{"id":10658,"date":"2015-04-30T13:47:17","date_gmt":"2015-04-30T16:47:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=10658"},"modified":"2015-04-30T13:47:17","modified_gmt":"2015-04-30T16:47:17","slug":"el-papa-y-la-pena-de-muerte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=10658","title":{"rendered":"El Papa y la pena de muerte"},"content":{"rendered":"<p>Excelent\u00edsimo Se\u00f1or<\/p>\n<p>Federico Mayor<\/p>\n<p>Presidente de la Comisi\u00f3n Internacional contra la Pena de Muerte<\/p>\n<p>Se\u00f1or Presidente:<br \/>\nCon estas letras, deseo hacer llegar mi saludo a todos los miembros de la Comisi\u00f3n Internacional contra la Pena de Muerte, al grupo de pa\u00edses que la apoyan, y a quienes colaboran con el organismo que Ud. preside. Quiero adem\u00e1s expresar mi agradecimiento personal, y tambi\u00e9n el de los hombres de buena voluntad, por su compromiso con un mundo libre de la pena de muerte y por su contribuci\u00f3n para el establecimiento de una moratoria universal de las ejecuciones en todo el mundo, con miras a la abolici\u00f3n de la pena capital.<\/p>\n<p>He compartido algunas ideas sobre este tema en mi carta a la Asociaci\u00f3n Internacional de Derecho Penal y a la Asociaci\u00f3n Latinoamericana de Derecho Penal y Criminolog\u00eda, del 30 de mayo de 2014. He tenido la oportunidad de profundizar sobre ellas en mi alocuci\u00f3n ante las cinco grandes asociaciones mundiales dedicadas al estudio del derecho penal, la criminolog\u00eda, la victimolog\u00eda y las cuestiones penitenciarias, del 23 de octubre de 2014. En esta oportunidad, quiero compartir con ustedes algunas reflexiones con las que la Iglesia contribuya al esfuerzo humanista de la Comisi\u00f3n.<\/p>\n<p>El Magisterio de la Iglesia, a partir de la Sagrada Escritura y de la experiencia milenaria del Pueblo de Dios, defiende la vida desde la concepci\u00f3n hasta la muerte natural, y sostiene la plena dignidad humana en cuanto imagen de Dios (cf. Gen 1,26). La vida humana es sagrada porque desde su inicio, desde el primer instante de la concepci\u00f3n, es fruto de la acci\u00f3n creadora de Dios (cf. Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, n. 2258), y desde ese momento, el hombre, \u00fanica criatura a la que Dios ha amado por s\u00ed mismo, es objeto de un amor personal por parte de Dios (cf. Gaudium et spes, 24).<\/p>\n<p>Los Estados pueden matar por acci\u00f3n cuando aplican la pena de muerte, cuando llevan a sus pueblos a la guerra o cuando realizan ejecuciones extrajudiciales o sumarias. Pueden matar tambi\u00e9n por omisi\u00f3n, cuando no garantizan a sus pueblos el acceso a los medios esenciales para la vida. \u00abAs\u00ed como el mandamiento de \u201cno matar\u201d pone un l\u00edmite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir \u201cno a una econom\u00eda de la exclusi\u00f3n y la inequidad\u201d\u00bb (Evangelii gaudium, 53).<br \/>\nLa vida, especialmente la humana, pertenece s\u00f3lo a Dios. Ni siquiera el homicida pierde su dignidad personal y Dios mismo se hace su garante. Como ense\u00f1a san Ambrosio, Dios no quiso castigar a Ca\u00edn con el homicidio, ya que quiere el arrepentimiento del pecador y no su muerte (cf. Evangelium vitae, 9).<\/p>\n<p>En algunas ocasiones es necesario repeler proporcionadamente una agresi\u00f3n en curso para evitar que un agresor cause un da\u00f1o, y la necesidad de neutralizarlo puede conllevar su eliminaci\u00f3n: es el caso de la leg\u00edtima defensa (cf. Evangelium vitae, 55). Sin embargo, los presupuestos de la leg\u00edtima defensa personal no son aplicables al medio social, sin riesgo de tergiversaci\u00f3n. Es que cuando se aplica la pena de muerte, se mata a personas no por agresiones actuales, sino por da\u00f1os cometidos en el pasado. Se aplica, adem\u00e1s, a personas cuya capacidad de da\u00f1ar no es actual sino que ya ha sido neutralizada, y que se encuentran privadas de su libertad.<\/p>\n<p>Hoy d\u00eda la pena de muerte es inadmisible, por cuanto grave haya sido el delito del condenado. Es una ofensa a la inviolabilidad de la vida y a la dignidad de la persona humana que contradice el designio de Dios sobre el hombre y la sociedad y su justicia misericordiosa, e impide cumplir con cualquier finalidad justa de las penas. No hace justicia a las v\u00edctimas, sino que fomenta la venganza.<\/p>\n<p>Para un Estado de derecho, la pena de muerte representa un fracaso, porque lo obliga a matar en nombre de la justicia. Escribi\u00f3 Dostoevski: \u00abMatar a quien mat\u00f3 es un castigo incomparablemente mayor que el mismo crimen. El asesinato en virtud de una sentencia es m\u00e1s espantoso que el asesinato que comete un criminal\u00bb. Nunca se alcanzar\u00e1 la justicia dando muerte a un ser humano.<\/p>\n<p>La pena de muerte pierde toda legitimidad en raz\u00f3n de la defectiva selectividad del sistema penal y frente a la posibilidad del error judicial. La justicia humana es imperfecta, y no reconocer su falibilidad puede convertirla en fuente de injusticias. Con la aplicaci\u00f3n de la pena capital, se le niega al condenado la posibilidad de la reparaci\u00f3n o enmienda del da\u00f1o causado; la posibilidad de la confesi\u00f3n, por la que el hombre expresa su conversi\u00f3n interior; y de la contrici\u00f3n, p\u00f3rtico del arrepentimiento y de la expiaci\u00f3n, para llegar al encuentro con el amor misericordioso y sanador de Dios.<\/p>\n<p>La pena capital es, adem\u00e1s, un recurso frecuente al que echan mano algunos reg\u00edmenes totalitarios y grupos de fan\u00e1ticos, para el exterminio de disidentes pol\u00edticos, de minor\u00edas, y de todo sujeto etiquetado como \u201cpeligroso\u201d o que puede ser percibido como una amenaza para su poder o para la consecuci\u00f3n de sus fines. Como en los primeros siglos, tambi\u00e9n en el presente la Iglesia padece la aplicaci\u00f3n de esta pena a sus nuevos m\u00e1rtires.<\/p>\n<p>La pena de muerte es contraria al sentido de la humanitas y a la misericordia divina, que debe ser modelo para la justicia de los hombres. Implica un trato cruel, inhumano y degradante, como tambi\u00e9n lo es la angustia previa al momento de la ejecuci\u00f3n y la terrible espera entre el dictado de la sentencia y la aplicaci\u00f3n de la pena, una \u201ctortura\u201d que, en nombre del debido proceso, suele durar muchos a\u00f1os, y que en la antesala de la muerte no pocas veces lleva a la enfermedad y a la locura.<br \/>\nSe debate en algunos lugares acerca del modo de matar, como si se tratara de encontrar el modo de \u201chacerlo bien\u201d. A lo largo de la historia, diversos mecanismos de muerte han sido defendidos por reducir el sufrimiento y la agon\u00eda de los condenados. Pero no hay forma humana de matar a otra persona.<\/p>\n<p>En la actualidad, no s\u00f3lo existen medios para reprimir el crimen eficazmente sin privar definitivamente de la posibilidad de redimirse a quien lo ha cometido (cf. Evangelium vitae, 27), sino que se ha desarrollado una mayor sensibilidad moral con relaci\u00f3n al valor de la vida humana, provocando una creciente aversi\u00f3n a la pena de muerte y el apoyo de la opini\u00f3n p\u00fablica a las diversas disposiciones que tienden a su abolici\u00f3n o a la suspensi\u00f3n de su aplicaci\u00f3n (cf. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n. 405).<\/p>\n<p>Por otra parte, la pena de prisi\u00f3n perpetua, as\u00ed como aquellas que por su duraci\u00f3n conlleven la imposibilidad para el penado de proyectar un futuro en libertad, pueden ser consideradas penas de muerte encubiertas, puesto que con ellas no se priva al culpable de su libertad sino que se intenta privarlo de la esperanza. Pero aunque el sistema penal pueda cobrarse el tiempo de los culpables, jam\u00e1s podr\u00e1 cobrarse su esperanza.<\/p>\n<p>Como expres\u00e9 en mi alocuci\u00f3n del 23 de octubre pasado, \u00abla pena de muerte implica la negaci\u00f3n del amor a los enemigos, predicada en el Evangelio. Todos los cristianos y los hombres de buena voluntad, estamos obligados no s\u00f3lo a luchar por la abolici\u00f3n de la pena de muerte, legal o ilegal, y en todas sus formas, sino tambi\u00e9n para que las condiciones carcelarias sean mejores, en respeto de la dignidad humana de las personas privadas de la libertad\u00bb.<\/p>\n<p>Queridos amigos, los aliento a continuar con la obra que realizan, pues el mundo necesita testigos de la misericordia y de la ternura de Dios.<\/p>\n<p>Me despido encomend\u00e1ndolos al Se\u00f1or Jes\u00fas, que en los d\u00edas de su vida terrena no quiso que hiriesen a sus perseguidores en su defensa &#8211; \u00abGuarda tu espada en la vaina\u00bb (Mt 26,52) -, fue apresado y condenado injustamente a muerte, y se identific\u00f3 con todos los encarcelados, culpables o no: \u00abEstuve preso y me visitaron\u00bb (Mt 25,36). \u00c9l, que frente a la mujer ad\u00faltera no se cuestion\u00f3 sobre su culpabilidad, sino que invit\u00f3 a los acusadores a examinar su propia conciencia antes de lapidarla (cf. Jn 8,1-11), les conceda el don de la sabidur\u00eda, para que las acciones que emprendan en pos de la abolici\u00f3n de esta pena cruel, sean acertadas y fruct\u00edferas.<\/p>\n<p>Les ruego que recen por mi.<\/p>\n<p>Cordialmente<br \/>\nVaticano, 20 de marzo de 2015<\/p>\n<p>Francisco<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Excelent\u00edsimo Se\u00f1or Federico Mayor Presidente de la Comisi\u00f3n Internacional contra la Pena de Muerte Se\u00f1or Presidente: Con estas letras, deseo hacer llegar mi saludo a&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[945],"tags":[950],"class_list":["post-10658","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-fe-2","tag-documentos-2"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-2LU","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10658","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=10658"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10658\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=10658"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=10658"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=10658"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}