{"id":10639,"date":"2015-04-30T12:53:46","date_gmt":"2015-04-30T15:53:46","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=10639"},"modified":"2015-04-30T12:53:46","modified_gmt":"2015-04-30T15:53:46","slug":"10639","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=10639","title":{"rendered":"Cuesti\u00f3n de comparaciones"},"content":{"rendered":"<p><em><strong>El texto, basado en un viaje del autor a Marrakech, est\u00e1 escrito con la distancia y la subjetividad propias del relato de ficci\u00f3n.<\/strong><\/em><\/p>\n<p>Fue un verano en el tren cuando hizo un click. Viajaba en un vag\u00f3n de primera clase marroqu\u00ed acomodado en el asiento r\u00edgido de un compartimiento con escasa ventilaci\u00f3n. El convoy atravesaba con su mon\u00f3tono traqueteo la estepa aburrida y polvorienta, amarilla por la estaci\u00f3n seca. Ese paisaje se asemejaba demasiado a su vida. No atra\u00eda, nada crec\u00eda m\u00e1s que arbustos sin hojas ni flor. El horizonte se perd\u00eda en una nube de tierra que flotaba est\u00e1tica; el aire asfixiaba.<br \/>\nEl bullicio y el colorido de la ciudad eran cosas del pasado. Los recordaba como si se tratase de una vida lejana. Al mirar por la ventana, su interior se embeb\u00eda de melancol\u00eda y decepci\u00f3n. A\u00f1oraba el verde majestuoso de sus tierras pasadas, el canto de las aves y las tormentas tropicales de verano por la noche, cuando el cielo parec\u00eda estallar y caerse, para regalar luego un amanecer fresco y limpio, con un horizonte infinito de un predominante azul.<br \/>\nS\u00f3lo so\u00f1aba. Su realidad no era ya verde o azul. Ni siquiera amarilla como la estepa. Un gris opaco la hab\u00eda conquistado, borrando todo rastro del pintor. Pero el contraste con una cultura tan distinta a la suya, occidental, hab\u00eda logrado hacer nacer una creciente curiosidad alimentada por la aventura.<br \/>\nSu pensamiento lo transport\u00f3 una semana atr\u00e1s. Acababa de iniciarse un nuevo ciclo lunar, se hab\u00eda dado cuenta al ver el cielo desde la terraza de su riad. Junto con \u00e9l, empezaba el mes de Ramad\u00e1n. Las calles permanec\u00edan desiertas, la mitad de los servicios p\u00fablicos estaban suspendidos, las plazas y los parques eran tierra de perros vagabundos. Hasta los mendigos se aten\u00edan a las leyes del Profeta, refugi\u00e1ndose vaya a saber d\u00f3nde.<br \/>\nPero a la oraci\u00f3n, cuando los altavoces de los minaretes de las incontables mezquitas de la ciudad romp\u00edan con el sopor diurno, la ciudad se transformaba. De improviso, las calles se atiborraban de t\u00fanicas blancas corriendo hacia los templos, como si llegar tarde fuese una parte esencial del ritual.<br \/>\nTan s\u00f3lo quince minutos despu\u00e9s, cuando los rezos se acallaban, mareas humanas desfilaban por la laber\u00edntica medina en una improvisada procesi\u00f3n vers la place Jemaa El Fna, donde los puestos de tajine, cous-cous, d\u00e1tiles y carros rebosantes de jugosas naranjas estaban ya instalados y listos para recibir a la muchedumbre hambrienta. Entonces la vida parec\u00eda renacer en la ciudad. Una vez calmados la sed y el est\u00f3mago, comenzaba el verdadero espect\u00e1culo en la place.<br \/>\nFamilias enteras representaban el ejemplo de la felicidad musical, tocando cada uno un instrumento, y el que no, bailando. Encantadores de serpientes entre el humo de las cocinas hac\u00edan sonar sus flautas mientras ped\u00edan a los transe\u00fantes alguna moneda compensatoria con una mirada intimidante. Juegos de los m\u00e1s ex\u00f3ticos, como pescar botellas de bebidas dulces con ca\u00f1as donde colgaban unos aros de goma del tama\u00f1o preciso para que entrase el pico del envase atra\u00edan a ilusionados jugadores.<\/p>\n<p>Motocicletas a toda velocidad abri\u00e9ndose paso a bocinazos entre la multitud, haci\u00e9ndose acreedores de insultos y reprimendas que se perd\u00edan entremezcladas con el ruido del escape. Macacos encadenados eran las estrellas con los que todos quer\u00edan llevarse una foto de recuerdo a cambio de unos cuantos dirhams a sus carceleros que los sujetaban satisfechos. Un mantero, que exhib\u00eda su mercanc\u00eda de l\u00e1mparas de aceite encendidas de vivos tonos, trataba de evitar que sus artefactos fueran pisoteados, mientras un potencial cliente regateaba el precio, aprovech\u00e1ndose de la adivinada urgencia del artesano. Un grupo de ni\u00f1os correteaba con aparente inocencia, jugando a sustraer lo que encontrase en los bolsillos de alg\u00fan despistado turista que paseaba por entre ese acogedor caos humano.<br \/>\n<em>-A fin de cuentas estos musulmanes son tan incoherentes como nosotros, cristianos- se dec\u00eda a s\u00ed mismo. -\u00bfNo es acaso este mes un momento de reflexi\u00f3n, de oraci\u00f3n y de sacrificio para ellos? Yo s\u00f3lo veo gente que se atiene estrictamente a la letra de la ley durante el d\u00eda, para luego, bajo la luz de la luna, dar rienda suelta a todo tipo de sensaciones y emociones placenteras, cual asado apenas pasada la medianoche de un viernes de Cuaresma.<\/em><br \/>\nPero no ve\u00eda la realidad m\u00e1s all\u00e1 de sus propios ojos. Comparaba, cuando no hab\u00eda parang\u00f3n posible. No entend\u00eda que s\u00f3lo puede medirse entre semejantes; y sus culturas, sus idiosincrasias, su cosmovisi\u00f3n, todo era abismalmente distinto. Si bien eran hombres y mujeres como cualesquiera otros, hab\u00edan nacido en mundos tan diversos y lejanos como llenos de singulares riquezas. Y aunque esos hombres fuesen diferentes y hasta aparentemente contradictorios, aunque sus defectos se agigantasen bajo la mirada de otro tan distinto, aunque sus propias faltas se hicieran evidentes en la sencillez de esas formas de vida que le eran ajenas, no pod\u00eda sino calzarse esos ojos ajenos llenos de sol y polvo, esa piel de aceituna y esa lengua de habla trabada, abrir su pecho sin reparos, y reci\u00e9n entonces dejar que su pensamiento se expresara.<br \/>\n<em>-Ellos son coherentes con el texto de su ley; soportan dos terceras partes del d\u00eda sin siquiera tomar un sorbo de agua, aunque el Ramad\u00e1n caiga en verano y su h\u00e1bitat sea un desierto recalcitrante. Adem\u00e1s, son capaces de pasar de la calma a la efervescencia en tan s\u00f3lo minutos; y lo hacen cada d\u00eda igual. Es imposible no contagiarse de sus ganas de vivir- se respond\u00eda.<\/em><br \/>\nY miraba para sus adentros; ya no se comparaba. Reflejaba en esa cultura que le era extra\u00f1a y tan llena de vida, su monoton\u00eda, su mediocridad, su decepci\u00f3n, su mundo gris. La imagen, como si vista a trav\u00e9s de un prisma, le devolv\u00eda ahora un sinf\u00edn de colores que se entremezclaban alegres al son de una c\u00e1lida m\u00fasica de flautas, cuerdas y tambores.<\/p>\n<p><em>El autor es\u00a0abogado y entendido en Letras<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El texto, basado en un viaje del autor a Marrakech, est\u00e1 escrito con la distancia y la subjetividad propias del relato de ficci\u00f3n. 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