{"id":11428,"date":"2015-09-02T13:47:47","date_gmt":"2015-09-02T16:47:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=11428"},"modified":"2015-09-02T13:47:47","modified_gmt":"2015-09-02T16:47:47","slug":"enrique-fabbri-profeta-de-la-familia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=11428","title":{"rendered":"Enrique Fabbri, profeta de la familia"},"content":{"rendered":"<p><em><strong>El jesuita Enrique Fabbri fue un asiduo colaborador de Criterio. A los 95 a\u00f1os parti\u00f3 hacia la Casa del Padre, y de la Madre, a\u00f1adir\u00eda \u00e9l, muy sensible al aporte de ambos sexos. Todos abandonaremos aqu\u00ed nuestros bienes, pero \u00e9l \u201centreg\u00f3\u201d su mensaje.<\/strong><\/em><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2015\/09\/Nueva-imagen-46.bmp\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-11429\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2015\/09\/Nueva-imagen-46.bmp\" alt=\"Nueva imagen (46)\" width=\"441\" height=\"287\" srcset=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2015\/09\/Nueva-imagen-46.bmp 441w, https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2015\/09\/Nueva-imagen-46-300x195.bmp 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 441px) 100vw, 441px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Al padre Fabbri lo tuve como profesor de Teolog\u00eda en San Miguel y tiempo despu\u00e9s trabajamos juntos en el CIAS (Centro de Investigaci\u00f3n y Acci\u00f3n Social) durante 30 a\u00f1os. Hubo un giro en su vida, no una ruptura, al pasar de San Miguel al CIAS. De los candidatos al sacerdocio pas\u00f3 a los candidatos al matrimonio. Pero el haber sido profesor y decano de la Facultad de Teolog\u00eda le ofreci\u00f3 una base muy firme para avanzar en el tema de la problem\u00e1tica familiar.<br \/>\nSe nutr\u00eda de autores cl\u00e1sicos, incorporando a los modernos. Public\u00f3 varios libros, que a\u00fan se leen, sin contar infinidad de art\u00edculos. Se destacaba por la cantidad de conferencias que sol\u00eda dar, con su voz potente. Hablaba con fluidez, sin tropezar, de modo que su discurso sal\u00eda listo para la imprenta. Pero lo trabajaba despu\u00e9s, a\u00f1adiendo el aparato cient\u00edfico. Cuando era invitado a un lugar, pod\u00eda dar hasta tres charlas en el mismo d\u00eda, una a novios, otra a matrimonios y una tercera a un p\u00fablico m\u00e1s amplio, amenizando todo con an\u00e9cdotas y chistes. Se gloriaba de poseer el humor ingl\u00e9s, que algunos no apreciaban por carecer de \u00e9l.<br \/>\nPor su formaci\u00f3n tradicional manejaba a los cl\u00e1sicos del humanismo grecolatino. Algo similar hab\u00edan hecho genios modernos, como Freud, con los mitos griegos de Edipo o de Narciso. Pero era impresionante su lectura de literatos actuales, sean Sabato, Borges o extranjeros. Este vivir en el mundo de la cultura en sentido reflejo, profundizando la cultura espont\u00e1nea que todo pueblo posee, no lo encerraba en un c\u00edrculo privilegiado o de clase alta. Como director que fue durante 18 a\u00f1os de nuestro Centro Social, vivi\u00f3 preocupado por hacer llegar a las familias m\u00e1s modestas el mensaje evang\u00e9lico que anunciaba. Apoy\u00f3 de un modo particular a los jesuitas y laicos que trabajaban en el monte santiague\u00f1o, en San Jos\u00e9 del Boquer\u00f3n. De su doctorado en Teolog\u00eda sobre San Ireneo, de la primitiva Iglesia, aprendi\u00f3 que no podemos armar una espiritualidad para selectos, como pretend\u00edan los gn\u00f3sticos. Si nuestro mensaje no es para todos, no es para nadie.<\/p>\n<p><strong>Los ritmos conciliares<\/strong><br \/>\nEl Concilio Vaticano II retom\u00f3 los avances de P\u00edo XII, como la reforma lit\u00fargica de la Vigilia Pascual y la meditaci\u00f3n de la Biblia en base a los diversos g\u00e9neros literarios. En otros temas, el Concilio dio pasos largos. Recordemos el principio de la libertad religiosa y el di\u00e1logo con los no cat\u00f3licos, as\u00ed como la lectura de los signos de los tiempos. Pero un tercer bloque avanz\u00f3 a paso m\u00e1s lento, entre ellos el de la autoridad pontificia, cuyas palabras parec\u00edan incuestionables, as\u00ed como el tema de la familia, que el Concilio no pudo tratar en forma completa, ya que Pablo VI se hab\u00eda reservado el estudio de ciertos aspectos, entre ellos el referente al \u201ccontrol de la natalidad\u201d. De ese estudio naci\u00f3 la enc\u00edclica Humanae vitae, en 1968, tan cuestionada, no desde afuera por los \u201cenemigos\u201d de la Iglesia, sino desde adentro, por te\u00f3logos de gran capacidad.<\/p>\n<p>Ese panorama hac\u00eda dif\u00edcil la posici\u00f3n de un te\u00f3logo, como Fabbri, que deseara avanzar m\u00e1s. En cambio, los que trabaj\u00e1bamos en ecumenismo y di\u00e1logo interreligioso sent\u00edamos el viento a favor, para idear nuevas plataformas. La primera enc\u00edclica de Pablo VI, durante el Concilio, fue precisamente sobre el di\u00e1logo. Ahora bien, Fabbri no se dedic\u00f3 a lamentarse por normas restrictivas. Interpretaba los documentos pontificios a la luz de todo el magisterio episcopal, no para oponerlos sino para complementarlos. Pablo VI, con su enc\u00edclica Humanae vitae, hab\u00eda formulado una advertencia para toda la humanidad y a largo plazo, no fuera que dando prioridad a los m\u00e9todos artificiales sobre los naturales nos convirti\u00e9ramos en aprendices de brujos. Los obispos de varios pa\u00edses, en cambio, miraban m\u00e1s bien a esta pareja y ahora, para encontrar una soluci\u00f3n a su problema.<\/p>\n<p><strong>La expectativa sinodal<\/strong><br \/>\nEl sacerdote Fabbri no perd\u00eda tiempo en desatar nudos gordianos. Se dedicaba a construir sobre roca. No part\u00eda del ideal de la familia, ya conocido por los documentos de la Iglesia, sino de la realidad de los c\u00f3nyuges o compa\u00f1eros, rescatando todo lo positivo que descubr\u00eda en ellos. Decimos que la Iglesia es santa y pecadora. Algunos miran s\u00f3lo su lado oscuro y se convierten en profetas de calamidades. Juan XXIII, en cambio, no se sent\u00eda un profeta de desdichas, sino de anuncios esperanzadores. En los que no estaban \u201cbien casados\u201d, Fabbri part\u00eda de valores aut\u00e9nticos, como los sacrificios que hacen para atender al c\u00f3nyuge enfermo y para educar a los hijos, que no quedar\u00e1n sin recompensa. Sab\u00eda hablar y escribir, pero sobre todo escuchar, acompa\u00f1ando a los afligidos. En alg\u00fan momento lo vi \u201cquebrado\u201d por los problemas que le presentaban, pero su fe y su vocaci\u00f3n sacerdotal le permit\u00edan rehacerse.<br \/>\nLa familia es la Iglesia dom\u00e9stica. As\u00ed como los sacerdotes, aunque no seamos modelos de santidad, representamos la figura de Jesucristo sacerdote, de modo similar los pap\u00e1s, aunque no sean un modelo de virtudes, simbolizan la paternidad divina sobre los peque\u00f1os. El papa Francisco, otro jesuita que germin\u00f3 tambi\u00e9n en San Miguel, desea rescatar estos simbolismos profundos de la paternidad, la fraternidad y la amistad. Para ello ha convocado el S\u00ednodo sobre la Familia, comprendiendo que las soluciones no aparecer\u00e1n por arte de magia. Se requiere la colaboraci\u00f3n de todos, obispos, te\u00f3logos y laicos para crear un \u00e1mbito de esperanza y alegr\u00eda, similar al que acompa\u00f1\u00f3 al Concilio. Como dice la Carta a los Hebreos, los creyentes peregrinos vieron de lejos la Tierra Prometida y la saludaron. As\u00ed tambi\u00e9n Enrique Fabbri salud\u00f3 de lejos la tierra prometida del S\u00ednodo y por ello fue un profeta de la Familia.<\/p>\n<p><em>El autor es profesor en la Facultad de Teolog\u00eda de San Miguel.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El jesuita Enrique Fabbri fue un asiduo colaborador de Criterio. 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