{"id":11371,"date":"2015-08-05T15:12:30","date_gmt":"2015-08-05T18:12:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=11371"},"modified":"2015-08-05T15:13:57","modified_gmt":"2015-08-05T18:13:57","slug":"sorbiendo-esencias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=11371","title":{"rendered":"Sorbiendo esencias"},"content":{"rendered":"<p><em><strong>En la novela Flush, a trav\u00e9s de la peculiar mirada del perro de la escritora Elizabeth Barret, Virginia Woolf describe la siempre bella ciudad de Florencia.<\/strong><\/em><\/p>\n<p>Estimulada por el s\u00edndrome Stendhal, acabo de leer <em>Flush, una biograf\u00eda<\/em>, \u00a0la deliciosa novela de Virginia Woolf. \u00a1Bella Florencia! Lo que afecta a Stendhal al salir de Santa Crocce es el agobio ante tanta belleza, ante la obra magn\u00edfica del hombre renacentista. Sin embargo, no es lo \u00fanico que lo atrapa; el paisaje florentino y su clima, la historia, las costumbres y el esp\u00edritu libre de su gente habr\u00e1n sido decisivos para ser elegida como lugar de residencia por artistas, intelectuales y esp\u00edritus errantes de variada procedencia y en todas las \u00e9pocas.<\/p>\n<p>En el antiguo cementerio\u00a0 ingl\u00e9s de la ciudad descansa la poeta brit\u00e1nica Elizabeth Barret Browning, autora de <em>Las ventanas de la Casa Guidi<\/em> y <em>Sonetos del portugu\u00e9s<\/em>, quien vivi\u00f3 en Italia, seg\u00fan sus palabras, los a\u00f1os m\u00e1s felices de su vida.<\/p>\n<p>En la novela que nos ocupa, el biografiado es su mascota, Flush.<\/p>\n<p>Elizabeth Barret fue la hija menor de una familia rica que por generaciones hab\u00eda hecho su fortuna en plantaciones en la India. El padre estaba acostumbrado a manejar esclavos, era un hombre severo y riguroso. Como la chica parec\u00eda algo enfermiza, la manten\u00eda recluida en la \u00faltima habitaci\u00f3n de la casa, en la zona m\u00e1s elegante de Londres. Todas las noches pasaba a verla por su cuarto y controlaba si hab\u00eda comido toda la cena. S\u00ed le permit\u00eda rodearse de libros y recibir semanalmente la visita de poetas y escritores. Siendo ya una mujer de m\u00e1s de treinta a\u00f1os, una de sus amigas, Miss Mitford, le regala un cachorro Spaniel, de la variedad Cocker,de la m\u00e1s pura estirpe seg\u00fan la calificaci\u00f3n del Kennel\/Spaniel Club. \u201cSe sorprendieron el uno del otro. A miss Barret le pend\u00edan a ambos lados del rostro unos tirabuzones muy densos, le reluc\u00edan sus grandes ojos y su boca grande se sonre\u00eda. A ambos lados de la cara de Flush colgaban sus espesas y largas orejas, los ojos los ten\u00eda tambi\u00e9n grandes y brillantes. Exist\u00eda un cierto parecido entre ambos\u201d. Naci\u00f3 enseguida un v\u00ednculo s\u00f3lido que llev\u00f3 a Flush a renunciar a sus correteos diarios por la campi\u00f1a a cambio de un invierno guardado en la penumbra del cuarto de su ama, donde Elizabeth le\u00eda, escrib\u00eda, recib\u00eda visitas. Le permit\u00eda dormir sobre un diccionario griego y le regalaba las alas de pollo para no dejar evidencia de su falta de apetito.<\/p>\n<p>Robert Browning entra en escena. El poeta se hab\u00eda enamorado de Elizabeth leyendo su poes\u00eda y el noviazgo fue en gran parte epistolar, sin embargo, a los pocos meses empez\u00f3 a visitarla dos veces por semana. Flush fue el primero de la familia en descubrir que esa relaci\u00f3n era algo serio y eso lo inquiet\u00f3 tanto que una tarde de celos exacerbados lo mordi\u00f3 en la pierna, sobre la tela del pantal\u00f3n. A Browning no pareci\u00f3 importarle mucho, a diferencia de su ama, quien lo castig\u00f3 firmemente. As\u00ed supo Flush que el amor ahora ser\u00eda de a tres, entonces fue perdonado. Elizabeth demostr\u00f3 cu\u00e1nto quer\u00eda a Flush cuando lo secuestraron. Por 1830 la pobreza en Londres pod\u00eda ser extrema, la gente hac\u00eda cualquier cosa para conseguir algo de comida o abrigo. Muchos perros, aunque deb\u00edan andar con cadenas, estaban mejor cuidados y viv\u00edan en mejores condiciones que las personas, por lo que se hizo habitual el robo para pedir rescate por ellos.\u00a0 Este episodio tan funesto para Flush, aunque tuvo final feliz, le mostr\u00f3 a Elizabeth una realidad de Inglaterra que desconoc\u00eda: rostros siniestros que vio durante esa b\u00fasqueda fueron retratados en su obra <em>Aurora Leight<\/em>, bastante tiempo despu\u00e9s.<\/p>\n<p>El padre de Elizabeth nunca consinti\u00f3 el noviazgo de su hija y la pareja se cas\u00f3 en secreto. Despu\u00e9s de una cuidada preparaci\u00f3n la joven se fug\u00f3 con su doncella y Flush, sin despedirse de la familia. El padre nunca la perdon\u00f3.<\/p>\n<p>Arribo a Italia. Lo primero que descubre Flush es que no hab\u00eda categor\u00edas entre los perros. \u00bfSer\u00e1 posible?, se pregunta. Todos eran mestizos, andaban sueltos, solos de aqu\u00ed a all\u00e1. No hab\u00eda aqu\u00ed Kennel Club ni padres severos. Libertad, amor, salud. Texturas, colores, fragancias. Flush supo lo que era andar borracho de aromas y sin cadenas. Sin miedo. Elizabeth, a su vez, parec\u00eda no sufrir ninguna enfermedad, viv\u00eda con deleite lo que Florencia le ofrec\u00eda, el arte,la naturaleza y su matrimonio. Qued\u00f3 embarazada y tuvo un hijo. Claro que el verano toscano, adem\u00e1s del amor libre, le hizo conocer a Flush la molestia de las pulgas. Mr. Browning intent\u00f3 diferentes formas para librarlo sin conseguirlo, y finalmente decidi\u00f3 raparlo. Sacrificar una parte de su belleza, dejar atr\u00e1s la identidad de su raza para conseguir a cambio alivio y paz, aparece en una de las frases del libro para recordar: \u201cEl verdadero fil\u00f3sofo es el que se queda sin pelo pero se libra de las pulgas\u201d.<\/p>\n<p>El mundo es conocido por Flush a trav\u00e9s de los sentidos: olfatea, lame, oye, ve, roza hasta el m\u00e1rmol con su pelambre: \u201cItalia significa para \u00e9l, principalmente, una sucesi\u00f3n de olores\u201d, \u201cLo correteaba todo con la nariz a ras del suelo, sorbiendo esencias\u201d, \u201cEn resumen, se sab\u00eda Florencia, como jam\u00e1s se la supo ning\u00fan ser humano\u2026 la conoc\u00eda como s\u00f3lo pueden conocer los mudos. Ni una sola de sus innumerables sensaciones se someti\u00f3 nunca a la deformidad de las palabras\u201d.<\/p>\n<p>Basada en la frondosa correspondencia entre Barret y Browning, Virginia Woolf narra con singular encanto esta rom\u00e1ntica historia desde el punto de vista del perro y finaliza la obra con palabras propias de Barret: \u201c\u2026cuando la barbuda aparici\u00f3n acab\u00f3 de secar mis l\u00e1grimas, reconoc\u00ed a Flush y me repuse de mi sorpresa y de mi pena, dando gracias al verdadero Pan, quien vali\u00e9ndose de criaturas insignificantes, nos permite conocer cumbres de amor\u201d.<\/p>\n<p>Es esta una alegor\u00eda en la que Woolf muestra mundos recortados, como lo es el de las mascotas, o los contrastes de las clases sociales de la Inglaterra victoriana, para detenerse en los problemas que la preocupan. Se reconocen las ideas del grupo Bloomsbury, de ideolog\u00eda progresista y liberal, sus temas de vanguardia,el lugar de la mujer, en particular el lugar de la mujer educada dentro de una comunidad regida por hombres. Exalta la poes\u00eda como recurso maravilloso para explorar lo desconocido; sostiene que somos conmovidos por infinitas sensaciones, hasta el punto de interrogarse ad\u00f3nde podr\u00eda llegar la percepci\u00f3n como reconocimiento del mundo si \u00e9sta no estuviera mediatizada por palabras.<\/p>\n<p><em>La autora es psic\u00f3loga y escritora.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la novela Flush, a trav\u00e9s de la peculiar mirada del perro de la escritora Elizabeth Barret, Virginia Woolf describe la siempre bella ciudad de&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[960],"class_list":["post-11371","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","tag-letras"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-2Xp","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/11371","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=11371"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/11371\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":11374,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/11371\/revisions\/11374"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=11371"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=11371"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=11371"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}