{"id":11426,"date":"2015-09-02T13:42:55","date_gmt":"2015-09-02T16:42:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=11426"},"modified":"2015-09-02T13:42:55","modified_gmt":"2015-09-02T16:42:55","slug":"una-enciclica-que-dio-mucho-que-hablar-y-sufrir","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=11426","title":{"rendered":"Una enc\u00edclica que dio mucho que hablar y sufrir"},"content":{"rendered":"<p><strong>El autor pone en cuesti\u00f3n algunos puntos sobre \u00e9tica sexual de la enc\u00edclica <em>Humanae Vitae.<\/em> Se\u00f1ala, por ejemplo, que el valor \u00e9tico de la anticoncepci\u00f3n \u201cdepende de la intenci\u00f3n y de las circunstancias del sujeto que la pone en pr\u00e1ctica, como suele suceder con otras actividades\u201d.<\/strong><\/p>\n<p>En el conflictivo y delicado espacio de la enc\u00edclica <em>Humanae Vitae<\/em> publicada por Pablo VI en 1968 no dej\u00f3 de incursionar de modo oportuno el papa Benedicto XVI. Adem\u00e1s de reconocer en ese documento una caracter\u00edstica, que termina siendo de efecto negativo \u2013como luego se comprobar\u00e1\u2013, el mismo pont\u00edfice adopt\u00f3 una actitud divergente ante determinados casos de \u00e9tica sexual. En efecto, en el ejercicio de su magisterio ordinario, los reinterpret\u00f3 con una nueva tonalidad de leg\u00edtima y humana comprensi\u00f3n, en sentido inverso de la tendencia \u201coficial\u201d.<br \/>\nEl hecho deb\u00eda entenderse como un progreso positivo, aunque en s\u00ed mismo t\u00edmido y muy acotado. Sin embargo, a diferencia de los opinantes m\u00e1s reservados y perspicaces, desentonaron ciertas expresiones demasiado euf\u00f3ricas y entusiastas de comentaristas aut\u00f3ctonos y for\u00e1neos, que parec\u00edan proceder de otro planeta pero no de la real situaci\u00f3n de nuestra conflictuada Iglesia, cuyos problemas estructurales s\u00f3lo obtendr\u00e1n remedio mediante soluciones de fondo, sin que basten ap\u00f3sitos, calmantes o retoques cosm\u00e9ticos. Hay que llegar hasta el hueso, en muchos casos, sin componendas posibles. Es lo que el papa Francisco ya durante los primeros meses de su gobierno nos ha dado a entender, lo ha reafirmado en <em>Evangelii Gaudium<\/em>, y ahora lo est\u00e1 llevando a la pr\u00e1ctica en sucesivas decisiones.<br \/>\nNo siempre en la elecci\u00f3n de un pont\u00edfice han confluido tantos \u201csignos\u201d para inducirnos a pensar que ha sonado la hora impostergable de \u201creparar la maltrecha Casa de Cristo\u201d, de reformar org\u00e1nica y sistem\u00e1ticamente la Obra que \u00e9l fund\u00f3 y que los humanos hemos alterado. Asimismo impacta fuerte en el coraz\u00f3n de los creyentes la disponibilidad del nuevo vicario de Cristo cuya voluntad b\u00e1sica \u2013despegada de in\u00fatiles preocupaciones protocolares y de gestos de boato y dominaci\u00f3n\u2013 \u00fanicamente aspira a consumir sus capacidades y su vida en aras de un mandato: restaurar el proyecto de Jes\u00fas en este mundo, embellecer el alma y el rostro de la Iglesia poni\u00e9ndola por entero al servicio de todos los seres humanos.<br \/>\nApretemos filas en torno a nuestro Pastor. Somos numerosos los cristianos y, aun los m\u00e1s sencillos y de elemental formaci\u00f3n, que est\u00e1n por lo menos en condiciones de contribuir en dos aspectos fundamentales: el poder de la plegaria y el compromiso de mejorar la propia conducta, lo cual vale para todos. Existe tambi\u00e9n el compromiso de colaboraci\u00f3n de quienes han sido favorecidos por una m\u00e1s amplia cultura religiosa. Ni hablemos de la infinidad de movimientos e instituciones cat\u00f3licas, de los innumerables te\u00f3logos, biblistas, historiadores (\u00a1atenci\u00f3n con la historia!), que tanto pueden ayudar a discernir las fuentes eclesiales primigenias y certeras de las otras: las secundarias y acomodaticias que, en gran parte, s\u00f3lo sirven para desviar del recto camino.<br \/>\nNo olvidemos que las formulaciones que constituyen el valioso \u201ctesoro de la aut\u00e9ntica y genuina fe cristiana\u201d se sujetan a pautas teol\u00f3gicas precisas, y que los alcances de la infalibilidad doctrinal est\u00e1n l\u00f3gicamente acotados. Proposiciones no pertenecientes a ese seguro \u00e1mbito, por m\u00e1s que entre nosotros circulen bajo la denominaci\u00f3n de \u201cdoctrina com\u00fan y aceptada\u201d o incluso \u201cdoctrina cat\u00f3lica\u201d, corren el riesgo de mostrarse eventualmente caducas e insostenibles. La historia eclesi\u00e1stica est\u00e1 plagada de testimonios de esa \u00edndole. En el decurso del tiempo, posturas doctrinales, consideradas ciertas e inapelables, debieron ser desechadas por la misma Iglesia como err\u00f3neas e impropias, y no compatibles con la realidad de los hechos. Por otra parte, en el plano de la praxis eclesial, en \u00e9pocas pasadas se consider\u00f3 necesario imponer de forma terminante ciertas obligaciones \u00e9ticas, las cuales con el correr de los siglos se han vuelto inaceptables e inviables.<br \/>\nMientras no nos resguarda el \u201crecinto de la seguridad doctrinal\u201d \u2013conforme a lo anteriormente se\u00f1alado\u2013, en las dem\u00e1s \u00e1reas del pensamiento todos est\u00e1n expuestos, no s\u00f3lo los del llano sino tambi\u00e9n en la cima, a errores y confusiones. La buena y leg\u00edtima actitud del cristiano consiste en reconocer y reparar esas falencias al amparo de la humildad y de la sinceridad.<br \/>\nUna frase evang\u00e9lica nos habla de \u201caplicar el hacha a la ra\u00edz del \u00e1rbol\u201d y esto sugiere, entre tantos otros, un interrogante que viene al caso: \u00bfdebe mantenerse como una afirmaci\u00f3n apod\u00edctica que \u201cla anticoncepci\u00f3n es intr\u00ednsecamente mala\u201d? De ser ello verdad, no podr\u00edamos admitir como leg\u00edtimas o l\u00edcitas determinadas excepciones \u2013aunque proviniesen de un Papa\u2013porque estar\u00edan en pugna con el principio seg\u00fan el cual \u201cel fin no justifica los medios\u201d. Al contrario, habr\u00e1 que pensar que el supuesto de la \u201cintr\u00ednseca maldad de la anticoncepci\u00f3n\u201d es un concepto absolutista que debe descartarse. La anticoncepci\u00f3n no es de por s\u00ed ni buena ni mala, y su valor \u00e9tico depende de la intenci\u00f3n y de las circunstancias del sujeto que la pone en pr\u00e1ctica, como suele suceder con otras actividades.<br \/>\nEn cuanto a la valoraci\u00f3n moral de la sexualidad, particularmente dentro del matrimonio, parece discutible y arbitrario establecer una neta y esencial distinci\u00f3n entre los m\u00e9todos anticonceptivos llamados naturales y los calificados de artificiales. Efectivamente, ni los \u201cartificiales\u201d lo son tanto, ya que responden al ingenio \u201cnatural\u201d del hombre que adapta los elementos de la naturaleza para obtener una finalidad leg\u00edtima, o para evitar un previsible da\u00f1o. Ni tampoco los m\u00e9todos \u201cnaturales\u201d escapan a la sospecha de ser evasivos y calculadores e incluso psicol\u00f3gicamente engorrosos, complejos y poco afines al esp\u00edritu de sencillez y franqueza. No olvidemos que, de acuerdo con el plan divino, el matrimonio nos sit\u00faa en el centro de las expresiones m\u00e1s entra\u00f1ables y profundas del amor humano.<br \/>\nSi el matrimonio, adem\u00e1s de garantizar la descendencia y la continuidad de la familia, significa la plena integraci\u00f3n psicosom\u00e1tica del var\u00f3n y la mujer, \u00bfpor qu\u00e9 seguir complicando la vida de los consortes cristianos, tan necesitados de rec\u00edproca paz, uni\u00f3n y afecto, condiciones \u00e9stas que, a su vez, tanto contribuyen a la formaci\u00f3n de los hijos y a su adecuada inserci\u00f3n en el entramado social? Hay un aspecto de la \u00e9tica sexual conyugal que merece una particular atenci\u00f3n y reclama imperiosamente desligarse de ciertos condicionamientos de la enc\u00edclica <em>Humanae vitae<\/em> destinados a una elite de la vida espiritual. Es al menos lo que parece desprenderse de las elogiosas palabras del mismo Benedicto XVI, para quien la enc\u00edclica \u201cencarna la verdad ideal en esta materia, e incluso estima que ella es fascinante para las minor\u00edas que est\u00e1n \u00edntimamente persuadidas\u201d. Pero \u2013como no pod\u00eda ser de otra manera\u2013, el mismo Papa tambi\u00e9n tiene en la mira las \u201cmasas inconmensurables\u201d de hombres y mujeres que no viven (o, m\u00e1s bien, no pueden vivir) esa \u201cmoral elevada\u201d, que se despliega por encima de la \u00f3rbita del hombre corriente.<br \/>\nEn estas \u00faltimas l\u00edneas se nos muestra al desnudo el verdadero n\u00facleo del tema: vale decir, el legislador eclesi\u00e1stico debe elaborar las reglas de conducta de los fieles bas\u00e1ndose no precisamente en la excelencia de minor\u00edas selectas, sino en las posibilidades de los seres comunes, a los que hay que juzgar de modo humano, sin pretender tensar la cuerda m\u00e1s all\u00e1 de lo prudente. No resulta extra\u00f1o, entonces, que la <em>Humanae vitae<\/em> \u2013como c\u00f3digo que deb\u00eda regir el rec\u00edproco comportamiento sexual de los c\u00f3nyuges cat\u00f3licos\u2013 no haya contado mayormente con la comprensi\u00f3n ni el acatamiento del p\u00fablico fiel, a lo largo de casi cincuenta a\u00f1os de su existencia.<br \/>\nAl publicarse la enc\u00edclica (1968), y frente a la responsabilidad de aplicarla en el seno de la comunidad creyente, la tarea sacerdotal se desarroll\u00f3 en un clima no del todo exento de complicaciones, equ\u00edvocos y resquemores. Para los p\u00e1rrocos, vicarios y misioneros \u2013especialmente los m\u00e1s j\u00f3venes\u2013 este delicado y riesgoso cometido signific\u00f3 una labor verdaderamente desgastante. Pronto comenz\u00f3 a cundir cierto pesimismo sobre el tema, y en paralelo tambi\u00e9n asomaron voces de queja no s\u00f3lo de parte de los fieles sino asimismo de los sacerdotes, apoyados muchas veces por sus obispos. Los cl\u00e9rigos, en el desempe\u00f1o de este espec\u00edfico ministerio \u2013tan erizado de problemas\u2013, a menudo recurrieron al leg\u00edtimo atajo que consiste en \u201cevitar un mal mayor\u201d. As\u00ed se elud\u00eda la ley y se beneficiaba a los atribulados feligreses con una oportuna excepci\u00f3n.<br \/>\nEsta pr\u00e1ctica se ha repetido y continuado a trav\u00e9s de los a\u00f1os, y persiste en nuestros d\u00edas \u2013incluso con mayor frecuencia\u2013, con el cabal conocimiento de Roma. M\u00e1s a\u00fan, Benedicto XVI no vacil\u00f3, como ya lo se\u00f1alamos, en admitir algunas excepciones (no precisamente las m\u00e1s esperadas quiz\u00e1&#8230;).<br \/>\nSer\u00eda bien aceptada una norma cristiana de la vida sexual entre los esposos que fuera tan simple y sensata como lo necesita de urgencia el tormentoso estado actual del matrimonio y la familia. Es un punto importante que merece ser afrontado y resuelto con franqueza a la par de muchos otros, incluso tanto o m\u00e1s fundamentales, que desde hace siglos aquejan el aut\u00e9ntico esp\u00edritu evang\u00e9lico y reclaman la tan anhelada reforma, a la que el papa Francisco dedica con abnegaci\u00f3n sus nobles fuerzas.<\/p>\n<p><em>El autor es especialista en temas religiosos<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El autor pone en cuesti\u00f3n algunos puntos sobre \u00e9tica sexual de la enc\u00edclica Humanae Vitae. 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