{"id":11171,"date":"2015-07-15T19:42:52","date_gmt":"2015-07-15T19:42:52","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=11171"},"modified":"2015-07-15T19:42:52","modified_gmt":"2015-07-15T19:42:52","slug":"dos-estrenos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=11171","title":{"rendered":"Dos estrenos"},"content":{"rendered":"<p><strong>Una pel\u00edcula argentina y otra italiana, con referencias a anteriores obras nacionales, se detienen en conflictos sociales y en la vida de un gran poeta.<\/strong><\/p>\n<p><em><strong>La patota (Argentina-Brasil-Francia, 2015); Dir.: Santiago Mitre.<\/strong><\/em><\/p>\n<p>Octavio Fabiano, recordado cine clubista, sol\u00eda programar como funci\u00f3n doble una obra original y su remake, en ciclos que maliciosamente llamaba \u201cLas odiosas comparaciones\u201d. Sin malicia, pero con resultados un poquito odiosos, comparamos aqu\u00ed dos pel\u00edculas nacionales de un mismo nombre y excusa argumental.<br \/>\nEmpecemos por La patota, de 1960, una historia moral que ya pasa el medio siglo pero todav\u00eda tiene sentido. La escribi\u00f3 Eduardo Borr\u00e1s, exiliado espa\u00f1ol, guionista habitual de Hugo del Carril, y la film\u00f3 Daniel Tinayre en el A\u00f1o del Sesquicentenario de la Revoluci\u00f3n de Mayo, 1960, con Mirtha Legrand reci\u00e9n treinta\u00f1era (aunque su personaje declare 24 a\u00f1os).<br \/>\nEn esa historia, una profesora idealista, reci\u00e9n recibida con honores, se acerca a un colegio nocturno para ense\u00f1ar filosof\u00eda, algo abstruso para los alumnos, y es sorpresivamente atacada por un grupo de j\u00f3venes, probablemente de la comunidad, que la dejan embarazada. A\u00fan as\u00ed, insiste en seguir cumpliendo su labor educativa en ese lugar. Incluso llega a enfrentarse con su padre, un juez retirado, que desde\u00f1a la labor de su hija. A su lado s\u00f3lo est\u00e1 el novio, m\u00e9dico practicante. En cambio, las autoridades del colegio, pretextando una moral cat\u00f3lica, la expulsan. Sufre, pero al menos esos j\u00f3venes reflexionan sobre el da\u00f1o que le han hecho, se arrepienten y la ayudan. Eso, en la historia original de 1960, que abre con un texto de san Mateo (\u00abSe\u00f1or, si mi hermano me ofende, \u00bfcu\u00e1ntas veces deber\u00e9 perdonarlo?\u00bb) y cierra con una expresi\u00f3n de deseos firmada por los autores: \u00abSi con esta pel\u00edcula logramos evitar UNO SOLO de estos delitos que humillan la condici\u00f3n humana, nuestro prop\u00f3sito se habr\u00e1 cumplido\u00bb.<br \/>\nEl prop\u00f3sito de la nueva versi\u00f3n parece otro, y tambi\u00e9n las intenciones de los personajes. \u00bfReflexionar\u00e1n acaso los j\u00f3venes de esta nueva versi\u00f3n? \u00bfAlguien les inculcar\u00e1 responsabilidad y sentimiento de culpa? Pero antes, \u00bfqu\u00e9 piensa ense\u00f1arles la profesora? \u00bfDesde qu\u00e9 posici\u00f3n social mira a los alumnos? \u00bfLlega a comunicarse con ellos, como al fin se comunicaba la anterior? \u00bfY por qu\u00e9 decide continuar con su embarazo y con su cargo? La anterior lo hac\u00eda por su formaci\u00f3n religiosa y sentimiento social.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2015\/07\/patota_afiche.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-11172\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2015\/07\/patota_afiche.jpg\" alt=\"patota_afiche\" width=\"220\" height=\"314\" srcset=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2015\/07\/patota_afiche.jpg 220w, https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2015\/07\/patota_afiche-210x300.jpg 210w\" sizes=\"auto, (max-width: 220px) 100vw, 220px\" \/><\/a><br \/>\nEn la nueva versi\u00f3n, escrita por Santiago Mitre y Mariano Llin\u00e1s poco despu\u00e9s del Bicentenario, ambientada en las afueras de Posadas, Misiones, el personaje principal es una joven abogada, hija de un juez en actividad, decidida a interrumpir su doctorado para poner en pr\u00e1ctica un proyecto de ense\u00f1anza de derechos pol\u00edticos en las escuelas. No lo hace por vocaci\u00f3n docente, sino por el \u00abqu\u00e9 dir\u00e1n\u00bb de otros miembros del proyecto, a quienes, dicho sea de paso, jam\u00e1s tendremos el gusto de conocer. Hay una discusi\u00f3n muy interesante al comienzo, sobre el distinto compromiso pol\u00edtico de dos generaciones, donde el padre le pide argumentaciones y ella s\u00f3lo emplea chicanas y viejas acusaciones de paternalismo y hasta racismo. En otros di\u00e1logos (ninguno de ese nivel), agregar\u00e1 desplantes y empecinamientos.<br \/>\nTampoco se entiende con los destinatarios del proyecto. Tal como quiere ense\u00f1arlo, sin ninguna habilidad did\u00e1ctica, los chicos no le encuentran sentido (\u00bfc\u00f3mo puede decirles que el educador es empleado del educando?), no le reconocen autoridad, y adem\u00e1s la rechazan por \u00abcat\u00e9\u00bb, algo as\u00ed como \u00abfinoli\u00bb en guarani. Se quedan cortos. Ella es \u00abiyag\u00bb, agria, antip\u00e1tica, en guaran\u00ed, \u00abiyarhel\u00bb en yopar\u00e1, am\u00e9n de \u00abpytagu\u00e1\u00bb, forastera. Para la educaci\u00f3n popular politizada, que es lo que pretende, ignora las pautas de la Pedagog\u00eda del oprimido, de Paulo Freire, abc del asunto desde hace tambi\u00e9n m\u00e1s de medio siglo.<br \/>\nEn s\u00edntesis, lo suyo es \u00e1rido, contraproducente, peor que el paternalismo que le reprocha a su padre (dicho sea de paso, la pinta de indio malo que tiene el jefe de los agresores bien puede provocar sospechas de racismo en los autores del film). Pero esas consideraciones quiz\u00e1 queden como materia de discusi\u00f3n para militantes actuales de cualquier signo, si es que discuten algo constructivo en sus reuniones. Como en su anterior El estudiante, Santiago Mitre pone a la vista las limitaciones de los nuevos \u00absalvadores de la Patria\u00bb y deja que el p\u00fablico opine. Y va todav\u00eda m\u00e1s all\u00e1 en la segunda parte de su historia, cuando pasa lo que pasa y la v\u00edctima se obstina en proteger a sus victimarios, no por piedad cristiana sino por un planteo ideol\u00f3gico: seg\u00fan ella, los asociales no pueden ser \u00abcriminalizados\u00bb porque son consecuencia de \u00abla sociedad\u00bb. La culpa ser\u00eda entonces s\u00f3lo de la polic\u00eda y dem\u00e1s instituciones del Estado, algo que el p\u00fablico com\u00fan no querr\u00e1 entenderle. No lo entiende ni siquiera el padre ni el novio, dedicado a la compra-venta de autos en Paraguay.<br \/>\nHay una escena clave. En la primera versi\u00f3n, el jefe del grupo es, sin embargo, un buen estudiante, empleado de taller, que quisiera hacer la universidad. Pero abandona el colegio. La profesora, a\u00fan sabiendo lo que ha hecho, lo visita en el trabajo para instarlo a que siga estudiando. \u201c\u00bfVe usted rencor en mis ojos?\u201d, lo tranquiliza. \u201cCreo que en todo ser humano hay una cuota de luz\u201d, hab\u00eda dicho en otra ocasi\u00f3n. En la versi\u00f3n nueva, el jefe del grupo no estudia, es pe\u00f3n de aserradero, y ella lo visita en el trabajo s\u00f3lo para citarlo en \u201cel lugar de los hechos\u201d, sin explicarle sus prop\u00f3sitos. Que, por otras razones, nunca sabremos.<br \/>\nLos alumnos le dir\u00edan \u00abakahat\u00e1\u00bb, cabeza dura. Las feministas le dir\u00e1n cosas peores. Sin embargo, lo suyo es coherente con un pensamiento impuesto en los \u00faltimos tiempos entre algunos que quieren salvar el mundo a\u00fan a pesar de s\u00ed mismos y del propio mundo. Coherente, y dif\u00edcil de acompa\u00f1ar. Ese es el sentido de la toma final, donde ella camina porfiadamente sola, y eso es lo que cuenta Mitre, con algunos juegos modernosos de tiempo y lugar. No todos van a entender esa mirada.<br \/>\nParticularmente elogiables, las caracterizaciones de Oscar Mart\u00ednez en el papel que antes hizo Jos\u00e9 Cibri\u00e1n, y Cristian Salguero como el jefe del grupo (un actor misionero, padre de familia). Para discutir, entre otras cosas, la frase \u00abCuando hay pobres en el medio la justicia no busca la verdad, busca culpables\u00bb, frase clasista y demag\u00f3gica bastante peligrosa. Para rever, y apreciar de nuevo m\u00e1s all\u00e1 de su estilo envejecido, La patota de 1960.<\/p>\n<p>Leopardi, el joven fabuloso (Il giovane favoloso, Italia, 2014); Dir.: Mario Martone.<\/p>\n<p>El cine suele abordar la biograf\u00eda de novelistas y dramaturgos. M\u00e1s dif\u00edcil es representar la de un poeta. Nuestro cine lo hizo en Almafuerte (Luis C\u00e9sar Amadori, 1949), que adem\u00e1s era maestro rural, y bravo polemista, y en La calle junto a la luna, sobre Evaristo Carriego (Rom\u00e1n Vi\u00f1oly Barreto, 1951), en ambos casos encarnados por Narciso Ib\u00e1\u00f1ez Menta, actor de preciosa entonaci\u00f3n y figura peque\u00f1a, delgada, de rostro noble, ideales para encarnar personajes de esp\u00edritu sensible y dolorido. Ir\u00f3nicamente, m\u00e1s se lo recuerda por sus papeles en obras de terror, donde los personajes tambi\u00e9n ten\u00edan esp\u00edritu sensible y dolorido, pero sol\u00edan ser rencorosos y de enorme ingenio para la venganza.<br \/>\nAhora es una pel\u00edcula italiana la que se anima a contarnos la vida de un poeta, Giacomo Leopardi. La trae Anica, un organismo oficial de la pen\u00ednsula, ya que no parece negocio para los distribuidores comerciales, que la ven demasiado larga. Encima, con artistas aqu\u00ed desconocidos sobre un escritor hoy medio ignorado, y cuya vida tampoco ofreci\u00f3 aventuras atractivas. El autor del desaf\u00edo es Mario Martone, realizador entre otras obras de Morte de un matematico napoletano y Noi credevamo, dos historias de \u00e9poca dignas de conocerse m\u00e1s all\u00e1 de su amargura y extensi\u00f3n.<br \/>\nComo hemos dicho en alg\u00fan otro lado, Leopardi, el joven fabuloso puede parecer tan largo como algunos de sus poemas, y como su propia agon\u00eda. Es un defecto, si, pero, \u00bfqu\u00e9 parte se podr\u00eda cortar? Igual que en esos poemas, cada fragmento es de una belleza irreprochable, y entre todos nos acercan al alma acongojada de aquel hombre, tan pleno de inteligencia y de cultura, tan falto de salud, de libertad y de caricias. \u00bfCortar, acaso, los breves recuerdos de una infancia orgullosa de lucir sus conocimientos, so\u00f1ando con un futuro seguramente lleno de satisfacciones? \u00bfEl temprano dominio sobre diversas lenguas, y el control de un padre absolutista, frente al cual s\u00f3lo por dentro podr\u00eda alzar la voz? \u00bfLos momentos de calma pueblerina y de agobio por esa misma calma, amada y aplastante? \u00abSiempre caro me fue este yermo cerro\u00bb, confes\u00f3 al comienzo de El infinito (dicho sea de paso, qu\u00e9 hermoso es encontrar estos versos en internet, recitados por Vittorio Gassman). Hay que aceptar su duraci\u00f3n, que a fin de cuentas no llega a dos horas y media, hay que agradecer que podemos escucharla en su lengua original, sin doblaje, y sumergirnos en su melancol\u00eda. \u00abAs\u00ed que en esta\/ inmensidad se anega el pensamiento:\/ y naufragar es dulce en este mar\u00bb.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2015\/07\/leopardi.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone  wp-image-11173\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2015\/07\/leopardi.jpg\" alt=\"leopardi\" width=\"295\" height=\"196\" srcset=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2015\/07\/leopardi.jpg 570w, https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2015\/07\/leopardi-300x199.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 295px) 100vw, 295px\" \/><\/a><br \/>\nTampoco podr\u00edan cortarse las escenas donde se representa el peso de los chupacirios recelosos de cualquier posible pensamiento de incredulidad, donde la madre del poeta quiere imponer a los deudos la imposible alegr\u00eda por una \u00abdecisi\u00f3n divina\u00bb, mientras el cura, de s\u00f3lo escucharla retrocede. Fueron tiempos amargos los que vivi\u00f3 Leopardi, y terrible la enfermedad que tempranamente le dobleg\u00f3 la espalda. Temprana tambi\u00e9n la \u00abnegra, b\u00e1rbara, horrenda melancol\u00eda que me devora\u00bb, como le escribi\u00f3 a su primer editor, Pietro Giordani. Luego, el pesimismo hermosamente elaborado en sus Op\u00fasculos morales, que le reprocharon tanto los clericales como los liberales. Y la hipocres\u00eda de otros escritores, la prepotente ignorancia de una casera, el doloroso disfrute de las alegr\u00edas ajenas, de la inalcanzable belleza femenina, y de los alimentos prohibidos por el m\u00e9dico, la mantenida lealtad de una hermana y un solo amigo, Antonio Ranieri, a quien muchos f\u00e1cilmente criticaron y critican, atribuyendo a esa amistad secretas intenciones.<br \/>\nInterpretada por un notable Elio Germano, mezcla de Massimo Troisi con Antonio Gasalla, la pel\u00edcula ilustra meticulosamente la vida italiana de comienzos del siglo XIX, con escenas que parecen propias de las pinturas del romanticismo: la vida en Recanati, Florencia, Roma y N\u00e1poles, un paisaje pastoril, las noches de tabernas y teatro (lo que permite presenciar una escena graciosa de Matilde di Shabran), una calle sumida en la peste del c\u00f3lera, los d\u00edas luminosos en la Torre del Greco, el inclinarse a palpar la tierra del labriego, la erupci\u00f3n nocturna del Vesubio, que motiva en Leopardi ese precioso poema de resignaci\u00f3n que es La retama, sobre una plantita en la falda del volc\u00e1n, como los pobrecitos hombres al borde del peligro:<\/p>\n<p>\u201cY t\u00fa, lenta retama,<br \/>\nque con fragantes hojas<br \/>\nadornas estos campos desolados,<br \/>\ntambi\u00e9n muy pronto a la cruel potencia<br \/>\nsucumbir\u00e1s del subterr\u00e1neo fuego,<br \/>\nque retornando al sitio<br \/>\nya conocido, extender\u00e1 su manto<br \/>\nsobre tus tiernos tallos. Y, rendida,<br \/>\ninclinar\u00e1s bajo el terrible peso<br \/>\ntu inocente cabeza;<br \/>\nmas hasta entonces no la habr\u00e1s doblado<br \/>\ncobardemente suplicando, ante<br \/>\nel futuro opresor, ni a las estrellas<br \/>\nla habr\u00e1s erguido con insano orgullo,<br \/>\nni en el desierto, donde<br \/>\nlugar y nacimiento<br \/>\nla suerte, no tu gusto, quiso darte;<br \/>\npero m\u00e1s sabia y sana<br \/>\nque el hombre, no has pensado que tus d\u00e9biles<br \/>\nreto\u00f1os, inmortales<br \/>\nse hayan hecho por ti o por el destino\u201d.<\/p>\n<p>Recuerda un poco la poes\u00eda de Juanele Ortiz, aquel entrerriano tan delgadito y bondadoso, de quien se han hecho unos cuantos documentales, pero nadie se animar\u00eda a rodar una biograf\u00eda con actores.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una pel\u00edcula argentina y otra italiana, con referencias a anteriores obras nacionales, se detienen en conflictos sociales y en la vida de un gran poeta&#8230;.<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[32],"class_list":["post-11171","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","tag-cine"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-2Ub","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/11171","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=11171"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/11171\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":11174,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/11171\/revisions\/11174"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=11171"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=11171"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=11171"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}