{"id":11341,"date":"2015-08-05T13:56:04","date_gmt":"2015-08-05T16:56:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=11341"},"modified":"2015-08-05T13:56:04","modified_gmt":"2015-08-05T16:56:04","slug":"san-martin-de-militar-revolucionario-a-padre-de-la-patria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=11341","title":{"rendered":"San Mart\u00edn, de militar revolucionario a \u201cPadre de la Patria\u201d"},"content":{"rendered":"<p><em><strong>C\u00f3mo fue el proceso de construcci\u00f3n de la imagen heroica del General Jos\u00e9 de San Mart\u00edn desde principios del siglo XIX.<\/strong><\/em><\/p>\n<p>Quienes desde nuestra infancia m\u00e1s tierna fuimos sometidos a los rituales de la liturgia patria podr\u00edamos considerar del todo natural que el pante\u00f3n de sus deidades se encuentre presidido por la figura del General Jos\u00e9 de San Mart\u00edn, cuya idealizaci\u00f3n supo alcanzar en la escuela argentina niveles a veces delirantes. Recuerdo, por ejemplo, que una de mis maestras lleg\u00f3 a decirnos que San Mart\u00edn era tan santo que jam\u00e1s hab\u00eda matado a un enemigo: el c\u00e9lebre sable corvo, sosten\u00eda, lo utilizaba para \u201cpegarles\u201d a los realistas en el campo de batalla. Nunca dej\u00e9 de sonre\u00edr con simpat\u00eda al recordar esa idea de mi se\u00f1orita, que expresaba tan pr\u00edstinamente una de las im\u00e1genes m\u00e1s sublimadas del h\u00e9roe, la del \u00abSanto de la espada\u00bb que acu\u00f1aran -principalmente, pero no s\u00f3lo- Ricardo Rojas y Jos\u00e9 Pac\u00edfico Otero en los a\u00f1os treinta.<\/p>\n<p>En los \u00faltimos a\u00f1os ha habido interesantes contribuciones de historiadores en relaci\u00f3n con el proceso que transform\u00f3 a San Mart\u00edn primero en pr\u00f3cer y en \u201cPadre de la Patria\u201d despu\u00e9s. Esos estudios resultan de sumo inter\u00e9s por diferentes motivos. El m\u00e1s importante es que ponen en evidencia cosas que para los historiadores son obvias \u2013o deber\u00edan serlo\u2013, pero que no lo son en absoluto para el com\u00fan de los ciudadanos: que el hecho de que San Mart\u00edn ocupe el sitial de honor en el pante\u00f3n de los h\u00e9roes patrios es el resultado de un proceso de construcci\u00f3n discursiva; que ese proceso pudo ser diferente y elevar al mismo rango a otro h\u00e9roe revolucionario; que el resultado final se explica a partir de elecciones de determinados personajes de nuestra historia que actuaron buscando soluciones a los problemas que a su juicio deb\u00eda sortear el pa\u00eds. Otro motivo de inter\u00e9s de esos estudios es que a trav\u00e9s de ellos podemos comprender mejor los contextos en que se formularon esos diagn\u00f3sticos de los problemas y se propusieron tales o cuales soluciones. Todo ello, vale la pena aclararlo a fin de no herir susceptibilidades, no responde en absoluto a ninguna intenci\u00f3n de desmerecer la actuaci\u00f3n p\u00fablica de San Mart\u00edn ni poner en duda sus valores como hombre p\u00fablico, sino simplemente al deseo de conocer mejor el pasado, con la debida conciencia de que los pr\u00f3ceres, al fin y al cabo son hombres de carne y hueso, y como tales tambi\u00e9n dudan, se contradicen, se confunden, se equivocan y desean que la posteridad los recuerde cuanto menos con benevolencia.<\/p>\n<p>El caso de San Mart\u00edn es interesante, adem\u00e1s, porque la tarea de construcci\u00f3n de su imagen heroica data de la \u00e9poca misma en que le toc\u00f3 actuar como militar revolucionario y fue en parte encarada por \u00e9l mismo. Tras la victoria de Chacabuco (1817) y Maip\u00fa (1818), en diversas ciudades se realizaron actos celebrativos en los que se lo proclam\u00f3 libertador y h\u00e9roe, con iluminaci\u00f3n de calles y plazas, composiciones po\u00e9ticas y hasta con la colocaci\u00f3n de su retrato en el escenario del por entonces \u00fanico teatro porte\u00f1o. Por otra parte, \u00e9l mismo, en discursos y arengas pronunciados durante las campa\u00f1as militares \u2013como es el caso de una c\u00e9lebre proclama del 20 de agosto de 1820\u2013, se ocup\u00f3 de refutar a sus \u201ccalumniadores\u201d y de declarar que su vida y su honor estaban enteramente consagrados a la causa independentista. Esa causa, dec\u00eda, hab\u00eda sido siempre su \u00fanico pensamiento, como su \u00fanica ambici\u00f3n hab\u00eda sido \u201cla de merecer el odio de los ingratos y el aprecio de los hombres virtuosos\u201d.<\/p>\n<p>En los a\u00f1os que siguieron a las campa\u00f1as de Chile y Per\u00fa San Mart\u00edn debi\u00f3 justificar repetidamente algunas de sus actitudes y decisiones pol\u00edticas, por entonces \u00e1speramente criticadas por parte de sectores de la opini\u00f3n p\u00fablica en los pa\u00edses en que hab\u00eda actuado. Por ejemplo, la decisi\u00f3n de haber buscado una salida mon\u00e1rquica para el Per\u00fa, la de abandonar ese pa\u00eds a juicio de muchos prematuramente, o la de haber desobedecido a las autoridades porte\u00f1as cuando le ordenaron que interviniera en la crisis que condujo a la ca\u00edda del Directorio en 1820. Las cr\u00edticas hacia el pr\u00f3cer arreciaban en Lima, en Cuyo y en Buenos Aires tras su salida de Lima y su regreso primero a Chile y luego a las provincias argentinas. Su llegada a Buenos Aires fue saludada tibiamente por las autoridades, que no organizaron ninguna celebraci\u00f3n oficial, mientras la prensa apenas le dedic\u00f3 algunos elogios en formato reducido. Por eso tras su regreso a Europa el general se dedic\u00f3 a justificar su actuaci\u00f3n durante las campa\u00f1as militares y durante su desempe\u00f1o como protector de Lima, \u201cordenando\u201d sus papeles con el objeto de explicar \u201clos hechos y motivos sobre que se ha fundado mi conducta en el tiempo que he tenido la desgracia de ser hombre p\u00fablico\u201d.<\/p>\n<p>Esos esfuerzos de San Mart\u00edn encontraron eco en los rom\u00e1nticos argentinos enemigos de Rosas, algunos de los cuales \u2013como Alberdi, Sarmiento y Fr\u00edas\u2013 lo visitaron en Francia. Esos hombres, preocupados en recuperar los valores e ideales que consideraban propios de la Revoluci\u00f3n y a la vez pisoteados por la dictadura de Rosas, echar\u00edan un manto de olvido sobre las preferencias mon\u00e1rquicas que en el pasado hab\u00eda manifestado el pr\u00f3cer para rescatar su contribuci\u00f3n a la revoluci\u00f3n en clave republicana. Adem\u00e1s, San Mart\u00edn mismo dej\u00f3 el encargo de entregar su archivo a un historiador capaz de narrar debidamente la gesta de la independencia, y la elecci\u00f3n de su yerno Mariano Balcarce recay\u00f3 en Bartolom\u00e9 Mitre.<\/p>\n<p>Esos hombres de la generaci\u00f3n rom\u00e1ntica fueron quienes en la coyuntura pol\u00edtica sucesiva a Caseros encararon la tarea de reorganizar el pa\u00eds, superar la infinita serie de contiendas civiles, construir el Estado nacional y atraer los brazos y los capitales que juzgaban necesarios para encaminar a la Argentina por la senda del anhelado progreso. En ese contexto, y con esos objetivos, la figura de San Mart\u00edn proporcionaba el ejemplo de un h\u00e9roe de la independencia que hab\u00eda demostrado su desinteresado amor a la patria y se hab\u00eda negado a intervenir en las \u201cluchas fratricidas\u201d. El \u201costracismo voluntario\u201d de San Mart\u00edn era el del pr\u00f3cer no suficientemente apreciado por sus contempor\u00e1neos, pero que deb\u00eda serlo por la posteridad, criticado injustamente por haber refutado desenvainar su espada contra sus compatriotas. As\u00ed, motivos de cr\u00edtica en la d\u00e9cada de 1820 se transformaron en motivos de elogio a partir de la de 1860. La repatriaci\u00f3n de los restos de Lavalle y Rivadavia en ese a\u00f1o permit\u00edan exaltar la tradici\u00f3n liberal contra el pasado rosista, pero se trataba de pr\u00f3ceres que no pod\u00edan proponerse como s\u00edmbolos de la unidad nacional, justamente a causa de su compromiso militante en los enfrentamientos entre unitarios y federales. En 1862 Mitre, vencedor de Pav\u00f3n y figura dominante, primer presidente electo del per\u00edodo de la organizaci\u00f3n nacional tras el enfrentamiento de una d\u00e9cada entre Buenos Aires y las dem\u00e1s provincias, orden\u00f3 construir la estatua de San Mart\u00edn en la Plaza del Retiro, antiguo Campo de Marte, donde hab\u00eda funcionado el cuartel del regimiento de granaderos a caballo. El tema de la unidad nacional se advierte tambi\u00e9n en el frontis de la catedral, que data de esa misma \u00e9poca y representa el encuentro b\u00edblico de Jos\u00e9\u00a0 (figura de Buenos Aires) y sus hermanos (figura de las otras provincias).<\/p>\n<p>As\u00ed como la Iglesia Cat\u00f3lica eleva a los altares a santos y a santas con el objeto de proponer a los fieles determinadas virtudes religiosas, los pa\u00edses elevan a los altares de las patrias a sus h\u00e9roes para proponer a sus ciudadanos determinadas virtudes c\u00edvicas. El San Mart\u00edn del Mitre de aquellos a\u00f1os es el h\u00e9roe de la independencia, pero tambi\u00e9n el fundador de \u201crep\u00fablicas democr\u00e1ticas\u201d, campe\u00f3n de la libertad, s\u00edntesis de las virtudes patri\u00f3ticas que el Estado en construcci\u00f3n cre\u00eda necesario inculcar a sus ciudadanos en el presente con vistas a un futuro promisorio. Esa imagen de San Mart\u00edn se volvi\u00f3 oficial y se difundi\u00f3 profusamente a trav\u00e9s de biograf\u00edas, monumentos, discursos, manuales escolares e iconograf\u00eda. En 1877, en el contexto de la pol\u00edtica de conciliaci\u00f3n de los partidos en pugna, el presidente Nicol\u00e1s Avellaneda inici\u00f3 el proceso de repatriaci\u00f3n de los restos de San Mart\u00edn. En 1878 el d\u00eda del nacimiento del pr\u00f3cer fue declarado feriado nacional, con grandes celebraciones, concursos literarios, liturgia cat\u00f3lica, desfile de guerreros de la independencia supervivientes, conciertos y bailes. En 1880 los restos del general llegaron a Buenos Aires y las celebraciones y discursos exaltaron la figura del s\u00edmbolo de la unidad nacional. Sarmiento consider\u00f3 el acontecimiento como signo del inicio de una nueva era de paz y progreso; el presidente Avellaneda destac\u00f3 la negativa de San Mart\u00edn a transformar \u201csu espada en cetro\u201d, subrayando de ese modo la necesidad de que el ej\u00e9rcito se subordinara al poder civil. Para entonces la inmigraci\u00f3n de masas hab\u00eda comenzado, y las elites culturales y pol\u00edticas empezaban a prever la necesidad de fortalecer una identidad nacional que nac\u00eda \u201camenazada\u201d por el aluvi\u00f3n cosmopolita. La decisi\u00f3n de colocar los restos en una capilla de la catedral y no, como hab\u00eda querido el pr\u00f3cer, en el cementerio p\u00fablico de Buenos Aires, era otra forma de dar a su figura el car\u00e1cter de prenda de unidad nacional, por encima de toda bander\u00eda. La oposici\u00f3n de ciertas figuras de la intelectualidad porte\u00f1a a que San Mart\u00edn descansara en un templo cat\u00f3lico, como fue el caso de Juan Mar\u00eda Guti\u00e9rrez y Adolfo Sald\u00edas, fue prudentemente deso\u00edda.<\/p>\n<p>En el siglo XX fueron numerosos los intentos, m\u00e1s o menos logrados, de apropiaci\u00f3n y de re-significaci\u00f3n de la figura de San Mart\u00edn. Por ejemplo, la apropiaci\u00f3n nacionalista cat\u00f3lica. Desde la \u00e9poca del Centenario el catolicismo inici\u00f3 una operaci\u00f3n historiogr\u00e1fica tendiente a catolizar la Revoluci\u00f3n, que alcanz\u00f3 su punto culminante en los a\u00f1os &#8217;30 y &#8217;40 con el desarrollo de la idea de que las \u201cfuentes ideol\u00f3gicas\u201d de Mayo deb\u00edan buscarse en la neo-escol\u00e1stica espa\u00f1ola del siglo XVI y no en la Ilustraci\u00f3n dieciochesca francesa: en el jesuita Su\u00e1rez, no en el imp\u00edo Rousseau. Parte de esa iniciativa implic\u00f3 la catolizaci\u00f3n de San Mart\u00edn, del que se enfatizar\u00edan ciertos hechos (como el nombramiento de la Virgen del Carmen como generala del Ej\u00e9rcito de los Andes) y se olvidar\u00edan otros (como las diatribas anticlericales, algunas subidas de tono, que el pr\u00f3cer consignara en su correspondencia privada con Guido). Se discutir\u00eda largamente, en ese contexto, si hab\u00eda sido mas\u00f3n o no, olvidando \u2013o deseando olvidar\u2013 que muchos masones del siglo XIX fueron cat\u00f3licos, tal vez fervorosos. San Mart\u00edn adem\u00e1s era militar, y por tanto su figura simbolizaba la sinton\u00eda nacionalista cat\u00f3lica que un\u00eda a Iglesia y Fuerzas Armadas en el contexto de la crisis de la democracia liberal que caracteriz\u00f3 al per\u00edodo de entreguerras. El Instituto Sanmartiniano, creado en 1933 y presidido inicialmente por el historiador cat\u00f3lico Jos\u00e9 Pac\u00edfico Otero, pas\u00f3 a transformarse en 1944 en organismo nacional y fue colocado bajo la \u00f3rbita castrense. Tambi\u00e9n es preciso recordar el intento revisionista de apropiarse de San Mart\u00edn, quien \u2013en esa perspectiva historiogr\u00e1fica\u2013, si bien se hab\u00eda negado a desenvainar su espada en las contiendas civiles, como quer\u00eda la vieja tradici\u00f3n, hab\u00eda sin embargo manifestado su solidaridad con Rosas en el momento del bloqueo anglo-franc\u00e9s y le hab\u00eda hecho don nada menos que de su c\u00e9lebre sable corvo.<\/p>\n<p>Como dije m\u00e1s arriba, la Iglesia tiene sus santos y santas y las naciones tienen sus h\u00e9roes y hero\u00ednas. Elevarlos a los altares, de la Iglesia o de la Patria, supone operaciones discursivas hechas de recuerdos selectivos y de oportunos olvidos. La tarea m\u00e1s noble del historiador, aunque a veces resulte irritante, es la de explicar por qu\u00e9 las cosas son como son y tambi\u00e9n que podr\u00edan haber sido de otra manera. El caso de la construcci\u00f3n de la figura de San Mart\u00edn es sumamente apropiado como ejemplo. No se trata de ninguna manera de poner en duda los m\u00e9ritos y virtudes del pr\u00f3cer, sino de recordar que fue un ser humano y que sus elevaci\u00f3n al altar m\u00e1ximo de la patria fue el producto de sucesivas intervenciones discursivas y simb\u00f3licas, realizadas en determinados contextos pol\u00edticos y culturales que es preciso conocer y comprender.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>C\u00f3mo fue el proceso de construcci\u00f3n de la imagen heroica del General Jos\u00e9 de San Mart\u00edn desde principios del siglo XIX. 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