{"id":11365,"date":"2015-08-05T15:20:27","date_gmt":"2015-08-05T18:20:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=11365"},"modified":"2015-08-05T15:30:49","modified_gmt":"2015-08-05T18:30:49","slug":"la-pregunta-detras-de-la-obra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=11365","title":{"rendered":"La pregunta detr\u00e1s de la obra"},"content":{"rendered":"<p><em><strong>Si rasgaras el cielo y descendieras (Is. 63, 19b)<\/strong><\/em><\/p>\n<p>Todo poeta trata de ir m\u00e1s all\u00e1 de lo obvio. No todos lo consiguen. Los que lo logran establecen, por medio de la palabra, un sentido justo y apropiado para cada cosa que, en virtud de esa palabra que la desentra\u00f1a, aparece cierta e innegable.<br \/>\nEso es, en parte, la poes\u00eda: una de las mejores maneras de decir la verdad. Y la belleza es, en cierto sentido, una posesi\u00f3n de la verdad sin esfuerzo. Hasta los objetos m\u00e1s simples y comunes se muestran en su singularidad irrepetible, sin que se haga necesaria ninguna raz\u00f3n externa que los justifique o demuestre, ya que la palabra po\u00e9tica los ha tornado evidentes.<\/p>\n<p>As\u00ed lo dijo Rilke:<\/p>\n<p><em>Estamos aqu\u00ed tal vez para decir: casa,<\/em><br \/>\n<em> puente, vertiente, puerta, c\u00e1ntaro, \u00e1rbol frutal, ventana,<\/em><br \/>\n<em> todo lo m\u00e1s: columna, torre&#8230; pero para decir, compr\u00e9ndelo,<\/em><br \/>\n<em> para decir as\u00ed, como las mismas cosas<\/em><br \/>\n<em> nunca en su intimidad pensaron ser.(1)<\/em><\/p>\n<p>Y muy parecido lo dijo Claudel:<\/p>\n<p><em>He encontrado el secreto; s\u00e9 hablar;<\/em><br \/>\n<em> si lo deseas, sabr\u00e9 decirte lo que cada cosa desea decir.\u00a0<\/em><em>(2)<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Borges tambi\u00e9n. Palabras inmediatas, afines:<\/p>\n<p><em>&#8230;el olor del jazm\u00edn y la madreselva,<\/em><br \/>\n<em> el silencio del p\u00e1jaro dormido,<\/em><br \/>\n<em> el arco del zagu\u00e1n, la humedad<\/em><br \/>\n<em>esas cosas, acaso, son el poema.\u00a0\u00a0<em>(3)<\/em><\/em><\/p>\n<p>Y en otro lugar:<\/p>\n<p><em>Quiero volver a las comunes cosas:<\/em><br \/>\n<em> el agua, el pan, un c\u00e1ntaro, unas rosas&#8230;\u00a0\u00a0<em>(4)<\/em><\/em><\/p>\n<p>El poeta conf\u00eda en lo singular, en la vitalidad de lo fr\u00e1gil. Tambi\u00e9n, con moderaci\u00f3n, en la posibilidad de nombrarlo; conf\u00eda en la menci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero hay poetas que, sin abandonar lo anterior, dan un paso m\u00e1s: cada cosa les habla de todas las cosas, de sus secretos v\u00ednculos:<\/p>\n<p><em>Soy ciego y nada s\u00e9, pero preveo<\/em><br \/>\n<em> que son m\u00e1s los caminos. Cada cosa<\/em><br \/>\n<em> es infinitas cosas. Eres m\u00fasica<\/em><br \/>\n<em> firmamentos, palacios, r\u00edos, \u00e1ngeles,<\/em><br \/>\n<em> rosa profunda, ilimitada, \u00edntima,<\/em><br \/>\n<em> que el Se\u00f1or mostrar\u00e1 a mis ojos muertos.\u00a0\u00a0<em>(5)<\/em><\/em><\/p>\n<p>Aqu\u00ed el poeta conf\u00eda adem\u00e1s en los s\u00edmbolos, en un cierto decir de las cosas m\u00e1s all\u00e1 del lenguaje, en la posibilidad de evocar y de convocar en el poema, en lo dicho, lo no dicho, en la capacidad de acoger y de albergar misteriosas presencias y sutiles relaciones; conf\u00eda en la alusi\u00f3n.<\/p>\n<p>Por fin, algunos poetas comienzan a presentir en estas cosas una reuni\u00f3n y empiezan a ver en ellas, en cada una, en su todo en el fragmento, un mundo, un cosmos, una multiplicidad sin discordia, que requiere tambi\u00e9n de una palabra capaz de comunicarla. Hay un humus que hace ser y sostiene a todas las cosas. \u00bfC\u00f3mo decirlo?<\/p>\n<p><em>Dejar un verso para la hora triste<\/em><br \/>\n<em> que en el conf\u00edn del d\u00eda nos acecha,<\/em><br \/>\n<em> ligar tu nombre a su doliente fecha<\/em><br \/>\n<em> de oro y de vaga sombra. Eso quisiste.<\/em><br \/>\n<em> \u00a1Con qu\u00e9 pasi\u00f3n, al declinar el d\u00eda,<\/em><br \/>\n<em> trabajar\u00edas el extra\u00f1o verso<\/em><br \/>\n<em> que, hasta la dispersi\u00f3n del universo,<\/em><br \/>\n<em> la hora de extra\u00f1o azul confirmar\u00eda!<\/em><br \/>\n<em> No s\u00e9 si lo lograste ni siquiera,<\/em><br \/>\n<em> vago hermano mayor, si has existido,<\/em><br \/>\n<em> pero estoy solo y quiero que el olvido<\/em><br \/>\n<em> restituya a los d\u00edas la ligera<\/em><br \/>\n<em> sombra para este ya cansado alarde<\/em><br \/>\n<em> de unas palabras en que est\u00e9 la tarde.\u00a0\u00a0<em>(6)<\/em><\/em><\/p>\n<p><em>&#8230; unas palabras en que est\u00e9 la tarde. Este anhelo acompa\u00f1\u00f3 a Borges en una figura que recurre en toda su obra: el crep\u00fasculo. Tanto el de la ma\u00f1ana como el de la tarde, pueden ser un lugar de revelaci\u00f3n: no se ve cada cosa, se adivinan todas, se ve el ser. No es extra\u00f1o que \u00e9l haya tratado esto, con segura perseverancia, desde su primer libro, en el poema titulado Amanecer, hasta en su \u00faltimo libro, en la poes\u00eda La tarde.<\/em><br \/>\n<em> &#8230; unas palabras en que est\u00e9 la tarde. \u00bfHay algo en lo que decimos?\u00a0\u00a0<em>(7)<\/em><\/em><\/p>\n<p>Se ha dicho (y yo, ahora, pasado el tiempo y las lecturas, tengo por opini\u00f3n propia y convencida) que detr\u00e1s de cada gran obra, acuciando y alentando cada obra de verdadera importancia espiritual, suele haber una sola pregunta. Tambi\u00e9n hay otras, por supuesto, pero que m\u00e1s bien aparecen como sat\u00e9lites de la dram\u00e1tica pregunta central. Cada obra relevante, de modo m\u00e1s o menos expl\u00edcito o insinuado, quiere aproximarse a la posibilidad de resolver qu\u00e9 es aquello que no ha de quedar inexpresado. La respuesta a esa inquietud se origina y se apoya en la pregunta que animar\u00e1 a toda la obra y le ir\u00e1 imponiendo una determinada forma.<br \/>\nAhora bien, \u00bfqu\u00e9 pregunta subyace a la obra de Jorge Luis Borges? Lo que ahora dir\u00e9 es ciertamente discutible, pero yo tengo para m\u00ed que esta pregunta es una de las m\u00e1s enormes que se hayan levantado en la Literatura. La formular\u00e9 as\u00ed: \u00bfhabr\u00e1 la Palabra, Una y \u00danica, capaz de contener, pronunciar y producir la totalidad de la realidad bella, simult\u00e1neamente?<br \/>\nY aqu\u00ed es donde Borges ha dado su paso quiz\u00e1s m\u00e1s audaz: no se trata s\u00f3lo de la palabra que menciona, que celebra o establece a cada cosa; tampoco de la palabra que ve en cada cosa a todas y las alude; ni siquiera de la palabra que da cuenta del magma que hace ser a las cosas en este mundo y trata de poseerlo en la voz po\u00e9tica. Debe haber, m\u00e1s all\u00e1, una palabra capaz de dar raz\u00f3n de todas las anteriores. No son s\u00f3lo unas palabras en que est\u00e9 la tarde. Se trata de algo m\u00e1s.<br \/>\nEn el cuento \u201cLa escritura del Dios\u201d, Tzinac\u00e1n, el mago de la pir\u00e1mide de Qaholom, dice:<\/p>\n<p><em>Consider\u00e9 que en el lenguaje de un dios toda palabra enunciar\u00eda esa infinita concatenaci\u00f3n de los hechos, y no de un modo impl\u00edcito, sino expl\u00edcito, y no de un modo progresivo, sino inmediato. Con el tiempo, la noci\u00f3n de una sentencia divina pareci\u00f3me pueril o blasfematoria. Un dios, reflexion\u00e9, s\u00f3lo debe decir una palabra y en esa palabra la plenitud. Ninguna voz articulada por \u00e9l puede ser inferior al universo o menos que la suma del tiempo. Sombras o simulacros de esa voz que equivale a un lenguaje y a cuanto puede comprender un lenguaje son las ambiciosas y pobres voces humanas, todo, mundo, universo.\u00a0\u00a0<em>(8)<\/em><\/em><\/p>\n<p>De manera que ya no es s\u00f3lo la propia palabra personal, sino una palabra que la excede, una palabra a la que se busca y anhela, una palabra otra y trascendente.<br \/>\nEs trascendente porque es m\u00e1s que todo, mundo, universo. Es trascendente porque en ella no s\u00f3lo est\u00e1 la belleza sino la causa de la belleza; no s\u00f3lo est\u00e1n ah\u00ed todas las voces sino su vertiente, la fuente. Es el fundamento, es la palabra asociada al todo, a lo definitivo y al destino de la forma humana.<br \/>\nNo es, pues, de extra\u00f1ar, que Borges imagine la aparici\u00f3n de esa palabra a la manera de un juicio, en su poema \u201cMateo XXV, 30\u201d:<\/p>\n<p><em>El primer puente de Constituci\u00f3n y a mis pies<\/em><\/p>\n<p><em>fragor de trenes que tej\u00edan laberintos de hierro.<\/em><\/p>\n<p><em>Humo y silbatos escalaban la noche,<\/em><\/p>\n<p><em>que de golpe fue el Juicio Universal. Desde el invisible horizonte<\/em><\/p>\n<p><em>y desde el centro de mi ser, una voz infinita<\/em><\/p>\n<p><em>dijo estas cosas (estas cosas, no estas palabras,<\/em><\/p>\n<p><em>que son mi pobre traducci\u00f3n temporal de una sola palabra):<\/em><\/p>\n<p><em>\u2500 Estrellas, pan, bibliotecas orientales y occidentales,<\/em><\/p>\n<p><em>naipes, tableros de ajedrez, galer\u00edas, claraboyas y s\u00f3tanos,<\/em><\/p>\n<p><em>un cuerpo humano para andar por la tierra,<\/em><\/p>\n<p><em>u\u00f1as que crecen en la noche, en la muerte,<\/em><\/p>\n<p><em>sombra que olvida, atareados espejos que multiplican,<\/em><\/p>\n<p><em>declives de la m\u00fasica, la m\u00e1s d\u00f3cil de las formas del tiempo,<\/em><\/p>\n<p><em>fronteras del Brasil y del Uruguay, caballos y ma\u00f1anas,<\/em><\/p>\n<p><em>una pesa de bronce y un ejemplar de la Saga de Grettir,<\/em><\/p>\n<p><em>\u00e1lgebra y fuego, la carga de Jun\u00edn en tu sangre,<\/em><\/p>\n<p><em>d\u00edas m\u00e1s populosos que Balzac, el olor de la madreselva,<\/em><\/p>\n<p><em>amor y v\u00edspera de amor y recuerdos intolerables,<\/em><\/p>\n<p><em>el sue\u00f1o como un tesoro enterrado, el dadivoso azar<\/em><\/p>\n<p><em>y la memoria, que el hombre no mira sin v\u00e9rtigo,<\/em><\/p>\n<p><em>todo eso te fue dado, y tambi\u00e9n<\/em><\/p>\n<p><em>el antiguo alimento de los h\u00e9roes:<\/em><\/p>\n<p><em>la fals\u00eda, la derrota, la humillaci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>En vano te hemos prodigado el oc\u00e9ano,<\/em><\/p>\n<p><em>en vano el sol, que vieron los maravillados ojos de Whitman;<\/em><\/p>\n<p><em>has gastado los a\u00f1os y te han gastado,<\/em><\/p>\n<p><em>y todav\u00eda no has escrito el poema.\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>El primer puente de Constituci\u00f3n y a mis pies<\/em><\/p>\n<p><em>fragor de trenes que tej\u00edan laberintos de hierro.<\/em><\/p>\n<p><em>Humo y silbatos escalaban la noche,<\/em><\/p>\n<p><em>que de golpe fue el Juicio Universal. Desde el invisible horizonte<\/em><\/p>\n<p><em>y desde el centro de mi ser, una voz infinita<\/em><\/p>\n<p><em>dijo estas cosas (estas cosas, no estas palabras,<\/em><\/p>\n<p><em>que son mi pobre traducci\u00f3n temporal de una sola palabra):<\/em><\/p>\n<p><em>\u2500 Estrellas, pan, bibliotecas orientales y occidentales,<\/em><\/p>\n<p><em>naipes, tableros de ajedrez, galer\u00edas, claraboyas y s\u00f3tanos,<\/em><\/p>\n<p><em>un cuerpo humano para andar por la tierra,<\/em><\/p>\n<p><em>u\u00f1as que crecen en la noche, en la muerte,<\/em><\/p>\n<p><em>sombra que olvida, atareados espejos que multiplican,<\/em><\/p>\n<p><em>declives de la m\u00fasica, la m\u00e1s d\u00f3cil de las formas del tiempo,<\/em><\/p>\n<p><em>fronteras del Brasil y del Uruguay, caballos y ma\u00f1anas,<\/em><\/p>\n<p><em>una pesa de bronce y un ejemplar de la Saga de Grettir,<\/em><\/p>\n<p><em>\u00e1lgebra y fuego, la carga de Jun\u00edn en tu sangre,<\/em><\/p>\n<p><em>d\u00edas m\u00e1s populosos que Balzac, el olor de la madreselva,<\/em><\/p>\n<p><em>amor y v\u00edspera de amor y recuerdos intolerables,<\/em><\/p>\n<p><em>el sue\u00f1o como un tesoro enterrado, el dadivoso azar<\/em><\/p>\n<p><em>y la memoria, que el hombre no mira sin v\u00e9rtigo,<\/em><\/p>\n<p><em>todo eso te fue dado, y tambi\u00e9n<\/em><\/p>\n<p><em>el antiguo alimento de los h\u00e9roes:<\/em><\/p>\n<p><em>la fals\u00eda, la derrota, la humillaci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>En vano te hemos prodigado el oc\u00e9ano,<\/em><\/p>\n<p><em>en vano el sol, que vieron los maravillados ojos de Whitman;<\/em><\/p>\n<p><em>has gastado los a\u00f1os y te han gastado,<\/em><\/p>\n<p><em>y todav\u00eda no has escrito el poema<\/em>. (9)<em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p>Por eso, a lo largo de la obra de Borges, mientras se intenta el poema, tambi\u00e9n, a la vez, la peregrinaci\u00f3n en pos de esa palabra trascendente ser\u00e1 constante. Muchos poemas de Borges evocan esa palabra. Tambi\u00e9n en la estructura de varios cuentos se hace evidente este camino. Justamente: var\u00edan los temas, pero esa estructura permanece. Quiz\u00e1s el relato emblem\u00e1tico en este sentido sea \u201cEl acercamiento a Almot\u00e1sim\u201d. Ya lo sabemos: un estudiante, en Bombay, se ve envuelto en una serie de peripecias y debe esconderse entre personas abyectas. Entre todas ellas hay un hombre, tambi\u00e9n ruin, en quien el joven cree ver la revelaci\u00f3n del sentido de su existencia. El texto lo refiere as\u00ed:<\/p>\n<p><em>&#8230;el estudiante incr\u00e9dulo y fugitivo que conocemos, cae entre gente de la clase m\u00e1s vil y se acomoda a ellos, en una especie de certamen de infamias. De golpe -con el milagroso espanto de Robinson ante la huella de un pie humano en la arena- percibe alguna mitigaci\u00f3n de infamia: una ternura, una exaltaci\u00f3n, un silencio, en uno de los hombres aborrecibles. Fue como si hubiera terciado en el di\u00e1logo un interlocutor m\u00e1s complejo. Sabe que el hombre vil que est\u00e1 conversando con \u00e9l es incapaz de ese moment\u00e1neo decoro; de ah\u00ed postula que \u00e9ste ha reflejado a un amigo, o a un amigo de un amigo. Repensando el problema, llega a una convicci\u00f3n misteriosa: En alg\u00fan punto de la tierra hay un hombre de quien procede esa claridad; en alg\u00fan punto de la tierra est\u00e1 el hombre que es igual a esa claridad. El estudiante resuelve dedicar su vida a encontrarlo.\u00a0(10)<em>\u00a0<\/em><\/em><\/p>\n<p>Luego de a\u00f1os de enorme derrotero, llega a su meta y queda ante una puerta. Llama. Llama golpeando las manos; ya no habla. Entonces se oye la inconcebible voz de Almot\u00e1sim. Luego, una cortina se corre para que podamos pasar y el cuento termina. (El cuento referido por el narrador; porque es un cuento dentro de un relato.)<br \/>\nSe\u00f1alemos algunos cuentos con una estructura an\u00e1loga: \u201cLa escritura del Dios\u201d (11)\u00a0, \u201cEl etn\u00f3grafo\u201d(12)\u00a0, \u201cTigres azules\u201d(13)\u00a0, \u201cEl milagro secreto\u201d(14)\u00a0. Lo que se asoma e insin\u00faa al final ya no depende del esfuerzo humano, aunque lo suponga. Se ha llegado ante la posibilidad de asistir a la palabra capaz de pronunciar lo inefable. Por eso estos relatos terminan en el silencio. Pero aqu\u00ed hay que aclarar algo importante: no es que se postule al silencio por s\u00ed mismo como meta. Se trata de <em>callar con ocasi\u00f3n de la palabra.<\/em> No es que se llegue hasta \u201cun silencio\u201d; es que hace silencio el protagonista. Calla, para abrir el espacio en el cual acaso esa anhelada palabra \u00fanica se diga a s\u00ed misma. A lo que se llega es a la palabra. Bien que a una palabra que excede la pronunciaci\u00f3n del poeta; pero palabra que, aunque \u00e9l no pueda decir, puede convocar o aludir.<br \/>\nPero es tambi\u00e9n importante se\u00f1alar aqu\u00ed otro elemento en lo que se refiere a la estructura de estos relatos: todos los esfuerzos de los peregrinos y sus b\u00fasquedas tienen sentido porque aquella palabra total que se insin\u00faa, desciende. En el caso de \u201cEl acercamiento a Almot\u00e1sim\u201d, lo que se plantea es que el mundo participa gradualmente de la perfecci\u00f3n a la que se aspira. Es una suerte de \u201cv\u00eda de eminencia\u201d, de camino de ascenso por una creciente belleza, que en cada pelda\u00f1o deja entrever el siguiente y sospechar el \u00faltimo. Se hace patente la finalidad. Tambi\u00e9n la b\u00fasqueda de Tzinac\u00e1n es posible porque a su ascenso corresponde un descenso: la \u201crueda alt\u00edsima\u201d, el \u201cresplandor de arriba\u201d, la visi\u00f3n que por fin se le ofrece. En el final de \u201cTigres azules\u201d hay una aparici\u00f3n: el mendigo que dice he venido. Antes se hab\u00eda dicho: las piedras son de arriba; y eso lo hab\u00eda dicho un anciano con una voz que no era la suya. Lo \u201cde arriba\u201d, lo \u201calt\u00edsimo\u201d, inexplicablemente se esboza aqu\u00ed abajo.<br \/>\nEsa voz, esa palabra, est\u00e1 del otro lado, es de otro lado. Como en \u201cEl acercamiento a Almot\u00e1sim\u201d, o como en algunos poemas: en la ya citada rosa que el Se\u00f1or mostrar\u00e1 a mis ojos muertos; o, como en \u201cEverness\u201d(15), en los dos \u00faltimos versos: <em>s\u00f3lo del otro lado del ocaso \/ ver\u00e1s los Arquetipos y Esplendores.<\/em><br \/>\nPero este \u201cestar del otro lado\u201d no es una clausura de esa palabra; por el contrario, hay una constante invitaci\u00f3n al poeta para acercarse, intuirla y labrar la voz propia con los ecos que ella va suscitando. <em>Inspiraci\u00f3n.<\/em><br \/>\nNo es, entonces, una clausura. Uno de los elementos m\u00e1s originales de la po\u00e9tica de Borges es, pues, concebir la trascendencia tambi\u00e9n como una simult\u00e1nea \u201cdescendencia\u201d a trav\u00e9s de la cual lo inalcanzable se participa(16)\u00a0:<\/p>\n<p><em>La m\u00fasica, los estados de felicidad, la mitolog\u00eda, las caras trabajadas por el tiempo, ciertos crep\u00fasculos y ciertos lugares, quieren decirnos algo, o algo dijeron que no hubi\u00e9ramos debido perder, o est\u00e1n por decir algo; esta inminencia de una revelaci\u00f3n, que no se produce, es, quiz\u00e1, el hecho est\u00e9tico. (17)<\/em><\/p>\n<p>A\u00f1os despu\u00e9s insistir\u00e1, de modo quiz\u00e1s menos intenso, en una forma m\u00e1s l\u00edrica:<\/p>\n<p><em>Hay una hora de la tarde en que la llanura est\u00e1 por decir algo; nunca lo dice o tal vez lo dice infinitamente y no lo entendemos, o lo entendemos pero es intraducible como una m\u00fasica (18).<\/em><\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 es lo que es intraducible pero indudablemente es? \u00bfCu\u00e1l es la revelaci\u00f3n que no se produce pero que es inminente? Borges se maneja en un umbral: lugar de luz (lumbral) y a la vez de sombras (umbra), lugar pen\u00faltimo al que se llega por los propios medios, pero que requiere luego detenerse, quedar en estado de deseo y de espera, hasta ser invitado a pasar. Lo que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1, adentro o del otro lado, es del \u201cdue\u00f1o de casa\u201d, del \u201cse\u00f1or del misterio\u201d.<br \/>\nBorges supo esto constantemente, y su obra se inclina o eleva en ese sentido, con una suerte de <em>teotropismo<\/em>, con una clarividencia que ning\u00fan asunto pod\u00eda ensombrecer. Uno de los cap\u00edtulos de su libro <em>Evaristo Carriego termina as\u00ed: &#8230;nos hemos acercado a la metaf\u00edsica: \u00fanica justificaci\u00f3n y finalidad de todos los temas\u00a0(19)<\/em>. Y es as\u00ed que, en medio de \u201ctodos los temas\u201d, Borges siempre estuvo atento a las grandes verticales de sentido, a la trascendencia que se instala en la palabra de todo gran poeta.<\/p>\n<p>Pero, \u00bfqu\u00e9 es, qui\u00e9n es, en qu\u00e9 se verifica un gran poeta? Principalmente, en el hecho de haber legado un inmenso don que muy pocos pueden ofrecer: palabras que permiten decir algo que antes era imposible. (Todo gran poeta tiene algo de inaudito y de inaugural.) Hombres como Borges viven vicariamente las vidas de los dem\u00e1s. La poes\u00eda la sentimos todos. Simult\u00e1neamente, sentimos que no se puede decir. Llega el poeta y la dice, y nosotros experimentamos la certeza de que, si hubi\u00e9ramos podido decir eso, lo hubi\u00e9ramos dicho exactamente as\u00ed. Se nos ha manifestado, con la consiguiente alegr\u00eda y libertad que eso provoca, que algo mudo en nosotros ahora puede ser expresado.<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 es lo nuevo que se puede decir despu\u00e9s de Borges? Adem\u00e1s, con el aditamento de su universalidad \u00fanica. \u00bfQu\u00e9 hace que cualquier hombre, de cualquier cultura, de cualquier lengua e incluso dialecto, una vez iniciada la lectura de Borges, persista en ella m\u00e1s all\u00e1 de otras lecturas? \u00bfQu\u00e9 fue lo que Borges dijo y que todos los hombre necesitaban o\u00edr? \u00bfQu\u00e9 escribi\u00f3 que le hac\u00eda falta a todo el mundo? Imposible decirlo a ciencia cierta; es un dato que se excede a s\u00ed mismo. Pero lo cierto es que Borges toca en el lector una cuerda interior definitiva, un lugar al que es imperioso llegar, y al que parece que no se puede acceder salvo por la palabra del poeta argentino. Ese \u201clugar\u201d no puede quedar inexpresado, pero hac\u00eda falta un don, una inspiraci\u00f3n superior para decirlo, y no es imposible reconocer esa cualidad \u00fanica en Borges. Abri\u00f3, desde una profundidad rica y secreta, un estilo de belleza, inteligencia y sentido que nos ha renovado y mejorado.<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 dice ese lenguaje nuevo y mejor? Tal vez si existir\u00e1 o no aquella Palabra, forma de todas las figuras. Eso que Borges llamaba el \u201cVerbo hacedor\u201d(20)<em>\u00a0<\/em>, el Verbo poiet\u00e9s, poeta, creador, hacedor pero con palabras, un Verbo que desde siempre haya quebrado el silencio de la nada. Un cosmos. <em>&#8230;una voz infinita \/ dijo estas cosas (estas cosas, no estas palabras, \/ que son mi pobre traducci\u00f3n temporal de una sola palabra).<\/em><br \/>\nNo hay ingenuidad en Borges, pero s\u00ed inocencia: una palabra original, pobre y genial como la de un ni\u00f1o ad\u00e1mico, no arrancada todav\u00eda de su singularidad ni sofocada por capas de sintaxis secundarias; algo del lenguaje anterior a la ca\u00edda.<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 dice ese lenguaje nuevo y mejor?<br \/>\nLa primera respuesta es, inevitablemente, tautol\u00f3gica: ese lenguaje nuevo y mejor s\u00f3lo se dice en la poes\u00eda de Borges; su literatura es ese lenguaje. Sencillamente, hemos de volver a su obra para que ella diga eso inaudito a lo que ahora podemos asistir.<br \/>\nPero tambi\u00e9n es evidente que ese lenguaje ha modificado a quienes lo han le\u00eddo o escuchado, y que algo acerca de esa modificaci\u00f3n puede ser dicho.<br \/>\nHay un verso de Saint-John Perse que dice as\u00ed: Pero \u00bfqu\u00e9 es, oh, qu\u00e9 es eso que en todo, de repente, falta? Borges parece haber acercado una posible respuesta a esa hermosa y desgarradora l\u00ednea de Saint-John Perse. Porque Borges transform\u00f3 la ausencia en inminencia, lo intangible en innegable.<br \/>\nAnte esto, gracias a Borges, la tensi\u00f3n infructuosa de un deseo desbocado hacia lo inalcanzable se torna apertura serena que aguarda el Don.<br \/>\nDeteng\u00e1monos aqu\u00ed. No se puede traducir la literatura de Borges, transponerla a sus efectos. Pero la sabemos y la sentimos asociada a una forma de esperanza, a esa rosa ilimitada que el Se\u00f1or mostrar\u00e1 a mis ojos muertos, a una suerte de nueva e in\u00e9dita alegr\u00eda que surge en nosotros y penetra en esa misteriosa s\u00edntesis de cordialidad e inteligencia a la que llamamos sensibilidad.<\/p>\n<p><em>(1)\u00a0<\/em><em>Rainer Maria Rilke. Eleg\u00edas de Duino. Ediciones C\u00e1tedra. Madrid, 1993, p\u00e1g. 112.<\/em><\/p>\n<p><em>(2)\u00a0<\/em><em>Paul Claudel. Cinco Grandes odas. Siglo Veintiuno Editores. M\u00e9xico, 1997, p\u00e1g. 14.<\/em><\/p>\n<p><em>(3)\u00a0<\/em><em>Jorge Luis Borges. Obras completas, vol. I (OC.I). Emec\u00e9 Editores. Buenos Aires, 1974, p\u00e1g. 19. Del poema \u201cEl Sur\u201d, del libro Fervor de Buenos Aires.<\/em><\/p>\n<p><em>(4)\u00a0<\/em><em>Jorge Luis Borges. Obras completas, vol. II (OC.II). Emec\u00e9 Editores. Buenos Aires, 1989, p\u00e1g. 492. Del poema \u201cG\u00f3ngora\u201d, del libro Los conjurados.<\/em><\/p>\n<p><em>(5)\u00a0<\/em><em>OC.II, p\u00e1g. 116. Del poema \u201cThe Unending Rose\u201d, del libro La rosa profunda.<\/em><\/p>\n<p><em>(6)\u00a0<\/em><em>OC.I, p\u00e1g. 900. Del poema \u201cA un poeta menor de 1899\u201d, Del libro El otro, el mismo. (1899. Es decir, se trata de Borges.)<\/em><\/p>\n<p><em>(7)\u00a0<\/em><em>George Steiner. Subt\u00edtulo de Presencias reales. Ediciones Destino. Barcelona, 1991.<\/em><\/p>\n<p><em>(8)\u00a0<\/em><em>OC.I, p\u00e1g. 598. Del cuento \u201cLa escritura del Dios\u201d, del libro El Aleph.<\/em><\/p>\n<p><em>(9)\u00a0<\/em><em>OC.I, p\u00e1g. 874. Del poema \u201cMateo XXV, 30\u201d, del libro El otro, el mismo.<\/em><\/p>\n<p><em>(10)\u00a0<\/em><em>OC.I, p\u00e1g. 416. Del cuento \u201cEl acercamiento a Almot\u00e1sim\u201d, del libro Historia de la eternidad.<\/em><\/p>\n<p><em>(11)\u00a0<\/em><em>OC.I, p\u00e1g. 596. Del libro El Aleph.<\/em><\/p>\n<p><em>(12)\u00a0<\/em><em>OC.I, p\u00e1g. 989. Del libro Elogio de la sombra.<\/em><\/p>\n<p><em>(13)\u00a0<\/em><em>OC.II, p\u00e1g. 381. Del libro La memoria de Shakespeare.<\/em><\/p>\n<p><em>(14)\u00a0<\/em><em>OC.I, p\u00e1g. 508. Del libro Ficciones.<\/em><\/p>\n<p><em>(15)\u00a0<\/em><em>OC.I, p\u00e1g. 927. Del libro El otro, el mismo.<\/em><\/p>\n<p><em>(16)\u00a0<\/em><em>Como nota al pie, podemos enunciar un asunto sobre el cual Borges volvi\u00f3 muchas veces y que aqu\u00ed no podemos tratar: la inspiraci\u00f3n, todo un cap\u00edtulo para estudiar en la concepci\u00f3n borgeana de la construcci\u00f3n de su literatura. Es posible al poeta la pronunciaci\u00f3n de una palabra personal muy alta, que bien puede ser participaci\u00f3n de una palabra superior. S\u00f3lo participaci\u00f3n; a la palabra superior es posible acceder solamente si ella se pronuncia a s\u00ed misma. No obstante, el fen\u00f3meno de la participaci\u00f3n, de la inspiraci\u00f3n, resulta un hecho fascinante: ocurre una palabra acerca de la cual el poeta puede decir \u201cm\u00eda\u201d, y que sin embargo excede la capacidad de haberla pronunciado. (Borges toc\u00f3 este tema en algunos de los pr\u00f3logos a sus libros de poes\u00eda, y tambi\u00e9n en muchas conversaciones y entrevistas que hoy est\u00e1n publicadas.)<\/em><br \/>\n<em> Y ya que hoy, en este \u00e1mbito, estamos haciendo referencia a una perspectiva teol\u00f3gica, no estar\u00e1 de m\u00e1s dejar anotado, como complemento a lo que acabamos de enunciar acerca de la inspiraci\u00f3n, que el aspecto de la obra de Borges que ve a la trascendencia tambi\u00e9n como \u201cdescendencia\u201d es inimaginable fuera de un universo mental que no haya dado cabida al ethos b\u00edblico. Es un hecho cultural que cabe se\u00f1alar. No en vano Borges tiene dos poemas titulados \u201cJuan 1, 14\u201d, que es el vers\u00edculo del pr\u00f3logo del evangelio de Juan donde leemos: Y la Palabra se hizo carne y habit\u00f3 entre nosotros. Existe, en la obra de Borges, una pregunta por lo que pudiera ser una palabra divina humanizada.<\/em><\/p>\n<p><em>(17)\u00a0<\/em><em>OC.I, p\u00e1g. 635. De \u201cLa muralla y los libros\u201d, del libro Otras inquisiciones.<\/em><\/p>\n<p><em>(18)\u00a0<\/em><em>OC.I, p\u00e1g. 521. Del cuento \u201cEl fin\u201d, del libro Ficciones.<\/em><\/p>\n<p><em>(19)\u00a0<\/em><em>OC.I, p\u00e1g. 147. De \u201cEl truco\u201d.<\/em><\/p>\n<p><em>(20)\u00a0<\/em><em>OC.I, p\u00e1g. 360. En Historia de la eternidad, II.<\/em><\/p>\n<p><em>El autor es sacerdote y poeta.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Si rasgaras el cielo y descendieras (Is. 63, 19b) Todo poeta trata de ir m\u00e1s all\u00e1 de lo obvio. No todos lo consiguen. 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