{"id":11095,"date":"2015-07-15T17:14:57","date_gmt":"2015-07-15T17:14:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=11095"},"modified":"2015-07-15T17:14:57","modified_gmt":"2015-07-15T17:14:57","slug":"de-que-hablamos-cuando-hablamos-de-agnosticismo-borgeano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=11095","title":{"rendered":"De qu\u00e9 hablamos cuando hablamos de agnosticismo (borgeano)"},"content":{"rendered":"<p><em>A\u00fan no sabemos casi nada y querr\u00edamos adivinar<\/em><br \/>\n<em> esa \u00faltima palabra que no nos ser\u00e1 revelada nunca.<\/em><br \/>\n<em> El frenes\u00ed de llegar a una conclusi\u00f3n<\/em><br \/>\n<em> es la m\u00e1s funesta y est\u00e9ril de las man\u00edas.<\/em><br \/>\nGustave Flaubert,<br \/>\ncitado por Borges en \u201cVindicaci\u00f3n de Bouvard y P\u00e9cuchet\u201d<\/p>\n<p>Podemos partir de dos constataciones que, a primera vista, pueden resultar parad\u00f3jicas. La primera: al recorrer, aunque m\u00e1s no sea azarosamente, la vast\u00edsima bibliograf\u00eda dedicada a la obra borgeana, es frecuente encontrar que la mayor\u00eda de los cr\u00edticos coinciden en caracterizar al autor como agn\u00f3stico. De hecho, el propio Borges se ha referido a s\u00ed mismo en estos t\u00e9rminos en algunas entrevistas de los a\u00f1os setenta (con Jean de Milleret o con M. E. V\u00e1zquez, por ejemplo). La segunda: basta recorrer, aunque m\u00e1s no sea azarosamente, la obra de Borges \u2013ciertamente mucho menos extensa que la bibliograf\u00eda que ha suscitado- para descubrir que las cuestiones teol\u00f3gicas y las referencias b\u00edblicas se repiten con una frecuencia que permite considerarlas un componente central de su proyecto literario.<br \/>\nSi el agnosticismo implica cierta distancia con respecto a cualquier credo religioso, \u00bfc\u00f3mo se conjuga con el manifiesto inter\u00e9s de Borges por cuestiones como el infierno, la encarnaci\u00f3n o la Trinidad y la proliferaci\u00f3n de citas y alusiones b\u00edblicas en sus textos? No es imposible, desde luego, descreer de algo y estar profundamente interesado en ello (\u201cEl descreimiento, si es intensivo, tambi\u00e9n es fe\u201d, escribi\u00f3 Borges en 1926). Pero en todo caso esta combinaci\u00f3n de afirmaciones esc\u00e9pticas acerca de la teolog\u00eda y recurrencia obsesiva de sus temas, problemas y autores merece examinarse brevemente para intentar delimitar de qu\u00e9 hablamos cuando hablamos del agnosticismo borgeano.<br \/>\nComencemos por despejar una cuesti\u00f3n. Cuando en este texto decimos \u201cBorges\u201d, debe entenderse como una referencia al escritor en tanto figura p\u00fablica, a la figura de autor que este ha ido construyendo a trav\u00e9s de su obra y de ciertas intervenciones p\u00fablicas, y no como un intento de descubrir las creencias \u00edntimas del sujeto emp\u00edrico Jorge Luis Borges (que, en cierta medida, son irrelevantes para la comprensi\u00f3n de su obra). Es decir: el agnosticismo no nos interesa como una postura existencial asumida por un individuo sino como un posicionamiento de escritor, un lugar desde el que Borges escribe. Se trata entonces, de definir esa posici\u00f3n y entender en qu\u00e9 forma result\u00f3 literariamente productiva.<br \/>\nAhora bien, para avanzar conviene precisar los alcances del t\u00e9rmino \u201cagnosticismo\u201d, que no debe confundirse con \u201cate\u00edsmo\u201d. Se suelen distinguir dos vertientes dentro de esta posici\u00f3n filos\u00f3fica: una primera, que niega que lo trascendente pueda ser objeto de conocimiento, de una m\u00e1s radical, que niega incluso toda relevancia a la pregunta por lo trascendente. El agnosticismo de Borges se inscribir\u00eda en la primera tendencia que no rechaza totalmente la metaf\u00edsica, pues aunque formalmente la relega al reino de lo afectivo, asume que existe en el hombre \u201cuna necesidad metaf\u00edsica ineludible que no podr\u00e1 ser jam\u00e1s satisfecha\u201d (Ferrater Mora 1964:55). Podemos recordar aqu\u00ed, por ejemplo, lo afirmado en uno de los m\u00e1s famosos ensayos de Borges, \u201cEl idioma anal\u00edtico de John Wilkins\u201d (La Naci\u00f3n, febrero de 1942):<br \/>\n[\u2026] notoriamente no hay clasificaci\u00f3n del universo que no sea arbitraria y conjetural. La raz\u00f3n es muy simple: no sabemos qu\u00e9 cosa es el universo. [\u2026] Cabe ir m\u00e1s lejos; cabe sospechar que no hay universo en el sentido org\u00e1nico, unificador, que tiene esa ambiciosa palabra. Si lo hay, falta conjeturar su prop\u00f3sito; falta conjeturar las palabras, las definiciones, las etimolog\u00edas, las sinonimias, del secreto diccionario de Dios.<br \/>\nLa imposibilidad de penetrar el esquema divino del universo no puede, sin embargo, disuadirnos de planear esquemas humanos, aunque nos conste que estos son provisorios (OCII:86)<\/p>\n<p>Como puede advertirse, existe una oscilaci\u00f3n entre negar la existencia de un esquema divino y afirmar que existe pero es incognoscible. Lo mismo puede percibirse en otros ensayos y ficciones de ese per\u00edodo, como \u201cLa m\u00e1quina de pensar de Raimundo Lulio\u201d (El Hogar, octubre de 1937), \u201cAvatares de la tortuga\u201d (Sur, 1939) o \u201cTl\u00f6n, Uqbar, Orbis Tertius\u201d (Sur n\u00b0 68, mayo 1940).<br \/>\nM\u00e1s all\u00e1 de inscribirse en esta primera tendencia, es preciso subrayar, como anticipamos, que el agnosticismo de Borges tiene un matiz singular: la distancia con respecto a la metaf\u00edsica no implica una negaci\u00f3n del inter\u00e9s que esta le suscita. Ya en el pr\u00f3logo de Discusi\u00f3n (1932), el escritor se hab\u00eda referido a su \u201cafici\u00f3n incr\u00e9dula y persistente por las dificultades teol\u00f3gicas\u201d (OCI:177). El propio escritor propone una clave de lectura para resolver la aparente tensi\u00f3n entre el escaso o nulo valor de verdad que concede a la obra de te\u00f3logos y metaf\u00edsicos y la presencia casi obsesiva de alusiones en sus textos. Su formulaci\u00f3n m\u00e1s acabada, incansablemente citada por los cr\u00edticos y repetida con variantes por el escritor en numerosas entrevistas posteriores, se encuentran en el ep\u00edlogo de Otras inquisiciones (1952): afirma all\u00ed su tendencia \u201ca estimar las ideas religiosas o filos\u00f3ficas por su valor est\u00e9tico y aun por lo que encierran de singular y de maravilloso\u201d (OCII:153). Borges condensa en esta f\u00f3rmula une serie de enunciados que pueden rastrearse en su obra desde la d\u00e9cada anterior: la metaf\u00edsica como rama de la literatura fant\u00e1stica (\u201cTl\u00f6n, Uqbar, Orbis Tertius\u201d, 1940), te\u00f3logos y fil\u00f3sofos como los mayores maestros del g\u00e9nero fant\u00e1stico (\u201cLeslie D. Weatherhead. After Death\u201d, Sur n\u00b0 105, julio 1943), etc. Podemos hipotetizar que al proponer tal clave de lectura, Borges procuraba \u2013entre otras cosas- impedir que sus constantes referencias al cristianismo fueran entendidas como un acercamiento a posiciones creyentes. En la misma l\u00ednea, recordemos que en los paratextos de sus libros de relatos, el escritor se encarga de vincular aquellos que tienen resonancias teol\u00f3gicas con el g\u00e9nero fant\u00e1stico, de modo de circunscribir su inter\u00e9s al terreno de lo literario: \u201cTres versiones de Judas\u201d (incluido en Ficciones, 1944) es \u201cuna fantas\u00eda cristol\u00f3gica\u201d (OCI:483); \u201cLa otra muerte\u201d \u2013t\u00edtulo que reemplaza significativamente al m\u00e1s cristiano \u201cLa redenci\u00f3n\u201d, al ser recogido en El Aleph (1949)- se presenta como una \u201cfantas\u00eda sobre el tiempo\u201d (OCI:629).<\/p>\n<p><strong>El sue\u00f1o de la raz\u00f3n engendra monstruos<\/strong><br \/>\nDijimos que el agnosticismo consiste en negar que lo trascendente pueda ser objeto de conocimiento. En esta l\u00ednea, podr\u00eda afirmarse que el blanco del desd\u00e9n y la iron\u00eda borgeanos no es tanto la posibilidad de la trascendencia \u2013sobre la que se afirman, en distintos lugares, cosas contradictorias, sin llegar a una negaci\u00f3n categ\u00f3rica- sino los discursos sobre lo trascendente y, en particular, la teolog\u00eda escol\u00e1stica, que representa \u2013en el sistema borgeano\u2013 algo as\u00ed como el s\u00fammum del racionalismo teol\u00f3gico y la incapacidad de contemplar el misterio.<br \/>\nEsto puede comprobarse al examinar las consideraciones de Borges sobre la Trinidad. Hay dos ensayos de la d\u00e9cada del treinta, \u201cUna vindicaci\u00f3n de la c\u00e1bala\u201d e \u201cHistoria de la eternidad\u201d, que incluyen \u2013repetida con escasas variantes\u2013 una singular mirada sobre este dogma (cfr. OCI:209-211, OCI:359-360). Como ha se\u00f1alado Susanna Fresko, la posici\u00f3n del escritor frente a este misterio central del cristianismo es ambigua: su iron\u00eda es expl\u00edcita y recurrente pero tambi\u00e9n reconoce su importancia (\u201cemocional y pol\u00e9mica\u201d, OCI:359) y su necesidad dentro de la doctrina cristiana. Entendemos que esta ambig\u00fcedad puede ligarse a una consideraci\u00f3n doble: en tanto misterio, la Trinidad no carece de atractivo \u2013aunque sea el atractivo de lo uncanny\u2013 y puede incluso ser objeto poetizable: Borges cita a Dante y a Donne para culminar afirmando con san Paulino, \u201cFulge en pleno misterio la Trinidad\u201d (\u201cUna vindicaci\u00f3n de la c\u00e1bala\u201d, OCI:210, \u201cHistoria de la eternidad\u201d, OCI:359). Propone incluso \u00e9l mismo una descripci\u00f3n no exenta de lirismo: \u201cuna infinidad ahogada, especiosa, como de contrarios espejos\u201d (OCI:210, 359). En cambio, considerada desde una perspectiva racional \u2013como hacen ciertos te\u00f3logos\u2013 la Trinidad se convierte, s\u00ed, en excusa para una acumulaci\u00f3n de iron\u00edas y adjetivaciones del orden de lo terror\u00edfico, al punto que llega a ser un t\u00e9rmino de comparaci\u00f3n para lo monstruoso: \u201chorrenda sociedad trina y una\u201d, \u201cteratolog\u00eda intelectual\u201d, \u201chorror intelectual\u201d, \u201cdeformaci\u00f3n que s\u00f3lo el horror de una pesadilla pudo parir\u201d, \u201cel monstruo\u201d, etc. (cfr. OCI:209-210-, OCI:359-360).<br \/>\nReencontramos esta contraposici\u00f3n de perspectivas sobre la divinidad en diversos textos borgeanos, al punto de que ser\u00eda posible postular una distinci\u00f3n entre el Dios de los poetas y los m\u00edsticos, que conserva un aura de misterio inefable \u2013perceptible incluso desde una perspectiva agn\u00f3stica\u2013 y el \u201cinconcebible Dios de los te\u00f3logos\u201d (Val\u00e9ry como s\u00edmbolo\u201d, OCII:64), al que Borges se refiere en varios textos, caracteriz\u00e1ndolo como una construcci\u00f3n intelectual, dotada de atributos y perfecciones que poco tienen que ver con el misterio y son f\u00e1cilmente ridiculizables. Esta oposici\u00f3n recuerda la formulada famosamente por Blaise Pascal entre el \u201cDios de los fil\u00f3sofos\u201d, objeto de la raz\u00f3n, y el Dios b\u00edblico -\u201cDios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob\u201d-, objeto de fe. Tambi\u00e9n en Borges, Biblia y teolog\u00eda son dos formas opuestas de acercarse a lo trascendente. Mientras que la primera propone un lenguaje que participa de lo po\u00e9tico y que en modo alguno pretende definir ni explicar pormenorizadamente la naturaleza de la divinidad \u2013tradici\u00f3n en la que se insertar\u00e1n luego ciertos m\u00edsticos y literatos\u2013, la teolog\u00eda racionalista hace de Dios \u201cun respetuoso caos de superlativos no imaginables\u201d (\u201cDe alguien a nadie\u201d, OCII: 115), traduciendo en abstracciones lo que en la Biblia son im\u00e1genes concretas y forzando muchas veces los sentidos de la Escritura para adecuarla a conclusiones sacadas de antemano, buscando \u201cfraudulentas confirmaciones, donde parece que el Esp\u00edritu Santo dijo muy mal lo que dice bien el comentador\u201d (\u201cHistoria de la eternidad\u201d, OCI:360).<br \/>\nDe este modo, Borges parece advertir \u2013como se\u00f1alara Jose Carlos Barcellos (2007)\u2013 contra las pretensiones que descubre en cierta teolog\u00eda cristiana de llegar con la \u201cmera raz\u00f3n\u201d al conocimiento de lo trascendente. En \u201cHistoria de la eternidad\u201d leemos: \u201cla sospecha de que las categor\u00edas de Dios pueden no ser precisamente las del lat\u00edn, no cabe en la escol\u00e1stica\u201d (OCI:360). Algunos a\u00f1os despu\u00e9s se referir\u00e1 a la \u201cinsensata precisi\u00f3n\u201d de los te\u00f3logos (\u201cLa creaci\u00f3n y P.H. Goose\u201d, OCII:28). Avanzar sistem\u00e1tica y racionalmente sobre el conocimiento de lo trascendente \u2013como hace la escol\u00e1stica\u2013 es insensato y los resultados son del orden de lo horroroso o lo rid\u00edculo. Como dir\u00e1 Borges en \u201cAbenjac\u00e1n el Bojar\u00ed, muerto en su laberinto\u201d: \u201cEl misterio participa de lo sobrenatural y aun de lo divino; la soluci\u00f3n, del juego de manos\u201d (OCI:604). Aquello que es objeto de fe, no deber\u00eda requerir excesivas demostraciones \u2013y de all\u00ed el desd\u00e9n borgeano por las v\u00edas racionales y los argumentum de la escol\u00e1stica\u2013. En el libro sobre el budismo que escribi\u00f3 junto a Alicia Jurado, se subraya un contraste que resulta significativo: \u201cEn la India, la fe en la transmigraci\u00f3n es tan profunda que a nadie se le ha ocurrido demostrarla, contrariamente a lo que ocurre en la cristiandad, que abunda en pruebas sin duda irrefutables de la existencia de Dios\u201d (Qu\u00e9 es el budismo, 71).<\/p>\n<p><strong>Consecuencias afortunadas<\/strong><br \/>\nEl agnosticismo, entonces, no puede leerse como un mero sin\u00f3nimo de incredulidad ni mucho menos indiferencia por las cuestiones teol\u00f3gicas. Por un lado, especialmente si consideramos el contexto del campo cultural argentino de mediados del siglo XX, donde la teolog\u00eda neoescol\u00e1stica ten\u00eda un nutrido grupo de defensores, la posici\u00f3n de Borges tiene una dimensi\u00f3n pol\u00e9mica, que pone en cuesti\u00f3n los fundamentos mismos de una teolog\u00eda racional, pero sin clausurar del todo \u2013al menos como anhelo nost\u00e1lgico y titubeante\u2013 la posibilidad de una trascendencia misteriosa e inefable. Pero tambi\u00e9n, y quiz\u00e1s esto sea lo principal, el agnosticismo, entendido como posicionamiento de escritor, le permite a Borges retomar temas, problemas y figuras centrales del imaginario cristiano con una libertad que es dif\u00edcil de encontrar en los autores confesionales \u2013al menos en sus contempor\u00e1neos argentinos\u2013 y un inter\u00e9s \u2013y conocimiento de la materia\u2013 que resulta infrecuente entre los que no se reconocen como creyentes.<br \/>\nHacia el final de \u201cEl escritor argentino y la tradici\u00f3n\u201d, Borges afirma que, como consecuencia de nuestra ubicaci\u00f3n perif\u00e9rica con respecto a Occidente: \u201clos argentinos, los sudamericanos en general [\u2026]; podemos manejar todos los temas europeos, manejarlos sin supersticiones, con una irreverencia que puede tener, y ya tiene, consecuencias afortunadas\u201d. El agnosticismo borgeano, como una suerte de \u201cperiferia\u201d de la fe, le permite al escritor esa libertad irreverente que tambi\u00e9n ha tenido \u2013al menos a juicio de este lector\u2013 numerosas consecuencias afortunadas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>El autor es doctor en Letras por la Universidad de Buenos Aires<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A\u00fan no sabemos casi nada y querr\u00edamos adivinar esa \u00faltima palabra que no nos ser\u00e1 revelada nunca. 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