\u00f3lica latina \u2013huyendo del extremo de la divisi\u00f3n\u2013 nos hemos ido desplazando hacia el extremo de la uniformidad. Incluso hay quienes creen que la uniformidad es un bien.<\/p>\n<p>Pero la Trinidad misma no es uniformidad sino comuni\u00f3n. En la Trinidad no hay tres Padres. Uno es Padre, otro es Hijo y otro es Esp\u00edritu Santo. Los tres \u201cson realmente distintos entre s\u00ed\u201d (Catecismo 254). Y tambi\u00e9n son comuni\u00f3n infinita: \u201cA causa de esta unidad, el Padre est\u00e1 todo en el Hijo, todo en el Esp\u00edritu Santo; el Hijo est\u00e1 todo en el Padre, todo en el Esp\u00edritu Santo; el Esp\u00edritu Santo est\u00e1 todo en el Padre, todo en el Hijo\u201d (Catecismo 255).<\/p>\n<p><strong> El mensaje de Evangelii Gaudium<\/strong><br \/>\nEste acento en la comuni\u00f3n que Francisco mostraba desde el primer momento se profundiza en la exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica Evangelii Gaudium. Desde el punto de vista teol\u00f3gico\u2013pastoral, lo novedoso es la \u201cfuerza trinitaria\u201d del discurso, para fundamentar una vivencia de \u201cIglesia\u2013comuni\u00f3n\u201d (hacia adentro) y un di\u00e1logo fraterno y fecundo con un mundo plural (hacia afuera).<\/p>\n<p>En particular, hay dos p\u00e1rrafos trinitarios ubicados en lugares estrat\u00e9gicos del texto: 117 (en la introducci\u00f3n del cap\u00edtulo 3: \u201cel anuncio del Evangelio\u201d) y 178 (al principio del cap\u00edtulo 4: \u201cla dimensi\u00f3n social de la evangelizaci\u00f3n\u201d). En ella se lee: \u201cBien entendida, la diversidad cultural no amenaza la unidad de la Iglesia. Es el Esp\u00edritu Santo, enviado por el Padre y el Hijo, quien transforma nuestros corazones y nos hace capaces de entrar en la comuni\u00f3n perfecta de la Sant\u00edsima Trinidad, donde todo encuentra su unidad. \u00c9l construye la comuni\u00f3n y la armon\u00eda del Pueblo de Dios. El mismo Esp\u00edritu Santo es la armon\u00eda, as\u00ed como es el v\u00ednculo de amor entre el Padre y el Hijo. \u00c9l es quien suscita una m\u00faltiple y diversa riqueza de dones y al mismo tiempo construye una unidad que nunca es uniformidad sino multiforme armon\u00eda que atrae.\u201d (117a; y cf. todo el contexto desde 112).<\/p>\n<p>\u201cConfesar a un Padre que ama infinitamente a cada ser humano implica descubrir que con ello le confiere una dignidad infinita. Confesar que el Hijo de Dios asumi\u00f3 nuestra carne humana significa que cada persona humana ha sido elevada al coraz\u00f3n mismo de Dios. Confesar que el Esp\u00edritu Santo act\u00faa en todos implica reconocer que \u00c9l procura penetrar toda situaci\u00f3n humana y todos los v\u00ednculos sociales. El misterio mismo de la Trinidad nos recuerda que fuimos hechos a imagen de esa comuni\u00f3n divina, por lo cual no podemos realizarnos ni salvarnos solos\u2026\u201d (178).<\/p>\n<p>Y quiz\u00e1s la frase m\u00e1s breve y contundente es la que dice: \u201cEl kerygma es trinitario\u201d (164). Y otros dos textos fuertes en este sentido son 40 y 131.<br \/>\nTodo esto se refuerza con dos elementos m\u00e1s: la actitud de fraternidad que debe pautar las relaciones entre los hombres y la imagen del poliedro: \u201cEl modo de relacionarnos con los dem\u00e1s es una fraternidad m\u00edstica, contemplativa, que sabe mirar la grandeza sagrada del pr\u00f3jimo, que sabe abrir el coraz\u00f3n al amor divino para buscar la felicidad de los dem\u00e1s como la busca su Padre bueno\u201d (92).[1]<\/p>\n<p>\u201cEl modelo no es la esfera, que no es superior a las partes, donde cada punto es equidistante del centro y no hay diferencias entre unos y otros. El modelo es el poliedro, que refleja la confluencia de todas las parcialidades que en \u00e9l conservan su originalidad\u201d (236).<\/p>\n<p>Con esto, Francisco nos aporta \u2013seg\u00fan su propia consigna (cf. 157)\u2013 una idea, un sentimiento y una imagen: la idea es una Iglesia\u2013comuni\u00f3n inspirada en la Trinidad, el sentimiento es la fraternidad, la imagen es el poliedro.[2]<\/p>\n<p>La imagen del Dios Uno y Trino define modelos de Iglesia.<\/p>\n<p>El sabio te\u00f3logo benedictino Ghislain Lafont escribi\u00f3 un estimulante libro titulado Imaginar la Iglesia cat\u00f3lica.[3] All\u00ed sostiene que el \u201cmodelo gregoriano\u201d de la Iglesia se inspira en una \u201cteolog\u00eda del Dios Uno\u201d que olvid\u00f3 que el Dios cristiano es la Trinidad.[4] Y ese desequilibrio en la mirada sobre Dios deriv\u00f3 en otros varios desequilibrios, que siguen esa misma l\u00f3gica de \u201clo Uno\u201d entendido como monol\u00edtico y uniforme.<\/p>\n<p>En concreto, esa \u201cimagen gregoriana\u201d se articula sobre tres elementos: el primado de la verdad, el primado del Papa, y el sacerdote c\u00e9libe y santo; y estos tres elementos se realimentan, formando un sistema. En esta imagen gregoriana, el respeto absoluto por la verdad \u2013entendida como \u201cuna e inmutable\u201d como \u201cDios mismo\u201d\u2013 se vincula con la necesidad de adherir a esa verdad \u00fanica para poder salvarse. Tambi\u00e9n a partir del Dios Uno se genera una \u201cjerarqu\u00eda descendente\u201d que establece al \u201cPapa como \u02b9plenitud fontal\u02b9 de la vida de la Iglesia a causa de su situaci\u00f3n mediadora \u00fanica, intermediario entre Dios y los hombres\u201d, y establece al \u201csacerdote como celebrante de los sacramentos, ante todo de la santa misa\u201d. En s\u00edntesis: Dios es Uno; y hay una \u00fanica verdad que se expresa de una \u00fanica manera correcta; hay un s\u00f3lo protagonista de la vida de la Iglesia universal: el papa; y hay un s\u00f3lo protagonista de la comunidad local: el sacerdote.<\/p>\n<p>El Concilio Vaticano II quiere equilibrar este desequilibrio conduci\u00e9ndonos hacia una nueva figura eclesiol\u00f3gica. As\u00ed, vemos que las cuatro grandes constituciones del Concilio comienzan con una referencia a la Trinidad.[5] Y junto con esta recuperaci\u00f3n del aspecto trinitario del misterio de Dios se modifica la visi\u00f3n de la Iglesia: Dios es comuni\u00f3n de Personas realmente distintas entre s\u00ed, y la Iglesia tambi\u00e9n es comuni\u00f3n de personas con distintos dones. Y esa comuni\u00f3n abarca al sucesor de Pedro con el episcopado, quienes son \u2013en su conjunto\u2013 los sucesores de los Ap\u00f3stoles (Lumen Gentium 18-29). Y rodea al sacerdote de una multitud de cristianos que tienen distintas vocaciones, carismas y ministerios donados por el Esp\u00edritu: tanto los laicos que tienen una vocaci\u00f3n y misi\u00f3n propias (30-38) como las m\u00faltiples formas de la vida consagrada (43-47).<\/p>\n<p>As\u00ed la Iglesia aparece como una \u201ccomuni\u00f3n estructurada\u201d, en la cual los pastores tienen el carisma del discernimiento y la misi\u00f3n de la \u201cmoderaci\u00f3n\u201d de los carismas que el Esp\u00edritu dona a la Iglesia.[6]<\/p>\n<p>Se advierte que Francisco, continuando con el impulso iniciado por el Concilio Vaticano II, est\u00e1 operando un \u201ccorrimiento\u201d: desde una teolog\u00eda y una praxis eclesial pautadas desde un \u201cDios (s\u00f3lo) Uno\u201d a una teolog\u00eda y una praxis inspiradas en el \u201cDios Uno y Trino\u201d que es comuni\u00f3n, y no uniformidad monol\u00edtica.<br \/>\nLa comuni\u00f3n es dif\u00edcil; o, m\u00e1s a\u00fan: es humanamente imposible. Pero Jes\u00fas ense\u00f1\u00f3 que \u201clo que es imposible para los hombres, es posible para Dios\u201d (Lucas 18,27). Que el Esp\u00edritu Santo, que es \u201cla comuni\u00f3n en Persona\u201d, nos ilumine y nos ayude a construir esa comuni\u00f3n a la que nos invita Francisco, y que no es otra cosa que un anticipo de la definitiva y perfecta, que \u2013a falta de mejores palabras\u2013 solemos llamar \u201cel Cielo\u201d.<br \/>\n<em>El autor es Profesor y Licenciado en Teolog\u00eda.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>M\u00e1s all\u00e1 del impacto medi\u00e1tico de los gestos y palabras del papa Francisco, hay una profundidad teol\u00f3gica y m\u00edstica \u2013fundada en la Trinidad\u2013 que introduce&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[945],"tags":[14],"class_list":["post-10544","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-fe-2","tag-iglesia"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-2K4","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10544","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=10544"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10544\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=10544"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=10544"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=10544"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}