{"id":11198,"date":"2015-07-15T20:14:43","date_gmt":"2015-07-15T20:14:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=11198"},"modified":"2015-07-15T20:14:43","modified_gmt":"2015-07-15T20:14:43","slug":"al-abrigo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=11198","title":{"rendered":"Al abrigo"},"content":{"rendered":"<p><em><strong>A diez a\u00f1os de la muerte del escritor, ensayista y poeta Juan Jos\u00e9 Saer, autor de El limonero real, Glosa y El Entenado, publicamos su cuento \u201cAl abrigo\u201d.<\/strong><\/em><\/p>\n<p>Un comerciante de muebles que acababa de comprar un sill\u00f3n de segunda mano descubri\u00f3 una vez que en un hueco del respaldo una de sus antiguas propietarias hab\u00eda ocultado su diario \u00edntimo. Por alguna raz\u00f3n \u2013muerte, olvido, fuga precipitada, embargo\u2013 el diario hab\u00eda quedado ah\u00ed, y el comerciante, experto en construcci\u00f3n de muebles, lo hab\u00eda encontrado por casualidad al palpar el respaldo para probar su solidez. Ese d\u00eda se qued\u00f3 hasta tarde en el negocio abarrotado de camas, sillas, mesas y roperos, leyendo en la trastienda el diario \u00edntimo a la luz de la l\u00e1mpara, inclinado sobre el escritorio. El diario revelaba, d\u00eda a d\u00eda, los problemas sentimentales de su autora y el mueblero, que era un hombre inteligente y discreto, comprendi\u00f3 enseguida que la mujer hab\u00eda vivido disimulando su verdadera personalidad y que por un azar inconcebible, el la conoc\u00eda mucho mejor que las personas que hab\u00edan vivido junto a ella y que aparec\u00edan mencionadas en el diario. El mueblero se qued\u00f3 pensativo. Durante un buen rato, la idea de que alguien pudiese tener en su casa, al abrigo del mundo, algo escondido \u2013un diario, o lo que fuese\u2013, le parec\u00eda extra\u00f1a, casi imposible, hasta que unos minutos despu\u00e9s, en el momento en que se levantaba y empezaba a poner en orden su escritorio antes de irse para su casa, se percat\u00f3, no sin estupor, de que \u00e9l mismo ten\u00eda, en alguna parte, cosas ocultas de las que el mundo ignoraba la existencia. En su casa, por ejemplo, en el altillo, en una caja de lata disimulada entre revistas viejas y trastos in\u00fatiles, el mueblero ten\u00eda guardado un rollo de billetes, que iba engrosando de tanto en tanto, y cuya existencia hasta su mujer y sus hijos desconoc\u00edan; el mueblero no pod\u00eda decir de un modo preciso con qu\u00e9 objeto guardaba esos billetes, pero poco a poco lo fue ganando la desagradable certidumbre de que su vida entera se defin\u00eda no por sus actividades cotidianas ejercidas a la luz del d\u00eda, sino por ese rollo de billetes que se carcom\u00eda en el desv\u00e1n. Y que de todos los actos, el fundamental era, sin duda, el de agregar de vez en cuando un billete al rollo carcomido. Mientras encend\u00eda el letrero luminoso que llenaba de una luz violeta el aire negro por encima de la vereda, el mueblero fue asaltado por otro recuerdo: buscando un sacapuntas en la pieza de su hijo mayor, hab\u00eda encontrado por casualidad una serie de fotograf\u00edas pornogr\u00e1ficas que su hijo escond\u00eda en el caj\u00f3n de la c\u00f3moda. El mueblero las hab\u00eda vuelto a dejar r\u00e1pidamente en su lugar, menos por pudor que por el temor de que su hijo pensase que el ten\u00eda la costumbre de hurgar en sus cosas. Durante la cena, el mueblero se puso a observar a su mujer: por primera vez despu\u00e9s de treinta a\u00f1os le ven\u00eda a la cabeza la idea de que tambi\u00e9n ella deb\u00eda guardar algo oculto, algo tan propio y tan profundamente hundido que, aunque ella misma lo quisiese, ni siquiera la tortura podr\u00eda hac\u00e9rselo confesar. El mueblero sinti\u00f3 una especie de v\u00e9rtigo. No era el miedo banal a ser traicionado o estafado lo que le hac\u00eda dar vueltas en la cabeza como un vino que sube, sino la certidumbre de que, justo cuando estaba en el umbral de la vejez, iba tal vez a verse obligado a modificar las nociones mas elementales que constitu\u00edan su vida. O lo que el hab\u00eda llamado su vida: porque su vida, su verdadera vida, seg\u00fan su nueva intuici\u00f3n, transcurr\u00eda en alguna parte, en lo negro, al abrigo de los acontecimientos, y parec\u00eda m\u00e1s inalcanzable que el arrabal del universo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A diez a\u00f1os de la muerte del escritor, ensayista y poeta Juan Jos\u00e9 Saer, autor de El limonero real, Glosa y El Entenado, publicamos su&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[983,960],"class_list":["post-11198","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","tag-cuento","tag-letras"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-2UC","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/11198","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=11198"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/11198\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":11199,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/11198\/revisions\/11199"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=11198"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=11198"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=11198"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}