{"id":11146,"date":"2015-07-15T19:01:15","date_gmt":"2015-07-15T19:01:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=11146"},"modified":"2015-07-15T19:01:15","modified_gmt":"2015-07-15T19:01:15","slug":"metaforas-de-la-resurreccion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=11146","title":{"rendered":"Met\u00e1foras de la resurrecci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><em>\u201c\u2026se preguntaban qu\u00e9 significar\u00eda<\/em><br \/>\n<em> \u2018resucitar de entre los muertos\u2019.\u201d (Marcos 9, 10)<\/em><\/p>\n<p><em><strong>Parad\u00f3jicamente, la idea de la resurrecci\u00f3n termina por ser m\u00e1s plausible hoy que hace siglos, porque hemos aprendido a pensar en t\u00e9rminos de informaci\u00f3n.<\/strong><\/em><\/p>\n<p>La muerte siempre fue la circunstancia m\u00e1s inevitable y misteriosa de la vida. Aun hoy, a pesar de todo lo que sepamos acerca de su c\u00f3mo y su porqu\u00e9, el \u201cm\u00e1s all\u00e1\u201d sigue siendo un enigma.<br \/>\nSi todo se acaba con la muerte, la vida no pasa de ser una enfermedad mortal de transmisi\u00f3n sexual, como ir\u00f3nicamente titul\u00f3 Krzysztof Zanussi una de sus pel\u00edculas. En ese caso, la muerte es un sue\u00f1o eterno, como rezaba el letrero que Joseph Fouch\u00e9 hizo poner en los cementerios durante el Terror, quiz\u00e1s para ilustrar a los difuntos y sus deudos. Pero la esperanza de que la vida contin\u00fae, siquiera en la memoria de otros, no abandona ni al que teme a la muerte ni al que la aguarda en paz.<br \/>\nLos griegos y romanos, que imaginaban un m\u00e1s all\u00e1 lleno de tristes espectros, ensalzaron la vida y la juventud. Los egipcios hicieron del m\u00e1s all\u00e1 el tribunal m\u00e1s alto, y los chinos nunca dejaron de so\u00f1ar con la inmortalidad f\u00edsica.<br \/>\nNo todas las religiones hablan de otra vida; entre aquellas que lo hacen, unas prometen la supervivencia del alma en otro mundo, otras la reencarnaci\u00f3n y algunas la resurrecci\u00f3n del cuerpo en un mundo renovado.<br \/>\nLa reencarnaci\u00f3n ofrece no una sino inn\u00fameras vidas, pero al precio de que olvidemos nuestra identidad. M\u00e1s que una esperanza parecer\u00eda una condena, y as\u00ed lo entendi\u00f3 el budismo.<br \/>\nLa inmortalidad del alma, tal como la concibi\u00f3 Plat\u00f3n inspir\u00e1ndose en la fe \u00f3rfica y egipcia, nos libera del cuerpo perecedero, pero tambi\u00e9n nos exige renunciar a nuestra historia.<br \/>\nLos fil\u00f3sofos no ofrecieron soluciones m\u00e1s atractivas. Arist\u00f3teles reservaba la inmortalidad para el intelecto agente, esa racionalidad impersonal que todos tenemos; en ese caso la l\u00f3gica ser\u00eda eterna, pero nosotros no. Nietzsche propuso el eterno retorno del tiempo fugaz. Pero \u00bfqui\u00e9n podr\u00eda desear que revivieran cosas como la guerra, el sufrimiento o la injusticia?<br \/>\nMuy pocos fueron los que se atrevieron a hablar, no ya de una existencia fantasmal, sino de una resurrecci\u00f3n que rescatara lo mejor de nuestra vida, signada por el tiempo.<br \/>\nLa resurrecci\u00f3n estaba en el zoroastrismo y sigue estando en el Islam. En el juda\u00edsmo apareci\u00f3 reci\u00e9n con la literatura apocal\u00edptica del siglo II a. JC, pero as\u00ed como era aceptada por los fariseos, los saduceos la negaban.<br \/>\nEl cristianismo, en cambio, puso la resurrecci\u00f3n en el centro de la fe. San Pablo, de quien se burlaron cuando la proclam\u00f3 en el Are\u00f3pago, se empe\u00f1\u00f3 en defenderla como la prueba de fuego de la fe. Ninguna otra religi\u00f3n se hab\u00eda atrevido a apostarlo todo a un solo hecho: \u201csi no hay resurrecci\u00f3n de los muertos, entonces Cristo no resucit\u00f3 y nuestra fe es vana.\u201d (I Corintios 15, 13-14).<br \/>\nEn los Evangelios, la resurrecci\u00f3n de Cristo pertenece a un orden distinto de las resucitaciones de L\u00e1zaro, la hija de Jairo o el hijo de la viuda de Na\u00edn. En estos casos s\u00f3lo se trata del retorno temporal a la vida de un cuerpo \u201ccl\u00ednicamente\u201d muerto. El cuerpo de Cristo resucitado, en cambio, es f\u00edsicamente discontinuo con el Jes\u00fas que hab\u00edan conocido los ap\u00f3stoles. Aparece, desaparece y atraviesa las paredes. Pero no es un espectro, porque conserva sus llagas y pide que le den de comer. A Magdalena le dice que no lo toque, pero a Tom\u00e1s lo invita a poner la mano en sus heridas. Puede incluso que sea dif\u00edcil reconocerlo, como les pasa a los disc\u00edpulos de Ema\u00fas o los que vuelven de pescar en el lago Tiber\u00edades. Nada es f\u00edsicamente preciso en estas apariciones: son apenas indicios del misterio.<br \/>\nEl cuerpo perecedero (la \u201ccarne\u201d) se llama sarx en griego y caro en lat\u00edn, y tal como dec\u00eda Or\u00edgenes, \u201ces un r\u00edo\u201d que cambia constantemente. La \u201cpersona\u201d, en cambio, recibe el nombre de soma o corpus. Por eso Oscar Cullmann pudo decir que la resurrecci\u00f3n no consiste en liberar al alma del cuerpo sino de emancipar de la carne tanto al cuerpo como al alma.<br \/>\nEl antiguo S\u00edmbolo de los Ap\u00f3stoles hablaba de la carne, pero el Credo de Nicea opt\u00f3 por un lenguaje m\u00e1s neutro y anunci\u00f3 la resurrecci\u00f3n de los muertos (an\u00e1stasis nekroon).<br \/>\nEl n\u00facleo de la teolog\u00eda paulina de la resurrecci\u00f3n est\u00e1 en la primera ep\u00edstola a los Corintios, donde se habla de un parad\u00f3jico cuerpo espiritual (soma pneumatik\u00f3n), cuyo germen estar\u00eda en la carne. La patr\u00edstica despleg\u00f3 toda una gama de met\u00e1foras de la resurrecci\u00f3n \u2013la floraci\u00f3n primaveral, el feto, la cris\u00e1lida, el huevo, la vasija restaurada, el bronce de la estatua vuelto a fundir, el fuego que sigue ardiendo con otros le\u00f1os\u2013 pero la imagen paulina de la semilla siempre fue la preferida.<\/p>\n<p><strong>Los \u00e1tomos y las personas<\/strong><br \/>\nEn los primeros siglos de la Iglesia, los fieles ten\u00edan tantas dudas sobre la resurrecci\u00f3n que san Agust\u00edn no daba abasto con las respuestas: \u00bfAquellos que hab\u00edan sido devorados por las fieras ser\u00edan regurgitados? \u00bfC\u00f3mo renacer\u00edan los m\u00e1rtires de Lyon, cuyos cuerpos hab\u00edan sido quemados por los paganos? \u00bfCu\u00e1ntos cuerpos tendr\u00edan los siameses? \u00bfLos amputados, renacer\u00edan enteros? \u00bfCon qu\u00e9 edad volver\u00edamos a la vida? \u00bfTodos tendr\u00edan el mismo sexo? \u00bfLos cuerpos renacer\u00edan mejorados, como cre\u00eda Aten\u00e1goras, o tal como eran al morir, como pensaba Tertuliano?<br \/>\nLos escasos conocimientos cient\u00edficos de la \u00e9poca no ayudaban a superar la visi\u00f3n materialista propia del agricultor y el artesano. Si se tomaba la met\u00e1fora al pie de la letra, hab\u00eda que buscar en qu\u00e9 parte del cuerpo estar\u00eda la simiente. Se crey\u00f3 que los huesos, m\u00e1s duraderos que la carne, ser\u00edan la \u201csemilla\u201d del cuerpo glorioso. Eso explica el macabro despliegue de osarios y relicarios: a mediados del siglo XIII se lleg\u00f3 a hervir los cuerpos de los nobles y eclesi\u00e1sticos para preservar sus huesos.<br \/>\nRobert Boyle, uno de los fundadores de la qu\u00edmica moderna, segu\u00eda pensando que el \u201cn\u00facleo esencial\u201d de la persona estaba en los huesos. Leibniz, el padre del an\u00e1lisis matem\u00e1tico, lo imaginaba inextenso pero localizado en el cerebro .<br \/>\nEste materialismo, que obligaba a buscar un nexo f\u00edsico entre el cad\u00e1ver y el nuevo cuerpo, no echaba demasiada luz sobre el misterio. Para superarlo, al decir de Hans Kung, hab\u00eda que dejar de buscar \u201cla continuidad de un cuerpo como magnitud f\u00edsica o de plantearse cuestiones cient\u00edfico-naturales como la permanencia de las mol\u00e9culas.\u201d<br \/>\nQuien le dio un giro decisivo a la cuesti\u00f3n fue Tom\u00e1s de Aquino, que encontraba demasiado concretas las met\u00e1foras de la semilla y de la estatua. Para superarlas, apel\u00f3 a la ciencia m\u00e1s avanzada de su tiempo: el aristotelismo, que acababa de ser redescubierto. Tom\u00e1s puso la identidad en la forma sustancial (que era algo m\u00e1s que el alma plat\u00f3nica) y volvi\u00f3 superflua la continuidad f\u00edsica.<br \/>\nCon la llegada de la ciencia newtoniana, que parec\u00eda apuntalar el materialismo de Dem\u00f3crito y Epicuro, se populariz\u00f3 la visi\u00f3n de una materia formada por part\u00edculas indivisibles y eternas (los \u00e1tomos) que pod\u00edan recombinarse al infinito. En ese marco, la resurrecci\u00f3n parec\u00eda algo absurdo. Justino hab\u00eda dicho que Dios ten\u00eda el poder de rescatar hasta el \u00faltimo fragmento del cuerpo, pero ocurr\u00eda que los mismos \u00e1tomos hab\u00edan pertenecido a varios cuerpos. De tal modo, Descartes s\u00f3lo atinaba a explicar la resurrecci\u00f3n como una suerte de reencarnaci\u00f3n del alma en un cuerpo hecho de \u00e1tomos reciclados.<\/p>\n<p><strong>Del Siglo de las Luces al reino de la informaci\u00f3n<\/strong><br \/>\nEl culto de las reliquias, que la Ilustraci\u00f3n condenaba como supersticioso, demostr\u00f3 estar m\u00e1s vivo que nunca el d\u00eda que los huesos de Voltaire fueron trasladados al Pante\u00f3n. En el siglo XX, cuando hubo reg\u00edmenes expl\u00edcitamente ateos, los restos de sus l\u00edderes fueron objeto de una veneraci\u00f3n an\u00e1loga a la de los santos, que su doctrina repudiaba.<br \/>\nCuando muri\u00f3 Lenin, que hab\u00eda hecho filmar el sepulcro del monje Andrei Rublev para que el pueblo viera c\u00f3mo se corromp\u00edan los cuerpos santos, sus restos fueron venerados en un imponente mausoleo. Stalin fue enterrado junto a \u00e9l, hasta que en el XXII Congreso del Partido una delegada cont\u00f3 que Lenin le hab\u00eda dicho en sue\u00f1os que no soportaba la compa\u00f1\u00eda del georgiano. Del mismo modo, la misi\u00f3n cubana que en 1997 rescat\u00f3 de Bolivia los restos del \u201cChe\u201d Guevara no hizo nada distinto de aquella que mil a\u00f1os antes llevaron a cabo los agentes venecianos para sacar de Alejandr\u00eda el cuerpo de san Marcos.<br \/>\nHoy, el aumento de las expectativas de vida, la derrota de las plagas m\u00e1s legendarias, las \u201cresucitaciones\u201d rutinarias en los quir\u00f3fanos, las victorias de la prost\u00e9tica sobre la discapacidad: todo alienta la ilusi\u00f3n de la inmortalidad tecnol\u00f3gica. Google acaba de anunciar con gran optimismo que financiar\u00e1 un proyecto destinado a que todos vivan 500 a\u00f1os, si es que antes no sucumben al aburrimiento.<br \/>\nNuestra cultura, que tiende a silenciar la muerte y a convertir a los cementerios en parques tem\u00e1ticos, dice confiar en la ciencia, o mejor, en todo lo que se dice en nombre de la ciencia. Pero el anhelo de inmortalidad nunca abandon\u00f3 el imaginario, y su persistencia parecer\u00eda autorizar ciertas especulaciones cuasi cient\u00edficas, a veces m\u00e1s aventuradas que las de los metaf\u00edsicos.<br \/>\nEl trans-humanismo, un movimiento bastante popular en el mundo de la inform\u00e1tica, promete que en una o dos d\u00e9cadas se podr\u00e1 \u201ccargar\u201d en un computador la totalidad de la informaci\u00f3n (conocimientos, recuerdos y sentimientos) que encierra nuestro cerebro. Eso nos permitir\u00e1 abandonar el cuerpo f\u00edsico para vivir para siempre, gozando de placenteras ilusiones y conocimientos ilimitados, sin otra necesidad que el suministro de energ\u00eda. Sin duda, una fantas\u00eda inspirada por el entorno tecnol\u00f3gico en el cual viven los cultores de esta ideolog\u00eda.<br \/>\nUna de las especulaciones m\u00e1s ambiciosas se la debemos a un cient\u00edfico de renombre, Frank J.Tipler. Su F\u00edsica de la inmortalidad es un libro tan abstruso como extenso, subtitulado La cosmolog\u00eda moderna, Dios y la resurrecci\u00f3n de los muertos (1994). Tipler se declara no creyente, pero reconoce haberse inspirado en Teilhard de Chardin.<br \/>\nEn la visi\u00f3n de Tipler, la vida y la inteligencia no son el resultado de la evoluci\u00f3n, sino las fuerzas que orientan a \u00e9sta desde el origen del cosmos. Desde que apareci\u00f3, la vida ha ido conquistando al mundo, creando estructuras de creciente complejidad. Lo mismo ha hecho la inteligencia, nutri\u00e9ndose de informaci\u00f3n. De este modo, el cosmos aparece como un vasto programa que culminar\u00e1 cuando la inteligencia asuma el control: entonces habr\u00e1 un Dios capaz de resucitarnos. Tipler le dedica alg\u00fan espacio a imaginar la vida de los resucitados, que se nos antoja parecida a la de los personajes de un videojuego.<br \/>\nLa reacci\u00f3n que provocaron las tesis de Tipler fue tan negativa entre los f\u00edsicos como entre los te\u00f3logos, con la \u00fanica excepci\u00f3n del luterano Wolfhart Panneberg. Pero hay que reconocer que estas especulaciones, m\u00e1s afines a la ficci\u00f3n que a la ciencia, no brotan de la nada. Reflejan las transformaciones que ha sufrido la cosmovisi\u00f3n cient\u00edfica, por m\u00e1s que todav\u00eda no se hayan popularizado.<br \/>\nLa f\u00edsica cl\u00e1sica, de la cual todav\u00eda dependemos hasta para viajar a Marte, ha visto diluirse ese materialismo que sol\u00eda asociarse con ella, desde que aparecieron la flecha del tiempo, el mundo cu\u00e1ntico, la informaci\u00f3n y la complejidad. Los \u00e1tomos ya no son esas bolitas s\u00f3lidas que tend\u00edamos a imaginar, sino configuraciones de la energ\u00eda. La noci\u00f3n de materia ha sido reemplazada por conceptos din\u00e1micos como masa\/energ\u00eda e informaci\u00f3n, de modo que el mundo f\u00edsico se ha ido \u201cdesmaterializando\u201d.<br \/>\nLas ciencias de la vida tambi\u00e9n ayudan a entender mejor aquella simiente que intrigaba a los antiguos, sin que por ello resulte menos asombrosa. Cuando el Ap\u00f3stol dice que \u201ca cada semilla\u2026Dios le da un cuerpo peculiar\u201d lo primero en que hoy pensamos es en el genoma.<br \/>\nParad\u00f3jicamente, la idea de la resurrecci\u00f3n termina por ser m\u00e1s plausible hoy que hace siglos, porque hemos aprendido a pensar en t\u00e9rminos de informaci\u00f3n. Cuando se nos dice que el cuerpo espiritual ser\u00e1 tan distinto del actual como la planta lo es de la semilla, podemos entenderlo porque sabemos que ese libro que se escribi\u00f3 en el pergamino, se imprimi\u00f3 en papel y hoy est\u00e1 en un archivo digital, es mucho m\u00e1s que su soporte f\u00edsico. Ya lo sab\u00eda hasta un de\u00edsta como Benjamin Franklin, que hab\u00eda sido editor y escribi\u00f3 para s\u00ed mismo un epitafio donde anunciaba que \u201csu personalidad, revisada y corregida por su Autor, pronto ser\u00eda reeditada en una nueva y m\u00e1s elegante versi\u00f3n\u201d.<br \/>\nSi hoy se permite fantasear con cargar y descargar no s\u00f3lo el genoma, sino la entera personalidad, \u00bfqu\u00e9 le impide al creyente pensar en un nuevo soporte f\u00edsico de la persona, si sabemos que habr\u00e1 \u201cun nuevo cielo y una nueva tierra\u201d?<br \/>\nLa resurrecci\u00f3n es un dato de la revelaci\u00f3n, inaccesible a la intuici\u00f3n y a la representaci\u00f3n, nos recuerda Hans Kung. Pero nada impide usar los recursos del lenguaje de nuestro tiempo y decir que Dios puede hacer m\u00e1s que un backup o un reset de nuestras vidas; \u00c9l puede darnos otro soporte, en un universo programado seg\u00fan otras leyes y con otras condiciones iniciales.<br \/>\nLa met\u00e1fora se hace inevitable cuando nos atrevemos a hablar de lo eterno con el lenguaje de este tiempo. Lo \u00fanico que no podemos hacer es olvidar que ellas no son el reflejo de las cosas. Son apenas las verdades humanas que nos acercan a la Verdad.<\/p>\n<p><strong>Los saduceos y la resurrecci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>En aquel tiempo, se acercaron a Jes\u00fas unos saduceos, de los que dicen que no hay resurrecci\u00f3n, y le preguntaron: \u00abMaestro, Mois\u00e9s nos dej\u00f3 escrito: \u00abSi a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero no hijos, c\u00e1sese con la viuda y d\u00e9 descendencia a su hermano.\u00bb Pues bien, hab\u00eda siete hermanos: el primero se cas\u00f3 y muri\u00f3 sin hijos; el segundo se cas\u00f3 con la viuda y muri\u00f3 tambi\u00e9n sin hijos; lo mismo el tercero; y ninguno de los siete dej\u00f3 hijos. Por \u00faltimo muri\u00f3 la mujer. Cuando llegue la resurrecci\u00f3n y vuelvan a la vida, \u00bfde cu\u00e1l de ellos ser\u00e1 mujer? Porque los siete han estado casados con ella.\u00bb<br \/>\nJes\u00fas les respondi\u00f3: \u00abEst\u00e1is equivocados, porque no entend\u00e9is la Escritura ni el poder de Dios. Cuando resuciten, ni los hombres ni las mujeres se casar\u00e1n; ser\u00e1n como \u00e1ngeles del cielo. Y a prop\u00f3sito de que los muertos resucitan, \u00bfno hab\u00e9is le\u00eddo en el libro de Mois\u00e9s, en el episodio de la zarza, lo que le dijo Dios: \u00abYo soy el Dios de Abrah\u00e1n, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob\u00bb? No es Dios de muertos, sino de vivos. Est\u00e1is muy equivocados.\u00bb <strong>Marcos 12,18-27.<\/strong><br \/>\n[1] Caroline Walker Bynum. <em>The Resurrection of the Body in Western Christianity 200-1336-<\/em> New York, Columbia University Press, 1995.<\/p>\n<p>[2] Lloyd Strickland, \u201cThe doctrine of \u2018the resurrection of the same body\u2019 in early modern thought.\u201d\u00a0 <em>Religious Studies<\/em>, Cambridge University Press # 46 (2010)<\/p>\n<p>[3] Hans Kung, <em>\u00bfVida eterna?<\/em> Trad. De J.M.Bravo Navalpotro, Madrid, Cristiandad, 1982; p\u00e1g.190<\/p>\n<p>[4] Davies, Paul- Niels Henrik Gregorsen, eds. <em>Information and the Nature of Reality. <\/em><em>From Physics to Metaphisics<\/em>. Cambridge University Press, New York, 2010<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201c\u2026se preguntaban qu\u00e9 significar\u00eda \u2018resucitar de entre los muertos\u2019.\u201d (Marcos 9, 10) Parad\u00f3jicamente, la idea de la resurrecci\u00f3n termina por ser m\u00e1s plausible hoy que&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[355],"class_list":["post-11146","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","tag-filosofia"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-2TM","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/11146","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=11146"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/11146\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":11149,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/11146\/revisions\/11149"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=11146"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=11146"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=11146"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}